Panorama Católico

En la Argentina, la Violencia Tuvo dos Caras

Fueron 702 las personas asesinadas por los terroristas en los años setenta… entre ellas, 116 eran civiles

El documento emitido por el Episcopado argentino provocó la reacción de quienes apoyan al Gobierno por varios de sus puntos. Uno de los principales párrafos criticados por el jefe del Gabinete, Alberto Fernández, y por allegados a la Casa Rosada tuvo que ver con la advertencia de la Iglesia sobre la visión parcial que se estaría mostrando sobre lo ocurrido en los años 70.

Fueron 702 las personas asesinadas por los terroristas en los años setenta… entre ellas, 116 eran civiles

El documento emitido por el Episcopado argentino provocó la reacción de quienes apoyan al Gobierno por varios de sus puntos. Uno de los principales párrafos criticados por el jefe del Gabinete, Alberto Fernández, y por allegados a la Casa Rosada tuvo que ver con la advertencia de la Iglesia sobre la visión parcial que se estaría mostrando sobre lo ocurrido en los años 70.

En el Gobierno no hubo hasta el momento ninguna condena por los crímenes provocados por las organizaciones terroristas que intentaron llegar al poder por las armas, siguiéndose la línea de guerrillas urbanas y rurales que asoló a América latina.

Fueron 702 personas las asesinadas por las diferentes bandas subversivas, cuyas principales columnas de combatientes se identificaban con los Montoneros y con el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).

De esos 702 ciudadanos muertos en acciones terroristas, 116 fueron civiles, entre los que se incluye a 36 empresarios y 17 gremialistas. La mayor cantidad de bajas las sufrió la policía bonaerense, que perdió a 230 de sus hombres en atentados y emboscadas. La Policía Federal tuvo 107 muertos… entre ellos, los comisarios generales Alberto Villar y Eliseo Alberro.

Las Fuerzas Armadas perdieron a 118 hombres, con grados que demuestran que habían sido en su mayoría elegidos como blancos de los terroristas. Así, cayeron en el Ejército dos generales de división, cuatro generales de brigada y quince coroneles… dos vicealmirantes y dos capitanes de navío de la Armada, y un brigadier y cuatro comodoros de la Fuerza Aérea. Prácticamente todas esos asesinatos se produjeron antes del golpe militar de marzo de 1976 y contribuyeron a crear el clima que derivó en la posterior represión.

Montoneros, por ejemplo, se hizo conocer con el secuestro y asesinato del ex presidente Pedro Eugenio Aramburu el 29 de mayo de 1970. Entre 1971 y 1972, ERP y Montoneros se especializaron en el copamiento de comisarías de pueblos para asaltar a voluntad entidades bancarias. Se considera, además, que entre 1973 y 1975 las organizaciones terroristas consiguieron unos 80 millones de dólares mediante secuestros.

En septiembre de 1973, Montoneros asesinó al secretario general de la CGT José Ignacio Rucci… tres meses antes, las diferentes bandas de la izquierda y de la derecha peronista se enfrentaron en Ezeiza con un saldo de cientos de muertos. Además de varios intentos de copamientos de unidades castrenses, en 1975, en Tucumán, hubo 37 combates abiertos entre patrullas militares y columnas terroristas.

Manuales de combate

Montoneros editó clandestinamente manuales de operaciones para adoctrinar a sus cuadros armados. Dos de esas publicaciones fueron el “Cuerpo de manuales y reglamentos de la organización político-militar Montoneros” y el “Manual de instrucción de las milicias montoneras”, ediciones que sirven para entender cómo encaró la lucha armada esa organización.

En ese manual clandestino para la formación de milicias populares se definía la situación de los Montoneros a mediados de los años 70. “La lucha armada, la movilización de masas y las elecciones nos permitieron recuperar el gobierno el 25 de mayo de 1973. Se plantea así una situación de equilibrio entre nuestras fuerzas y las del enemigo. Se hacía necesario avanzar sobre sus posiciones para asestarle los golpes que hicieran más tremenda su derrota. Mas no fue así. Lo que había sido suficiente para tomar el gobierno no lo fue para avanzar en la toma del poder. Los oportunistas, los traidores, favorecidos por los errores políticos del general y por nuestras propias debilidades, empiezan a adueñarse del Gobierno y del Movimiento.

“Hoy, la tarea del pueblo, peronistas, de sus mejores hombres y mujeres, es desarrollar la organización política y militar del movimiento peronista para transformarlo en una fuerza capaz de vencer a la traición y al imperialismo”, se definía en la presentación de ese instructivo para la lucha armada.

“Cada compañero debe tener en claro que cuando ejerce la violencia realiza un acto de justicia, ya que es justa la guerra revolucionaria que libra pues su objetivo es lograr la liberación nacional y social de su pueblo. Para nosotros, la violencia es una forma más de acción política y está dirigida contra el enemigo que la ejerce contra el pueblo”, se afirmaba en ese documento de Montoneros.

Y no se dejaba dudas sobre el objetivo de la lucha: “Por ello debe ser firme nuestro convencimiento de la necesidad del ejercicio de la violencia para el logro de nuestros objetivos… por eso un miliciano no debe tener una actitud vacilante ante ella, porque es lo mismo que dudar si se quiere que la clase obrera y el pueblo tomen el poder. Esta actitud de un compañero ante la violencia es requisito indispensable para su pertenencia a la estructura miliciana”.

En ese manual también se afirma: “El hostigamiento tiene como finalidad desgastar al enemigo, minando su moral y resistencia física. El objetivo último de nuestra política son las masas, por lo que las acciones de milicianos, que son una parte importante de nuestra política, deben ser propagandizadas en las masas”.

“Es importante -agrega el manual- que este tipo de acciones no se las realice espontáneamente, sino que sea producto de una coordinación de conjunto.”

Link corto: www.lanacion.com.ar

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