Panorama Católico

Grupos de judíos preocupados por el gesto del Vaticano

Elan Steinberg, de la Congregación Americana de Sobrevivientes del Holocausto aseguró que habrá «consecuencias catastróficas» en las relaciones católico-judías, si el Vaticano no requiere la sociedad acepte el documento Nostra Aetate…. Incluso el rabino David Rosen, quien encabeza la oficina interreligiosa del Comité de asuntos Judío Americano y es un veterano del diálogo católico-judío, dijo que estaba preocupado por el gesto del Vaticano y que estaba esperando algunas aclaraciones al respecto.

Algunos grupos judíos expresaron su preocupación el viernes pasado de que el Vaticano podría estar poniendo en cuestión más de 40 años de progreso en las relaciones entre católicos y judíos a través del acercamiento de un grupo de católicos tradicionalistas disidentes que incluyen un obispo que niega el Holocausto.

El Vaticano trabajó durante años para reintegrar a la sociedad dividida de San Pío X de nuevo en su seno. Sin embargo para que esto suceda, sus miembros tienen que aceptar algunas enseñanzas de la iglesia principal. A su vez, la Santa Sede agregó que algunas expresiones contenidas en los documentos del Concilio del Vaticano podrían quedar abiertas para «el debate legítimo».

Entre 1962 y 1965 el Vaticano realizó reuniones mundiales con reformas modernizadoras, incluyendo la relación con los judíos y la introducción de la misa en lengua vernácula y no en latín. 

La sociedad con sede en Suiza de San Pío X fue fundada en 1969 y se opuso a muchas de las reformas del Concilio Vaticano II.

Uno de los documentos claves fue, Nostra Aetate, el revolucionó las relaciones de la Iglesia Católica con los judíos, al declarar que la muerte de Cristo no puede ser atribuido a Judíos como un todo. 

La incertidumbre sobre lo que se requiere de la sociedad provocó malestar entre algunos grupos judíos, quienes emitieron advertencias sobre el posible impacto de las relaciones de la comunidad con el Vaticano ya que desean debatir otras enseñanzas.

Abraham Foxman, director de la Liga Anti Difamación, dijo que confía en que el Papa Benedicto XVI guíe a la iglesia hacia «enseñanzas positivas» acerca de los judíos antes de ser plenamente reconciliados con la iglesia.

«Sería impensable que el Vaticano permita que una secta católica disidente, que incluye un obispo que niega el Holocausto, Richard Williamson, sean reintegrados a la iglesia al mismo tiempo que se les permita promover el antisemitismo y el antijudaísmo», dijo en una declaración.

Elan Steinberg, de la Congregación Americana de Sobrevivientes del Holocausto aseguró que habrá «consecuencias catastróficas» en las relaciones católico-judías, si el Vaticano no requiere la sociedad acepte el documento Nostra Aetate. 

Incluso el rabino David Rosen, quien encabeza la oficina interreligiosa del Comité de asuntos Judío Americano y es un veterano del diálogo católico-judío, dijo que estaba preocupado por el gesto del Vaticano y que estaba esperando algunas aclaraciones al respecto.

Benedicto XVI trabajó durante dos décadas, como Papa y como cardenal, para que el grupo de católicos regrese al seno del Vaticano. 

Sin embargo, Benedicto XVI, quien se ha ganado los elogios de los Judíos por sus décadas de difusión, también ya provocó reacciones contrarias en la comunidad como en el 2009 cuando levantó la excomunión de Williamson, que negó que las cámaras de gas fueron utilizadas durante el Holocausto.

La sociedad de San Pío X tiene seis seminarios, tres universidades y 70 escuelas primarias y secundarias en todo el mundo. Además cuenta con cuatro obispos y más de 550 sacerdotes y 200 seminaristas.

Fuente: Portal judío Iton Gadol



Comentario Druídico: Cuando en diferentes comentarios editoriales desde esta web planteamos la complejidad de intereses que presionan al Papa a la hora de las decisiones, no siempre somos comprendidos. La nota que hemos reproducido ilustra el caso. Es evidente que parte de los lobbies influyentes en el Vaticano se oponen a la posibilidad de una regularización canónica de la FSSPX, ¿Quién se beneficia, finalmente, con una regularización? ¿Qué mueve al Papa a ofrecerla? Cualesquiera sean las respuestas, queda claro que no son simples.

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