Panorama Católico

Hay que sacar la TV del cuarto de los chicos

A las razones morales se suman también las médicas. La TV y la Internet producen demasiados riesgos. Aquí presentamos la opinión calificada de un especialista pediatra que nos muestra el daño intelectual, psicológico y físico de la televisión indiscriminada.

A las razones morales se suman también las médicas. La TV y la Internet producen demasiados riesgos. Aquí presentamos la opinión calificada de un especialista pediatra que nos muestra el daño intelectual, psicológico y físico de la televisión indiscriminada.

La sentencia es contundente: "Hay que  sacar el televisor de la habitación de los chicos", dice a LA NACION el pediatra Víctor  Strasburger, jefe de la  División de Medicina Adolescente del hospital de la Universidad de Nuevo  México, en Albuquerque, Estados Unidos, y autor de más de 120 investigaciones  y ocho libros sobre los efectos de los medios en el desarrollo infantil y  adolescente. Una vez de acuerdo con ese punto, sostiene, se puede empezar a  hablar.

"En Estados Unidos, dos tercios de los  adolescentes, la mitad de los preadolescentes y un cuarto de los más  chiquitos tienen televisor en el dormitorio y, cuando esto ocurre, pasan más  horas frente a la pantalla, por lo que leen menos, hacen menos deporte y son  más propensos a tener sobrepeso", señala. Su explicación está a tono con  las críticas que despertó esta semana el lanzamiento de BabyFirst TV, la  primera señal de televisión por cable de su país que transmite las 24 horas  programas dirigidos, exclusivamente, a un público de entre 6 meses y 3 años  de edad.

El problema reside, básicamente, en la falta  de control que los padres tienen sobre cuánto y qué ven sus hijos cuando el  aparato está en esa zona en la que comienza a construirse su privacidad.

En segundo lugar, Strasburger propone limitar  a dos horas por día el tiempo frente a una pantalla. "En el mundo, los  chicos miran televisión o usan los videojuegos en promedio tres horas al día,  lo que representa una hora de más", indicó el doctor Strasburger, que  participa en el XI Simposio Internacional de Actualización Pediátrica Dr. Carlos Gianantonio, organizado por el Departamento de Pediatría del Hospital  Italiano de Buenos Aires.

Un tercer consejo, altamente efectivo según la  práctica del experto, es que los padres se sienten a mirar las películas, los  programas o los videojuegos con sus hijos para hablar sobre qué es lo que  disgusta a unos y gusta a otros.

"Se puede tomar cualquier programa y si  los padres se sientan y hablan sobre el contenido, la situación se vuelve  educativa -señaló el autor de «Decir no en los 90, cuando decían sí en los  60»-. Los padres aún no comprenden cuán poderosa puede ser la televisión como  «maestra», que seguramente desaprobarían para la escuela. Les enseña a sus  hijos comportamientos agresivos, uso de drogas y sexo explícito. Por lo tanto,  si no hablan con sus hijos de sexo, del consumo de drogas o de la violencia,  lo hará la televisión, pero de manera poco saludable. Y, hoy, los padres no  están haciendo nada para evitarlo."

Cuidado: cerebro creciendo

Si de Internet se trata, Strasburger recomendó  instalar la computadora en el living o en un lugar expuesto de la casa.  "Ningún adolescente se va sentar en la sala a mirar sitios pornográficos con los hermanos y los padres pasando por ahí", razonó.

En la niñez, el cerebro crece como los chicos,  rápidamente, y lo hace como respuesta a lo que lo rodea. "Si el entorno es un padre que lee libros a su hijo, el cerebro infantil crecerá con otras opciones", sostuvo Strasburger, que durante la entrevista emitió su  segunda sentencia: "Los padres de chicos menores de 2 años no deberían  dejarlos mirar televisión".

Pero, ¿qué pasa cuando un hijo se queja de que es el único que no puede mirar este u otro programa? Según Strasburger, la forma más simple de evitarlo es limitar de entrada la el tiempo y los  programas que pueden ver sus hijos. "Si lo hacen, no van a llegar a! esa  situación. Y muchos padres no lo hacen, de modo que lo siguiente es sentarse a mirar el programa con su hijo y explicarle por qué no les gusta",  dijo.

Si esto no da resultado, sólo queda empezar a  reducir por semana la cantidad de horas frente al televisor y que los chicos elijan los programas de una lista, según la edad y el contenido.

¿Realidad virtual o real?

Los últimos estudios sobre la percepción  infantil demuestran que los chicos menores de 8 años tienden a pensar que lo  que la pantalla les presenta es cómo los adultos se comportan en la vida  real. Es decir, por ejemplo, que no comprenden que si una persona le pega a  otra en el mentón, puede quebrarse la mano, aunque no suceda en la pantalla.

"Veo adolescentes en el hospital que le  pegan un puñetazo a la pared porque están muy enojados y al menos una vez a  la semana tenemos que hacer radiografías de las manos para comprobar si  sufrieron lo que se llama una fractura de boxeador -relató Strasburger-. O  creen que el sexo como se presenta en la pantalla es real y, entonces,  tienden a sobreestimar la cantidad de amigos que tienen relaciones. Es muy  tentador ver el mundo de los medios como real, el problema es que los chicos lo hacen."

Según el experto, antes de los 8 años, ningún chico puede diferenciar la realidad de la fantasía. Entre 8 y 14 años, no logran hacerlo en temas relacionados con el sexo y las drogas… y no es hasta  los 15, 16 o 17 años que comprenden que todo es fantasía y entretenimiento,  "a menos que los padres o la escuela se los expliquen antes", que  es lo que hacen los denominados programas de educación en medios.

Esos programas, que se pueden dictar desde la escuela primaria, enseñan cómo se "fabrica" la realidad en una  publicidad o cómo se filma una pelea, entre otras cosas. "Demostraron ser muy efectivos y protegen a los chicos a través de la educación de los  efectos de los medios, aunque la mayoría de los países no los ponen en práctica", opinó Strasburger.

Los buenos resultados de esos programas ya se observaron en las escuelas de Canadá, Australia e Inglaterra.

Por Fabiola Czubaj
De la Redacción  de LA NACION

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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