Panorama Católico

«Introibo ad altare Dei»

Por Jesús Bastante. Madrid.

En pie, de espaldas
a los fieles, «en realidad, de cara a Dios», el joven sacerdote Raúl
Olazábal se aproxima hasta el altar de la iglesia madrileña de San
Luis de los Franceses. Detrás de él, alrededor de un centenar de fieles,
muchos de ellos jóvenes, que acuden cada fin de semana para participar
en la misa según el rito de San Pío V, más conocido como «misa tridentina»
o «preconciliar».

Por Jesús Bastante. Madrid.

En pie, de espaldas
a los fieles, «en realidad, de cara a Dios», el joven sacerdote Raúl
Olazábal se aproxima hasta el altar de la iglesia madrileña de San
Luis de los Franceses. Detrás de él, alrededor de un centenar de fieles,
muchos de ellos jóvenes, que acuden cada fin de semana para participar
en la misa según el rito de San Pío V, más conocido como «misa tridentina»
o «preconciliar».

«Introibo ad
altare Dei», comienza el sacerdote, de 38 años, adscrito al Instituto
Sacerdotal de Cristo Rey, tras santiguarse. «Me acercaré al altar
de Dios». Ayer, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, fue
el día indicado por Benedicto XVI para que entrase en vigor el «Motu
Proprio Summorum Pontificum», en virtud del cual el Papa autorizaba,
de modo general, la celebración de las misas según el rito de San
Pío V.

A las siete de
la tarde, la parroquia madrileña de San Luis de los Franceses se convirtió
en la primera en acoger el rito «preconciliar» en España. «Es algo
muy importante», susurró una señora, quien, 40 años después, volvía
a asistir a una misa «de las de antes».

A vueltas con
el latín

Toda la misa
se celebra en latín, incluidas las lecturas, mientras que los cánticos
pertenecen al canto gregoriano, «que nos ofrece una espiritualidad
más honda», explica el sacerdote, quien no ve problema alguno en el
uso exclusivo de esta lengua, pese al desconocimiento de la misma entre
la feligresía y en buena parte de los sacerdotes.

«Es cierto que
en los últimos años se ha ido perdiendo esta lengua», reconoce el
padre Olazábal, quien sin embargo no ve problemas en el hecho de que
los fieles no entiendan buena parte de la ceremonia. «Cuando uno participa
en un concierto -apunta-, lo mejor que puede hacer es mantenerse en
silencio y escuchar. En ese sentido, esta liturgia es más libre, puesto
que de lo que se está pendiente es de Dios».

El sacerdote
siempre se mantiene de espaldas, «porque representa a los hombres que
se dirigen a Dios, en el altar, que se sitúa hacia el Este», añade
el sacerdote. A la hora de la comunión, los fieles han de recibir la
sagrada forma «de rodillas y en la lengua», desterrando la posibilidad
de que el fiel reciba en la mano la hostia consagrada. «En todo caso
-apunta el cura- se permite a las personas enfermas recibir el Cuerpo
de Cristo en pie, pero jamás en la mano».

Las reacciones
a la aplicación de la misa «preconciliar» no se han hecho esperar,
si bien las críticas a la medida han sido muy inferiores en relación
con las muestras de agradecimiento efectuadas por asociaciones como
«Roma Aeterna», «Una Voce» o la más reciente «Deo Gratias», constituidas
en nuestro país para promocionar la misa «tradicional» frente a la
ceremonia instaurada como general en toda la Iglesia por Pablo VI en
1970.

Regresión y
libertad

Para el padre
Olazábal, «la publicación del Motu Proprio no es la regresión, sino
que establece la libertad para que cada uno pueda celebrar con tranquilidad».
En su opinión, «la Iglesia nunca llegó a prohibir el rito, e incluso
Benedicto XVI, siendo cardenal, llegó a celebrarlo. Es una gran alegría,
y el Papa reconoce los derechos de los fieles».

Todas las fuentes
consultadas por ABC coinciden en señalar la «prudencia» demostrada
por Benedicto XVI a la hora de una mayor permisividad de las ceremonias
en latín y de espaldas a los fieles, al tiempo que su decisión, rubricada
en una carta a todos los obispos, de contemplar esta medida durante
los próximos tres años, a fin de observar posibles disfunciones o
problemas en las diócesis respectivas. Al tiempo, recuerdan que es
el propio Pontífice el que califica este rito como «una forma extraordinaria»
de celebrar la Santa Misa.

En un artículo
publicado en la página web de la Conferencia Episcopal española, el
director del Secretariado de Liturgia, Juan María Canals, explicaba
que «hay que desechar la identificación entre latín y liturgia preconciliar».
Pese a ello, reconoce que es «la primera vez» en que coexisten «dos
formas de celebrar un único rito».

«Se trata de
una situación nueva, que sin duda, requerirá futuras valoraciones
en su praxis», apunta Canals, quien, no obstante, incide en que «donde
la misa celebrada en su forma ordinaria (en lengua vernácula y de cara
a los fieles) o posconciliar se haga bien, no habrá tentación de pasar
a la forma extraordinaria». Por su parte, el profesor de la Universidad
de Navarra Javier Otaduy subrayó que «el fiel corriente que asiste
a Misa cada domingo, o cada día, va a a continuar encontrándose con
lo mismo. No se cambia el modelo litúrgico, sino que se añade otro,
y nunca en perjuicio del actual».

«Hay que buscar
el equilibrio»

En opinión del
teólogo, Benedicto XVI «ha venido a decir que recuperar el viejo misal
es un acto de justicia y misericordia. Por una parte, hay que hacer
justicia, porque la praxis litúrgica posconciliar ha sido demasiado
amante de la ruptura y se ha dejado seducir muy poco por la tradición».

Para Otaduy,
«hay que buscar el equilibrio, aprender a tolerar todas las sensibilidades.
Hay que condescender con los que se sienten cómodos en el rito antiguo».

www.abc.es

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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