Panorama Católico

En vísperas del 24 de marzo. Entre visiones y conductas sesgadas.

Se acerca el 24 de marzo y consecuentemente los 30 años del acceso del gobierno cívico-militar que en 1976 se hizo cargo del país hasta lo que se llama "la recuperación de la democracia" sucedida en 1983 con Alfonsín.  En su último documento los Obispos han llamado a no tener una visión sesgada de la historia.

Se acerca el 24 de marzo y consecuentemente los 30 años del acceso del gobierno cívico-militar que en 1976 se hizo cargo del país hasta lo que se llama "la recuperación de la democracia" sucedida en 1983 con Alfonsín.  En su último documento los Obispos han llamado a no tener una visión sesgada de la historia. Esto significa, o al menos así se entiende,  la obligación moral de recordar y eventualmente analizar el pasado no sólo dentro de su contexto sino de modo integral. Los hechos y sus causas. El texto lleva la firma del Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Cardenal Jorge Bergoglio.

Por Jeremías Piqué

Lo primero que cabe decir es que la violencia en Argentina no empezó el 24 de marzo de 1976. Mucho antes, aunque de ello no se hable siquiera en los colegios católicos. En 1955 fueron profanados e incendiados los principales templos católicos de la ciudad de Buenos Aires en una acción estimulada y consentida desde el propio Estado. Hasta murieron sacerdotes que hoy no se recuerdan. El incendio de la catedral porteña y de la Curia metropolitana recorrió el mundo y fue sólo una de las tantas iglesias violadas. Nunca en nuestra historia se atacó tan brutalmente a un credo y nunca tampoco se guardó a posteriori tanto silencio.

Si la cuestión es que no se quiere retroceder tanto y se debe aceptar obligatoriamente que nuestra historia empezó en la década del 70, vale preguntarse si la reivindicación del capellán montonero Carlos Mujica que oportunamente hiciera el Cardenal Bergoglio ayuda a analizar el pasado de modo integral. Si colabora con ello autorizar que se utilice una parroquia de su jurisdicción eclesiástica como es la Iglesia de la Santa Cruz como cementerio de las Madres de Plaza de Mayo para su fundadora Azucena Villaflor. O que se impulse el proceso de beatificación de los palotinos muertos en Belgrano, los cuales según confesión del propio Ernesto Jauretche,  integraban con él una célula terrorista montonera.

Todo lleva a destacar que hay hechos que no se condicen con las palabras. Parecería que en la tragedia argentina hay muertos de primera y muertos de segunda. O muertos de los que se puede hablar y muertos que deben ser ocultados. Muertos políticamente correctos y muertos políticamente incorrectos. Y lo doloroso de este absurdo, es que tal confusión provenga de quienes deben precisamente ser los que deben guiar al rebaño.

Baste simplemente recordar que en 1974, en plena democracia, los ahora llamados "Jóvenes idealistas"  habían producido 21 intentos de copamientos de unidades militares, 466 brutales atentados con explosivos, 16 robos con botines millonarios, 117 secuestros, cientos de muertos y miles de heridos. La forma preferida era el ataque artero y a traición sobre la víctima indefensa. Y estamos hablando dentro de  absoluta normalidad constitucional democrática que tanto desvela a recopiladores episcopales. El año 1975 fue peor aún.  A los tres meses de 1976 vino el proceso cívico-militar del que ahora se van a cumplir 30 años.

Nuestro país fue víctima de la guerra fría. Producida la paridad nuclear entre EEUU y la URSS, la confrontación se desplazó a métodos no convencionales. La guerrilla y el sabotaje fueron las armas elegidas para actuar en las zonas traseras o de reserva del adversario. Sea el Che Guevara en Angola, Regis Debray en Bolivia, Bin Laden en Afganistan o Santucho y Firmenich en la Argentina. Por eso quienes sostienen que el terrorismo de Estado tuvo una sola forma es una malversación de la verdad histórica. Los que se enfrentaron respondían a distintos estados. ¿Acaso vía Cuba no se daba refugio, entrenamiento, armas y depósito de los fondos obtenidos en asaltos y secuestros a uno de los bandos? ¿No era el Chile de Salvador Allende un santuario para las organizaciones terroristas de la región? Por lo tanto, si hubo terrorismo y de ello no dudamos, fue alentado a través de distintos estados.

Hasta el mismo Juan  Pablo II fue víctima de un atentado contra su vida en lo que hoy se cree con fuertes motivos una operación de los servicios de inteligencia del bloque soviético ante la preponderancia que en el Este había comenzado a tener el sucesor de Pedro, especialmente en Polonia con Solidaridad. Después de más de 100 millones de muertos había comenzado a derrumbarse la trágica aventura socialista en el siglo XX.

Y se reconozca o no, muchos sectores de nuestra Iglesia quedaron atrapados en la trampa. El Padre Miguel Poradowski ha dicho esto claramente cuando encuentra el origen de las llamadas "Teologías de la liberación" en los inicios del Concilio Vaticano II a partir de una serie de reuniones internacionales como la Conferencia del Consejo Mundial de Iglesias realizada en Ginebra en 1966 y los múltiples diálogos entre cristianos y marxistas que desde la propia URSS se motorizaban con epicentro en París, latinoamérica y teólogos holandeses y alemanes surgidos posconciliarmente.

De acuerdo con Poradowski mientras la teología fue teocéntrica, el marxismo no pudo infiltrarla, solamente podía combatirla. Pero desde el momento que el tercermundismo construyó una teología antropocéntrica y pasó a considerarse a la Iglesia a partir de categorías sociológicas, el marxismo tuvo el camino expedito para infiltrarla y dominarla. Lo mismo vale para los entes del poder financiero mundial y su aspiración de convertir a la Iglesia de Cristo en una inmensa ONG que reparta anticonceptivos con planes sociales.

Por eso en estos recordatorios vale ser fieles al llamado de no tener "Una visión sesgada de la historia". Pero vale más aún respaldar las palabras con la coherencia de los actos.

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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