Panorama Católico

Il nostro fratello Giuda

Hace algunos años en Panorama Católico en papel publicamos una Columna del Editor y Responsable en la que se parodiaba, con motivo del espantoso asunto de Mons. Maccarone, la declaración de la Conferencia Episcopal Argentina, como si hubiese sido del Colegio Apostólico tras la traición de Judas. El título era “Ante la actitud de nuestro hermano Judas Iscariote”.  Este era su breve texto.

Hace algunos años en Panorama Católico en papel publicamos una Columna del Editor y Responsable en la que se parodiaba, con motivo del espantoso asunto de Mons. Maccarone, la declaración de la Conferencia Episcopal Argentina, como si hubiese sido del Colegio Apostólico tras la traición de Judas. El título era “Ante la actitud de nuestro hermano Judas Iscariote”.  Este era su breve texto.

Hipótesis:

 «La Comisión Ejecutiva del Colegio Apostólico hace saber a todos los creyentes que lamenta con profundo dolor el error cometido por uno de sus miembros, Judas Iscariote.

      “Percibimos la consternación de los seguidores de Cristo ante el hecho de que nuestro querido hermano haya entregado al Redentor a manos del Sanhedrín por una suma de dinero, cuyo monto se está investigando. Creemos en lo profundo de nuestro corazones dolidos que nuestro hermano Judas nunca tuvo plena conciencia del daño que su transacción comercial podría ocasionar.

       “Además, parte de esos fondos iban a ser destinados a los más pobres, por quienes todos nosotros, unidos en fraternal espíritu, hemos hecho nuestra opción.

       “Más allá de estos hechos – que consideramos del ámbito de las acciones privadas de los hombres y libradas al juicio de Dios, cuya misericordia se manifiesta más y más en la medida que más nos apegamos a nuestras miserias – no podemos pasar por alto la existencia de una maniobra de sectores mafiosos enquistados en los pliegues y repliegues del poder.

        “Víctima de estos engaños e intrigas, el hermano Judas se vio confundido y desconcertado en su buena fe. Su reconocido amor a los desposeídos (que tan justamente manifestara cuando María de Magdala desperdició un  perfume de nardo de 200 denarios sobre los pies de Jesús) lo ha movido a aceptar este dinero, el cual planeaba utilizar para obras de caridad, bajo el auspicio del rey Herodes, con quien hemos establecido un diálogo profundo,  sincero y enriquecedor en torno a una de las mesas rescatadas del atrio del templo, después del penoso episodio en que Jesús se alteró – víctima de un comprensible estrés – y las arrojó por el suelo, golpeando a los mercaderes con un látigo.

       “Que nuestro querido hermano Judas Iscariote sienta el afecto y la compresión de todos nosotros, así como del pueblo fiel. No cabe recriminación alguna sino la fraterna interpelación que nos angustia en estos momentos: ¡que no nos investiguen a nosotros!”

La parodia, como todas, era a una exageración humorística que reflejaba en la triste declaración auténtica de la Conferencia Episcopal una notable solidaridad con el obispo descubierto in fraganti por un video en las redes públicas, en medio de relaciones íntimas con un joven remisero. Asqueroso asunto, por cierto.

El Viernes Santo nos sorprendió oír de boca del fraile Cantalamessa una homilía muy variopinta en la que se destacaba el párrafo que reproducimos abajo. Allí, realmente, un alto dignatario de la Iglesia, ante el papa Francisco (firmante del auténtico comunicado de la CEA en calidad de Presidente que en su momento parodiáramos) la expresión y la justificación elíptica de Judas Iscariote. Il nostro fratello Giuda.

Lo que sigue es el texto de esa parte de la homilía, digno de ser leído para superar  nuestra capacidad de asombro:

“El Evangelio describe el fin horrible de Judas: «Judas, que lo había traicionado, viendo que Jesús había sido condenado, se arrepintió, y devolvió los treinta siclos de plata a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos, diciendo: He pecado, entregándoos sangre inocente. Pero ellos dijeron: ¿Qué nos importa? Ocúpate tú. Y él, arrojados los siclos en el templo, se alejó y fue a ahorcarse» (Mt 27, 3-5). Pero no demos un juicio apresurado. Jesús nunca abandonó a Judas y nadie sabe dónde cayó en el momento en que se lanzó desde el árbol con la soga al cuello: si en las manos de Satanás o en las de Dios. ¿Quién puede decir lo que pasó en su alma en esos últimos instantes? «Amigo», fue la última palabra que le dirigió Jesús en el huerto y él no podía haberla olvidado, como no podía haber olvidado su mirada.

Comentario Druídico: San Mateo no dice “se arrepintió” sino “fue acosado por el remordimiento”. Que no es lo mismo que arrepentirse.

No se sabe si cayó en las manos de Satanás o en las de Dios, tras haberse suicidado sin arrepentimiento, por remordimiento, dice Cantalamessa. Pero San Lucas dice en XXII, 3 “Entonces Satanás entró en Judas, por otro nombre Iscariote”. Es verdad que no se puede tener certeza del destino eterno de los suicidas por el suicidio en sí, porque el arrepentimiento no requiere de un lapso de tiempo mayor que el apriete de la cuerda. Pero en el caso de Judas, que toda la Tradición señala como condenado y modelo de traidor, esta presunción sobre la “mirada” de Nuestro Señor suena demasiado pueril como para ser inocente. Nuestro Señor miró a muchos intensamente. A Pilato, a Anás, Caifás y a Herodes, al ladrón malo. Ninguno de ellos modelo de arrepentimiento.

“Es cierto que, hablando de sus discípulos, al Padre Jesús había dicho de Judas: «Ninguno de ellos se ha perdido, excepto el hijo de la perdición» (Jn 17, 12), pero aquí, como en tantos otros casos, él habla en la perspectiva del tiempo no de la eternidad. También la otra tremenda palabra dicha de Judas: «Mejor hubiera sido para ese hombre no haber nacido» (Mc 14, 21) se explica con la enormidad del hecho, sin necesidad de pensar en un fracaso eterno.  El destino eterno de la criatura es un secreto inviolable de Dios. La Iglesia nos asegura que un hombre o una mujer proclamados santos están en la bienaventuranza eterna; pero de nadie sabe ella misma que esté ciertamente en el infierno.

Comentario Druídico: “Más le hubiera valido no haber nacido”, según Cantalamessa, no es una señal clara de haberse condenado. Sino de la enormidad del pecado. Claro, la enormidad del pecado sin arrepentimiento es lo que justifica la expresión “Más le hubiera valido no haber nacido”. El suicidio expresa desesperación y suma un pecado a otro. El arrepentimiento que conjetura Cantalamessa aquí y niega más adelante, además de inadecuado motivo de prédica, es parte de la fantasía de un infierno vacío, que tanto ilusionaba a “san” Juan Pablo II.

“Dante Alighieri, que, en la Divina Comedia, sitúa a Judas en lo profundo del infierno, narra la conversión en el último instante de Manfredi, hijo de Federico II y rey de Sicilia, al que todos en su tiempo consideraban condenado porque murió excomulgado. Herido de muerte en batalla, él confía al poeta que, en el último instante de vida, se rindió llorando a quien «perdona de buen grado» y desde el Purgatorio envía a la tierra este mensaje que vale también para nosotros: «Abominables mis pecados fueron; mas tan gran brazo tiene la bondad infinita, que acoge a quien la implora» (Purgatorio, III, 118-123).

Comentario Druídico: Insólita referencia literaria: Dante pone a Judas en lo más profundo del Infierno, en la boca de Satanás. Junto con Bruto, el traidor a César y obstáculo para que éste fuese el primer emperador. Dante era un devoto partidario del Imperio en las luchas políticas de su tiempo. Por eso, y porque la historia registra su arrepentimiento, pone a Manfredi en el purgatorio. En su ficción literaria, obviamente, Dante, mejor teólogo que Cantalamessa, sabía que el arrepentimiento es condición sine qua non de la remisión de los pecados. Y que el arrepentimiento necesita ponerse en obra, como el mismo Canalamessa señala en la anécdota que relata de fuente franciscana en otro lugar de esta misma homilía, relato que contradice su propia tesis sobre el destino de Judas.

“He aquí a lo que debe empujarnos la historia de nuestro hermano Judas: a rendirnos a aquel que perdona gustosamente, a arrojarnos también nosotros en los brazos abiertos del Crucificado. Lo más grande en el asunto de Judas no es su traición, sino la respuesta que Jesús da. Él sabía bien lo que estaba madurando en el corazón de su discípulo; pero no lo expone, quiere darle la posibilidad hasta el final de dar marcha atrás, casi lo protege. Sabe a lo que ha venido, pero no rechaza, en el huerto de los olivos, su beso helado e incluso lo llama amigo (Mt 26, 50). Igual que buscó el rostro de Pedro tras la negación para darle su perdón, ¡quién sabe cómo habrá buscado también el de Judas en algún momento de su vía crucis! Cuando en la cruz reza: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» (Lc 23, 34), no excluye ciertamente de ellos a Judas.

Comentario Druídico: Notable persistencia en la búsqueda de la exculpación de Judas. “Quién sabe si…”. En efecto, ¿quién sabe? Vamos a lo que sabemos, que es de una certeza suficiente. Y demos el mismo valor a la palabra de Nuestro Señor. “Más le hubiese valido no haber nacido”. Esto solo puede aplicarse a quien se condenó. A no ser que Nuestro Señor se haya vuelto al existencialismo.

“¿Qué haremos, pues, nosotros? ¿A quién seguiremos, a Judas o a Pedro? Pedro tuvo remordimiento de lo que había hecho, pero también Judas tuvo remordimiento, hasta el punto que gritó: «¡He traicionado sangre inocente!» y restituyó los treinta denarios. ¿Dónde está, entonces, la diferencia? En una sola cosa: Pedro tuvo confianza en la misericordia de Cristo, ¡Judas no! El mayor pecado de Judas no fue haber traicionado a Jesús, sino haber dudado de su misericordia”.

Comentario Druídico: Conclusión que sostiene nuestra tesis: uno, que no traicionó, sino que negó –no es lo mismo ceder al miedo que ir a entregar a la muerte por dinero, evidente diferencia- se arrepintió y lloró sus pecados. Otro se colgó de un árbol. El pecado mayor de Judas fue desesperar de la misericordia de Dios. Tal vez porque “Entonces entró Satanás en Judas, por otro nombre Iscariote”, (Lc. XXII, 3). Es decir, Judas estaba entregado a Satanás. Cita que Cantamessa omite delicadamente en su homilía.

En resumen, esta falsa noción de “misericordia” que nos vienen imponiendo los conciliares desde hace tanto tiempo, y que ha hecho eclosión con el pontificado en curso, los lleva a justificar al propio Judas, el traidor por antonomasia. Tal vez porque ellos mismos se sienten muy cercanos a la psicología del Iscariote… y a sus obras.

 

Puede leerse la homilía completa de Cantalamessa, aquí. Good luck!

 

 

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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