Panorama Católico

Intérpretes de las Escrituras

Sin saber a título de qué, el ¿Dr.? Enrique Tomás Bianchi se arroga el derecho de culpar a las religiones de las guerras. Incluyendo a la católica, por cierto. Y para colmo del rigor intelectual, termina haciendo la apología del "politeísmo" porque no reivindica una verdad de carácter universal. Cada vez más serios los columnistas de La Nación…

Sin saber a título de qué, el ¿Dr.? Enrique Tomás Bianchi se arroga el derecho de culpar a las religiones de las guerras. Incluyendo a la católica, por cierto. Y para colmo del rigor intelectual, termina haciendo la apología del "politeísmo" porque no reivindica una verdad de carácter universal. Cada vez más serios los columnistas de La Nación…

Por Enrique Tomás Bianchi
Para LA NACION

El papa Benedicto XVI, en su reciente visita a la sinagoga de Colonia, recordó que el Libro de la Sabiduría advierte que Dios es amante de la vida (supongo que aludiendo a Sab. XI, 26) y dijo que la Iglesia Católica se comprometía con la tolerancia y la paz.

Todos nos alegramos por esas expresiones. Pero quien conozca algo de las llamadas religiones del Libro sabe que en ellas -por estar basadas en textos- todo es cuestión de interpretación. En el Antiguo Testamento, el mismo Dios que promulga el "no matarás" (Deut. V, 17) ordena combatir a otros pueblos "hasta el exterminio total", sin compasión alguna (Deut. VII, 2). Cuando la caída de Jericó, el pueblo elegido pasó "al filo de la espada a hombres y mujeres, niños y ancianos" (Jos. VI, 21). El Corán, por su parte, se inicia con la invocación de Alá, el Misericordioso (I, 1), pero Alá es también el Maestro de la Venganza (V, 95 y III, 4) que invita a matar a los incrédulos (VIII, 39) y a los politeístas (IX, 5) y, curiosamente, elogia a quien les concede asilo (IX, 6). Y el dulce Jesús, en los Evangelios, impone ofrecer la otra mejilla al que recibe una bofetada (Mt. V, 39), pero echa a latigazos a los mercaderes del templo (Jn. II, 14) y dice que no ha venido a traer la paz, sino la espada (Mt. X, 34).

Comentario Druídico: El error es nuestro: poner a la Iglesia a mismo nivel que las falsas religiones, aunque sea en el plano mediático, acarrea consecuencias gravísimas. El pueblo cristiano se vuelve indiferente: si compartimos el libro, los profetas, etc… (lo cual en sentido estricto es falso) todas las religiones involucradas son igualmente verdaderas… o igualmente falsas, concluye. Luego viene la argumentación ignorante o maliciosa de los que se apoyan en la autoridad de estos gestos "diplomáticos" y declaraciones de buena voluntad y terminamos con artículos como este, publicados por un diario presuntamente "cercano" a la Iglesia.

El problema no consiste sólo en que el mensaje del (los) Libro(s) no es un paradigma de claridad y coherencia, sino también en que los humanos, sus supuestos destinatarios, se la han ingeniado, a través de los siglos, para obtener de aquél las interpretaciones más convenientes a sus circunstanciales intereses (como era inevitable que ocurriera). De ese modo, el fatídico "¡Dios está con nosotros!" resonó muchas veces como música de fondo que acompañó a las más prolijas matanzas. También hoy en día se lo escucha en el mismo contexto.

Comentario Druídico: Enrique Tomás Bianchi es un militante del laicismo. Y, a pesar de ser columnista de La Nación, -para lo cual hay que ser por lo menos doctor honoris causa- nos impresiona que apenas ha repasado algunos textos bíblicos y coránicos. Los ha asimilado sin más criterio hermenéutico que el de una multiprocesadora y ha descubierto ¡eureka doctor! que en la Biblia, en particular en el Antiguo Testamento, ese que Cristo vino a perfeccionar, Yaveh, a pesar de que prohíbe matar (asesinar) en el decálogo, invita a exterminar a los enemigos del pueblo de Dios en reiteradas oportunidades. Llama la atención que no recrimine a los judíos ser los predecesores de la "Shoa". Los textos, tomados según su método, lo habilitan perfectamente.

Luego va los neotestamentarios -allí no es tan fácil la cosa- y asimila sin más una frase de sentido místico (acaso he venido a traer la paz… no he venido a traer la paz sino la espada) o el echar a los mercaderes del templo a latigazos con una invitación a la intolerancia sanguinaria. Faltó lo de la piedra de molino en relación con los "vuelos de la muerte".

Respecto al Corán, no es difícil encontrar llamados a la matanza de los "infieles". Pero eso es problema del Corán y de los musulmanes.

Sin embargo, ¡qué abismo separa la Torah y el Corán de las SS. EE. que veneramos los católilcos! La Iglesia no es "la religión del libro". Es la depositaria de la Fe fundada en la Revelación y preservada por el Magisterio y la Tradición.

Hasta uno podría sospechar que el Dios único -propio de los monoteísmos judío, cristiano y musulmán- con su monopolio de la verdad y la terminante exclusión de todo lo que se le opone, se presta más a las guerras santas que los dioses más regionales del politeísmo antiguo. Estos, al menos, no tenían pretensiones de dominio universal, lo que los hacía menos aptos para justificar cruzadas redentoras o reivindicativas. El fervor bélico parece más característico de los seguidores de Aquel que no admite ninguna competencia y que, en el propio Libro, se autotitula un Dios celoso (Deut. V, 9).

Comentario Druídico: Más allá de la boutade del politeísmo (como si los politeístas no hubiesen matado a nadie por razones religiosas, desde los aztecas a los seguidores de Kali), el autor en realidad está proponiendo otra religión excluyente, que pretende ser la única verdadera: el laicismo. Que se aplica en dosis más o menos moderadas según el grado de retroceso de las convicciones religiosas de la sociedad. Pero se olvida de las guerras contra la Fe realizadas en nombre del laicismo, que aquí se defiende como garantía de la paz. La Revolución Francesa, la matanza de vandeanos, las persecuciones garibaldinas, la revolución mexicana, la revolución soviética, la guerra española (más de 16.000 miembros del clero fueron asesinados) sin contar a los fieles. Las persecuciones comunistas, algunas de las cuales siguen con todo rigor (Cuba, China, Corea del Norte) ¿no son en nombre de la ideología sin Dios? Pero aún donde no se persigue con la violencia física, la religión es acosada, burlada y expulsada de la vida pública.

En Francia, colmo de los colmos del laicismo, no se puede entrar a un lugar público con alguna insignia religiosa. La religión es el laicismo y su dogma, dogma masónico por excelencia, es que la verdad religiosa no existe, de modo que al que la proclame, cárcel. Y si las religiones son motivo de conflicto, hay que mandar a las tropas a acabar con los revoltosos que pretenden sostener una religión, en nombre de otra religión, la que profeso el Dr. Bianchi, secretario letrado de la Corte Suprema y profesor universitario: el laicismo democrático. Salvo contra Israel, por supuesto.

Esperemos que los intérpretes de las Escrituras sepan elegir prudentemente los versículos que más convienen a nuestra vida en paz. Por desgracia, no siempre ha sido así, al punto de que Cioran (Adiós a la filosofía) llegó a escribir: "No se mata más que en nombre de un dios o de sus sucedáneos". Si esto cambia, Dios sería -probablemente- el primer agradecido.

Comentario Druídico: Si el "intérprete" no es el Magisterio infalible de la Iglesia, todo termina en sectas o desgajamientos que probablemente terminen matándose unos a otros. Así como las ideologías terminan por hacer matarse a los hombres unos a otros. Sin acatamiento a una Verdad no habrá paz. A lo sumo una falsa paz fundada en el olvido de Dios, que termina en una guerra más espantosa.

Pero, argumentando en el orden humano: si se mata (y se muere) en nombre de Dios, ¿es malo? Si se mata en nombre del petróleo, las vías marítimas o monopolios bancarios, o en nombre del ateísmo o del laicismo, ¿es bueno? Y si lo que Ud. propone es poner flores en los cañones de los fusiles, Dr. Bianchi, permítanos sonreír. Dios sin duda estaría complacido si los hombres cumplieran con sus mandamientos, de modo que no hubiera guerras. Pero también lo estará de que los hombres defiendan, incluso con las armas, el orden moral y religioso por Él querido.

En esto no hay neutrales, Dr. Bianchi. Si no milita por la fe, militará contra la fe.

El autor es secretario letrado de la Corte Suprema y profesor universitario.

Sábado 10 de septiembre de 2005

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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