Panorama Católico

España, un espejo donde mirar los errores hacia los que marcha Hispanoamérica

Balance razonado de legislatura (I): el fracaso de 3 leyes emblemáticas

El gobierno ha querido caracterizar la acción de estos cuatro años mediante tres leyes: la de Protección Integral de la Mujer contra la Violencia de Género, la de Igualdad, y la de Dependencia.

Las tres se cierran con un claro fracaso.

Balance razonado de legislatura (I): el fracaso de 3 leyes emblemáticas

El gobierno ha querido caracterizar la acción de estos cuatro años mediante tres leyes: la de Protección Integral de la Mujer contra la Violencia de Género, la de Igualdad, y la de Dependencia.

Las tres se cierran con un claro fracaso.

La norma que debía proteger a la mujer contra la violencia no ha conseguido ningún resultado. Mejor dicho, ha crecido el número de feminicidios, y los datos para este inicio de año son todavía más alarmantes.
De seguir la progresión actual la tendencia se cerraría al final del
año con unas noventa mujeres asesinadas a manos de su pareja.

Al
tiempo están en marcha más de 150.000 procesos y han sido condenados
cerca de 50.000 hombres. A este ritmo un porcentaje significativo de la
población masculina sufrirá algún tipo de condena, agravada por la
circunstancia de que siendo una falta en términos penales, si se realiza en el marco de una relación de pareja, se convierte en delito, y la pena puede ya alcanzar con relativa facilidad la cárcel.

La mayoría de estos juicios y sanciones nacen de conflictos que podrían haber sido resueltos por la vía de la conciliación, pero este no es el enfoque de la ley.

La
abundancia de estos temas menores colapsa los juzgados y los recursos
policiales e impide concentrarse en aquellos casos que realmente son
graves.

Porque
este es el problema de la ley de Zapatero, la de ser tremendamente
ideológica y partir del supuesto de que la violencia contra la mujer es
un hecho estructural propio de la condición masculina. De ahí la diferente sanción en función de que quien comete el delito sea hombre o mujer.

Si
esta violencia fuera observada como lo que es, una condición patológica
de carácter singular y no estructural, que además tiene buena parte de
su origen en la ruptura, el tratamiento legal y asistencial sería
distinto, podría diferenciar el grano de la paja, remitir aquello que
es un conflicto superable, la mayoría de casos, a las vías de
conciliación, y centrar la prevención y la represión no “sobre los
hombres” sino sobre condiciones objetivas, rupturas y caracteres
personales patológicos.

La ley es un fracaso porque es un error en si misma.

La
ley sobre Igualdad, basada en la cuota femenina, ha tenido muchísimos
retractores, también entre las propias mujeres, que consideran que la
vía de fijar cuotas no favorece su situación a medio o a largo plazo,
porque no establece una valoración por sus propios méritos, todo lo
contrario, sino por una simple obligación legal de llenar un
determinado número de lugares.

Y así los
consejos de administración no se verán favorecidos por la presencia de
las mujeres más válidas, aunque quizá en menor número, sino de aquellas
que mantengan relaciones con el núcleo duro de la empresa
y que a éste le interese que figuren, en el sentido más escenográfico del término, en el Consejo.

El resultado con las listas electorales salta a la vista. Lo apunta ForumLibertas: el Partido Socialista, si en las actuales elecciones sacara el mismo número de diputados, tendría dos mujeres menos sentadas en el Congreso; el PP, cuatro más; IU, una más, y CiU, tres más. El resto prácticamente permanecería igual. El resultado global es pasar de 125 diputadas a 130. Es decir del 36% al 37% de la Cámara.

Para conseguir estos pírricos resultados, el
sistema partitocrático de listas cerradas y bloqueadas que restringe la
libertad de los votantes todavía se ha acentuado más al incorporar esta
obligación de la cuota femenina
. Otra cosa sería si los
diputados y diputadas pudieran ser elegidos directamente, pero en este
caso todavía sería más recomendable que los partidos tuvieran libertad
absoluta para elegir si quien mejor los representa es hombre o mujer.

Pero al margen de criterios personales, el dato cierto es, por una parte, que la ley no mejora la situación, y que por otra, ignora hechos relevantes para el presente y el futuro, sin que se busque el reequilibrio.

Se
trata por un lado de la feminización creciente y casi absoluta de
determinadas profesiones como sucede con la judicatura y de la
medicina. El hecho de que el fracaso escolar, tan grave en España, sea casi el doble en los chicos que en las chicas,
excepto en la educación diferenciada, y el dato de que entre las
personas menores de 30 años las mujeres con titulación universitaria
sean ampliamente mayoritarias, mientras que los hombres lo sean entre
aquellos que solo tienen estudios primarios o ni tan siquiera esto, es
otro indicador de que el problema de la enseñanza y del
fracaso escolar entre los chicos está funcionando desde hace un puñado
de años, sin que parezca preocupar a nadie
. La idea de una
“guerra de géneros” que subyace en los planteamientos gubernamentales,
acaba olvidando aquello que importa, la realidad concreta de la persona.

La ley de Dependencia no funciona.
Y la lentitud desesperante que se le atribuye obedece a tres razones,
que en su momento ya fueron analizadas por el estudio llevado a cabo
por el Instituto del Capital Social (INCAS), de la Universitat Abat
Oliba-CEU.

Primera, se ha infravalorado el número de personas dependientes.

Segunda, se han subvalorado los costes de los servicios a la dependencia en las comunidades que detentan un mayor nivel de renta, y concentran el porcentaje más alto de población y por consiguiente de dependientes.

Tercera, no se ha previsto nada organizativamente.

El calificado por la ley como "el Servicio Nacional de Dependencia" sencillamente no existe más allá de un teléfono para informarse de las prestaciones.

La
respuesta a esta falta absoluta de medios es tan vieja como la propia
administración y funciona a dos niveles. Primero aplicar lo más
lentamente posible la ley, de manera que se prolonguen los plazos y se
pueda, de esta manera, atenuar la falta de presupuesto.

Segundo,
siendo muy restrictivo a la hora de valorar la dependencia, de manera
de desplazar una parte de los grandes dependientes al estadio
intermedio, que tendrá dos años más para poderse aplicar, y de éste al
moderado, dejando a los de este último grupo en gran parte sin atender.

Fuente: Forum Libertas

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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