Panorama Católico

Imprudente Monseñor Baseotto

A propósito de la carta de Mons. Baseotto a Ginés González García, la diputada nacional Hilda González de Duhalde, protectora del desdichado ministro de Salud (reproductiva) ha pretendido lucir sus blasones católicos en un artículo que publicó en Clarín el 28 de febrero. Nuestro Druida contesta a las penosas malversaciones doctrinarias de la señora diputada, sopladas por algún amanuense del Club de San Isidro, ámbito donde canjeó su fe por la profunda heterodoxia doctrinal que hoy practica.

La prudencia es la primera de las virtudes cardinales y el eje alrededor del que gira nuestra vida moral. El obispo castrense parece haberla olvidado en su debate con el ministro González García sobre salud reproductiva.

Hilda “Chiche” Duhalde. Diputada Nacional (PJ)

Con asombro y preocupación estos días pudieron conocerse por los medios de comunicación los términos de una misiva que el obispo castrense, monseñor Antonio Baseotto, habría dirigido al ministro de Salud, Gines González García.

Sobre los temas acerca de los cuales, según los medios, gira esa carta -salud reproductiva, prevención del sida y otras cuestiones relacionadas- existe un amplio y generalizado debate en nuestra sociedad, mayoritariamente católica y no demasiado propensa a compartir muchas de las expresiones del sacerdote, más allá de las opiniones del funcionario por él recriminado.

Comentario Druídico:
¿Cuál es la opinión de la mayoría, señora diputada? No nos queda muy clara, en especial porque en esto solo opinan los medios y sus abonados permanentes.

El obispo le habría escrito al ministro González García que “cuando usted repartió públicamente los profilácticos a los jóvenes, recordaba el texto del Evangelio donde nuestro Señor afirma que el que escandaliza a los pequeños merece que le cuelguen una piedra de molino al cuello y lo tiren al mar”.

Resulta imprescindible distinguir dos cuestiones en esa desafortunada frase:

Comentario Druídico:
La frase es inofortunada ¿porque la dijo Mons. Baseotto o porque la dijo Nuestro Señor Jesucristo? Debería aclarar este punto, señora diputada.

En primer término, el dramático problema de la salud pública del cual, obviamente, resulta más cómodo pontificar desde el púlpito. En todo caso, monseñor Baseotto debería plantearse una autocrítica y preguntarse por qué está fallando su prédica, dado que si fuera realmente eficaz el problema tendría que disminuir y no aumentar.

Comentario Druídico:
¿Quién le dijo que Mons. Baseotto falla en su prédica? Mons. Baseotto fue durante más de 20 años obispo de la Añatuya, la diócesis más pobre del país, donde su trabajo apostólico dio enormes frutos. Además, su acción en favor de los desfavorecidos es pública y notoria, y lo califica moralmente para hablar de un tema que afecta a los pobres, porque ha dedicado su vida al bien espiritual y material de los más humildes. Nadie de buena fe puede negar esto. Mons. Baseotto no habla desde la “comodidad” del púlpito, (de su cátedra de maestro de la Fe, deberíamos decir) como si púlpito o cátedra, fuesen lugares cómodos. Cómodo es hablar para el halago de los poderosos, como lo hacen sus amigos del Club de San Isidro. ¿O es que Mons. Baseotto no sabía lo que le caería encima al enviar su carta? Habló como un pastor de almas, que conoce la doctrina y pelea para defender a sus ovejas de los que las quieren devorar. Por eso su prédica es realmente eficaz. De no ser así, Ud. no estaría respondiendo por medio de esta nota, señora diputada.

Pero la realidad es mucho más compleja. En principio, porque la prohibición del aborto está expresamente planteada en nuestra Constitución Nacional desde 1994. Y además, porque aun despenalizándolo, el problema tampoco se resuelve.

Las mujeres con recursos económicos podrán asistir a lugares apropiados. Pero las miles de mujeres pobres que muchas veces quedan embarazadas al ser violadas por sus propios maridos, ¿a dónde van a ser atendidas? Los hospitales públicos no están en condiciones de hacer frente a esta hipotética situación.

Comentario Druídico:
Así que las mujeres son violadas por sus propios maridos. ¡Extraordinario! Si esto es así, maridos, a cuidarse. Un consentimiento explícito firmado para cada ocasión a fin de no incurrir en delitos contra la honestidad. Señora diputada, Ud. alega tener formación católica. ¿Alguna vez ha leído algún parrafito de moral matrimonial o lanza estas sandeces de su propio coleto? ¿Quien la asesora, algún movimiento de lesbianas?

Por otra parte, ninguna mujer concurre alegremente a que se le practique un aborto. Hay que pararse antes del problema, es decir, prevenirlo. Y esto es lo que el Estado intenta hacer con la distribución de métodos anticonceptivos y llevando adelante campañas de educación sexual.

Comentario Druídico:
Ya que Ud. es católica recordará la doctrina de la Iglesia en materia de contracepción, abortiva o no abortiva, si bien la primera es un delito mayor. Dice Pío XI en la Casti Connubii: Habrá que cuidar, sin embargo, y de la manera más absoluta, que las condiciones funestas de las cosas externas no originen un error mucho más funesto todavía. No puede surgir dificultad alguna capaz de derogar la obligación impuesta por los mandamientos de la ley de Dios, que prohíbe los actos por su íntima naturaleza malos. Cualesquiera que sean las circunstancias, siempre será posible a los cónyuges, robustecidos por la gracia de Dios, cumplir fielmente con su cometido y conservar en el matrimonio la castidad limpia de esa torpe mancha; pues subsiste firme la verdad de la fe cristiana, expresada por el magisterio del concilio Tridentino: «Nadie [debe] hacer uso de aquella opinión temeraria y anatematizada por los Santos Padres de que el cumplimiento de los preceptos de Dios es imposible para el hombre justificado. Puesto que Dios no manda imposibles, sino que mandando te exhorta no sólo a que hagas lo que puedas, sino también a que pidas lo que no puedas, y te ayuda para que puedas».

Y si sus amigos obispos del Club de San Isidro le han dicho otra cosa, sepa que el mismo Papa amonesta gravemente: “En virtud de nuestra suprema autoridad y cuidado de la salvación de las almas de todos, amonestamos, por consiguiente, a los sacerdotes confesores y a los demás que tienen cura de almas que no consientan que los fieles a ellos encomendados vivan en error acerca de esta gravísima ley de Dios, y mucho más que procuren mantenerse ellos mismos inmunes de falsedades de esta índole ni por concepto alguno contemporicen jamás con ellas. Si confesor o pastor de almas indujere él mismo, ¡Dios nos libre de ello!, a tales errores a los fieles a su cargo, ya con su aprobación, ya con un doloso silencio, sepa que él habrá de rendir estrecha cuenta a Dios, juez supremo, de la traición de su ministerio, y considere que fueron dichas para él aquellas palabras de Cristo: Son ciegos y guías de ciegos; y si un ciego guía a otro ciego, los dos caen en el hoyo”. Digo esto por si pensaba citarme algún monseñor amigo suyo en favor de sus opiniones.

En segundo lugar, el aparente deseo de un obispo , implícito en la frase y escondido tras una paráfrasis de Jesús, de que a alguien le cuelguen una piedra al cuello y lo tiren al mar reaviva el recuerdo que los argentinos conservamos aún fresco de una de las etapas más oscuras de nuestra historia, como fue la última dictadura militar y sus “vuelos de la muerte” .

Comentario Druídico:
No diga estupideces, señora diputada. Eso es retorcer la realidad, malversar los hechos y juzgar las intenciones. Según este criterio ningún sacerdote en la Argentina debería citar este pasaje evangélico jamás en el futuro… Señora, respete la inteligencia del pueblo argentino.

Baseotto plantea, tardíamente, a través de una carta al presidente del Episcopado, que “no quiso alentar un acto de violencia ni ofender la autoridad de un miembro del Gobierno nacional”. Más allá de lo tardío de la aclaración, la frase que originó la polémica no deja de corresponder a una actitud superficial, torpe e imprudente.

Comentario Druídico:
Lo superficial, torpe e imprudente son las interpretaciones torcidas que se han hecho, entre ellas esta suya. Solo una mente enferma de odio o profundamente deshonesta puede interpretar el dicho evangélico en este sentido.

Santa Teresita, la humilde y clarividente carmelita de Lisieux, no dejó de observar las figuras de los sacerdotes que Dios puso en su camino. Y sufría cuando en su ambiente percibía la presencia de sacerdotes menos idóneos

Durante el peregrinaje que la conduce a Roma, en 1887, vive una experiencia única: el conocimiento cercano de muchos sacerdotes. Y confiesa haber sufrido no tanto al ver sacerdotes descarriados o pecadores, sino un tanto superficiales.

Comentario Druídico:
Lamentablemente nosotros sí sufrimos al ver sacerdotes pecadores y descarriados, además de superficiales, muchos de los cuales son sus asesores,. Es penoso decirlo, pero pocos tienen la claridad y la valentía de enfrentar a los poderes públicos con las palabras claras de Mons. Baseotto.

Escribe en su “Historia de un alma”: “Descubrí mi vocación (la de rezar por los sacerdotes) en Italia”. Esta es una de las razones por las cuales, en el registro de entrada en el Carmelo, algunos meses después escribe: “Me hago carmelita para rezar y hacer sacrificios por los sacerdotes y su santificación”. Y lo hizo durante todos los años de su vida como carmelita. Al abad Belliere (Carta 226 del 9 de mayo de 1897) le escribe, muriendo, que “el Corazón divino está más triste por las miles de pequeñas faltas de delicadeza de sus amigos (los sacerdotes) que por las faltas graves cometidas por las personas del mundo”. En la misma carta lo invita a no quedarse en la contemplación de sus errores, sino más bien a tomar el camino de la confianza y el amor . Esa es su consigna dirigida a cada sacerdote.

Comentario Druídico:
Excelente consejo para sus asesores espirituales, señora diputada. Léaselos, va a hacerles un gran bien.

La Iglesia decía en Puebla que la civilización del amor condena las divisiones absolutas y murallas psicológicas que separan violentamente a los hombres, a las instituciones y a las comunidades nacionales.

Comentario Druídico:
Derrapó su amanuense, señora diputada. Pasamos de la santa de Lisieux a sociología y psicologismo de la teología de la liberación…

La prudencia es, sin duda, una de las virtudes más importantes. Es la primera de las virtudes cardinales, o sea, el eje principal alrededor del cual gira nuestra vida moral y es la “madre” de las restantes virtudes morales. El hecho de que se afirme que toda virtud depende de la prudencia y que todo pecado es una contradicción de la misma, basta para demostrar su jerarquía.

Comentario Druídico:
¡Vaya con su santo Tomás, que lo tiene leído! Felicitaciones. Ahora lea el resto de la parte moral y aplíquesela a su ministro protegido, Ginés, que defiende no solo el aborto sino la eutanasia y otras perversiones.

No aspiro a que monseñor Baseotto coincida con mis apreciaciones. Pero sí a que obre con prudencia, con profundidad y cuidado en sus expresiones y, sobre todo, con caridad.

Comentario Druídico:
Ud. aspira a que Mons. Baseotto se calle la boca, como sus amigos clericales, y deje de recordarle a Ud. y al resto del gobierno su traición a la fe católica. Roguemos para que esto no ocurra.

Clarín, 28 de febrero de 2005

Volver a la Portada

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

YouTube