Panorama Católico

Fiesta de Todos los Santos

La santidad es la imitación de Jesucristo; todos los santos, como San Pablo, podían decir: sed mis imitadores, porque eran los imitadores de Jesús, y Lo imitaron tanto que ya no vivían, era Jesús que vivía en ellos. Por supuesto, no alcanzaron una reproducción perfecta de la vida del Salvador, con sus méritos infinitos, porque Jesús es Dios, pero es cierto que la vida de los santos es más que un reflejo de la vida del Salvador…

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Estimados Padres, queridos seminaristas, Hermanos, estimadas Hermanas,
Queridos jóvenes,

Todos los santos y santas del Cielo, que festejamos hoy, imitaron a Nuestro Señor Jesucristo, por eso alcanzaron la santidad y la Bienaventuranza eterna.

La santidad es la imitación de Jesucristo; todos los santos, como San Pablo, podían decir: sed mis imitadores, porque eran los imitadores de Jesús, y Lo imitaron tanto que ya no vivían, era Jesús que vivía en ellos. Por supuesto, no alcanzaron una reproducción perfecta de la vida del Salvador, con sus méritos infinitos, porque Jesús es Dios, pero es cierto que la vida de los santos es más que un reflejo de la vida del Salvador: Nuestro Señor continuó por ellos eficazmente su obra de la Redención, dando a unos de ellos, los santos canonizados, una gracia particular, la de reproducir de modo sublime un aspecto de su vida santísima e, incluso, sus milagros.

San Francisco de Asís ha sido Jesús pobre, totalmente desapegado de los bienes terrenales.

San Vicente de Paul ha sido Jesús devorado por la caridad hacía los pobres y los infelices.

San Francisco de Sales manifestó a los hombres de su tiempo la mansedumbre del Salvador, San

Francisco Javier su celo apostólico, Santa Rosa de Lima su pureza y su penitencia, San Pío X su prudencia, Santo Tomás de Aquino su sabiduría…

Pero, todos los santos, incluso los que no están en el santoral, imitaron la humildad de Nuestro Señor, porque sin humildad, no puede existir ninguna virtud. Y todos los habitantes del Cielo se santificaron por la gracia de Jesucristo y su imitación.

[…Hay aquí varios niñitos, por eso diré unas pocas palabra solamente para ellos, sino este sermón será para ellos un castigo. Saben, niños y niñas, que su modelo es Jesús quien como ustedes, ha tenido, en Nazaret, la misma edad. Imiten sobre todo su obediencia a San José y a la Virgen María; vuestra santidad, vuestra muy buena vida cristiana, será vuestra obediencia a Papá y Mamá, al Señor Padre, a la Hermana, a la maestra… incluso si todos aquellos son menos santos que San José y María Santísima; bueno…, pero tampoco ustedes son tan santos como el Niño Jesús, quien era Dios, pero obedecía a José y María y eran muchísimo menos que Él, mientras que ustedes tienen que aprender todo. Entonces, la obediencia del Niño Jesús era muy admirable, y no sólo nunca desobedecía, sino que quería obedecer en casa, en la escuela, por amor a Dios y para mostrarles el ejemplo, y Jesús obedecerá durante toda su vida a su Padre del Cielo, hasta morir en la Cruz.]

… En otras palabras, queridos seminaristas y fieles, veamos como imitar mejor a Nuestro Señor, en nuestra vida, para alcanzar la santidad.

Es cierto que no se imita a alguien que no se ama, y no se ama a alguien que no se conoce. Por lo tanto, toda nuestra santidad consiste en conocer a Nuestro Señor para amarlo e imitarlo. Se trata de centralizar nuestros pensamientos, nuestras afecciones y nuestras acciones sobre la Persona de Nuestro Señor. Toda la vida cristiana, y más aún la vida del seminarista, del religioso, del sacerdote consiste, entonces, en contemplar, amar y seguir, imitar a Nuestro Señor Jesucristo.

Tener a Jesús en nuestros ojos, en nuestro corazón y en nuestras manos.

 
1.En nuestros ojos, esto es, contemplándolo y respondiendo cada vez mejor a estas preguntas: ¿Quién es? ¿Qué enseñó? ¿Cómo enseñó? ¿Por qué sufrió tanto? ¿Para qué? ¿Cómo sufrió? Cada uno es capaz, con la ayuda de Dios, de responder de tal modo que se quedará con gran admiración y amor. Por eso hemos de leer, de aprender, de estudiar, psallere sapienter, de pedir a Dios la gracia de saber cada vez mejor quién es… No sería normal que un sacerdote tenga un conocimiento de Nuestro Señor igual o inferior al de sus fieles…
 
2. El segundo punto: Jesús en nuestro corazón, esto es, encender nuestra voluntad, llenar nuestro corazón de sentimientos de amor a nuestro Salvador, de gratitud, de caridad divina, de espíritu de sacrificio, de paz interior. “O, Señor, tanto sufriste por mí, y yo, ¿no puedo sufrir algo por ti, no puedo aceptar la cruz que me es destinada? ¿Voy a continuar así, pecando, tibio, despreciando tu Sangre, y multiplicando e intensificando tus dolores? ¿No puedo, realmente, con la ayuda de Dios, acabar con estas malas costumbres, esta falta de caridad, de oración, de humildad, de paciencia? ¿Seré todavía un cristiano de nombre, de mera presencia física en la Misa y no de vida, un seminarista más por la sotana que lleva que por un corazón apasionado de Jesucristo?
 
3. El tercer punto: Jesús en mis manos, esto es, en mi vida cotidiana, en los esfuerzos que he de hacer (también el que está hablando) para cumplir las promesas de mi bautismo, de mis votos, de mis ordinaciones, viviendo así de modo coherente con humildad y caridad efectivas, positivas, prácticas.      

 

Nos falta la santidad porque nos falta todavía y quizás bastante, algo de estos tres puntos, con el riesgo de practicar un cristianismo más bien intelectual (Jesús sobre todo en los ojos), o sentimental (Jesús sobre todo en el corazón) o activista (sobre todo en las manos), pero la santidad no es algo desarmado, Nuestro Señor nos pide todo.

Nuestra querida Fraternidad San Pío X, ha sido fundada hace exactamente 42 años por gracia de Dios y un santo obispo, Monseñor Lefebvre; infelizmente, varios miembros y fieles se alejaron de ella por haber practicado un catolicismo así desarmado: buenos principios, pero sin prudencia en el corazón, en la acción, o una cierta prudencia pero sin los principios.

Que la Santísima Virgen, con, en particular la lectura del precioso librito de La imitación de Cristo, y la intercesión de todos los santos sean nuestros guías en el camino y la conquista de la santidad.

Ave María Purísima
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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