Panorama Católico

¿Hacia una restricción del Motu Propio?

Desde hace ya varios años se habla de un documento complementario del famoso Motu Proprio Summorum Pontificum de 2007, que liberó el uso de la Misa Tridentina Latina. El documento complementario es esperado por todos, para zanjar dificultades interpretativas que muchos obispos utilizan para restringir su aplicación.

Desde
hace ya varios años se habla de un documento complementario del famoso Motu
Proprio Summorum Pontificum de 2007, que liberó el uso de la Misa Tridentina
Latina. El documento complementario es esperado por todos, para zanjar
dificultades interpretativas que muchos obispos utilizan para restringir su
aplicación.

En
estos días varios medios de prensa especializados han difundido la noticia de
que la esperada carta apostólica de complementación, desde siempre considerada
como ampliatoria, en realidad podría ser
restrictiva
. De las diversas fuentes que difundieron esta preocupación, y
en atención a su acreditada seriedad, nos remitimos a Rorate-Caeli,
que en dos notas dedicadas al tema, hasta el momento no solo se ratifica este
temor, sino que aporta detalles sobre el tipo de restricciones que se estarían
considerando.

Algunas
de ellas: excluir de los beneficios del Motu Proprio Summorum Pontificum a las
diócesis que tengan ritos latinos propios, la mayoría de ellos restringidos a regiones
de origen, pero que en algunos casos, como en el del Rito Ambrosiano, abarca
una población de 5 millones de personas.

En
segundo lugar, excluir de los beneficios del M.P. a las órdenes religiosas con
rito latino propio, generalmente una variación del Rito Romano. Por ejemplo, el
rito dominicano, de la orden de Santo Domingo, conocida como Orden de
Predicadores. Esto tendría consecuencias muy graves en el desarrollo de una
restauración litúrgica entre los religiosos.

¿Contraofensiva
episcopal?

Cabe
aclarar que esta visión restrictiva del alcance del M.P. Summorum Pontificum
aparece como una contraofensiva para limitar y acaso anular el desembargo del
rito tradicional que el Papa Benedicto declarara en su momento, zanjando la
cuestión discutida por cuatro décadas sobre si la reforma litúrgica del Paulo
VI abrogaba o no el uso milenario de la Iglesia Romana, extendido luego a la
mayoría de la Iglesia Latina.

La
resistencia de los obispos más progesistas en general, esperable y luego
confirmada por los hechos, se basó, cuando no en una supina desobediencia de lo
dispuesto por el M.P., en interpretaciones restrictivas y en rigor de verdad,
hay puntos oscuros que ameritan una aclaración, precisamente para evitar
subterfugios de obispos y sacerdotes hostiles a la liturgia tradicional.

Lo
que refiere Rorate-Caeli es la alarmante posibilidad de que esta redacción de
un documento complementario termine legalizando esos subterfugios.  Y lo que hoy es derecho exclusivo del
obispo y también deber, a la requisitoria de los fieles, se vuelva una
posibilidad sujeta a confirmación por parte de las autoridades romanas.

Por
ejemplo, la educación de los seminaristas en la liturgia tradicional cuando el
obispo tiene esa disposición tan laudable y provechosa para su futuro clero, o
la posibilidad de ordenación de estos según el ritual tradicional sin necesidad
de solicitar autorización. La exclusión de comunidades religiosas enteras de la
posibilidad de volver a sus formas litúrgicas propias. Como se ha dicho, esto
sería un retroceso a la forma de “indulto” que regía antes del M.P.S.P. y por
supuesto, en manos de los obispos hostiles, un evidente instrumento de
prohibición.

¿Le
tuercen la mano a Benedicto?

Como
en el caso de Asís, este caso nos resulta extraño y chocante al sentido común y
a la historia personal de Benedicto XVI. El actual papa ha bregado siempre a
favor de la plena libertad de la Misa Tradicional, inclusive contra la opinión
de la mayoría de los curiales bajo el reinado de Juan Pablo II.  Lo acredita en libros, entrevistas y
sobre todo en su obra de gobierno.

Así
como en su momento el Card. Ratzinger expresó su disgusto por la reunión de
Asís, que ahora se propondría recordar con un aún no definido homenaje, a
propósito de los 25 años de su primera versión, no resulta razonable ni
coherente este cambio de rumbo.

¿Por
qué el Papa cambiaría el rumbo en los temas que han sido motivo de preocupación
y de claras definiciones de su parte antes de acceder al pontificado, así como
después, y particularmente en este de la liturgia tradicional en el que ha
comprometido su autoridad con gran decisión y valor personal?

Queda
por verse el desarrollo de los hechos. Si bien se supone que el documento ya
tiene fecha, 22 de febrero, esto no significa que se de a conocer
necesariamente ese día, ni tampoco que la redacción final sea la que estas
informaciones acreditan, o más bien, temen.

Sobre
la materia, hay que esperar para juzgar en base a los hechos. Desde nuestras
tribunas solo podemos expresar nuestra preocupación y extrañeza. Y alimentar la
esperanza de que finalmente la lucha por el M.P. culmine con el triunfo de los
que desde un principio lo han inspirado. Porque no sería raro que estas
filtraciones que nos preocupan sean parte de esa lucha, y que el Sumo Pontífice
se guarde una redacción final para último momento.

Recemos,
al menos, para que esto ocurra.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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