Panorama Católico

Francisco o la Iglesia de la Publicidad

Se trata de un texto muy conocido entre los que estudian las profecías canónicas sobre los últimos tiempos. Es parte final del libro: “De la Cábala al Progresismo”, del P. Julio Meinvielle, célebre teólogo argentino.

Se trata de un texto muy conocido entre los que estudian las profecías canónicas sobre los últimos tiempos. Es parte final del libro: “De la Cábala al Progresismo”, del P. Julio Meinvielle, célebre teólogo argentino.

“Ya hemos entrado en la sexta edad del mundo, en la cual Cristo inició para nosotros el camino nuevo. Después de la ley natural y mosaica, la ley evangélica. Qué curso han de seguir los pueblos en sus desvaríos, no lo puede conocer el hombre. Porque la Revelación sólo le da a conocer “ea quae pertinent ad necessitatem salutis” (4). El hombre sólo puede vislumbrar generalidades sobre el curso de los acontecimientos y sobre la densidad de la historia. Esta densidad se ha de medir por un acercamiento más o menos grande a la norma de Cristo, que constituye el centro y el eje de la historia. La Historia se ha de acomodar a la tradición cabalística o a la tradición católica. No hace falta mucha sagacidad para ver que desde hace cinco siglos el mundo se está conformando a la tradición cabalística.

El mundo del Anticristo se adelanta velozmente. Todo concurre a la unificación totalitaria del hijo de la perdición. De aquí también el éxito del progresismo. El cristianismo se seculariza o se ateíza.

Cómo se hayan de cumplir, en esta edad cabalística, las promesas de asistencia del Divino Espíritu a la Iglesia y cómo se haya de verificar el portae inferi non prevalebunt, las puertas del infierno no han de prevalecer, no cabe en la mente humana. Pero así como la Iglesia comenzó siendo una semilla pequeñísima (5), y se hizo árbol y árbol frondoso, así puede reducirse en su frondosidad y tener una realidad mucha más modesta. Sabemos que el mysterium iniquitatis ya está obrando (6); pero no sabemos los límites de su poder.

Sin embargo, no hay dificultad en admitir que la Iglesia de la publicidad pueda ser ganada por el enemigo y convertirse de Iglesia Católica en Iglesia gnóstica. Puede haber dos Iglesias, la una la de la publicidad, Iglesia magnificada en la propaganda, con obispos, sacerdotes y teólogos publicitados, y aun con un Pontífice de actitudes ambiguas; y otra, Iglesia del silencio, con un Papa fiel a Jesucristo en su enseñanza y con algunos sacerdotes, obispos y fieles que le sean adictos, esparcidos como “pusillus grex” por toda la tierra. Esta segunda sería la Iglesia de las promesas, y no aquella primera, que pudiera defeccionar.

Un mismo Papa presidiría ambas Iglesias, que aparente y exteriormente no sería sino una. El Papa, con sus actitudes ambiguas, daría pie para mantener el equívoco. Porque, por una parte, profesando una doctrina intachable sería cabeza de la Iglesia de las Promesas. Por otra parte., produciendo hechos equívocos y aun reprobables, aparecería corno alentando la subversión y manteniendo la Iglesia gnóstica de la Publicidad.

La eclesiología no ha estudiado suficientemente la posibilidad de una hipótesis como la que aquí proponernos. Pero si se piensa. bien, la Promesa de Asistencia dé la Iglesia se reduce a una Asistencia que impida al error introducirse en la Cátedra Romana y en la misma Iglesia, y además que la Iglesia no desaparezca ni sea destruida por sus enemigos (7).

Ninguno de los aspectos de esta hipótesis que aquí se propone queda invalidado por las promesas consignadas en los distintos lugares del Evangelio. Al contrario, ambas hipótesis cobran verosimilitud si se tienen en cuenta los pasajes escriturarios que se refieren a la defección de la fe. Esta defección, que será total, tendrá que coincidir con la perseverancia de la Iglesia hasta el fin. Dice el Señor en el Evangelio: “Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe en la tierra?” (8).

San Pablo (9) llama apostasía universal a esta defección de la fe, que ha de coincidir con la manifestación del “hombre de la iniquidad, del hijo de la perdición”.
Y esta apostasía universal es la secularización o ateización total de la vida pública y privada en la que está en camino el mundo actual.
La única alternativa al Anticristo será Cristo, quien lo disolverá con el aliento de su boca. Cristo cumplirá entonces el acto final de liberar a la Historia. El hombre no quedará alienado bajo el inicuo. Pero no está anunciado que Cristo salvará a muchedumbre. Salvará sí a su Iglesia, “pusillus grex”(10), rebañito pequeño, a quien el Padre se ha complacido en darle el Reino.

NOTAS:
(4) Sólo aquellas cosas que son necesarias para la salvación (Santo Tomás, Suma Teol.. 1-2. 106, 4, ad. 2).
(5) Mi., 13, 32.
(6) 2 Tes., 2, 7
(7) Las promesas están contenidas de modo particular en: Mt., 16, 13-20; 28, 1820; Juan, 14, 16-26.
(8) Lc., 18, 8.
(9) 11 Carta a los cristianos de Tesalónica, 2, 3. (10) Le., 2, 32.

Comentario Druídico: Se puede hoy en día quedar dubitativo ante la condición que el P. Meinvielle plantea en su hipótesis: por una parte, profesando una doctrina intachable sería cabeza de la Iglesia de las Promesas”. Ni Francisco, ni sus predecesores posconciliares han profesado una “doctrina intachable”, porque han difundido errores graves en documentos que normalmente deberían ser considerados magisteriales. Esta cuestión nos lleva considerar el valor de toda afirmación que no esté en consonancia con lo enseñado por el Magisterio perenne de la Iglesia, aún dicha o escrita por un papa, aún bajo formas que nos obligarían en condiciones normales. Porque el Magisterio es siempre obligatorio, y la mayor solemnidad pone solo una nota de certeza mayor, algo que se comenzó a distinguir (y también a confundir) a partir de la definición del dogma de la Infalibilidad pontificia. 

Lo cierto es que estos papas conciliares, acompañando una progresiva degradación doctrinal, se van alejando más y más en sus gestos, actitudes, medidas de gobierno, de lo que se conocíó hasta Pío XII, pero a la vez rechazan ejercer la autoridad magisterial, algo enteramente novedoso. Tanto bajo la forma que debe ser considerada “infalible”, como en las formalidades básicas que dan al Magisterio el carácter de tal, como imponerlo de forma obligatoria. Ellos no desean imponer su doctrina, aunque deseen que su doctrina sea aceptada. No dicen que esta doctrina novedosa que profesan sea necesaria para la salvación. Al contrario, dicen que todos los hombres se salvan en cualquier religión, o sea, con cualquier doctrina. 

Mas cuando se podría prever un acto formal y coherente de apostasía, producen formulaciones ambiguas, contradictorias, desconcertantes, entre las que aparecen con frecuencia piezas de buena doctrina. Por lo cual, no resulta posible hablar, según parece, de apostasía formal, así como no es posible hablar de herejía formal. Para que tal suceda, se debe sostener con pertinacia una doctrina erronea, no meramente decir una cosa y lo contrario.

Mientras sean papas no podrán definir formalmente doctrinas erroneas. Podrán -y lo hacen- ser causa de perplejidad y confusión de millones de católicos, aún de acatólicos, y sin duda responsables de la pérdida de millones de almas. ¡Terrible responsabilidad! 

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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