Panorama Católico

Excelente música en las iglesias de Roma. Pero en el Vaticano están sordos

En las basílicas romanas han tocado los Wiener Philarmoniker y otros sumos intérpretes, en una ocasión con el Papa presente. Pero en la curia hay parálisis. El acompañamiento musical de las misas papales sigue siendo de una mediocridad desoladora

por Sandro Magister

En las basílicas romanas han tocado los Wiener Philarmoniker y otros sumos intérpretes, en una ocasión con el Papa presente. Pero en la curia hay parálisis. El acompañamiento musical de las misas papales sigue siendo de una mediocridad desoladora

por Sandro Magister

ROMA, 3 de diciembre del 2008 – El domingo pasado, primero de Adviento, se concluyó el Festival Internacional de Música y Arte Sacra que se tiene cada otoño en las basílicas papales de Roma.

 

Promovido por la Fundación Pro Música y Arte Sacra, el Festival se propone restituir la gran música sacra en su auténtico contexto, las iglesias: un contexto que quizá no es acústicamente perfecto como un aula de concierto pero que es el justo para volver a dar vida plena a música originalmente creada para la liturgia.

"Mi sueño – dice Hans-Albert Courtial, presidente de la Fundación – es que cada domingo del año, en una iglesia de Roma, haya una misa acompañada de obras maestras de la música sacra, gregoriana y polifónica, con intérpretes de reconocida grandeza".

En efecto, el pasado 26 de noviembre ocurrió así. En la basílica de San Pedro el cardenal Angelo Comastri celebró la misa y el maestro Helmuth Rilling dirigió magníficamente la Harmonienmesse en sí bemol mayor de Franz Joseph Haydn.

Pero en el Festival no ha habido sólo música litúrgica. El primer y el último día del programa tuvieron al centro, respectivamente, el Arte de la Fuga y la Ofrenda Musical de Johann Sebastian Bach, que genialmente fueron redescubiertas y vueltas a proponer en su profundidad metafísica, de sublime armonía cósmica, por Hans-Eberhard Dentler.

Otra veta del Festival de este año ha sido la ejecución en la basílica de Santa María la Mayor (ver foto) del Requiem Alemán de Johannes Brahms, obra que tampoco es ni litúrgica ni católica, pero que sin embargo es profundamente espiritual, magistralmente dirigida por Marek Janowski con las orquestas de la Suisse Romande y el Rundfunkchor Berlin.

Y luego, fue memorable la Sexta Sinfonía de Anton Bruckner tocada por los Wiener Philarmoniker dirigida por Christoph Eschenbach, en la basílica de San Pablo Extramuros, el 13 de octubre, con Benedicto XVI en primera fila.

* * *

La presencia del Papa Joseph Ratzinger en un concierto no ha sido la única novedad del Festival de este año.

Junto a Benedicto XVI, esa noche en San Pablo Extramuros, estaban también los 250 cardenales y obispos que participaban durante esos días en el sínodo mundial sobre la Palabra de Dios. Para muchos de ellos Bruckner no era un autor fácil, pero el ejemplo del Papa, al menos por una vez, los llevó a asistir a un gran concierto. Porque la sensibilidad musical no es precisamente familiar en el ramo eclesiástico: los altos prelados que concurrieron a los otros conciertos del Festival se contaban con los dedos de la mano.

Otra novedad ha sido el espacio dado al órgano. Por cuatro noches seguidas, del 17 al 20 de noviembre, el instrumento principal de la música litúrgica ha dominado el programa del Festival, con obras antiguas y contemporáneas tocadas por famosos organistas en diferentes iglesias romanas. No sólo. Las ejecuciones en Roma coronaron un recorrido más amplio hecho de conciertos de órgano en nueve países de Europa, comenzando en junio en Baviera: un "Euro Via Festival" que se repite cada año desde el 2005 bajo la dirección artística de Johannes Skudlik.

En los mismos días, en Roma, se ultimaron las restauraciones de dos magníficos órganos, el de la Sala Académica del Pontificio Instituto de Música Sacra y el de la Iglesia de San Antonio de los Portugueses. Otro de los más espléndidos órganos de Roma, el de la iglesia de San Ignacio, será restaurado en los siguientes meses a cargo de la Fundación pro Música y Arte Sacra y volverá a sonar en el Festival del 2009.

Brutalmente suplantado por las guitarras en muchísimas iglesias del mundo, el órgano está últimamente mostrando pequeños signos de recuperación. La conferencia episcopal italiana, por ejemplo, ha organizado el mes pasado un seminario de estudio para organistas y liturgistas, titulado: "El órgano de tubos. Un camino de siglos al servicio de la liturgia"

Pero el camino es todavía difícil de recorrer. No sólo es sonido del órgano es ampliamente ausente de los ritos litúrgicos, sino que se descuida su uso incluso en los otros momentos en los cuales estaría más que nunca en sintonía. Un mal ejemplo lo encontramos en la misma basílica de San Pedro. Cada vez que hay una celebración litúrgica con el Papa, la basílica se llena de fieles con mucha anticipación al horario de inicio. Este sería un momento ideal para tocar el órgano. Crearía un clima más recogido, de preparación para el rito litúrgico. Y en cambio no se hace nada. El órgano está allí, hay los organistas, miles de fieles estarían felices de escuchar buena música que eleve el espíritu. Falta sólo la voluntad de decidir una cosa tan elemental.

Hay algo así como una parálisis musical, en Roma, en torno a las celebraciones del Papa. El pensamiento de Benedicto XVI en materia de música litúrgica es archiconocido, está registrado en sus escritos, muy críticos de la degradación que ha ocurrido. Pero casi nada ha cambiado, en más de tres años de pontificado. En el Vaticano sigue faltando un organismo con autoridad respecto a la música sacra. La Capilla Sixtina, dirigida por monseñor Giuseppe Liberto, es la sombra de su pasado glorioso. Y cuando no es la Capilla Sixtina la que canta en las misas papales, impera el estilo tipo "musical" de monseñor Marco Frisina, titular de la Capilla Lateranense, la catedral de Roma.

También en esto el Festival Internacional de Música y Arte Sacra ha dado una lección. Para ejecutar las misas y los motetes de Giovanni Pierluigi de Palestrina, de Tomás Luis de Victoria, de Luca Marencio, de Claudio Monteverdi, en fin, de los grandes maestros de capilla de las catedrales de Roma y de Europa de los siglos XVI y XVII, han venido de los Estados Unidos el coro del Santuario de María Inmaculada de Washington, dirigido por Peter Latona, y de Alemania el coro de la catedral de Spira, dirigido por Leo Krämer.

No es que en Roma y en Italia falten validos ejecutores de esta gran música polifónica. Más aún, el más genial intérprete en el mundo de Palestrina es seguramente monseñor Domenico Bartolucci. Pero, justamente, Bartolucci dirige Palestrina en las salas de concierto, ya no en las misas papales con la Capilla Sixtina, de la que fue director y de la que fue removido de mala forma en el 1997. Es difícil encontrar hoy en Roma y en Italia un coro de iglesia que ejecute a tales autores en vivo durante una acción litúrgica.

Si para hacer volver a gustar de tales maravillas se necesita de un Festival, es signo de que todavía hay mucho camino por recorrer.

Fuente: Chiesa

Comentario Druídico: Se ve que la sordera de los curiales se da en un sentido amplio. Al menos en éste podría ablandárseles el oído. 25 años de un papa sordo (Bob Dylan, Diego Torres…) dejan secuela.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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