Panorama Católico

¿Es la Nueva Misa realmente un retorno a las fuentes patrísticas?

El Padre Romano Thommasi demuestra en un análisis punto por punto que la reforma litúrgica que dio como resultado la nueva misa está muy lejos de retornar a las fuentes patrísticas romanas, como asegura uno de sus coautores, el arzobispo Piero Marini.

 

Por el P. Romano Thommasi
Tomado de Church Organ

El Padre Romano Thommasi demuestra en un análisis punto por punto que la reforma litúrgica que dio como resultado la nueva misa está muy lejos de retornar a las fuentes patrísticas romanas, como asegura uno de sus coautores, el arzobispo Piero Marini.

 

Por el P. Romano Thommasi
Tomado de Church Organ

Un hombre como su Excelencia el Arzobispo Piero Marini se encuentra en una posición de autoridad absolutamente singular, por cuanto cada acción y cada palabra que dice es vista, normalmente, como simbólica o indicativa de una ideología que dicho hombre sustenta. Al hacer un boceto de respuesta a la entrevista que S.E. Mons. Piero Marini le concedió a John L. Allen Jr., del National Catholic Reporter, algunas primeras impresiones y observaciones parecen volverse inevitables, antes de hacer la crítica de algunas frases muy inquietantes que supuestamente han salido de la boca del buen Monseñor.

Ante todo, es extremadamente preocupante para este columnista ver que el buen monseñor ha dado una entrevista a una publicación de características tan disolventes, la cual no ha hecho al momento ningún mea culpa por oponerse directamente a la enseñanza dogmática formal del Magisterio y del pontífice actual… el mismo Pontífice al cual su Excelencia Piero Marini debería estar sirviendo y protegiendo fielmente. Otorgar una entrevista a un medio tan antipapal -dado su carácter de obispo al servicio del Papa y asistente personal del Pontífice- es caminar sobre el filo de la navaja. Por cuanto uno podría fácilmente interpretar la posición del entrevistado como la de un elemento infiltrado o simpatizante con el “enemigo” del actual papado.

Habiendo hecho estas consideraciones, es necesario declarar que no puede inferirse de tal entrevista que su Excelencia sea un hombre desleal o herético, puesto que antes podemos sospechar de la precisión de la entrevista del NCR. Aún si en el caso de John L. Allen Jr. la entrevista parece haber sido redactada de un modo muy objetivo, en un estilo directo y casual, se podrían abrigar dudas sobre su preocupación por la exactitud, más allá de la buena intención que pueda haber tenido el periodista. En la edición de la entrevista que tengo en mis manos, aparecen errores, por descuido, tales como la mención de un Ordinis Romanae. Muy probablemente sea una forma incorrecta y descuidada de referirse al Ordines Romani, lo cual demostraría la falta de preocupación por la precisión de parte del entrevistador. Esta inexactitud podría ser, además, considerada sintomática de su periódico, que en otras ocasiones ha demostrado gran descuido en el manejo de los términos académicos y la precisión lingüística. Tan solo el caso del P. Richard McBrien, columnista del medio en cuestión, bastará al efecto probatorio. Este hombre no es tanto ofensivo al espíritu por sus herejías formalmente profesadas cuanto por sus argumentaciones y posiciones simplemente hueras de objetividad académica, y cargadas de una distorsión de los hechos que solo se puede comparar con la que es característica de los fundamentalismos bíblicos anticatólicos.

Finalmente, debería mencionarse que muchos críticos, tanto a izquierda como a derecha, han lamentado la clericalización que ha padecido la curia desde el Concilio. Piero Marini, supuestamente un reformador, es un caso sintomático de este tipo de críticas, puesto que su posición como obispo parece ser una especie de “recompensa” o canonjía vinculada con su carácter de Maestro de Ceremonias pontificio. Una designación tal lleva al extremo el vicio clerical, al punto de producir la glorificación de un monaguillo ascendiéndolo al rango de arzobispo. ¡Pastor nullius, un pastor de nada!

La supresión del subdiaconado y de las órdenes menores por el Conslium se justificó en la implícita necesidad de tener sólo los ministerios eclesiásticos verdaderamente “auténticos”. Esto significaba que, puesto que exorcistas y hostiarios nunca fueron utilizados en la vida práctica de la Iglesia, y dado que los subdiáconos eran clérigos en estado de transición y de no mayor utilidad, todas estas órdenes debían ser eliminadas. Sin embargo, no se aplica una lógica similar al nombramiento de obispos. Todo cargo curial de rango mayor o nunciatura han sido considerados excluyentemente de nivel episcopal. ¿Qué tiene que hacer –nos preguntamos- un obispo en la dirección de monaguillos (y monaguillas) o indicándoles a un sacerdote en qué fila de asientos debe ubicarse? Supera la capacidad de muchos comprender como una “mente reformada” tal como la de Marini ha podido aceptar el rango de obispo que es, por su propia naturaleza, de carácter pastoral.

Un comentario final haremos a fin de recordar la afirmación del Sr. John Allen referida a que algunos consideran las misas del Arzobispo Marini una suerte de “producciones teatrales de Broadway”. Para aquellos que, como este columnista, han tenido el privilegio de estar en Roma durante el Jubileo, una de las misas más memorables fue la del jubileo de los artistas del entretenimiento, a saber payasos, mimos y otros personajes circenses varios que deambulaban sin ton ni son durante toda la misa al aire libre. Cuando los disfrazados recibieron la comunión sobre zancos (hecho que los periódicos italianos reprodujeron en las portadas) ¿no vivimos acaso una sensación ambigua? Si Marini no considerara la misa una suerte de producción teatral de Broadway, entonces ¿cuál sería la definición auténtica de producción teatral?

Todas estas observaciones, sin embargo, no van al corazón del asunto sobre el que Mons. Marini dio su opinión, el cual es la liturgia según los Padres de la Iglesia. Esto significó, según el, la depuración de todo gesto duplicado con el que tropezaron los reformadores en su camino hacia una liturgia libre de las incrustaciones que fueron sobreponiéndose a lo largo de los siglos. Este ha sido su trabajo de limpieza, como el del cielorraso de la “Capilla Sixtina”.

Mons. Marini ha enfatizado la naturaleza patrística de la reforma apenas si una pocas líneas antes, en el mismo artículo, pero aquí dice explícitamente que, conforme a su pensamiento, la liturgia tiene peso y es auténtica, principalmente porque descansa en la auténtica tradición de la Iglesia, que conocemos por medio de los escritos de la Padres.

Desafortunadamente, Mons. Marini omite mencionar el hecho de que dicha reforma ha sido una verdadera farsa, como quedará en evidencia más adelante. Por suerte, un comentario general, ítem a ítem, sobre los elementos del ritual de la Nueva Misa será suficiente para demostrar la naturaleza ridícula de estas afirmaciones:

1. La procesión de entrada, la consagración y la salida de la nueva Misa prescribe una genuflexión en presencia del Santísimo Sacramento. Como sabe cualquier liturgista, la genuflexión es una adición medieval tardía de la liturgia, que no fue predominante en la Misa hasta el siglo XIV, y por aquel entonces solo en las liturgias occidentales. Aquí podemos comprobar la existencia de un elemento medieval en la así llamada liturgia “patrística”.  Más aún, el celebrante entra y la Misa comienza, inmediatamente después del canto de entrada, con la realización del gesto de la señal de la cruz. Esta práctica, también, es una adición del siglo XIV tardío, que fue incluida en el listado de supresiones del Consilium, pero se mantuvo por expreso deseo del Papa Paulo VI.

2. Después del saludo y las frases introductorias, hay un Confíteor o acto de contrición. Esta versión de la Nueva Misa está basada en la forma medieval Dominicana del Confiteor, que es una oración descubierta en las liturgias galicanas, no romanas, del norte de la Europa medieval, las cuales han sido demonizadas por los reformadores litúrgicos. La práctica romana original, de acuerdo con los Ordines Romani, es la de que el celebrante se prosterne sobre el piso mientras reza una oración preparatoria privada. El Misereatur o “Dios Todopoderoso tenga misericordia de vosotros…” es una fórmula medieval, probablemente de absolución sacramental de ese período. Liturgistas de nota han criticado estas fórmulas porque dan la impresión de otorgar a los fieles una absolución sacramental durante la Misa. Esta fórmula no concuerda con el uso patrístico de la antigua Iglesia Romana.

3. En la Colecta (tanto la oración de apertura como la de cierre) y en otros momentos, el clero en el santuario debe, conforme a lo instruido, mantener las manos en la posición tradicional de palma contra palma, mirando hacia adentro y con los dedos extendidos. La  primera es una oración galicana y el segundo una pose medieval de vasallaje, que no tiene nada que ver con la concepción fundamentalista de la misa según el tipo romano que esgrimen los reformadores.

4. El Credo, recitado recién desde el siglo XI, es una introducción medieval que interrumpe el fluir de la liturgia, conforme la concepción litúrgica moderna y aun así persiste como elemento obligatorio en la Misa nueva. En el rito romano solo el credo de los Apóstoles ha tenido un lugar de honor en el culto litúrgico y principalmente durante el transcurso de ceremonias muy específicas del año litúrgico. De este modo, otro elemento del ritual de los Padres permanece sin haber sido restaurado.

5. La Oración de los Fieles, o peticiones es de existencia dudosa en la iglesia romana primitiva e incluso en la medieval. Lo más probable es que jamás hayan existido en el rito romano, excepción hecha de las intercesiones que contienen el Canon Romano. Esto no es una restauración, sino la introducción sobre bases hipotéticas de una oración antigua cuya forma original es completamente desconocida para nosotros. Resulta muy difícil restaurar algo si no se sabe como era originalmente.

6. El rito del ofertorio tiene preces sobre el pan y el vino. No había preces en absoluto en el ofertorio en el rito Romano patrístico. El celebrante simplemente rezaba en silencio. Más aún, la colecta del ofertorio, o secreta, es de existencia dudosa tanto en la Iglesia primitiva como en la medieval. Los manuscritos antiguos presumen que el Papa simplemente ofrecía los dones de pan y vino en el altar, durante una oración silenciosa. Además, al subir al altar en esta época el celebrante “saluda” o presumiblemente besa el altar… algo prohibido en el nuevo rito. La iglesia patrística, aparte de la Armenia, no conocía sino el pan leudado, y ¿aún así quedó sin restaurar el uso de dicho pan? Inclusive el Consilium mismo se opuso originalmente a las nuevas oraciones del ofertorio. ¡Esto fue porque existía una inútil duplicación donde los fieles dan asentimiento a la ofrenda de los dones de pan y vino, que ha de ser nuevamente repetida por su “Amén” en la oración del ofertorio (secreta) que es una oración de ofrecimiento del pan y del vino también!

7. El Orate, fratres u “Orad, hermanos”… era un agregado medieval que el Consilium votó por expurgar, pero fue retenido por razones sentimentales del Papa y de algunos expertos del comité.

8. Las nuevas plegarias eucarísticas son totalmente extrañas al Rito Romano, que solo ha conocido una plegaria eucarística desde su advenimiento (circa 380). La oración eucarística de Hipólito, fue considerada litúrgicamente pobre por el Consilium y por lo tanto se la amplió en la Nueva Misa. A la vez se la calificaba como una oración con inclinaciones teológicas extremadamente personales que reflejan el pensamiento de su autor, desconocido, al cual se alude comúnmente como Hipólito. La cuarta plegaria eucarística, supuestamente basada en fuentes bizantinas, es extraña a la Iglesia patrística romana, que utilizó su propio y particular talante para expresar su teología, y no las oraciones vebosas y abundantes en giros poéticos, típicas del estilo oriental. Finalmente, el Canon Romano fue modificado en la Nueva Misa de modo tal que no coincide con los antiguos manuscritos de la era patrística. Sus palabras de consagración no reflejan la auténtica tradición Romana.

9. En lo que respecta al “Padre Nuestro” es una verdadera fuente de confusiones, puesto que en la auténtica tradición romana antigua, como lo deja testimoniado Inocencio I, debía recitarse antes del Canon, junto con el signo de la paz, en tanto que la reforma gregoriana puso ambos inmediatamente antes de la recepción de la comunión. De este modo el Consilium no nos da ningún principio de referencia respecto a cual fecha, tiempo o Padre de la Iglesia sería el más adecuado imitar. Por lo tanto, arbitrariamente, el Consilium colocó el “Padre Nuestro” y el signo de la paz en el mismo lugar que la reforma gregoriana, realizada por el Papa San Gregorio Magno, dejando de lado la tradición más antigua del papa San Inocencio I.

10. El embolismo posterior al “Padre Nuestro” o “Líbranos, Señor de todo mal…” fue modificado cambiando la forma que aparece en los más antiguos manuscritos patrísticos, omitiendo la especial  devoción a San Pedro y San Pablo y la mención a la Ssma. Virgen María. La oración de la paz “Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles ‘la paz os dejo…’ etc.” era una oración privada de la época medieval que ahora se recita en voz alta, en lugar de haber sido suprimida, por el simple motivo que el Consilium la consideró una oración bella. No se debería conservar una oración  porque es “bella” si, de acuerdo con Mons. Marini, la tarea del Consilium era la de restaurar el auténtico Rito Romano (según sus palabras, así como quien restaura la Capilla Sixtina), a fin de no permitir que el Rito Romano sufriera superposiciones (como las ordenadas por el Papa que cubrió los desnudos de la Capilla Sixtina). Más aún, el Agnus Dei, una importación de origen Sirio que data del siglo 8º fue considerada auténtica pieza romana de la Misa por el Consilium, a pesar de su origen claramente extraño. Fue introducida en el Antiguo Rito para acompañar la fracción del pan leudado después del “Padre Nuestro”. La fracción del pan fue considerada innecesaria con el paso del tiempo, con la introducción del pan ácimo, entre los siglos 9º y 10º. Por lo tanto permanece siendo un desconcertante enigma saber por qué el Consilium restauró la fracción o ruptura del pan en el Agnus Dei dado que todo el ritual  de la fracción de los pedazos estaba en relación directa con el uso del pan leudado, que era un pan sustancioso que demandaba mucho tiempo romper  y fraccionar. El Rito Romano aún continúa usando la práctica medieval del uso de pan ácimo hasta la actualidad, lo cual hace que la restauración del Agnus Dei resulte superflua.

11. Las oraciones preparatorias para la comunión privada del celebrante  son de origen galicano (no romano) en su origen y fueron desechadas por el Consilium, pero restablecidas por deseo del Pontífice. Más aún, la bendición final en su forma actual es de origen galicano y aún así se ha mantenido.

Estas observaciones son meramente una muestra de la plétora de ejemplos que demuestran que la Nueva Misa no es patristica, ni una restauración de la misa patrística. Es básicamente una simplificación apoyada en las preferencias de los liturgistas de los años ’60 y precedentes, quienes basaron su reforma no retornando a la liturgia patrística, sino a algo diferente. Los fundamentos de cada cambio varían de acuerdo con el grupo de liturgistas al que se le asignó la discusión de ese ritual en particular, o conforme a una multitud de otros factores. Lo que está claro es que esta liturgia tiene muy poco de patrística en sus ritos. Es una pura invención fundada en opiniones arbitrarias de hombres que  estaban históricamente condicionados en su modo de pensar por las premisas de la década del ’60. ¿Qué hace que sus decisiones sean más valiosas o inspiradas que cualesquiera de las otras ya tomadas, teniendo en cuenta, además, que ellos han tenido profundas rupturas y divergencias entre sí, como demuestra una rápida hojeada a los minutos de duración de las reuniones y el conteo de los votos.

Mons. Marini generaliza diciendo que el antiguo rito romano era meramente una “expresión litúrgica de la cuenca del Mediterraneo”, y afirma algo técnicamente incorrecto. Una de las razones que se invocaron para fundamentar por qué la liturgia debía ser reformada era la presencia de demasiados elementos galicanos (a saber, nórdicos, franceses, germánicos, etc.). Muchos de estos elementos no reflejaban la cultura mediterránea. El Rito Romano del misal de Pío V tomó elementos varios del judaísmo palestino y griego, de las comunidades cristianas de Siria, Grecia, norte de Africa y germano-francesas (y elementos españoles de muy variado origen). La amalgama y mixtura de estas fuentes, textos y ritos lo convirtió en un de los ritos más cosmopolitas, especialmente después del período medieval que produjo la expansión del Rito Romano más allá de la cuenca del Mediterráneo. La naturaleza mestiza del Misal de San Pío V podría ser un argumento de peso para promoverlo como el ritual que ni favorece ni denigra cultura alguna en particular, puesto que la mayoría de sus elementos proceden de culturas latino-galicanas muertas.

Esto significa que la lengua de la Misa Tradicional y su ritual es neutral en lo que respecta a la variedad de culturas. Por el contrario, las liturgias Griega y Siria son mucho más claramente el reflejo  de las costumbres nacionales y de su lengua. En la mayoría  de los países donde se usa el Rito Romano, no es la liturgia romana la que se adaptó a las costumbres y sentimientos locales, sino que la liturgia particular del lugar ha debido adaptarse al Rito Romano a fin de ser católica. Fue por la adopción de los ritos y tradiciones del Misal Romano, Ritual, Calendario y la teología que se adopta una nueva cultura que no es de los europeos, sino una cultura en la cual los católicos europeos han sido, en su tiempo absorbidos, a fin de abrazar una verdadera identidad cristiana universal, inclusive en lo que hace a las exterioridades del culto.

Quizás la parte de la entrevista de Mons. Marini que más revela su pensamiento es aquella en la que defiende al Pontífice mientras es “purificado” en un rito de culto pagano durante su visita a México. La ceremonia fue originalmente planeada para formar parte de y no para estar después de la celebración de la misa. Mons. Marini llama la atención sobre el hecho de que el obispo que solicitó se celebrara dicho rito no entendía realmente su significado o naturaleza, aunque presentía que era una afirmación política importante de solidaridad para con los indios el permitirles introducir en la Misa un ritual ambiguo-pagano o cuasi-pagano. Este hecho es realmente simbólico de todo el movimiento litúrgico que se ha desarrollado desde el Concilio. Expertos, clérigos, y laicos igualmente, sin entender exactamente de qué se trata lo que están haciendo, se sienten en libertad de imponer y construir nuevas formas litúrgicas, amparados en la mera expectativa  de que ellas atraerán a los seres humanos a una suerte de experiencia divina.  Para el modernista, no importa que el viejo ritual que se está por desechar no sea completamente comprendido, ni que pueda ser algo valioso. Lo importante es la búsqueda de una adaptación del culto divino a los deseos y costumbres de los pueblos, incluso si son aún paganos o meramente cuasi-cristianos.

El instrumento de la evangelización y el contacto con la divinidad es ahora la cultura, ya no la revelación divina. La presunción es que no se puede comprender la revelación divina excepto por medio de los estrechos constreñimientos de los rituales religiosos en curso propios de cada cultura, sin prestar atención a si estos ritos se oponen o distorsionan la revelación cristiana.  En la jerga moderna “cristianizar un rito” significa permitir a los cristianos usar los rituales paganos puesto que, ellos aseguran, es este el mejor modo para encontrar la divinidad. El efecto es sujetar la revelación divina y sus realidades concretas a rituales ambiguos y modos de expresión inéditos.

El punto central de este artículo, sin embargo, es que la reforma de la Nueva Misa no es patrística. Puede ocasionalmente hacer alguna referencia a prácticas patrísticas para justificar su existencia in toto, pero la realidad es que la Nueva Misa retiene agregados medievales incrustados, con el agravante adicional de no ser ya un ritual que se ha desarrollado de un modo natural y orgánico a través de los siglos. Es más bien un ritual que ha sido artificialmente impuesto a la Iglesia, principalmente por europeos occidentales que bien pueden haber sido víctimas del Zeitgeist y el condicionamiento histórico de su propia década, cuyas ilusiones, enfoques y optimismo han devenido ya irrelevantes para nuestro tiempo actual.

No sorprende que la construcción artificial de la Nueva Misa esté siempre en estado de cambio y  modificación, como si estuviese siempre al menos con una década de atraso respecto de las ilusiones sociales de hoy, con las cuales busca siempre estar conjugada. El principio teórico por medio del cual la Nueva Misa adquiere relevancia es su capacidad para comunicarse con la mentalidad moderna y las necesidades de la gente particular de la época moderna exclusivamente. El valor de la Misa se ha sujetado al de elemento de utilidad funcional para comunicar y ya no enfatiza la naturaleza trascendente del sacrificio, que no depende de cultura o ritual alguno, sino de la fidelidad a las tradiciones apostólicas conocidas solamente en las que han sido entregadas a través de los siglos en la Misa Tradicional. No por medio de las interpretaciones y abstracciones de los eruditos europeos que han inventado la nueva ciencia de la liturgología, la cual está sujeta a todas las limitaciones y deficiencias anejas a la maldición del pecado original.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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