Panorama Católico

Fuerte Testimonio contra la Manipulación de Embriones

El autor de la carta que reproducimos a continuación es Javier Ma. Pérez-Roldán. Muchos de nuestros lectores conocerán su nombre porque es el representante de Panorama Católico en España. Javier Ma. no suele escribir en Panorama, pero hemos creído importantísimo publicar este texto suyo que dirige a un representante de la Asamblea de Madrid, miembro del PSOE, quien ha propuesto que el gobierno apoye las investigaciones con células embrionarias para “encontrar solución a enfermedades graves”. Nuestro corresponsal es padre de una niña nacida hace pocos meses con uno de estos males. Su testimonio ejemplar y conmovedor nos señala a los que muchas veces ligeramente y movidos por el sentimentalismo, aceptamos este tipo de prácticas sin interesarnos por su licitud moral o su eficacia científica.

Escribe Javier Ma. Pérez-Roldán

Federación Socialista Madrileña-PSOE

Aton. Sr. D. Rafael Simancas Simancas

(Secretario General FSM)
Santa Engracia, 165
28003 Madrid

En Madrid, a 16 de marzo de 2005

Muy señor mío,

Acabo de leer con estupor en Europa Press que mañana solicitará en la Asamblea de Madrid que se impulse la investigación con células madre embrionarias.

Por eso me permito el atrevimiento de dirigirle a usted la presente carta, ya que me siento directamente aludido por sus declaraciones, pues el 26 de octubre pasado, es decir, hace poco más de cuatro meses, nació mi primera hija. Está afectada de espina bífida y tiene reconocida una minusvalía de un 36 %. Es paralítica y tiene otra serie de dolencias de diferente gravedad.

Creo, por tanto, tener la suficiente legitimidad para hablar con total libertad sobre esta cuestión. Y más aun cuando usted cita que, entre otras enfermedades, la “investigación con cédulas madres… nos ofrece la posibilidad de hacer frente a algunas enfermedades tan graves como… la espina bífida”. Igualmente dice “respetar los prejuicios religiosos de Esperanza Aguirre y su Gobierno“, pero que tales prejuicios no pueden ser obstáculo para que se desarrolle una línea de investigación en estos campos.

No se ofenda si le expongo la realidad científica en estas materias, pues con humildad le puedo decir que algo sé sobre estas cuestiones y que usted, por sus palabras, manifiesta bastante desconocimiento.

En primer lugar, debe considerar que estos temas no pueden verse envenenados por el partidismo político. Se trata de cuestiones relativas a la ciencia y a la ética que deben ser resueltas con argumentos científicos y éticos. Debe, por tanto, abrirse un sano debate racional &#8211… fundamentado en razones- y no en populismos anticientíficos y hasta cierto punto oscurantistas, que sólo sirven de tapadera a un falso progresismo nihilista.

Cualquier persona medianamente informada en temas científicos y en el actual debate ético (de trasfondo laico) y moral (de trasfondo religioso) sabe que hablar de células madre sin mayor puntualización es no decir nada.

Las células madres &#8211…más propiamente llamadas estaminales- se dividen, desde el punto de vista ético, en dos grandes grupos: las procedentes de los embriones y aquellas que proceden del cordón umbilical, la placenta y la médula ósea así como las procedentes del tejido maduro de niños y adultos (células adultas).

Desde un punto de vista más científico se dividen igualmente en dos grupos: las pluripotenciales, que son las que derivan de los embriones, el cordón umbilical, la placenta y la médula ósea y las multipotenciales, que son las extraídas de los tejidos maduros.

Pues bien, ética, moral y “religiosamente“, es unánime la licitud de investigar con todas las cédulas estaminales con excepción de las procedentes de embriones. De hecho, hace ya muchos años que se está investigando con este tipo de células de manera perfectamente legal.

Sin embargo, desde el punto de vista terapéutico sólo se han producido resultados saludables con las células adultas. Esto es así por dos razones: porque no producen rechazo y porque no evolucionan de manera descontrolada como las embrionarias, evitándose así la producción de tumores. Curiosamente, no se ha producido ¡ni una sola! aplicación útil con las procedentes de embriones, y eso que en otros países se han invertido cantidades ingentes de dinero en este tipo de investigaciones.

Por eso, le agradecería que si de verdad le importa la atención a los enfermos como mi hija, inste a la Presidenta de la Comunidad de Madrid a que incremente su inversión en la investigación con cédulas adultas, que hoy por hoy son las únicas que nos ofrecen alguna esperanza. Invertir en otro tipo de investigación es simplemente un desperdicio de dinero y el asesinato de muchas esperanzas de los afectados directa o indirectamente por estas enfermedades.

Igualmente, creo necesario llamarle la atención sobre otro aspecto. Los médicos diagnosticaron la enfermedad de mi hija a los tres meses de gestación. De seis ginecólogos a los que fuimos, cinco de ellos nos compelieron a que mi mujer se sometiera al aborto. Uno de ellos instó a mi esposa hasta en tres ocasiones para que abortara. Nuestra respuesta fue siempre la misma: los débiles y los enfermos merecen el mismo derecho a la vida que los sanos. Creo que usted se define progresista. Pues bien, el progreso para la inmensa mayoría de los españoles se identifica con una cada vez mayor protección de los débiles. Haría bien en apoyar a los poderes públicos para que en asuntos tan sensibles los médicos transmitan a sus pacientes el amor a la vida. Para que expongan a los ciudadanos todas las posibilidades que existen, incluidas la de tener un hijo aun con graves enfermedades, pues el hombre es más humano cuanto más decide ayudar a los débiles. Yo como padre sé, porque lo vivo todos los días con padres de hijos como la mía, que estos niños son personas que cuando se les rodea de cariño y protección aman la vida más que nosotros, los sanos. Hace poco, en un Congreso sobre espina bífida, se les preguntó a los afectados si se arrepentían de vivir. La respuesta fue unánime: No. Se sentían personas dichosas porque gozaban del don de la vida. Convendría que los médicos contaran esto.

Además, debo recordarle que la investigación con embriones haría innecesaria precisamente tal investigación. Si el embrión no fuera aun vida, no existiría espina bífida que curar, pues con las técnicas ecográficas actuales se sabe ya antes de nacer la dolencia que padecen. Si no hay vida se tendría que abortar sin ninguna duda, por lo que no habría investigación que hacer para su cura.

Sin embargo, cualquier persona no cegada por prejuicios ideológicos sabe que hay vida. Las realidades ontológicas o son o no son, pero no están en proceso. O se es persona o no se es, pero no cabe ser medio persona. Pues bien, en la vida humana no ocurre nada nuevo una vez ha tenido lugar la concepción. Cuando se juntan el gameto masculino y el femenino se produce un ser nuevo, como demuestra el hecho de que a partir de ese momento cuenta con una carga cromosómica, con una serie de ADN, personal y única que nunca antes existió. Desde ese momento se es persona. Es absurdo predicar de esa nueva realidad el carácter personal en otro momento. A partir de la concepción, la nueva persona entra en un proceso de cambio que no terminara hasta la muerte, y ese proceso viene ya escrito en su ADN.

Si no supiéramos que hay vida ya desde la concepción, mi mujer y yo seríamos crueles criminales, pues nos hubiéramos empeñado en tener una hija que sabíamos iba a ser paralítica y estaría afectada por otras graves dolencias. Le recuerdo que hasta el Tribunal Constitucional reconoció en su día que el embrión era vida.

En cuanto a los prejuicios, le recuerdo que juzgar una cosa con parámetros científicos y éticos no supone prejuicio, supone simplemente prudencia. Usted, sin embargo, sí parece regirse por una serie de prejuicios ideológicos que ni siquiera su elección democrática pueden legitimar en estas cuestiones. Ya no es la época del oscurantismo y la ignorancia. Vivimos en unos tiempos exigentes en los que cada vez más se pide a los gobernantes una formación ética y técnica que nos permita a los ciudadanos confiar en ustedes. Ame la ciencia, cultive la ética, huya de las supercherías, aunque estas se oculten bajo el manto protector de las legitimas ideologías políticas o del falso progresismo. Debo recordarle que las últimas decisiones de la ONU van por la vía de respetar la vida humana desde su concepción. Por favor, incorpórese a la nueva sensibilidad internacional.

Debe saber, además, que aun si no existieran argumentos científicos para oponerse a la investigación con embriones, quedarían siempre en pie los argumentos éticos o morales. Los éticos, para los que como usted no tienen creencia religiosa alguna. Los morales, para los que tienen alguna fe. Estos límites tienen que existir para no caer en las prácticas criminales del Doctor Mengele, “el asesino más atroz de los Lager“. Curiosamente, a este respecto coinciden los límites éticos y religiosos. ¿No será porque tiene un fondo de verdad?.

El Doctor Mengele, como sin duda sabrá, era un siniestro investigador médico que utilizó los campos de concentración nazis como laboratorios. En especial el de Auschwitz. Era un hombre de una gran capacidad intelectual enamorado del progreso. Su obsesión era tener un mayor conocimiento de las enfermedades para poder evitarlas. Así pretendía elevar la pureza racial y la salud de sus conciudadanos. Su amor al progreso científico le llevó a ajustar sus investigaciones a una sola máxima: “Algunos tienen que morir para que vivan muchos“.

Investigar con embriones humanos sin importarnos acabar con sus vidas, supone asumir sin paliativos las mismas justificaciones pseudo éticas que las esgrimidas por Mengele. Le recuerdo que para extraer las células madre de los embriones hay que matarlos. Es el mismo sistema de investigación que el seguido por Mengele, pues en sus experimentaciones, como en las de las células embrionarias, la muerte de la víctima estaba programada y era precisamente esta muerte el elemento esencial para la investigación.

Espero que su sentido del progreso y la ciencia no sea el Mengeliano: progreso a toda costa, incluso contra el hombre. Le estimo a usted mucho más recto, bondadoso y honesto que a Mengele. Son necesarios los limites éticos, que usted parece confundir con los prejuicios religiosos. Estos prejuicios, perdone que difiera de usted, no son nunca respetables, pues son oscurantistas. El problema suyo que estima prejuicio lo que es simple prudencia. Reputa como simplemente religiosos los limites que tienen su fundamento en la ciencia y en una ética o una moral racionalmente construida.

Por último, me gustaría trasladarle una propuesta. Vivo en un tercer piso sin ascensor. Mi hija no podrá salvar esa altura para entrar en su casa, lo que nos supondrá cambiar de domicilio. Mi mujer está en paro desde hace dos años y no podrá trabajar por cuanto la niña necesita dedicación plena. Yo trabajo catorce horas diarias en dos trabajos. Uno de ellos se me acaba en mayo y no sé si encontraré otro. En esta situación no tenemos dinero para cambiar de casa, y eso que nos privamos de ir de vacaciones, de salir a tomar una copa y de todo lo que suponga gasto. Ni siquiera podemos optar a viviendas protegidas porque tenemos una en propiedad. ¿Por qué no presenta un proyecto de ley para que en casos como el nuestros, cuando se tiene un hijo con invalidez, se nos permita acceder a viviendas públicas adaptadas con el compromiso de vender la nuestra cuando se nos adjudique alguna?. Lo mismo le pasa a las personas que a resultas de un accidente de tráfico quedan inválidas. Si tienen una vivienda en propiedad no pueden optar a una pública adaptada. ¿No sería más útil para estas personas que usted se decidiera a ayudarlas?

Sólo un ruego. No utilicen a los enfermos como arma política. No levanten infundadas esperanzas. Estén siempre al lado de ellos. El hombre es más humano cuanto más cerca está del débil. Estos niños enfermos, creáme, nos hace a los padres mejor de lo que éramos. Pruebe usted a estar junto a ellos y también lo experimentará. Es de justicia estar siempre con los débiles y los enfermos, y no discriminarlos por razón de su debilidad o enfermedad. Todos los embriones, que son ya vida humana, merecen la vida. No sacrifiquemos unos para beneficio personal nuestro. Que no se pueda decir que el hombre moderno sigue siendo “lobo para el propio hombre“. Eso no es progreso, es regreso a la cueva y al pasado.

Con mis mejores deseos para su andadura política, atentamente

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Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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