Panorama Católico

Entrevista a Mons. Angelo Amato sobre las “responsa”: Ecclesia subsistit y oración por los judíos

Saber quiénes somos ayuda al diálogo

Entrevista al arzobispo Angelo Amato, secretario de la congregación para la doctrina de la fe

D. – Excelencia, el primero de los "responsa" publicados por la congregación para la doctrina de la fe reafirma que el Concilio Vaticano II no ha cambiado la anterior doctrina sobre la Iglesia. ¿Pero no debería ser obvio?


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Entrevista al arzobispo Angelo Amato, secretario de la congregación para la doctrina de la fe

D. – Excelencia, el primero de los "responsa" publicados por la congregación para la doctrina de la fe reafirma que el Concilio Vaticano II no ha cambiado la anterior doctrina sobre la Iglesia. ¿Pero no debería ser obvio?

R. – Debería. Pero lamentablemente no es así. Hay interpretaciones, de partes opuestas entre sí, que quisieran que con el último Concilio haya habido una ruptura con la Tradición de la Iglesia católica. Algunos adscriben este presunto hecho como una gloria del Concilio mismo, otros como una desgracia. Sin embargo no es así. Y era oportuno reafirmarlo en modo claro e inequívoco. Remitiendo también a cuanto fue afirmado con limpieza por el beato Juan XXIII en su alocución del 11 de setiembre del 1962, al inicio del Concilio: “el Concilio… quiere transmitir pura e íntegra la doctrina católica, sin atenuaciones o tergiversaciones…”. Es necesario que esta doctrina cierta e inmutable, a la cual se debe respeto fiel, sea explorada y expuesta en la manera que la época nuestra lo requiere. Otra es la sustancia del “depositum fidei”, o las verdades que están contenidas en nuestra venerada doctrina, otro es el modo en que son enunciadas, sin embargo siempre con el mismo sentido y significado.

D. – La segunda respuesta, que es la central, toma de frente la cuestión del “subsistit in”. ¿Cómo debe ser pues interpretada esta afirmación del Concilio según la cual la Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia católica?

R. – En efecto, esta afirmación ha sufrido varias interpretaciones y no todas coherentes con la doctrina conciliar sobre la Iglesia. La respuesta de la congregación, basada en textos del Concilio y también en las actas de los trabajos del Concilio mismo, que son citados en nota, reafirman que la subsistencia indica la perenne continuidad histórica y la permanencia de todos los elementos instituidos por Cristo en la Iglesia católica, en la cual concretamente se encuentra la Iglesia de Cristo en esta tierra. No es por tanto correcto pensar que la Iglesia de Cristo hoy no existiría más en algún lugar o que existiría sólo en modo ideal o “in fieri” en el devenir, en una futura convergencia o reunificación de las diferentes Iglesias hermanas, auspiciada o promovida por el diálogo ecuménico. No. La Iglesia de Cristo una, santa, católica y apostólica, existe en la historia en la Iglesia católica.

D. – ¿Pero por qué entonces – y este es el tema de la tercera respuesta – el Concilio no ha afirmado precisamente que la Iglesia católica “es” la Iglesia de Cristo y en cambio ha usado el término “subsiste”?

R. – Este cambio de término no es y no puede ser interpretado como una ruptura con el pasado. En latín “subsistit in” es un refuerzo a “est”. La continuidad de subsistencia comporta una sustancial identidad de esencia entre Iglesia de Cristo e Iglesia católica. Con la expresión “subsistit in” el Concilio pretendía expresar la singularidad de la Iglesia de Cristo y su no ser multiplicable. Existe la Iglesia como único sujeto en la realidad histórica. Pero al mismo tiempo el “subsistit in” expresa también el hecho que fuera de la compañía de la Iglesia católica no haya un vacío eclesial absoluto, sino que se pueden encontrar “numerosos elementos de santificación y de verdad… que en cuanto dones propios de la Iglesia de Cristo empujan a la unidad católica”.

D. – La cuarta respuesta se refiere a las implicancias ecuménicas de cuantos hasta este momento se afirma. Y clarifica el por qué el Concilio Vaticano II atribuye el nombre de “Iglesias” a las Iglesias orientales, ortodoxas y precalcedónicas, separadas de la plena comunión con Roma.

R. – La respuesta es clara. Estas Iglesias, aún cuando separadas de Roma, tienen verdaderos sacramentos y sobre todo en fuerza de la sucesión apostólica, el sacerdocio y la Eucaristía, y por esto ameritan el título de Iglesias particulares o locales, y están llamadas hermanas de las Iglesias particulares católicas. Pero a esto es necesario agregar que estas Iglesias hermanas adolecen de una carencia, de un “vulnus”, en cuanto no están en comunión con la cabeza visible de la única Iglesia católica que es el Papa, sucesor de Pedro. Y esto no es un hecho accesorio, sino uno de los principios constitutivos internos de cada Iglesia particular.

D. – La última respuesta reafirma que a las comunidades cristianas nacidas de la Reforma del siglo XVI no se les puede atribuir el título de “Iglesia”.

R. – Es un hecho doloroso – lo comprendo – pero, como afirma el Concilio, estas comunidades no han custodiado la sucesión apostólica en el sacramento del Orden privándose así de un elemento constitutivo esencial del ser de la Iglesia. A causa de la falta del sacerdocio ministerial estas comunidades no han conservado por tanto la genuina e integra sustancia del misterio eucarístico. Por esto, según la doctrina católica, no pueden ser llamadas “Iglesias” en sentido propio.

D. – ¿Esto vale también para la comunión anglicana?

R. – Sí.

D. – Excelencia, ¿qué valor tienen estas "responsa"?

R. – Tienen una nota teológica autorizada. Autoritaria. Son un explicitar el dato conciliar, que nuestra Congregación ha formulado y que ha sido aprobado expresamente por el Papa.

D. – Estos textos son publicados pocos días después del “motu proprio” que liberaliza la misa llamada de san Pío V. Alguien podría pensar que no se trate de una coincidencia, sino de una estrategia precisa…

R. – Ninguna estrategia eclesiástica o mediática. Nuestros documentos son publicados cuando están listos. Y basta. De otro modo, si debiésemos estar atentos a este tipo de problemáticas que no nos pertenecen correríamos el riesgo, por un motivo o por otro, de no llegar jamás a publicar estos textos esperados por obispos y muchos fieles.

D. – De todos modos, estos dos hechos han sido interpretados – por algunos – como una ofensiva dirigida contra el Concilio Vaticano II.

R. – No es así. Se trata en ambos casos de un desarrollo autorizado y ortodoxo, en sentido católico obviamente, del Concilio. El Santo Padre, y nuestra congregación junto con él, no usa la hermenéutica de la ruptura, de la contraposición, entre realidad pre y post- conciliar. Por el contrario, para el Papa y para nosotros vale la hermenéutica de la continuidad y del desarrollo en la Tradición. Se debería terminar de considerar el segundo milenio de la vida de la Iglesia católica como un paréntesis desafortunado que el Concilio Vaticano II, o más bien su espíritu, ha eliminado de un golpe…

D. – Sin embargo siguen los temores de que estos actos sean nocivos al diálogo ecuménico.

R. – Lo que se afirma en estas “responsa” ya ha sido dicho por el Concilio mismo, y ha sido repetido por más de un documento post-conciliar y por la declaración “Dominus Iesus” en particular. En la práctica no se hace más que volver a afirmar cual es la identidad católica para poder después afrontar serenamente y más eficazmente el diálogo ecuménico. Cuando tu interlocutor conoce tu identidad es llevado a dialogar de un modo más sincero y sin crear ulteriores confusiones.

D. – Excelencia, hay quien acusa al motu proprio "Summorum Pontificum" de ser anti-conciliar porque ofrece plena ciudadanía a un misal en el que se reza por la conversión de los hebreos. ¿Es de verdad contrario a la carta y al espíritu del Concilio formular esta oración?

R. – Ciertamente no. En la misa los católicos rezamos siempre por nuestra conversión. Y nos golpeamos el pecho por nuestros pecados. Y después rezamos por la conversión de todos los cristianos y de todos los no cristianos. El Evangelio es para todos”.

D. – Pero se objeta que la plegaria por la conversión de los hebreos ha sido superada definitivamente por aquella en la que se invoca al Señor para que los ayude a progresar en la fe a su alianza.

R. – El mismo Jesús en el Evangelio de san Marcos afirma: “Convertíos y creed en el Evangelio”, y sus primeros interlocutores eran sus hermanos hebreos. Nosotros cristianos no podemos sino reproponer lo que Jesús nos ha enseñado. En libertad y sin imposiciones, obviamente, pero también sin autocensuras.

D. – Hace tiempo usted había anunciado la publicación de una instrucción puesta al día, una segunda “Donum vitae”, sobre los temas calientes ligados a la bioética y a la biotecnología. ¿En que punto se encuentra?

R. – Se trata de un documento muy delicado, que requiere mucho cuidado. Creo que será necesario bastante trabajo antes de publicarlo.

D. – ¿Y el otro documento anunciado, sobre la ley natural?

R. – Estamos todavía recogiendo los materiales producidos por varios congresos internacionales sobre este tema que, por propuesta nuestra, se han desarrollado en varias universidades pontificias e instituciones católicas del mundo.

D. – ¿Quiere decir que nos quedaremos un buen tiempo sin nuevos documentos de su congregación?

R. – No es así. Habrá dentro de poco dos textos. El primero sobre una específica cuestión referente a la bioética. El otro referente a un problema de índole misionera. Pero es prematuro decir más.

Fuente: Chiessa

Entrevista: publicada en “Avvenire” el 11 de julio, de Gianni Cardinale.

Comentario Druídico: Apenas dos observaciones sobre esta minuciosa entrevista:

1) La explicación sobre el cambio del "est" por el "subsistit" parece un poco pueril. Este tipo de frases -anfibológicas, de uso novedoso en el preciso vocabulario de la teología- es lo que ha permitido la hermenéutica de la ruptura. La semilla de la ruptura, voluntaria o involuntariamente (esta es otra discusion) está en los mismos textos conciliares, con frecuencia contradictorios.

2) Se trata de fait accompli, sobre el cual ya hemos llorado demasiado tiempo. Enhorabuena que quiera enmendarse el sentido, aunque para salvar el texto haya que hacer piruetas. El modo podrá no ser del gusto tradicionalista, quizás, o de algunos tradicionalistas. Pero el hecho es que se va corrigiendo el rumbo de un modo posible, el menos gravoso para la salvación de las almas (imaginemos el efecto de una censura o condena directa del texto… en la masa de los católicos y con la disposición anímica y doctrinal de la mayor parte del clero hoy…). La ley suprema de la Iglesia es la salvación de las almas. Habrá tiempo para lo demás. Ahora hay que lucrar gracias con el tesoro litúrgico que se ha abierto a todos.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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