Panorama Católico

Has Küng y Vittorio Messori Polemizan sobre Juan Pablo II

La prensa de izquierda se hace eco de la polémica entre Messori y Hans Küng. En una síntesis ciertamente algo desequilibrada a la hora de exponer las argumentaciones de los contendientes, La Vanguardia, de Barcelona resume, no obstante, el núcleo de la disputa central del cónclave que se abrirá en los próximos días. Y en cuyos prolegómenos es ya el tema de discusión de los cardenales electores: más concilio o menos concilio.

Por María-Paz López

En esta silenciosa Pascua de su largo pontificado, la primera en que Juan Pablo II, anciano y enfermo, no ha podido presidir los ritos, dos voces conocidísimas de la intelectualidad católica se han alzado para hacer balance -y polemizar con dureza- sobre el legado de Karol Wojtyla. El Corriere della Sera publicaba ayer los artículos contrapuestos del teólogo disidente suizo Hans Küng (su artículo aparecía también en el semanario alemán Der Spiegel) y del escritor italiano Vittorio Messori, autor del famoso libro-entrevista al Papa Cruzando el Umbral de la Esperanza. Sus respectivas visiones de la obra de Juan Pablo II ilustran dos modos de entender el catolicismo actual.

Küng, tras asegurar que “el Papa está gravemente enfermo y merece toda compasión”, le señala como el Pontífice más contradictorio del siglo XX: “Su política exterior ha pretendido de todo el mundo conversión, reforma y diálogo. Pero, en total contradicción, su política interior ha apuntado a la restauración del status quo previo al Concilio Vaticano II, a impedir las reformas, al rechazo del diálogo intraeclesiástico y al dominio absoluto de Roma.”

A continuación, Hans Küng, una de las voces más críticas dentro de la Iglesia católica, procede a analizar once contradicciones en las que, a su juicio, ha incurrido Karol Wojtyla. Según el teólogo disidente, el Papa predica los derechos humanos, “pero los ha negado en el interior, es decir, a los obispos, a los teólogos y, sobre todo, a las mujeres”. También, dice Hans Küng, Juan Pablo II, “gran admirador de María, predica los ideales femeninos, pero prohibiendo a las mujeres la píldora y negándoles la ordenación”.

Otras paradojas de Wojtyla, según Küng, son: su clamor contra la pobreza en el mundo frente a su oposición al control de la natalidad, lo cual favorece la explosión demográfica y la expansión del sida… su insistencia en el celibato sacerdotal, mientras caen las vocaciones y surgen escándalos de pedofilia en el clero… un exceso de canonizaciones al tiempo que se ataba corto a teólogos, sacerdotes y religiosos “mal vistos por la Iglesia”… un discurso ecuménico con escasas iniciativas reales… y un fenómeno similar en el campo del diálogo interreligioso.

Küng sostiene también que Wojtyla ha reducido la colegialidad entre Papa y obispos… y que, erigiéndose en heraldo de la fe en Europa y enfatizando “una moral sexual no adecuada a los tiempos”, ha favorecido involuntariamente la animadversión hacia la Iglesia. Por último, dice que el carisma mediático del Papa se ha apoyado en movimientos eclesiales italianos, en el Opus Dei y “en un público acrítico y fiel al Pontífice”, y que su pública admisión del 2000 de las culpas históricas del catolicismo se refería a errores “de los hijos e hijas de la Iglesia“, y no citaba los cometidos por los Papas y por la jerarquía eclesial.  

Concluye el teólogo suizo que la Iglesia está en crisis justamente porque “en calidad de Pontífice, Karol Wojtyla ha querido llevar al resto del mundo católico su idea católica de matriz polaca (medieval, contraria a las reformas y antimoderna)”.

El escritor Vittorio Messori le responde acusándole de prejuicios por utilizar argumentos que ya usaba en 1979, apenas un año después de la elección de Wojtyla como Papa, y de formar parte de una generación de teólogos de los años sesenta y setenta que quería trasplantar la democracia parlamentaria tal cual a la Iglesia… autorizar la sexualidad en el clero… vivir la laicidad quitándose hábitos y alzacuellos… y adoptar modos modernos de la Reforma protestante. Messori sostiene que en la actual era posmoderna lo que los católicos quieren es: “no profanidad sino sacralidad, no sacerdotes mánager ni operadores pastorales sino religiosos al estilo del Padre Pío, no racionalismos sino misterio, no ulteriores revoluciones sino redescubrimiento de la tradición”.

Messori escribe que Küng se ha quedado anclado en los años sesenta… que su público es “la burguesía de la Europa nórdica, secularizada, opulenta, liberal”… y que un estudioso como él no podía entender a un Papa venido de “una Polonia donde la fe era una cosa heroica, donde la devoción popular permeaba la vida cotidiana, donde la Virgen era omnipresente, donde la secularización y el laicismo mostraban su rostro despiadado y, en vez de atraer, creaban espanto y horror”. Messori incluso ve en el germanosuizo Küng cierto racismo hacia los eslavos.

“La Vanguardia”, Barcelona

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