Panorama Católico

Escándalo con Creces tras la “bendición“ de Bergoglio


Siempre en la duda sobre porqué el Card. de Buenos Aires participó en el payasesco encuentro de Creces y buscando repercusiones del hecho nos encontramos con una web italiana. que se hace eco. Sus consideraciones no agregan nada que no supiéramos, salvo que nos han inspirado una posible respuesta.


Siempre en la duda sobre porqué el Card. de Buenos Aires participó en el payasesco encuentro de Creces y buscando repercusiones del hecho nos encontramos con una web italiana. que se hace eco. Sus consideraciones no agregan nada que no supiéramos, salvo que nos han inspirado una posible respuesta.

 

Recientemente conocimos la historia de San Bruno. Este eremita fundador de la cartuja tomó la decisión de retirarse al desierto al comprobar cuán profundamente se oculta la vanidad y el deseo de la gloria de este mundo bajo apariencia de virtud. El hecho fue así.

Hallábase nuestro Santo en París, cuando murió, recibidos todos los Sacramentos, un famoso doctor de aquella universidad, hombre, al parecer de todos, de una suma bondad, generalmente reputado por muy virtuoso. Llevado a la Iglesia para darle sepultura, cuando se le estaba cantando el oficio de difuntos de cuerpo presente, al llegar a la cuarta lección, que comienza: "Responde mihi", el cadáver levantó la cabeza en el féretro, y con voz lastimosa exclamó:

"Por justo juicio de Dios soy acusado"…

Dicho esto, volvió a reclinar la cabeza como antes. Apoderóse de todos los asistentes un general terror, y se determinó dilatar para el día siguiente los funerales. Este día fue mucho mayor el concurso… volvióse a entonar el oficio… y al llegar a las mismas palabras, vuelve el cadáver a levantar la cabeza, y a exclamar con voz más esforzada y más lastimera:

"Por justo juicio de Dios soy juzgado".

Se duplicó en todos los concurrentes el espanto… y se resolvió diferir la sepultura para el tercer día. En él fue inmenso el concurso: se dio principio al oficio, como los días precedentes, y cuando se cantaron las mismas palabras, levanta el difunto la cabeza, y con voz verdaderamente horrible y espantosa exclamó:

"No tengo necesidad de oraciones… por justo juicio de Dios soy condenado al fuego sempiterno".

Ya se deja discurrir la impresión que haría en los ánimos de todos un suceso tan funesto.

Se hallaba presente Bruno en este espectáculo, y se le grabó tan profundamente, que retirándose todo estremecido y horrorizado, determinó dejar cuanto tenía, y enterrase en algún desierto para pasar en él toda la vida, entregado únicamente a ejercicios de rigor, de mortificación y de penitencia. Parecía necesario un suceso tan trágico para una resolución tan generosa. Estando en estos pensamientos, le entraron a ver seis amigos suyos… y apenas tomaron asiento cuando con las lágrimas en los ojos les dijo:

"Amigos, ¿en qué pensamos? Se condenó un hombre que a juicio de todos hizo siempre una vida tan cristiana… pues ¿quién podrá fiarse ya con seguridad del testimonio que le de su enloquecida conciencia? ¡Oh qué terribles son los altos juicios de Dios!. El difunto ya no habló para sí… a nosotros se dirigió el grito de aquel espantoso milagro. Por lo que a mí toca, ya he tomado mi partido… resuelto estoy a abandonarlo todo para siempre: beneficios, empleos, rentas, todo se acabó ya para mí… voy a enterrarme vivo en el desierto más horroroso que encuentre, y allí voy a pasar la vida en amargura, en soledad y en penitencia".

Movidos todos aquellos amigos, ya de lo que habían visto, ya de lo que acababan de oír, protestaron que todos estaban en el mismo pensamiento y en la misma resolución… prontos todos a seguirle. Se llamaban éstos Landuino, que después de San Bruno fue el primer prior de la gran Cartuja… Esteban de Bourg y Esteban de Dié, ambos canónigos de San Rufo en Valencia del Delfinado… un sacerdote, por nombre Hugo, y dos seglares, que se llamaban Andrés y Guerino.

Alguien podría observar que este doctor con falsa fama de santidad obraba externamente conforme a la doctrina cristiana, estando su espíritu apegado a la vanagloria. Sin duda tiene razón. Solo que aquello que se reputaba por santidad en los siglos cristianos, era la santidad cristiana. Y lo que hoy considera el mundo "virtud" no es la santidad cristiana, es decir, no es la santidad verdadera.

Pero nada cambia esto los hechos sino para empeorar la culpa. El cristiano que busque agradar al mundo de hoy, un mundo secularista, masónico, inmanentista, relativista, quien busque las glorias de este mundo tendrá peor castigo que aquel, ya tremendo, del doctor parisino, que buscaba la buena fama -por malas razones- en una sociedad cristiana. El espíritu mundano es hoy acomodarse a lo "política o religiosamente correcto". Inclusive hay un mundanismo clerical y provinciano, ese que nos paraliza cuando hay que decirle algo al curita que se porta mal.

Sigamos el ejemplo de San Bruno, fundador de la Cartuja: no amemos la buena fama como un fin, sino por sobre todo la verdad, aunque nos cueste mala fama.

Pero, ¿qué tenía que ver esto con Bergoglio?…

P. S. Si quiere conocer la historia completa (la de san Bruno) haga click aquí.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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