Panorama Católico

Fieles de Campana Preocupados por Abusos Litúrgicos

Fieles de la Catedral de Campana, Prov. de Buenos Aires, Argentina, nos remiten el texto de la carta que han dirigido al ordinario local, Mons. Rey con copia al Sr. Nuncio Apostólico. En ella manifiestan el creciente proceso de desacralización de la liturgia observado en la Iglesia Catedral.

Campana, 23 de octubre de 2005

Su Excelencia Reverendísima
MONSEÑOR RAFAEL REY
S / D

Fieles de la Catedral de Campana, Prov. de Buenos Aires, Argentina, nos remiten el texto de la carta que han dirigido al ordinario local, Mons. Rey con copia al Sr. Nuncio Apostólico. En ella manifiestan el creciente proceso de desacralización de la liturgia observado en la Iglesia Catedral.

Campana, 23 de octubre de 2005

Su Excelencia Reverendísima
MONSEÑOR RAFAEL REY
S / D

Nos dirigimos a Su Excelencia como fieles de la comunidad de la Parroquia Catedral Santa Florentina, para solicitar su atención sobre un tema que nos preocupa sobremanera:

Desde la designación del Pbro. E. Galuppo han pasado ya diez meses, y hay un clima de tensión entre el Párroco y parte importante de la comunidad parroquial que en lugar de ceder paso a la armonía y al entendimiento mutuo se ha ido incrementando. Esto puede constatarse por la reducción notable de fieles en la asistencia a las misas oficiadas tanto en la semana como los días domingo. Aún así, hay personas que habiendo sido desplazadas de sus tareas habituales en la parroquia Catedral, siguen formando parte de los oficios dominicales.

Diariamente se reza la oración “por la Patria”, implorando a Jesús “compromiso por el bien común”, “amar a todos sin excluir a nadie”, “aborreciendo el odio y construyendo la paz”, para finalizar pidiendo: “Concédenos la sabiduría del diálogo&#8230…”. Y diálogo es lo que falta entre el párroco y la comunidad, trascendiendo una frialdad que hace suponer que puertas adentro ocurre lo mismo.

Fundamos estas afirmaciones en cuestiones referentes tanto a lo litúrgico como a lo material o económico… y también a lo afectivo y humano. Entendemos que algunas de las situaciones expuestas pueden resultar triviales si se consideran aisladamente, pero su consideración en conjunto implica tomar conciencia de que existe un problema grave que merece pronta resolución. Subrayamos la constante necesidad de aclarar que la Iglesia Catedral es una Parroquia, pero que ante todo es Catedral, en ella se asienta la Cátedra del Obispo, es Iglesia Madre de todas las Iglesias de la Diócesis, y por lo tanto, figura a imitar.

Se han despojado de todo decoro y solemnidad las celebraciones, achatando los ritos, tal vez en nombre de una austeridad mal entendida. Las Solemnidades se ofician como si fueran celebraciones ordinarias, lo cual redunda en una desacralización del rito. Tanto en las celebraciones diarias como en las solemnes se han producido irregularidades llamativas, trasuntando una falta de conocimiento o de cuidado que conlleva el peligro de confundir a la feligresía y de socavar el Magisterio y la Tradición viva de la Iglesia. En este sentido, hemos observado la realización de la Bendición Eucarística sin el incienso y las velas correspondientes (Ritual Romano de los Sacramentos, preliminares n º 70)… en el tiempo de Cuaresma, los días Viernes quedaba expuesto el Santísimo Sacramento mientras los fieles rezaban el Vía Crucis (Directorio de Piedad Popular)… la celebración de una jornada coral de música profana en el templo catedral sin haber sido reservado el Santísimo Sacramento… la celebración del Santo Sacrificio de la Misa desde el Altar, siendo que el presbiterio cuenta con las sedes correspondientes, tanto para el presbítero como para el Obispo (IGMR n º 50, 124)… la quita de cantos en latín (alentados por la Iglesia) en las celebraciones de Semana Santa (como por ejemplo, O Redemptor en la Misa Crismal) y restricción de la participación del coro y del uso del órgano (instrumento musical tradicional), siendo ambos promovidos por la Instrucción Musicam Sacram, Cap. II n º 19, 21 y Cap. VIII n º 62… la utilización de canciones no litúrgicas en la misa vespertina de los Domingos (IGMR n º 41 y SC n º 54) se ha visto a cantores (hombres y mujeres) comulgar con el Cuerpo y la Sangre de Cristo en el Altar antes que los propios servidores del Altar, los Acólitos… entre otras situaciones que sería azaroso detallar.

La Misa Diocesana por el eterno descanso de Su Santidad Juan Pablo II y celebraciones importantes como las Fiestas Patronales, carecieron de la solemnidad que les corresponde: nuestra Santa Patrona fue expuesta sin ningún tipo de adorno y en la Santa Misa en su honor fue notoria la poca cantidad de fieles que concurrieron ese día y la escasa difusión y comunicación de las actividades programadas para la fecha. Los fieles que siempre han participado activamente en las actividades inherentes a la misma no sólo no fueron convocados, sino que fue rechazado su ofrecimiento espontáneo de colaboración.

Párrafo aparte merece la Fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen, cuya imagen no se expuso en la Catedral con los honores y el amor que nuestra Santa Madre merece, oficiándose sólo una misa matutina en la capilla y una misa vespertina en el templo catedral. Hubiese sido atinado ofrecer más misas en esta especial fecha, dado que es costumbre de esta comunidad honrar a la Virgen María visitándola a lo largo del día de precepto, ofreciéndole oraciones y rezos en el templo catedral y participando del Santo Sacrificio de la Misa. También hubiese sido apropiado que la Misa vespertina fuera oficiada por el párroco y no por el vicario, en concordancia con la importancia de esta celebración, que es la que más fieles congrega (CIC c. 1186).

Se ha dejado de honrar a los santos con el relato de sus vidas y con la exhibición de las imágenes con las que nuestra catedral cuenta (como en el caso de la imagen donada por una familia para la fiesta de San Blas), y cuando no se los olvida, se hace una alusión somera, perdiendo la oportunidad de señalar las virtudes que los adornaron y que deberían animarnos a imitarlos. Se ha dejado de alimentar la devoción popular por los santos reduciendo procesiones y las bendiciones consiguientes, incidiendo esto en forma negativa en la concurrencia de la feligresía y en una merma de las oportunidades que tenemos como Iglesia de dar testimonio de nuestra fe en el seno de la comunidad (CIC c. 1186 y 1188).

A partir de estas situaciones, que han generado un clima de desconcierto y confusión, se han producido deserciones en la asistencia a Misa, así como también un éxodo de fieles a otras parroquias y capillas que implica, claro está, una disminución de lo recaudado en las colectas. Probablemente ésta sea la causa de que la campaña nacional impulsada por el Episcopado el 1er Domingo de Adviento de 2004, para el sostenimiento de la Iglesia, haya adquirido en nuestra parroquia un cariz negativo para la misma, evidenciando una fuerte preocupación del párroco por la obtención de fondos. Por otra parte, las nuevas disposiciones para la celebración de los casamientos, seguramente enfrían la voluntad de contribución de los contrayentes y sus familiares, con la eliminación del uso de ornamentos tales como alfombra y cubre reclinatorios nuevos, elementos existentes cuyo uso no genera gastos y que se encuentran a disposición de pobres y ricos, confiriendo la dignidad que al Sacramento del Matrimonio corresponde.

No ponemos en tela de juicio la obligación del párroco de ocuparse activamente de las cuestiones económicas de la parroquia, sino que consideraríamos conveniente modificar el espíritu con que la lleva a cabo, ya que no se dirige en forma personal a la comunidad (Semanarios 14/8 y 11/9/05), evitando establecer canales de diálogo e ignorando los que la comunidad inicia (no se han respondido llamados ni mensajes, ni se han concedido ciertas audiencias), manifestando un desinterés por conocer a su grey.

Concordamos con Su Excelencia, en que nadie es igual a otro, y dado que el Padre Celestial nos ha hecho únicos, no podemos dejar de aceptar que el párroco tiene derecho a ejercer sus funciones introduciendo los cambios que considere pertinentes, mientras se fundamenten en el Magisterio y la Tradición viva de la Iglesia. Pero, como laicos comprometidos, debemos manifestar que el Pbro. E. Galuppo recibió una comunidad parroquial formada, imperfecta pero perfectible, educada en el respeto y la reverencia por lo Sagrado, conocedora de sus derechos y obligaciones, que era gobernada por un pastor meticuloso en el cumplimiento de las normas litúrgicas, que la instruía permanentemente sobre el simbolismo y la esencia de las mismas, que no es otra cosa que el amor a Nuestro Señor Jesucristo. No es lo “estético” lo que motiva esta solicitud de atención a Su Excelencia, sino la necesidad de conservar la Tradición y costumbres que nos identifican y nos unen como Iglesia y la necesidad de ser reconocidos como miembros de la Iglesia, con un rol activo a cumplir dentro de la misma. Esta natural inquietud está contemplada en el CIC, c. 529 § 2.

Asistimos al desmoronamiento progresivo de una buena labor y al resquebrajamiento de la comunidad. Percibimos malestar y desconcierto, tal vez a causa de estos cambios tan bruscos. Pero creemos que con mayor predisposición al diálogo, con mayor apertura a la participación de los fieles, es posible lograr una comunidad parroquial floreciente.

Por lo expuesto, solicitamos a Su Excelencia considere convocar a una reunión en la que participen el Señor Obispo, el Párroco, la Sra. Liliana de Balerio, el Sr. Raúl Scabini y dos personas a designar, representantes de los fieles de esta comunidad parroquial, cuya firma de apoyo se adjunta.

En espera de una respuesta favorable, lo saludamos muy atentamente.

Raúl Scabini (siguen otras firmas)

Con copia a la Nunciatura Apostólica.

Carta de la Comunidad Parroquial Santa Florentina a Monseñor Rafael Rey – Octubre 2005

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Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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