Panorama Católico

Inquietudes de un lector sobre Panorama Católico

El Sr. Manuel Doménech, de Puerto Rico nos ha enviado una carta privada -que publicamos con su permiso- porque creemos que contiene cuestionamientos interesantes que nos pide le respondamos. Le asignamos a Panoramix la tarea.

Por Panoramix

El Sr. Manuel Doménech, de Puerto Rico nos ha enviado una carta privada -que publicamos con su permiso- porque creemos que contiene cuestionamientos interesantes que nos pide le respondamos. Le asignamos a Panoramix la tarea.

Por Panoramix

Me preocupa que se le haga tantas críticas al concilio Vaticano II como si no fuera tan concilio como el concilio de Trento. Si es cierto que el concilio de Trento ha sido el más largo de la historia (1545-1563), el concilio Vaticano II tuvo mucho más asistencia de obispos que ningún otro concilio. Fue más universal; estuvieron representados todos los continentes. La asistencia al de Trento iba decayendo a la medida que pasaban los años. Cada concilio en su época logró grandes reformas en la iglesia y cada concilio recibió rupturas. En Trento, los protestantes; en Vaticano I, los veterocatólicos y en Vaticano II, Lefebvre y otros.

Respuesta Druídica: Estimado Sr. Domench: incurre Ud. en “asociación ilícita” cuando equipara protestantes, veterocatólicos y lefebristas. Y tampoco acierta cuando dice que el Vaticano II es un concilio como cualquier otro.

1) El Papa Paulo VI definió el Vaticano II como un “Concilio Pastoral”, de modo que limitó su función a plantear una estrategia pastoral, no a definir cuestiones disputadas o condenar errores. De hecho, el pedido de condena del comunismo fue rechazado por el Papa, que tenía un proyecto de “ostpolitik” amigable, de la cual fueron víctimas los grandes resistentes a la tiranía soviética, como el Card. Mindszenty y otros. Es cierto que aún así el magisterio de un concilio obliga. Pero en la medida que sea magisterio, es decir, que no permita ambigüedad alguna, y sea conforme a lo que la Iglesia ha creído siempre, en todo lugar, y por todos, que es la definición de “tradición”. En caso de duda, siempre debe el católico atenerse a lo que se ha creído siempre. El propio Benedicto XVI ha dicho con toda claridad que hay una “hermenéutica de la ruptura” y ella está ampliamente extendida en la Iglesia. ¿Imagina Ud. una “hermenéutica de la ruptura” fundada en ambigüedades interpretativas de los textos de Trento o del Vaticano I? ¿No es pararadójico que un concilio confunda? En cambio, lo que Ud. argumenta no es eso. Ud. sugiere que muchos concilios han tenido como resultado la separación de los relapsos del seno de la Iglesia. Eso es normal. La Iglesia define: el católico acepta o rechaza. Si rechaza cae en herejía, cisma… según cada caso.

Pero el CVII ha producido una enorme confusión. Solo se puede llegar a tal grado de confusión si los textos son vagos o ambiguos, y hay actitudes permisivas de las máximas autoridades romanas. Además, hay en algunos documentos del Concilio ciertas “redefiniciones” que constituyen una alarmante ruptura con la doctrina tradicional. Por ejemplo, la “libertad religiosa”, tal cual se la entiendo hoy, está condenada por la Iglesia en el Syllabus, por citar un documento de lectura fácil.

2) Los protestantes habían roto con la Iglesia más de dos décadas antes del Concilio de Trento, siguiendo las tesis luteranas heréticas. Los viejocatólicos se cismatizaron por no aceptar una definición “dogmatica”, la de la infalibilidad pontificia. Los “lefebristas”, no han incurrido en herejía ni cisma alguno, sino en un acto de desobediencia a las normas canónicas, como producto de una persecución legal, condenados sin juicio previo, víctimas del odio de los neomodernistas y la debilidad de algunos papas que debieron protegerlos y los abandonaron.

El Card. Ratzinger, por dos veces fallido mediador, ha reconocido su culpa en el manejo del problema. Se dejó presionar por los que querían borrar a la FSSPX del la faz de la tierra. Ahora, como Papa, está haciendo lo que puede por reparar este desacierto. Lo sabemos a ciencia cierta de un sacerdote, miembro de la Casa Pontificia, que asistió al Cardenal en las negociaciones de 1983 y 1988, y lo contó personalmente en una reciente visita a la Argentina.

Agrego una anécdota divertida. Cuando Mons. Lefevbre ya estaba suspendido a divinis, el Card. Gagnon visitó el seminario de Econe y participó de una misa solemne. A la hora de los honores al ilustre visitante, Mons. Lefebvre agradeció su presencia y dijo, en tono de broma, que era la primera vez que un cardenal de la Curia Romana asistía a la misa de un obispo suspendido a divinis… La chanza incomodó un poco al cardenal, pero dejo en evidencia que Roma nunca tuvo una actitud muy seria respecto a las sanciones aplicadas a la FSSPX. ¿No debería haberse excusado el cardenal de participar de una ceremonia "ilícita"?

El énfasis que se le da a la misa tridentina hace pensar que antes de Trento no hubo misa o que la misa que se celebraba antes de Trento era de alguna manera imperfecta. ¡Dieciséis siglos! De modo que San Agustín, San Benito, San Bruno, San Bernardo, Santo Domingo de Guzmán y todos los papas, obispos y sacerdotes de la iglesia latina que vivieron antes de Trento estaban de alguna manera mal. La misa tridentina unificó el rito romano en uno solo. Había varias maneras de dar la misa.

Respuesta Druídica: La misa codificada por San Pío V y promulgada por la Bula Quo Primum Tempore es un ordenamiento de la liturgia apostólica de lengua latina. Justamente había un cierto desorden y a propósito del Concilio y de las condenas de los errores protestantes en materia litúrgica, la Iglesia -bajo el santo pontífice- consideró prudente fijar una forma definitiva. Dejó en vigencia todos los ritos occidentales con más de 200 años de antigüedad y ciertamente antes de la Bula y después de ella la misa ha sido esencialmente la misma. Y formalmente también, más allá de la fijación de una forma definitiva. Su temor es completamente infundado.

Por otro lado, la palabra misa es posterior a eucaristía, sacrificio eucarístico, celebración eucarística, etc. En el Nuevo Testamento no se usa esa palabra que es latina. No fue hasta que se extendió la lengua latina en occidente que se empezó a usar ese nombre. La palabra misa no está reñida con esos otros términos. Se enriquecen mutuamente. La misa es todas esas cosas. No olvidemos que cuando el papa San Dámaso I ordenó a San Jerónimo que tradujera la Biblia al latín fue porque el latín era la lengua del pueblo, la lengua hablada, la lengua del vulgo, de ahí su nombre Vulgata. La lengua de la liturgia de la iglesia de Roma era el griego, pero llegó un momento en que la iglesia de Roma era mayoritariamente de lengua latina y no entendían el griego. Se hizo necesario una traducción de la Biblia. Por otro lado, el papa tuvo que poner en cintura a San Jerónimo que si por él hubiese sido el canon de los libros revelados del Antiguo Testamento hubiese sido el judío y, por ende el protestante posteriormente. Por eso los protestantes quieren tanto a San Jerónimo. No por eso San Jerónimo deja de ser San Jerónimo, pero el Papa es siempre el Papa. Es la suma autoridad de la Iglesia por más sabio y santo que sea San Jerónimo o cualquier otro miembro de la Iglesia.

Respuesta Druídica: No veo la objeción. Tal vez ud. se refiera a que vemos mal que se haya dejado de lado el término “misa” o “santa misa”, de la cual sale el misal (nadie habla de “eucaristial” o “sacrificial”) en beneficio de términos protestantes como asamblea de fieles, asamblea o encuentro eucarístico, etc. Esto tiene un antecedente espantoso en la llamada “misa normativa” (1967) que definía la misa como “la asamblea de los fieles convocada para orar”, definición herética que causó tanto pavor que el “misal” debió ser retirado. Los orientales la llaman "divina liturgia”. Eso pertenece a su tradición. Lo importante es que no quede opacado el sentido sagrado y sacrificial. Por otra parte, toda liturgia tradicional se fija en una lengua que luego no se modifica. El latín de la misa latina no fue nunca el del habla popular y a poco de ser usado ya era “anticuado”, es decir, no estaba sujeto a los cambios cotidianos y por lo tanto impropios de la sacralidad del rito. Lo peor que le puede pasar a un rito litúrgico es que le "actualicen" el lenguaje. Esto una fuente de errores, confusiones y herejías. Especialmente en la parte sacrificial, llamada “canon”. No me meto con San Jerónimo, pero obviamente por santo que sea, la autoridad de la Iglesia es el Papa. Si es papa santo, mejor.

Sobre el asunto del papa y la autoridad de concilio Vaticano II quiero hacer unos comentarios. El que pone en duda la autoridad del Papa y de algún concilio ecuménico como el Vaticano II no es católico.

Respuesta Druídica: Su afirmación en términos generales es correcta. En particular sobre el Vaticano II ya me expresé arriba. Y sobre el Papa hay que distinguir si el actúa como papa o como doctor privado, así como en otros tiempos (y aún ahora) hay que distinguir cuando actúa como príncipe temporal y cuando como Soberano Pontífice. En caso contrario su defensa de la autoridad papal se vuelve en contra. Porque errores políticos y malas obras han obrado muchos papas…

Se ha puesto al margen de la Iglesia. Los lefebvristas son eso, lefebvristas, no católicos. Creen que la sede de Pedro está vacante.

Respuesta Druídica: Error material. Su afirmación no tiene el menor sustento en la realidad. No es esta la posición de la Fraternidad. Si lo fuera no lo conmemorarían en la misa, no rezarían por él -con nombre propio: "oremus pro pontifice nostro Benedicto…" ni irían a Roma a hablar con un "falso papa". ¿No le parece?

Ellos se pusieron fuera de la comunión con Roma al consagrar obispos sin la autorización del papa. Están excomulgados y han cometido un pecado grave: romper la unidad de la Iglesia.

Respuesta Druídica: Si Ud. estudia la historia de la Iglesia verá que designar obispos, por muchos siglos no fue decisión papal. El papa más bien lo reconocía. Normalmente lo elegían los presbíteros, así como los presbíteros de Roma (hoy los "cardenales") eligen al Papa, su obispo. Claro que al perfeccionarse la administración eclesiástica se fue centralizando, en especial cuando las comunicaciones hicieron posible que el Pontífice tomara la decisión con razonable rapidez. Ahora bien, hasta Pío XIIconsagrar sin mandato pontificio era considerado un delito de gravedad diversa según las circunstancias y la intención -en ciertos casos, por ejemplo bajo persecución, no era delito- castigado, en los de más gravedad, con la suspensión a divinis. Se agravó la pena a causa del cisma chino. El nuevo Código de Derecho Canónico mantuvo la pena máxima para este delito, cuando por el contrario la retiró o volvió más suave en muchos otros. Asimismo Paulo VI levantó las excomuniones a los cismáticos ortodoxos… ¿Curioso, no?

La unidad de la Iglesia se funda en la Fe. Luego en el culto y el gobierno. En ese orden de importancia. Ud. me argumenta con razones de gobierno (prudenciales, por cierto) cuando están en peligro la fe y el culto, “des-unidos” a partir del Concilio Vaticano II en una especie de diáspora de catecismos, “misas”, doctrinas morales, etc. No le parece que está poniendo el carro delante del caballo.

La unidad de la Iglesia no es un capricho de Roma, es un mandato de Nuestro Señor: "¡qué sean uno!" Otro pecado grave es la soberbia de estos individuos al creerse que están sobre el Papa y la Iglesia.

Respuesta Druídica: Respecto a lo primero, de acuerdo. Sobre lo segundo, argumenta de un modo prejuicioso y sin fundamento. Dígame en qué escritos, declaraciones, etc. se basa para decir esto. Con razón o sin ella, el reclamo lefebrista es precisamente el de seguir lo que ha mandado siempre la Iglesia.

De hecho los cismáticos Marcel Lefebvre, Clemente Domínquez de la iglesia del Palmar de Troya y el exarzobispo africano Emmanuel Milingo están excomulgados por la misma razón: consagraron obispos o recibieron la consagración sin la autorización del Papa.

Respuesta Druídica: Reflexione y estudie cada caso. Equipararlos supone mala fe o una grave incomprensión de los hechos, que no tienen casi nada en común.

Por más extraño que parezca, Lefebvre y Clemente Domínguez tienen dos vínculos en común, el ex arzobispo de Vietnam Monseñor Ngo Dinh Thuc y el Padre Guérard des Lauriers. Todos quieren volver a la misa tridentina.

Respuesta Druídica: No tiene nada de extraño. Los casi 20 antipapas que hay en mundo en este momento defienden la misa tridentina. Ha surgido por reacción (errónea y descaminada) contra el neomodernismo. Pero Ud. ve que dos se rascan y deduce que ambos tienen sarna. No saque una coclusión tan simplista.

Por otra parte, por penoso que haya sido el comportamiento de Mons. Thuc, hermano del ex presidente de Vietnam, mártir, -abandonado por las autoridades romanas y traicionado por los EE.UU.-, por imprudente y reprochable que pueda ser la conducta del P. Guerard de Lauriers, ambos casos son incomparables con Clemente Domínguez, que dirige una secta de delirantes homosexuales.

Respecto a la FSSPX, o bien no la conoce, o bien abriga contra ella rencores. No hay otra posibilidad de equiparar los casos sin faltar a la verdad deliberada y calumniosamente. Creo que en su caso es lo primero, y le sugiero que sea "justo" y se informe bien antes de emitir un juicio.

Emmanuel Milingo está en el otro extremo. Consagra obispos a sacerdotes casados, por supuesto fuera de la iglesia, creando otro cisma. Estos cismáticos lo que deben hacer es volver al único redil e implorarle al Papa y a la Iglesia perdón por todo el daño que han hecho.

Respuesta Druídica: El caso de Milingo es muy otro, pero no es una cuestión de extremos. Milingo fue tolerado por décadas por la autoridad de la Iglesia en todos su delirios sanadores, pentocostalistas, etc. El hombre ha sido un poco flojo de cincha en materia de castidad, es oportuno decirlo porque lo exhibe como bandera, no para difundir sus faltas personales. Ahora lo tienen que excomulgar pero porque

1) se casó (encima viejo…)

2) por un rito de una falsa religión (¡la secta de Moon!)

3) promueve la ruptura de celibato (acaba de fundar una "iglesia")

4) consagró obispos inválidamente, para fomentar difundir su nueva iglesia.

¿No cree que es bastante distinto? A Milingo le dieron soga hasta que llegó coherentemente al final de sus errores.

Vea como en la FSSPX, fundada por un obispo de larga y ejemplar trayectoria como legado pontificio y Superior de los Padres de Espíritu Santo, así como redactor de los esquemas conciliares (originales), hombre muy cercano a Pío XII y llamado por Juan XXIII a las comisiones previas, nunca antes apercibido ni sancionado fuera del tema de su instituto religioso:

1) Consagró obispos para preservar la congregación que era la única que ordenaba sacerdotes para el rito tridentino.

2) Después de largas gestiones con el Vaticano, que prometía autorizar dichas consagraciones "algún día".

3) Y que le negaba el permiso sin causa o al menos con causa discutible, sin concederle instancias de apelación canónica.

4) Mons. Lefebvre nunca negó la autoridad papal ni cambió la doctrina ni la liturgia aceptada multisecularmente por la Iglesia.

5) No se arrogó jurisdicción para sí ni para los obispos por él consgrados, asignándoles la tarea de servir a los fieles unidos al rito tridentino, cuando ningún obispo del mundo les daba cabida (excepción hecha de Mons. de Castro Mayer, ya renunciado por razones de edad).

6) Invocó el "estado de necesidad”, que canónicamente exime de culpa cuando está fundado, aún erroneamente, sobre un juicio prudencial de recta intención.

Estudie el caso y no verá similitudes con Milingo. Así como sí verá algunas con los casos Thuc y Lauriers, las cuales marcan justamente la prudencia de uno y lamentablemente el derrape de los otros.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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