Panorama Católico

Escupir el asado

Cuando desde la “mesa chica” de la Conferencia Episcopal Argentina todo parece listo para arreglar con Cristina lo que nunca se pudo arreglar con Kirchner, un par de hechos complican la fiesta de reconciliación. Dos obispos se desmarcan y escupen el asado episcopal.

Escribe Marcelo González

Quosque tamdem, Aguer?

Monseñor Aguer, desde Roma, denuncia -en una suerte de exposición académica- la trampa de la deuda externa argentina. Se sigue la lógica de la usura, dice, se ha reconocido deuda ilícita. En fin, lo sabido, pero nunca tan callado como hoy, cuando la progresía política más histriónicamente impostada como izquierdismo revolucionario de fusil y habano saquea los fondos del Estado con negociados de rancio cuño capitalista. Y corrompe la buenas costumbres con el auspicio de todas la multinacionales que el Papa ha denunciado (aunque según el vocero P. Lombardi no dijo lo que dijo).

Es decir, todo políticamente correcto. Con este gobierno, mejor dicho, con su sucedáneo, la cúpula episcopal quiere arreglar. Todo parece encaminado y alguien hace estallar un petardo. Sobresalto, las primeras lenguas oficiales, bien afiladas en la esmeril del improperio, sin embargo callan. Hay que proteger el asado.

Para Kirchner y su troupe el desboque es regla pero se contienen. La formación curial mantiene una disciplina rigurosa entre los obispos. Ya se aplicarán los castigos, ahora es tiempo de pilotear la situación.

¿Por qué Aguer? ¿Por qué desde Roma?

Porque Aguer no pertenece al exclusivo club episcopal como socio pleno. Algunos son vitalicios y otros apenas convidados de piedra. Muchos vocales, muchos consonantes. Algunos pocos disonantes Por lo tanto los movimientos de Mons. Aguer siguen una lógica distinta de la oficial local y más concorde con los lineamientos romanos.

Roma tiene a la CEA en el freezer, pero la CEA se mueve con mucha libertad, hace y deshace como si Roma fuera un primado de honor al que hay que ir para el besamanos cada tanto, mientras que por aquí hacemos lo que nos parece. La reciente visita del Cardenal Bertone es más que elocuente: lo recibieron en el aeropuerto sólo miembros del la legación apostólica y algún otro curita raso. Ni un solo obispo. La banda de la Fuerza Aérea le rindió honores de Jefe de Gobierno (que lo es protocolarmente) y luego del penoso espectáculo de Chimpay el Cardenal se reunió con los Kirchner en ausencia de todo obispo. Otro modo elegante y curial de escupir el asado.

Se fue como llegó, solo, despedido por funcionarios de la Nunciatura. Recordemos que el Cardenal Bertone es el número dos del Vaticano. Mucho personaje para tan poca reverencia. Las relaciones están muy frías.

Monseñor Bredice quiebra la regla de oro

“Nada de manifestaciones públicas”. Regla de oro impuesta por la administración Bergoglio. El se muestra para San Cayetano, para la peregrinación de los jóvenes, para la misa de los niños… y emite homilías dignas el oráculo de Delfos.

Pero nada de movilizaciones que muestren el poder de convocatoria de la Iglesia para la defensa de la Fe, el honor, la moral católicas. Para eso lánguidos comunicados del P. Oesterheld (vocero de la eternáutica Comision Permanente) que hacen bostezar hasta a la egregia estilita de la Pirámide de Mayo. Cuanto menos se diga, mejor. A veces el propio Cardenal Primado, cuando lo considera necesario, hace relampaguear y hasta tronar en el cielo. Pero nunca llueve.

Algunas veces parece decir: estas son mis divisiones. Ténganlas en cuenta a la hora de pactar. Después de sus homilías la gente repite casi como rutina: ¡Qué bien el Cardenal! ¿Qué habrá querido decir? Tramoya, se le dice a eso en el teatro: un efecto que hace parecer lo que no es. Especialidad jesuítica.

Pero Monseñor Brédice se desmarcó. Todo el mundo a la calle a protestar contra las iniquidades abortivas y eutanásicas. Y para peor, le fue bien. Otra forma de escupir el asado celebratorio de reconciliación entre la elite de la CEA y la primera ciudadana, Kristina.

Escupir asados no es bien visto por el criollo de ley. Pero la necesidad carece de ley, y aunque la cara –y más- de herejes la tengan otros, estamos en estado de necesidad. Sobre todo porque la carne sobre la parrilla somos los católicos, nuestra Fe, nuestras costumbres, nuestra patria.

A ver si se suma gente, y a fuerza de escupidas logramos apagar el fuego de este asado inicuo de esponsales entre los “guardianes de la Fe” y los enemigos declarados de todo lo cristiano.

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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