Panorama Católico

Interesantes observaciones del Card. Pell

Leemos en Rorate-caeli un comentario a la respuesta que el Card. Pell dedica al P. Eric Hodgens, uno de los tantos heréticos que circula por el mundo con patente de sacerdote católico. En esta respuesta Pell, alude a dos temas de interés: la FSSPX y el espíritu del Concilio y posconcilio; en ese orden los plantea.

Leemos en
Rorate-caeli un comentario a la respuesta que el Card. Pell dedica al P. Eric
Hodgens, uno de los tantos heréticos que circula por el mundo con patente de
sacerdote católico. En esta respuesta Pell, alude a dos temas de interés: la
FSSPX y el espíritu del Concilio y posconcilio; en ese orden los plantea.

Tomamos el
comentario de Rorate porque se ha fijado en los puntos de más interés en esta
briosa y bien escrita respuesta del Card. Pell
.

La primera
afirmación sorprendente de este hombre que tiene la confianza del Papa
Benedicto es que la FSSPX está en cisma. (They are still in schism). El aún
(still) del texto original matiza la afirmación. Es un “a pesar de haberles
sido levantada la excomunión”… la FSSPX está en cisma.

Creemos que
los dichos de Pell tienen una intención política. Tienden, al parecer, a
equilibrar su fuerte respuesta a un herético progresista, y cuando uno da palos
a la izquierda, debe dar, a su vez, palos a la derecha para volver un poco al
centro. La lógica de la flotación. La derecha de Pell es la FSSPX. Esto es una
lectura política, pero adecuada, porque el cardenal escribe –o inscribe- su
buena refutación del fulano arriba citado en un contexto político. De política
eclesiástica, obviamente.

Uno a veces
se lamenta de estas afirmaciones obligadas por la corrección oficial. Recuerdo
los dichos contrarios del Card. Castrillón Hoyos, que fue durante años el
negociador oficial de Roma por el caso de la FSSPX. “No hay cisma”. Y esto
antes del levantamiento de las excomuniones.

Bueno, ¿hay o
no hay cisma? Es obvio que el levantamiento de las excomuniones tiene que ver
con este presunto cisma. Porque las excomuniones fueron fulminadas por la
realización de un “acto cismático”, dice Ecclesia Dei Adfflicta, cual fue
consagrar obispos sin mandato pontificio. Claro que la censura queda limitada por
un cierto grado de perplejidad de parte de Roma, dado que Mons. Lefebvre no se
arrogó ni confirió jurisdicción, lo cual habría sido un acto claramente
cismático. Aunque si se reservó proveer los sacramentos a su congregación y a
los fieles vinculados a ella y también a otras asociaciones y órdenes religiosas
amigas. Lo cual, en la práctica es en cierto modo ejercer una jurisdicción.

Pero al
quedar este ejercicio constreñido a la eventual necesidad, se arropa
en una de las tantas y amplias excepciones que el derecho canónico contempla
para ejercer una “jurisdicción supletoria”. Como si un cura reducido al estado
laical, o un cura de otro rito, etc. encontrase en la calle a un accidentado
moribundo y lo confesara. Es un ejercicio de la jurisdicción por un ratito, y
por necesidad.

Pero puede
ocurrir que la necesidad se perpetúe en el tiempo, en una isla desierta… y
entonces no es por un ratito, sino hasta que llegue el barco de rescate. En
fin.

Bueno, no voy
a meterme en lo hontanares del derecho canónico, sino solo a decir que el Card.
Pell ha tenido más razones políticas que jurídicas para hacer esta afirmación
que –si mal no recuerdo- no ha hecho siquiera el propio Papa.

Y apoyado por
tan auspicioso antecedente (verá luego el lector porqué) comento los otros
dichos que subraya Rorate con su habitual perspicacia. Porque el Card. Pell da
un invalorable carácter testimonial a sus dichos, habiendo absuelto posiciones
previamente. Y los dichos son estos:

El Papa Paulo VI no designó ningún obispo que se
opusiese al ethos del Vaticano II, y por
variadas razones los buenos obispos designados en Holanda fueron abrumados
(overwhelmed), arrojados de lado (tossed aside) por los vendavales liberales.
Esto me lleva a otro hecho contemporáneo, que yo nunca preví siendo joven
seminarista en Roma durante el Concilio, ni como joven sacerdote. El ala
liberal de la Iglesia, actualmente entrada en años, y que dominó la discusión
durante el Concilio, y con frecuencia los obispos y las burocracias
eclesiásticas emergentes, ya no tienen seguidores entre los católicos
practicantes jóvenes, sacerdotes o religiosos. Esto es verdad no solo en
Australia, sino por todo el mundo occidental. En estos diferentes países
dominados por unos medios masivos y una intelligensia secularista, el
liberalismo católico no ha dejado progenie.

Un puñado de
verdades… que conviene matizar. Confesión
de parte avalada por el prestigio del Card. Pell, un conservador ratzingeriano
reconociendo no solo su fracaso por imprevisión, sino el de Paulo VI y sucesores,
y toda una generación.

Ni imaginó
que los buenos obispos fieles al ethos del Vaticano II serían bamboleados en
Holanda (más y en otros lados menos, o en Holanda más y en otros lados menos
rápidamente), y que al llegar a la
senectud ya no tendrían seguidores jóvenes. El liberalismo católico no ha
dejado progenie (intelectual). Solo
víctimas e hijos putativos. Jóvenes víctimas de los medios masivos
secularizados, sin ideas que discutir, por lo cual es tan difícil argumentar
con la doctrina…

Creo que el
Card. Pell no avalaría mi interpretación. Y sin embargo, no puedo sustraerme a
las conclusiones que emergen de sus comprobaciones, valiosas por demás, dado
que no es un tradicionalista, y por si fuera poco, sostiene la tesis extrema de
que la FSSPX es cismática.

Ya aquí le
agradeceríamos la Card. Pell su valioso aporte a la discusión. Pero hay más aún
que agradecerle en este artículo, además de la refutación del herético, que es
su razón principal. Dice más adelante Pell.

Si reflexionamos sobre el tema no deberíamos
sorprendernos, puesto que el crecimiento
(de la Iglesia)


está atado a la fidelidad al Evangelio, a la Fe, a la caridad y al sacrificio.
Después del Vaticano II muchos de nosotros sobreestimamos nuestra fuerza
cultural y subestimamos la virulencia de las fuerzas anticristianas.
Se
necesitan unos fundamentos cristianos fuertes para participar productivamente
de un “diálogo abierto”. Sin estas raíces, el fin del camino es el
agnosticismo.

Estas
sucesivas y solidarias estimaciones equivocadas (en más y en menos) han dado
con la Iglesia al garete. “La Nave de la
Iglesia hace agua por todas partes”
, comprobaba el Card. Ratzinger en el
vía crucis de 2005. Justo 40 años después de iniciado el “diálogo abierto”. Es
decir, buena parte de los oficiales y la marinería han caminado hacia el agnosticismo,
y –es lamentable decirlo- la mayoría ya ha llegado.

El Card.
Pell, con su prestigio intelectual, y a pesar de que no llegó a lo más alto del
escalafón romano porque ha tenido en su diócesis algunos asuntos derivados de
las antedichas sobre y sub estimaciones, ha dicho más de cuatro verdades. Y
esto se lo debemos agradecer.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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