Panorama Católico

“El texto no es un paso, es un salto”, dice Mons. Fellay a Vittorio Messori

Monseñor Bernard Fellay, Superior General de los «Lefebvrianos»:

«El texto no es un paso, sino un salto»

El periodista italiano Vittorio Messori entrevista en exclusiva para LA RAZÓN a monseñor Bernard Fellay,

Superior General de los «Lefebvrianos», tras el motu proprio de Benedicto XVI sobre la Misa en latín

 

 

 

Monseñor Bernard Fellay, Superior General de los «Lefebvrianos»:

«El texto no es un paso, sino un salto»

El periodista italiano Vittorio Messori entrevista en exclusiva para LA RAZÓN a monseñor Bernard Fellay,

Superior General de los «Lefebvrianos», tras el motu proprio de Benedicto XVI sobre la Misa en latín

 

 

 

Vittorio Messori. Periodista

En
el chalet de Menzingen, en el cantón suizo de Zug, donde tiene su sede
la casa general de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, la plica ha
llegado ya hace unos días. Dentro del sobre, el «motu proprio»
«Summorum Pontificum», la carta de introducción de Benedicto XVI y un
mensaje personal del cardenal Darío Castrillón Hoyos. Destinatario:
monseñor Bernard Fellay, Superior General de aquellos que, debido a su
fundador, son conocidos como «lefebvrianos», el giro tradicionalista
que rebate la pastoral y la doctrina de la Iglesia surgida a raíz del
Vaticano II. Con 481 sacerdotes, 90 hermanos laicos, 206 religiosas, 6
seminarios, 117 prioratos, 82 colegios, 6 institutos universitarios,
450 lugares de culto en 62 países del mundo, al menos medio millón de
seguidores convencidos, la Fraternidad ha constituido la mayor espina
para Roma, que se ha visto obligada a excomulgar a la jerarquía
episcopal consagrada válida pero ilegítimamente por monseñor Marcel
Lefebvre.

Tras una primera lectura de
los documentos llegados desde Roma, monseñor Fellay ha aceptado
anticipar para LA RAZÓN sus reacciones. Que son, hay que decirlo, más
positivas de lo que podría prever cualquiera que conozca la complejidad
del dossier abierto desde hace decenios con la Santa Sede: la Misa no
sólo en latín, sino según el antiguo ritual, es desde siempre la
bandera lefebvriana más significativa. Pero los propios disidentes han
insistido siempre en el hecho de que la nueva liturgia eucarística no
es más que la expresión de una orientación en muchos puntos
inaceptable, asumida tras el Vaticano II por la Iglesia Católica. Así,
en ciertos ambientes tradicionalistas, a menudo se ha dicho que un
decreto como el aprobado por el Papa Ratzinger no sólo no habría sido
suficiente, sino que de alguna manera podría ser incluso desviador,
reforzando los equívocos.

No es así,
al menos, si atendemos a cuanto ha querido decirnos monseñor Fellay:
«Éste es un día verdaderamente histórico. Expresamos a Benedicto XVI
nuestra profunda gratitud. Su documento es un regalo de la Gracia. No
es un paso, es un salto en la buena dirección». Para el Superior
lefebvriano, la «normalización» de la misa «que no es la de San Pío V»,
precisa, «sino de la Iglesia de siempre», es «un acto de justicia, es
una ayuda sobrenatural extraordinaria en un momento grave de crisis
eclesial». Y añade: «La reafirmación por parte del Santo Padre de la
continuidad del Vaticano II y de la misa nueva con la Tradición
constante de la Iglesia –por tanto la negación de una fractura que el
Concilio habría introducido con los 19 siglos precedentes– nos empuja a
continuar con la discusión doctrinal. “Lex orandi, lex credendi”: se
cree como se reza. Y ahora se reconoce que, en la misa de siempre se
reza “adecuadamente”». En cualquier caso, desde hoy, un solo rito, dos
formas igualmente legítimas (llamadas de Pío V y Pablo VI), para
expresar una única fe.

Para
llegar a este resultado, la resistencia de monseñor Lefebvre y de los
suyos ha sido decisiva, y ya cuando era cardenal, Joseph Ratzinger
pensaba que tenía una deuda con estos hermanos que expresaban el
malestar que, al menos en parte, él mismo compartía. Monseñor Fellay
admite el papel de su Fraternidad, pero mira más allá: «Sí, la
Providencia ha permitido que seamos instrumentos para pinchar a Roma y
llegar a este día. Pero somos también conscientes de que no somos el
termómetro que señala una fiebre que exige remedios adecuados. Este
documento es una etapa fundamental en un recorrido que ahora podrá
acelerarse, esperemos que con perspectivas reconfortantes, también en
la cuestión de la excomunión».

¿Por
tanto, ninguna desilusión? «Creo que no, aunque me parecen menos
satisfactorios algunos pasajes de la carta de introducción, donde se
advierten condicionamientos de política eclesial». En cualquier caso,
el hecho es objetivo, y monseñor Fellay y los suyos son plenamente
conscientes: no han sido inútiles, a pesar de algunos aspectos quizá
duros y censurables, los cuarenta años de oposición. En los próximos
días, la Fraternidad enviará una carta del Superior General a todos sus
fieles del mundo que comienza así: «El “motu proprio” pontificio
reestablece los derechos de la Misa tridentina y reconoce claramente
que nunca ha sido abrogada. Así, la fidelidad a esta Misa –por la cual
muchos sacerdotes y laicos han sido perseguidos y sancionados durante
decenios– nunca ha sido una desobediencia».

Vocaciones tradicionalistas

La estrategia de la recuperación de la Tradición, iniciada por Juan
Pablo II, aunque constreñido a la obligada excomunión, toma con
Benedicto XVI un éxito notable, en la perspectiva del antiguo proyecto
ratzingeriano de una «reforma de la reforma» y no sólo de aquella
litúrgica. ¿Las protestas de ciertos episcopados? Alguno hace notar
que, atendiendo a impías proyecciones, dentro de veinte años al menos
un tercio de las diócesis de Occidente–incluida Francia, la que más
desaprueba la iniciativa papal– deberán ser suprimidas por falta de
clero. Difícil, por tanto, para los obispos con fuerzas reducidas al
mínimo, alzar la voz contra aquellos «lefebvrianos» que, al contrario,
gozan de un flujo ininterrumpido de vocaciones. La misma diócesis de
París tiene ya un número de sacerdotes diocesanos (con una edad media
avanzada y a menudo desencantados) poco superior al de los envidiados
«tradicionalistas», cuyos sacerdotes son mayoritariamente jóvenes,
fuertemente determinados, forjados en el estudio y la disciplina de
seminarios de rigor implacable.

 

Fuente: La Razón Digital

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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