Panorama Católico

Extra Ecclesiam nulla salus

Fuera de la Iglesia no hay salvación. Esto incluye a los que están en cisma, herejía o excomulgados. ¿O no?

Escribe el Editor y Responsable

Fuera de la Iglesia no hay salvación. Esto incluye a los que están en cisma, herejía o excomulgados. ¿O no?

Escribe el Editor y Responsable

He seguido y participado activamente en los foros de discusión. He aprendido mucho de algunos foristas eruditos y de las diversas cuestiones planteadas por otros, en carácter de legos preocupados.

Estas discusiones pueden ser eternas, sobre todo si no se sigue un procedimiento que respete la concatenación lógica de los temas discutidos (es decir, si se dispara para cualquier parte) y si no se escucha, (en este caso “no se lee”), al otro. Porque con frecuencia se refuta algo que no ha sido dicho nunca o se malinterpreta por descuido o escasa buena voluntad, lo que el otro ha dicho.

Bueno, así somos, tratemos de progresar en la virtud y en la ciencia.

De todos modos, ventilar ciertos temas rejuvenece el pensamiento. Mientras seamos islas incomunicadas, que apenas nos expresamos por medio de diatribas condenatorias, nunca saldremos de un torpor insuperable.

El radical puro del problema

Algunos nos reprochan que trabajamos contra la “unidad de la Iglesia”. Se equivocan.

– ¿Pero si la pasan discutiendo y cuestionando?

¿En que radica la unidad de la Iglesia? Primero en la Fe, luego en la Caridad. Si no tenemos la misma Fe, no podemos estar unidos. Pero podemos tener la misma Fe y estar desunidos en la caridad (desde la rencilla personal hasta el cisma).

No aceptar lo que la Iglesia ha definido “de Fe” nos desune en la raíz misma del problema. La Fe no es un catálogo de artículos a elección. Si no se los acepta a todos, ya no se posee la Fe en su integridad, y una característica sustancial de la Fe es su integridad. Toda o nada.

Respecto a la caridad, no es posible sin la Fe. La Fe se asienta en el intelecto, la Caridad en la voluntad. Pero la voluntad no encuentra su objeto sin la guía de la inteligencia y si la inteligencia no tiene la Fe, las acciones que se hagan en nombre de la Caridad no son tales. A lo más, buenos sentimientos.

Fe y hábito de la Fe

El “hábito” de la Fe, sin embargo, puede subsistir en un individuo, aunque esté aletargado y confuso. ¿La causa? los pecados propios o la confusión inducida en los espíritus simples por los que deben confesar la Fe no la confiesan, sino más bien la falsean.

Hoy, la crisis de autoridad, que es evidente en la Iglesia, nos hace perder los hitos de referencia normales, al alcance de todos. Antes bastaba con la palabra de la jerarquía. En estos decenios de alteración de la doctrina y la liturgia, incluso por parte de altas instancias eclesiásticas, la falta de condena de los errores y de castigo contra los que promueven estos errores con pertinacia, ha roto la cadena de confianza entre los fieles y los pastores.

Quienes creemos mantenernos más o menos en pie (Deo gratias) y cuidando no caer, estamos obligados a señalar aquellas doctrinas o hechos que envenenan a los fieles. Esto que es obligación, no es, sin embargo, “normal”. Pero cuando los pastores callan, los perros deben ladrar.

Me atrevo por eso, a dar mi opinión, pues sobre uno de los temas más discutidos en la última semana: a saber, si ha cesado o no el “estado de necesidad” que justificaría el modo de proceder de la FSSPX.

Parece que dicho estado ha cesado

1) Porque una de las características habituales del “estado de necesidad” es su duración breve en el tiempo, y el estado de necesidad alegado es ya muy extenso.

2) Las ofertas de Roma a la FSSPX han sido generosas. Si no regularizan es porque tienen un espíritu cismático.

3) La liberación del Rito Tridentino hace caer la única justificación del estado de necesidad. Ahora que se puede rezar libremente la misa tradicional, no tiene sentido mantener una posición de desobediencia.

4) No es posible pedir a Roma un cambio repentino de 180º. Este cambio será gradual y llevará algunas generaciones de transición.

En mi opinión:

El “estado de necesidad” no se fundamenta solo en la liturgia nueva o los abusos litúrgicos. Quedan implicados otros problemas muy graves, como a saber, ciertos puntos del dogma católico, la disciplina eclesiástica y la restauración de la autoridad del romano pontífice. (Ecumenismo, libertad religiosa, laicismo; castigo de los heréticos, de los que desobedecen en materia de culto y moral; cese de las presiones de los cuerpos colegiados sobre los obispo y sobre el Papa, reafirmación de la autoridad suprema del Papa).

En tanto no haya como mínimo un “modus vivendi” que permita que cada sacerdote pueda expresar y practicar con entera libertad la doctrina íntegra de la Iglesia sin temor razonable a una persecución por parte de otros miembros de la jerarquía eclesiástica, no parece haber cesado el “estado de necesidad”, al menos allí donde esto ocurra.

Me parece evidente. Lo que vivimos hoy es la prolongación del “estado de persecución” que sufren los sacerdotes y fieles más tradicionales, a propósito del cual algunas leyes eclesiásticas quedan en suspenso, por imposibilidad material de obedecerlas.

Así pues, por ejemplo, cuando a causa de persecuciones externas contra un sacerdote, este queda eximido de usar la sotana, de celebrar respetando todas las rúbricas, etc. justificado por la situación anómala que hace imposible el cumplimiento de la norma eclesiástica. Lo mismo vale decir de su predicación, de su modo de celebrar la misa, del rito a que tiene derecho, de su obligación de censurar los desórdenes morales conforme a la doctrina de la Iglesia, etc.

Así, cuando dentro de la Iglesia se hace imposible al sacerdote el ejercicio de su ministerio, también queda bajo la excepción. Si para ejercer su ministerio debe desobedecer a su superior, o una norma eclesiástica no incurre en censura alguna por tal desobediencia material, dado que su deseo es obedecer, pero le resulta imposible hacerlo. Estas situaciones, que deberían ser excepcionales se han generalizado de tal manera que nos encontramos en una suerte de estado deliberativo

Si proyectamos esta situación personal a un caso institucional, la regularización canónica de la FSSPX o de otras que estén en su misma situación se ve a las claras que es imposible por imposibilidad material el lograr un modus vivendi que lejos de confundir o escandalizar a los fieles les permita convivir pacíficamente. Y esto aunque los términos de los compromisos firmados en un eventual acuerdo no limiten de jure la libertad de los sacerdotes.

A las objeciones

1) La breve prolongación en el tiempo es accesoria no esencial del estado de necesidad.

2) No consta ninguna oferta. Si la FSSPX tuviera un espíritu cismático no dialogaría con Roma o pondría obstáculos insalvables. Lo que la FSSPX pidió fue la liberación de la misa tradicional, que fue reconocida de derecho pero muy obstaculizada de hecho, lo cual significa que el Santo Padre no está en condiciones de garantizar una reinserción canónica pacífica, con plena libertad. Y ni siquiera con libertad acotada, como lo demuestra la persecución sorda de los institutos tradicionales canónicamente regulares.

3) El reconocimiento de la vigencia del rito tridentino es un paso necesario pero no suficiente. Detrás de novus ordo hay otra teología, como han reconocido reiteradamente sus defensores. Y como se ha dicho en 2) no se ha podido aún garantizar la libertad de los sacerdotes para su rezo.

4) No parece razonable que en las actuales circunstancias se pueda exigir a Roma un cambio repentino de 180º en los temas que han generado el conflicto. Pero tampoco parece razonable pedir a quienes levantan la voz alertando sobre los puntos del Magisterio perenne que callen a cambio de un celebret. (Permiso para decir misa).

Si hubiese una disposición amplia y generosa a dar libertad a los institutos tradicionalistas, no solo litúrgica sino también de adhesión a la doctrina tradicional, la objeción podría caer. Pero Roma debería garantizar por medio de una protección efectiva esta libertad, en la práctica, cosa que de momento no se ve ni para los sacerdotes que desean celebrar el rito tradicional.

Además, si nos atenemos al sentido tradicional del dogma “extra Ecclesiam nulla salus” el diálogo interreligioso y ecuménico como se practica hoy debe cesar de inmediato.

Y si nos atenemos al modo como se reinterpreta el “extra Ecclesiam nulla salus” según los criterios conciliares, la FSSPX no merece ninguna censura canónica, pues en el peor de los casos sería una “Iglesia hermana” mucho más próxima que los ortodoxos, por ejemplo, puesto que ni siquiera niega la primacía de jurisdicción del Obispo de Roma, como hacen estos.

Estas son pues meras opiniones de un lego preocupado en el bien de las almas y la gloria de la Iglesia. Me interesaría mucho confrontarlas con las de personas eruditas, dentro de los límites del tema, con caridad y para esclarecimiento de todos.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

YouTube