Panorama Católico

Ese oscuro espisodio en la vida del Arzobispo Montini

¡Pío XII seguramente estaba profundamente afectado, tanto por la amargura que le causaba este abuso de confianza, del que había sido víctima, como por la falsa situación en la que había sido puesto por la decisión tomada para concluir este triste asunto! El nombramiento fue firmado el 1º de noviembre y anunciado por L’Osservatore Romano el día 4. Nosotros hemos relatado como, unas pocas semanas más tarde, el Papa enfermó tan gravemente, que creyó que habían llegado sus últimos días. Monseñor Tardini recordó: <<Sus sufrimientos fueron indecibles. Fue su hipo, su ininterrumpido, lacerante hipo; un temblor convulsivo agitando continuamente su garganta, su pecho, todo su cuerpo. El no podía comer, ni beber, ni dormir. No obstante, su intelecto estaba como siempre, claro y luminoso. Su serenidad seguía imperturbable, su piedad ejemplar. Siempre tenía en su corazón, y a menudo en sus manos, el libro de Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, ¡y parecía consolarse y consolar a sus visitantes repitiendo con gran devoción la hermosa plegaria: "Alma de Cristo, santifícame.!">>

¡Pío XII seguramente estaba profundamente afectado, tanto por la amargura que le causaba este abuso de confianza, del que había sido víctima, como por la falsa situación en la que había sido puesto por la decisión tomada para concluir este triste asunto! El nombramiento fue firmado el 1º de noviembre y anunciado por L’Osservatore Romano el día 4. Nosotros hemos relatado como, unas pocas semanas más tarde, el Papa enfermó tan gravemente, que creyó que habían llegado sus últimos días. Monseñor Tardini recordó: <<Sus sufrimientos fueron indecibles. Fue su hipo, su ininterrumpido, lacerante hipo; un temblor convulsivo agitando continuamente su garganta, su pecho, todo su cuerpo. El no podía comer, ni beber, ni dormir. No obstante, su intelecto estaba como siempre, claro y luminoso. Su serenidad seguía imperturbable, su piedad ejemplar. Siempre tenía en su corazón, y a menudo en sus manos, el libro de Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, ¡y parecía consolarse y consolar a sus visitantes repitiendo con gran devoción la hermosa plegaria: "Alma de Cristo, santifícame.!">>

 

La "Traición" de Mons. Montini

En 1954, mientras Pío XII estaba tratado severamente por su enfermedad y debilitado por la edad, en el Vaticano nadie se atrevió, sin su conocimiento, a responder a las aproximaciones de Moscú.

El Coronel Arnould, quien había servido durante la guerra en el "Intelligence Service", cumplía en aquel entonces funciones de agente secreto, directamente al servicio de Pío XII. El Papa le encargaba tareas de reunión de información que los nuncios no podían cumplir. Así, fue encargado de misiones extraoficiales relacionadas con el bloque de países del Este: ayuda a miembros del clero en prisión, ingreso de Biblias en la URSS, etc. En esta ocasión, entró en conversaciones con el Arzobispo luterano de Uppsala, quien sentía una gran admiración por Pío XII y a quien no le preocupaba ofrecerle sus invalorables servicios en esta tarea de ayudar a los cristianos perseguidos. 

Durante una audiencia, (indudablemente alrededor del principio del verano de 1954) el Arzobispo de Uppsala le declaró repentinamente al Coronel Arnould: “Los líderes suecos estaban al tanto que el Vaticano estaba conduciendo relaciones con los Soviets.” El Coronel contestó que aquello le parecía sorprendente, pero que él no conocía todos los secretos del Vaticano; no obstante, consultaría al Papa Pío XII la próxima vez que se reunieran.  Arnould era recibido en audiencia por el Papa generalmente una vez por mes, en los apartamentos privados de éste. A su regreso a Roma consultó al Santo Padre, diciéndole si no sería incorrecto traicionar la confidencia del Arzobispo de Uppsala, quien era tan comprensivo y servicial. El Papa quedó completamente sorprendido, y pidió al Coronel asegurara en su nombre al Arzobispo Brilioth que el Vaticano no estaba conduciendo relaciones con los Soviets.

Cuando el Coronel regresó a Suecia, el Arzobispo de Uppsala le reafirmó que, de acuerdo con su información, el Vaticano estaba conduciendo relaciones con Moscú. El Coronel aseguró lo contrario en nombre del Papa. Arnould recordó, “hubo un largo silencio. Entonces, el Arzobispo me pidió que volviera a verlo cuando hubiera finalizado mi misión el Suecia, antes de regresar a Roma. Así lo hice. El Arzobispo Brilioth me entregó entonces un sobre sellado, destinado al Papa Pío XII, pidiéndome se lo entregara en propias manos, sin que pasara a través de ningún servicio del Vaticano. El simplemente me dijo: "Este sobre contiene la prueba de las relaciones que el Vaticano está emprendiendo con los Soviets."

En Roma, o más bien, en Castelgandolfo, sin duda aunque desgraciadamente no podemos dar la fecha exacta el Coronel entregó el sobre al Papa, quien lo abrió en su presencia.  Lo leyó y su mandíbula cayó. Pero no dijo nada.

Sin embargo, el último texto firmado por el Prosecretario de Estado data del 23 de setiembre de 1954.  El 1º de noviembre de 1954, Monseñor Montini fue relevado de sus  funciones en Roma y designado en el Arzobispado de Milán, que estaba vacante desde el 30 de agosto, fecha del fallecimiento del Cardenal Schuster. Promoveatur ut amoveatur, como suelen decir los romanos: "Promoverlo para deshacerse de él".

Cuando el Coronel Arnould regresó al Vaticano, Monseñor Montini ya había dejado la Secretaría de Estado. Sorprendido por este cambio inesperado, el Coronel interrogó al Padre Leiber, secretario privado de Pío XII sobre las razones. El Padre Leiber contestó, <<la razón es la carta que usted trajo de Suecia.>> El agregó que esa carta había provocado la ira del Papa; que Monseñor Montini había sido enviado a Milán en desgracia y que el Papa había afirmado que nunca, durante su propia vida, Monseñor Montini sería hecho Cardenal.

Tales son los hechos perturbadores, trágicos,  que todos los historiadores han sido forzados a admitir poco a poco. El Padre Robert Graham, S.J., quien a priori hubiera querido negar estos hechos, proveyó involuntariamente alguna información, la cual confirmó sus buenos fundamentos. El relató, <<Al fin, voces hostiles fueron tan lejos como para acusar a Monseñor Montini de deslealtad al Papa.>>  <<Montini y Tardini, en ciertos círculos, fueron pintados como opuestos el uno al otro. Tardini, se dijo, vio claramente el peligro comunista. Montini tenía ilusiones respecto al comunismo.>> Después de relatar las acusaciones de traición formuladas contra el Prosecretario de Estado, el Padre Graham encuentra solamente una respuesta para proponer, y que es apenas convincente: <<Estos cuentos de hadas, presentan el carácter de J.B. Montini a través de una falsa luz. ¿Por qué son repetidos, no obstante,  aun en las publicaciones de personas presuntamente inteligentes?

Pero el mismo Padre Graham, evocando el antagonismo entre Monseñor Tardini y Monseñor Montini, escribe sobre el tema del trabajo de ambos, "en tándem", bajo las ordenes directas de Pío XII: <<Tal situación podría haber sido  ocasión de tensión y conflicto. Era ciertamente ocasión de confusión cuando una parte descubría que la otra ya estaba informada, o ya estaba manejando asuntos que pensó que le pertenecían. ¿Supo siempre la mano derecha, lo que estaba haciendo la mano izquierda? A pesar de estas condiciones poco propicias, ellos funcionaron sobre todo (?) aparentemente (?!) sin incidentes.>>

Nuestro jesuita, a pesar de todas sus precauciones retóricas, ya dice, lejos, demasiado. El nos revela claramente que Tardini estaba a menudo irritado al ver a su colega envuelto en asuntos que no estaban bajo su jurisdicción y tratándolos a su manera, de acuerdo a sus propios puntos de vista y secretamente. Por lo tanto, no es sorprendente saber que en 1954, Monseñor Montini estaba comunicándose directamente con los representantes del Kremlin, sin conocimiento del Papa.

De acuerdo a otros informes, en este otoño trágico de 1954, Pío XII descubrió que su Prosecretario de Estado <<le había ocultado todos los despachos relativos al cisma de los Obispos Chinos>>, cuando esto se vio peligrosamente agravado. Por esta razón, el 7 de octubre de 1954, Pío XII dirigió a los Obispos, clérigos y fieles de China una carta encíclica destinada a fortalecerlos ante la persecución, y especialmente a prevenirlos contra el desarrollo de una iglesia cismática china bajo las ordenes del gobierno marxista y separada definitivamente de la Iglesia Romana.

De todas maneras, que la remoción de Monseñor Montini tuvo el efecto de una desgracia es ahora un hecho muy bien comprobado que Jean Guitton mismo se ve  forzado a reconocer. Después de afirmar al principio de su trabajo Paulo IV secreto la tesis oficial, <<Nunca se ha sabido y nunca se comprenderá por qué Pío XII, habiéndolo hecho Arzobispo de Milán, no lo consagró Cardenal, lo que tuvo como consecuencia, sacarlo fuera de la carrera para Papa>>  revela por escrito algún ciento de paginas más adelante estas líneas que aclaran definitivamente la cuestión. Esto tiene que ver con la desafección, con la falta de confianza de los fieles, que Monseñor Montini, habiendo llegado a Papa, sufrió después de 1968. Guitton confesó luego: <<El pasó a través de una prueba similar a la que Pío XII le había infligido: la de "la falta de confianza". En el caso de Pío XII, la desconfianza vino desde la cabeza, ya que el Papa pareció haber perdido la confianza que había puesto en él. La encíclica Humanae Vitae iba a infligir una nueva prueba a Paulo IV, en la que la desconfianza vino, no de la cabeza, sino de más abajo.>>

Sin embargo, Pió XII eligió la forma cortés, la que no provocaría ni ruido ni escándalo. El optó por un arreglo. Sancionar al partido culpable y satisfacer las justas demandas de los miembros de la Curia al tanto de la odiosa traición; él decidió trasladar a Monseñor Montini de la Secretaría de Estado. Pero para evitar el sacudón que se habría producido al trascender la deshonra, como la sede de Milán había quedado vacante, Pío XII juzgó conveniente designar allí a Monseñor Montini, prometiendo al mismo tiempo  como lo hizo saber a sus íntimos que nunca lo haría Cardenal, aunque Milán tradicionalmente había sido un Obispado ocupado por Cardenales.

Así se evitó el escándalo público. No obstante, la solución adoptada no dejó de tener, una vez más, graves desventajas. Designado en Milán, el nuevo Arzobispo debía estar en situación de ejercer dignamente su oficio sin que los milaneses pudieran sospechar la deshonra de su nuevo pastor, llamado a suceder al prestigioso y santo Cardenal Schuster. También Pío XII fue forzado a presentar las cosas bajo la apariencia de una promoción, ante los ojos de un público que ignoraba la situación… Como se esperaba, Pío XII mismo prometió conferir la consagración episcopal al hombre que por quince años había sido uno de sus más estrechos colaboradores.

¡Pío XII seguramente estaba profundamente afectado, tanto por la amargura que le causaba este abuso de confianza, del que había sido víctima, como por la falsa situación en la que había sido puesto por la decisión tomada para concluir este triste asunto!

El nombramiento fue firmado el 1º de noviembre y anunciado por L’Osservatore Romano el día 4. Nosotros hemos relatado como, unas pocas semanas más tarde, el Papa enfermó tan gravemente, que creyó que habían llegado sus últimos días.

Monseñor Tardini recordó: <<Sus sufrimientos fueron indecibles. Fue su hipo, su ininterrumpido, lacerante hipo; un temblor convulsivo agitando continuamente su garganta, su pecho, todo su cuerpo. El no podía comer, ni beber, ni dormir.

<<No obstante, su intelecto estaba como siempre, claro y luminoso. Su serenidad seguía imperturbable, su piedad ejemplar. Siempre tenía en su corazón, y a menudo en sus manos, el libro de Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, ¡y parecía consolarse y consolar a sus visitantes repitiendo con gran devoción la hermosa plegaria: "Alma de Cristo, santifícame.!">>

El 2 de diciembre, el Papa estaba peor. <<Aquel día hablamos sobre la eventualidad de convocar un Consistorio en el mismo dormitorio del Papa. Clemente IX y Pío IX habían creado importantes precedentes al respecto.

A las 12:45 p.m., mientras recibía a Monseñor Tardini en audiencia, el Papa le describió como aquella misma mañana había tenido una visión: <<El estaba en su cama de enfermo. Su condición me pareció muy agravada. Cada cinco minutos, sufrió náuseas y vomitó una sustancia color café (esto era detritus, no sangre). En espíritu siempre estuvo sereno. El me dijo: "le digo para ser breve; los otros pueden pensar que estas son las alucinaciones de un hombre enfermo. Ayer a la mañana, escuché claramente una voz, ¡muy claramente! y mientras habló, el Papa tocó su oreja derecha que dijo: Mirad, una visión. Pero nada ocurrió. Esta mañana, mientras estaba asistiendo a la Santa Misa, por un instante vi al Señor. Fue un instante, pero yo lo vi".

<<A la una y treinta me fui, muy preocupado y muy apenado.>>

Continúa Monseñor Tardini, <<Dos días más tarde, el sábado 4 de diciembre, volví para una audiencia.>> El Papa le confió: <<"Yo creí que el Señor estaba llamándome. Es lo opuesto…" Otra vez tomó el pequeño libro de Ejercicios Espirituales de San Ignacio y me dijo: "He aquí mi consuelo">>

Nosotros hemos relatado como el 8 de diciembre, el Papa estaba enfermo e imposibilitado de presidir el cierre del Año Mariano y renovar la consagración de la raza humana al Inmaculado Corazón de María como había anunciado. El 12 de diciembre, Monseñor Montini recibió la consagración episcopal de manos del Cardenal Tisserant. Desde su cama, Pío XII pronunció un breve radiomensaje dirigido tanto al nuevo Obispo como a los muchos representantes de su grey milanesa, presentes en la basílica de San Pedro. El 6 de enero de 1955, Pío XII dirigió un breve mensaje a la diócesis de Milán para la solemne entrada del nuevo Arzobispo.

Así Monseñor Montini fue removido de la Curia, distanciado del Papa sobre quién, hasta entonces, había ejercido una influencia mayor de la que uno generalmente podría pensar. También  fue excluido del próximo cónclave, pues Pío XII había resuelto no admitirlo en el Sacro Colegio. Pero en la Sede de Milán, fue a convertirse en el Obispo más prominente de la península. Ruidosamente, la prensa progresista competiría para informar de todas sus acciones y de sus gestos, designándolo como el hombre del futuro, el hombre más capaz para encaminar a la Iglesia hacia nuevos caminos.

Traducción: Carlos Stuart

Apéndice IV del capítulo VIII, Parte Uno, del Tomo III de Toute la Verité sur Fatima, del Hno. Michel de la Sainte Trinité

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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