Panorama Católico

Javier Arzuaga: ¿el von Wernich del Che Guevara?

Yo en realidad
no confesé a nadie y no lo hice precisamente por esa razón, por saber
la verdad. Unas de las biografías de Ernesto Che Guevara y cuando habla
del Che Guevara dice: El capellán Javier Arzuaga que confesaba a
los prisioneros, dijo esto y dijo lo otro, diciendo como que yo estaba
revelando secretos de confesión
y yo me libré de eso desde el
primer momento, no confesé a nadie.

Yo en realidad
no confesé a nadie y no lo hice precisamente por esa razón, por saber
la verdad. Unas de las biografías de Ernesto Che Guevara y cuando habla
del Che Guevara dice: El capellán Javier Arzuaga que confesaba a
los prisioneros, dijo esto y dijo lo otro, diciendo como que yo estaba
revelando secretos de confesión
y yo me libré de eso desde el
primer momento, no confesé a nadie. Por lo que no pude revelar secretos
de confesión.

Extractos
de una entrevista radial al ex sacerdote Javier
Arzuaga, capellan a cargo de la prisión de La Cabaña, donde el Che
Guevara fusiló a cientos de personas
.

Dr. Guillermo
Toledo
: Nosotros vamos ahora a oír ahora el testimonio del que
fuera entonces sacerdote, que le dio el último adiós espiritual y
consoló a muchos, 55 personas de los tantos y tantos más que fueron
fusilados en la Cabaña.

Cuando leí el
libro, me di cuenta de la crueldad de los seres humanos, me di cuenta
que este señor Fidel Castro vino de la Sierra Maestra, prometiendo
no sólo la democracia al pueblo cubano sino que iba a haber justicia,
pero me di cuenta que no hubo justicia… sino venganza, leyendo el
libro del entonces sacerdote Javier Arzuaga, que lo tenemos aquí presente
y le damos la bienvenida.

Muy Buenas noches
Don Javier Arzuaga.

Don Javier
Arzuaga
: Muy buenas noches a ustedes y muy buenas noches a todos
los radio escuchas.

Dr. Guillermo
Toledo
: Don Javier, vamos parte por parte, me conmocionó mucho
este libro, ya yo sabía de todas estas cosas, pero jamás había leído
un testimonio tan directo como el suyo, la primera vez que leo el testimonio
directo de una persona que vivió y tuvo las vivencias dentro de la
cárcel, que vivió con esos seres humanos porque eran seres humanos
y muchos de ellos eran inocentes y fueron al paredón de fusilamiento
siendo inocentes, el caso de José Castaño me conmovió mucho. Pero
antes de entrar de lleno a la Cabaña nos dijera de dónde es usted
y que nos cuente de usted.

Don Javier
Arzuaga
: Soy Vasco, nacido en el país Vasco. Haciendo la historia
lo más breve posible a los 10 años no recuerdo si por vocación mía
o de mi madre… fui al seminario, a los 23 años después de 13 años
de estudio, en marzo del 1952, fui ordenado Sacerdote y un mes mas tarde
fui destinado ya para Cuba. Salí para Cuba en Octubre del 1952, a finales
de Octubre ya estaba en la Habana. Y estuve en Cuba hasta junio de 1960.
Los cuatros primeros años los hice como profesor en Santiago de las
Vegas, en el Seminario Franciscano. En el 1956, se me destino como Párroco
a Casablanca un Barrio marino al otro lado de la bahía de la Habana.
Dentro de Casablanca queda el campamento de la Cabaña. Para hablar
de la Cabaña, hay que distinguir la Cabaña del Morro, la Cabaña como
fortaleza y la Cabaña como campamento grande… porque siempre que
se habla de la Cabaña y todos entendemos que es aquel lado de la bahía,
que esta después del monumento del Sagrado Corazón de Jesús. Pues
estuve tres años y pico de Párroco en Casablanca y los últimos 6
meses, o sea los 6 primeros meses de 1959 tuve que asistir a presos,
gente del ejército y de la policía de Batista que iba cayendo detenida
e iba siendo conducida a la cárcel de la Cabaña
.

Se organizaron
allí los tribunales de justicia, Ernesto Che Guevara era el que mandaba
en la Cabaña, era el Comandante de la Cabaña. Se abrió el paredón
a principio de febrero de 1959
. Estuve 6 meses en esos menesteres
y un año mas asistiendo en Cuba a la juventud masculina de acción
católica en calidad de consejero nacional y luego de eso tuve que salir
para España porque mi familia me avisó que el viejo mío estaba muriendo.
Regresé a España con permiso de poder nuevamente ir a la Cabaña.
Pero estando en España me dijeron que no podía regresar a la Habana
y allí acabó mi presencia física o mi contacto físico con Cuba.
Nunca más regresé.

Estando en España
ya sin poder regresar a Cuba me enrolé en los misioneros que en aquel
momento estaban trabajando en Antioquia Medellín Colombia y desde el
61 hasta el 68 estuve en el equipo misionero para América. Los primeros
años como simple misionero y los 3 últimos como director del Equipo.
Cuando el equipo dejó de trabajar en Colombia, ecuador, Perú y todo
centro América… pues me retire a España un año y después vine
a Puerto Rico como Sacerdote en 1969.

Ya tenía una
historia pasada, muchas tristezas y penas que llorar y la necesidad
de tener que romper con parte de la vida y la historia para tomar un
nuevo rumbo, lo hice porque ya no podía seguir y lo hice como debe
hacerse creo, pedí a Roma la dispensa de mis votos, me dieron la autorización
para casarme y me casé con una puertorriqueña, tengo con ella 3 hijos.

Dr. Guillermo
Toledo
: Tiene que haber sido muy difícil para usted, cargar el
peso todos años de 55 hombres que usted acompañó al paredón de fusilamiento.

Don Javier
Arzuaga
: Y a veces también los lleve en mi propio carro al pelotón
de fusilamiento.

Dr. Guillermo
Toledo
: Yo voy a referirme a algunos casos de su libro y nos gustaría
por ejemplo que nos narrara el caso de Jesús Sosa Blanco. Se que es
muy difícil para usted.

Don Javier
Arzuaga
: En el 1959 siendo yo Párroco, triunfa la Revolución,
inmediatamente me di cuenta de que como Párroco de Casablanca, me iba
a tocar jugar un papel muy doloroso en La Cabaña, porque ya desde entonces
se estaba hablando de que ´La Cabaña iba a ser el centro de detección,
de enjuiciamiento y de fusilamiento, me lo eché arriba porque no me
quedaba más remedio, pero lo tuve que asumir porque era el único Párroco
allí, además con muy graves problemas personales, de fe, en la vocación,
que cuestionaba ya en aquella época y naturalmente el que cuestiona
su propia vocación, su propio quehacer sacerdotal en un momento dado
pues que le digan: Ahora tienes que ir a la Cabaña y tienes que asistir
a los condenados a muerte y ahora tienes que ser tú el que le ponga
luz verde para la otra vida.

Doctor Cotto:
No entiendo lo de asignarle esas funciones.

Don Javier
Arzuaga
: Bueno esa función me caía automáticamente por ser Párroco
de la jurisdicción de la Cabaña. Yo había pedido en los tiempos de
Batista bastantes veces al que era cuñado de Batista, el Comandante
de la Cabaña Fernández Miranda, le había pedido que me dejara pasar
a ver a los presos y el me decía:

No, aquí no
hay presos… yo le decía: Sus soldados me han dicho que aquí hay
presos y el me decía: No usted esta equivocado, usted ha entendido
mal.

Nunca pude ver
en tiempos de Batista a ningún preso antibatistiano en la Cabaña.

Luego se vira
la tortilla y el 6 de enero ya el Che Guevara era el Comandante de la
Cabaña, pues me presenté a hablar con el Che Guevara y le dije: Aquí
vengo Comandante para pedirle un favor, que me deje seguir diciendo
la misa para la tropa y que me deje asistir en la prisión a los detenidos.

El Che Guevara
me contesta: No, lo primero no, aquí ya se acabaron esas cosas. Averígüeme
quién tiene la llave de la Capilla esa de Santa Bárbara y se la daré,
día y noche a la hora que quiera para lo que usted quiera, eso es suyo,
trabajo le vamos a dar y mucho.

Efectivamente
así mismo fue, tuve mucho trabajo.

De manera que
comencé a asistir en la prisión a toda aquella gente atiborrada como
sardinas en lata, muchos mas prisioneros que la capacidad real de la
Cabaña.

Dr. Guillermo
Toledo
: ¿Cuantos prisioneros habían allí en aquel momento?

Don Javier
Arzuaga
: Como 800 o 900 personas, para unas facilidades que no tenía
más que para unos 300 catres en las galeras.

Dr. Guillermo
Toledo
: ¿Cómo dormían esas personas?

Don Javier
Arzuaga
: Muchas veces me lo pregunté, si hacían turnos o dormían
encima unos de otros, efectivamente era un espacio muy reducido para
tantas personas.

Solía visitarles
y ellos sabían que yo era santo de su devoción en el sentido que yo
no estaba de acuerdo con las ideas de Batista y me veían como uno del
otro lado. Y sin embargo poco a poco fue introduciéndome entre ellos.

A Jesús Sosa
Blanco, no lo conocí hasta la mañana del día en que sería juzgado
en el palacio de los deportes (actual ciudad deportiva), en realidad
estaba ya condenado por Fidel Castro. En realidad Fidel Castro lo había
condenado a el, a Pedro Molejón y a Luisi Cardo Grau, desde el primer
discurso allá en Santiago de Cuba cuando dijo: A esos tres vamos a
fusilarlos. Pero hizo el paripé del juicio. Bueno, esa mañana yo sabía
que en la tarde sería el juicio el jefe de auditoria me lo había dicho…
y caminando entre los presos me topé con Sosa Blanco, estaba en aquel
momento no sé si repitiendo o diciendo por primera vez que sería llevado
como los cristianos a las fieras en el circo romano.

Le dije: Esta
tarde estaré allí contigo en el juicio.

Ese fue mi primer
encuentro con Sosa Blanco

Dr. Guillermo
Toledo
: Vamos a hablar entonces un poco de ese juicio, porque yo
siendo un niño lo vi por la televisión y usted estaba presente allí.
Yo vi muchas cosas allí siendo un niño, las humillaciones, las injusticias
que se estaba cometiendo con ese hombre públicamente. Tantos años
después en el libro en que Ramonet que ahora le hace la entrevista
a Fidel Castro, éste reconoce que ese juicio había sido un error,
no dijo que fue un error de él, sino un error de la revolución, él
fue el que mandó a hacer ese juicio publico a Sosa Blanco.

Fidel Castro
quedó muy mal parado en ese juicio, porque Sosa Blanco dijo: Esto es
un circo romano, aquí me están juzgando en un circo romano. Si, yo
maté personas… pero los maté en combate, porque me estaban tirando
y yo tiraba también, nos estábamos matando mutualmente.

Don Javier
Arzuaga
: Así sucedió en realidad, él dijo esas frases allí.
Para mí lo más impresionante de ese juicio era el saber… que iban
a juzgar a tres condenados. Y lo más impresionante fue, que llevaron
un grupo grande de testigos, para que dijeran todo lo que ellos habían
visto una noche del 12 de octubre del 1957 en que Sosa Blanco recién
llegado a la Sierra Maestra es emboscado por los guerrilleros y naturalmente
se defiende. Algunos guajiros de aquellos testigos fueron llevados a
la Cabaña, para que preparan su testimonio, era realmente dramático
verles los días antes del juicio, como les dictaban las frases que
tenían que repetir. Pero se toparon en el juicio con un abogado Dacosta
que en realidad les viró la tortilla, porque comenzó a preguntarle
a esos guajiritos en un lenguaje que ellos no entendían, en una interlocución
que ellos no podían conseguir…

Dr. Guillermo
Toledo
: También usted dice en su libro que en ese momento es que
el abogado Dacosta entra por primera vez en contacto con esos testigos…
precisamente en el juicio.

Don Javier
Arzuaga
: Si así es, es correcto. Dacosta comenzaba a interrogar
a esos guajiritos… él les gritaba… diga, repita, alto, claro….
Y los fiscales se ponían nerviosos… los guajiros se ponían nerviosos,
se asustaban no sabían qué decir ni que hacer. Aquello fue un espectáculo
tristísimo, el ver como estaban siendo preparados para el juicio, pero
cogidos en la trampa porque no estaban preparados realmente para enfrentarse
a un abogado con su verborrea. El juicio cuando llegó a ese momento
antes que se pusieran de pie Pedro Morejón y Luisi Cardo Grau se detuvo
por una llamada de afuera de Fidel Castro… que estaba viendo el Show
junto con Raúl Castro, Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos y el
Show no iba nada nadie bien. Entonces se suspendió el juicio y me llamaron
para ir a la Cabaña esa noche. pregunté: ¿hay fusilamiento? me contestaron
que no sabían.

Llegaron los
tres condenados a muerte sin terminar de ser juzgados y esa noche se
estrenó la galera de la muerte.

Me encontré
con Sosa Blanco…. No nos dijimos ni una palabra… él se hecho en
mis brazos sin decir palabras y al rato me dijo: Padre vamos a rezar….

Le dije: Ve despacio,
ten calma, yo voy delante y tú vas repitiendo conmigo… Íbamos repitiendo
el Padre nuestro que estas en los cielos…, tres veces hasta que comenzó
a entrar por la puerta de la galera de la muerte a la primera luz del
día.

Yo no se lo que
pasó en él y en mí, que desde aquel día, desde aquel momento en
la galera de muerte… más que muerte se respiraba vida.

Yo no… yo no
sé explicar… no sé explicar… después se dieron otros casos, el
de Pedro Morejón fue trágico… muy trágico… tremendo.

Yo no quería
tener mucha relación con los presos, por mis problemas personales de
credo, por mis dudas tremendas, yo no quería confesarles… a mí no
me interesaba. Les decía: No me interesa lo que ustedes hayan hecho
si quieren confesarse, les traeré a otro Sacerdote. Y efectivamente
llevé al Padre Antonio Melo, un Sacerdote Franciscano, ya mayor, que
iba todos los días mañana y tarde a atender a los moribundos al Hospital
Calixto García. Y el fue el que confesó, los absolvía a todos.

Entonces comenzó
a respirarse allí un ambiente de espiritualidad, todas las noches rezábamos
el rosario, un rosario lento, comentado.

Algo se produjo
yo no sé qué… para mí muy doloroso, porque yo tenía ese problema
personal mío y decía, pero cómo es posible si en algún momento una
persona de fe… un Sacerdote, tiene que ser autentico y entero en su
fe… es cuando se enfrenta a la muerte ajena… a quien le haya tocado
asistir un ser humano que va la pena de muerte.

Señor Melero:
Una aclaración, en aquel momento se dijo que muchos de las muertes
que se le achacaban a Sosa Blanco… no había sido cometidos por Sosa
Blanco sino por un Capitán que se llamaba Melo Sosa… y otra cosa
que deseo aclarar…. En Cuba el único que puede decidir sobre la muerte
de cualquier persona es Fidel Castro.

Dr. Guillermo
Toledo
: Quiero leer pasajes del libro de Don Javier Arzuaga, refiriéndome
al caso de Sosa Blanco, que tenía una esposa que se llamaba Amelia,
dos hijas y me dijo usted que una de sus hijas tenía 14 años y otra
mucho menor. En libro usted plantea: "La presencia todas las tarde
de Amelia y sus hijas le puso una nota de luz y de dulzura… emocionante
ver a Sosa Blanco pasar sus manos ásperas tras las rejas… para acaricias
las caritas de “mis niñas”, como les decía Sosa Blanco… Sorprendí
sin quererlo una conversación de Sosa Blanco con Amelia donde le decía:
“Amelia quiero que me hagas un favor, recuerdas el par de zapatos
que me compre para año nuevo y nunca llegue a estrenar, quiero que
me los traigas, pero sin que las niñas se den cuenta. Amelia le dijo:
Pero para qué lo quieres si nunca te he visto aquí con zapatos. Dijo
el: Para la noche que me vayan a fusilar"… Y más adelante, después
vamos a hablar de lo de los zapatos de Sosa Blanco y vamos a hablar
de lo que el dijo en el paredón de fusilamiento… que nadie lo sabe
y usted lo va a contar.

Mas adelante
usted en el libro plantea: "La esposa de Sosa Blanco me pidió
hablar a solas conmigo. Me dijo: Ya sé que les ha dicho que no quiere
saber por que están aquí, me imagino cuales son sus razones y las
respeto… pero yo sí quiero que sepa, que mi marido no es el monstruo
que dicen por ahí que es. Me contó que su esposo apenas estuvo una
semana en la sierra y el primer día que llego fue emboscado por los
rebeldes y perdió varios de sus hombres, al perseguir a los rebeldes
pudieron cometerse exceso en la aldea donde se escondieron los rebeldes
con ayuda de los campesinos, nada que no sea normal en una situación
así. A los dos días fue retirado de la sierra y destinado a San Luís,
Pinar del Río en el otro extremo de la isla. Dígame si tuvo tiempo
para cometer las atrocidades que se le atribuyen, necesitaron crear
demonios y la mala fama de un tal Melo sosa fue trasladada a las espaldas
de mi esposo, quiero que me crea, le pido que me crea. Le creí, sinceramente
le creí."

Don Javier
Arzuaga
: Los famosos zapatos, eran unos zapatos enormes porque Sosa
Blanco tenía unos pies de gigantes. El día en que iba a ser fusilado…
pidió que lo dejaran bañarse y ponerse ropa interior limpia y sus
zapatos.

Fuimos al paredón
y me dice: Padre quiero pedirle un favor, cuando me hayan fusilado quiero
que me quite los zapatos y mañana los va a regalar en Casablanca o
en la Habana a cualquier pordiosero que los necesite. No le diga a quien
pertenecieron los zapatos, porque es tal vez no los quisieran usar si
saben que es de Sosa Blanco.

Efectivamente
cuando fue fusilado les quité los zapatos, los llevé conmigo y a la
mañana siguiente encontré en la Habana a quién regalarle los zapatos.

Sosa Blanco y
sus zapatos siguieron paseando por las calles de la Habana, como un
duende burlándose de Fidel Castro y su gente.

Dr. Guillermo
Toledo
: Vamos a hablar ahora del caso de Pedro Morejón ¿Que pasó
con Pedro Morejón que es uno de los militares, Coronel del Ejército
de Batista?

Don Javier
Arzuaga
: Pedro Morejón, no sé qué destino tenía como jefe militar
incluso no recuerdo que hechos se le atribuyan, el juicio se ventiló
en el otro campamento, al otro lado de la Habana, el campamento Columbia,
una mañana en un par de horas se despachó aquel juicio y Pedro Molejón
fue condenado a muerte. El día que se efectuó el juicio, que fue el
primer fusilado, porque todo los juicios antes del fusilamiento tenían
la apariencia de una revisión para ver si efectivamente valía la pena
llevarlos al paredón… Lo condenaron a muerte aquella noche.

El jefe de auditoria,
Miguel Ángel Duque Estrada me llamó y me dice: Esta noche lo van a
fusilar… le digo; me imagino que le habrán dicho…, y me dice el:
No… No… precisamente lo llamaba para ver si nos hace el favor…
le dije… ¿Cómo?!.. Me dice: Sí para ver si habla con él.

Le dije: ¿pero
qué es esto? Yo no lo condené… yo no tengo nada que ver con eso.

Fui a la Cabaña
y vi a Pedro Morejón y no era la encomienda mía decirle que lo iban
a fusilar. Le pregunté a Miguel Ángel Duque Estrada: ¿Sabe ya?

Me dice: No,
no sabe.

Y le dije: ¡Pero
qué carajo es esto!… ¿qué van a hacer con este hombre? ¿Van a
llevar al paredón y todavía no sabe nada?

Fui a la galera
de la muerte y se lo dije… le dije: Pedro te van a fusilar hoy, te
lo estoy comunicando yo.

Hablamos un rato
y le dije: Si tú quieres estaré contigo hasta que llegue el momento,
sino… si quieres estar solo, preparar una carta… lo que tú quieras.

Me dijo: Padre
me gustaría que me dejara solo.

Le dije: Tengo
que ir a la parroquia de Casablanca a una función religiosa, era un
jueves…vendré luego.

Al salir de la
galera de la muerte siento un alboroto tremendo, música y unas muchachas…era
que un Comandante de la lucha contra Batista, rodeado de mujeres cuando
yo me doy cuenta de aquello grité: ¡Pero qué es esto, ustedes no
saben donde se encuentran!

En ese momento
siento unos gritos: ¡Padre, Padre…Padre!

Salí corriendo,
Pedro Morejón, había intentando suicidarse, estaba en la misma celda
con Luís Ricardo Grau. Le dije a Luís: aguántalo y le quite la sabana
y volvió en si.

Lo primero que
dijo fue: ¿Por qué me han hecho esto?

Le dije: Coño
dime tú… ¿por qué has hecho esto? No te das cuenta de lo que significa
no enfrentarte con la muerte, la muerte para los otros muy bien y para
ti no… qué van a pensar todos los que están en el Patio ¿que eres
un cobarde?… no… el hombre no crece suicidándose, el hombre crece
muriendo de pie en donde sea.. delante de un pelotón, donde sea.

Le pedí perdón
por mis duras palabras, hablamos, hablamos, cuando llegó la hora ya
a las 12 de la noche, se iba a estrenar el paredón y para desgracia
de todos el paredón que eligieron, fue en la fosa misma a la que daban
a las paredes de la prisión, de manera que los tiros y el estruendo
repercutiera, para que los demás presos lo oyeran.

El me pidió:
Padre quiero que este cerca de mi…

Le dije: Estaré
cerca de ti.

Cuando llegó
la hora frente al paredón, me preguntó: Padre ¿cuán cerca estará
de mí?

Le dije: Aquí,
mira aquí – saqué una cruz y la puse en alto- mira aquí la cruz,
como si estuviéramos tú y yo solos con la cruz en alto.

Oí al jefe del
pelotón gritando: ¡Pelotón atención, preparen, apunten, fuego!

Cuando Pedro
Morejón cayó al piso, yo aún seguía con la cruz en alto. Fue el
primer fusilado.

Le dije al Comandante
testigo principal de la ejecución, Víctor Bordón Machado le dije:

A quién se le
ocurrió fusilarlo delante de todos, no saben que los demás compañeros
ahí, lo han oído, yo voy a pasar toda la noche con ellos… ¿quiere
acompañarme?

Me dijo: no,
no…

Le dije: Comprendo
que no quiera estar allí conmigo.

Estuve toda la
noche con ellos… ya no hubo más fusilamientos allá, porque les dije…
si me quieren a mi aquí llévenlas lejos de la prisión… yo no vuelvo
a estar presente en un fusilamiento aquí frente a las ventanas de la
prisión. Efectivamente lo llevaron lejos de las ventanas de la prisión.

Dr. Guillermo
Toledo
: El caso Luís Ricardo Grau que estaba muy enfermo.

Don Javier
Arzuaga: Sí estaba muy enfermo, yo no sé la enfermedad que tenia,
pero estaba muy enfermo sin embargo con una entereza, era educado en
un colegio católico y él se enfrentó a la muerte tratando de revivir
y crecer en la fe que había sido educado…

Y en realidad
la noche que iba a ser fusilado junto con otros 6 compañeros, me dieron
la posibilidad de decir quién iba a ser el primero… el segundo así…
yo lo elegía de acuerdo a quién tenia mejor preparación. Le digo
a Luís Ricardo Grau: Me va a perdonar pero te dejaré para lo último
y mientras tanto ve comunicando tu fe y tu fortaleza a los demás.

Todos morían
con una entereza tremenda… y cuando le llegó el turno a Luís Ricardo
Grau, aún lo veo,, aún veo la estampa, no lo puedo olvidar, la estoy
viendo:

Oí el… ¡Pelotón
atención, preparen, apunten, fuego!

A la palabra
fuego, en todos los casos todos se desplomaban, Luís Ricardo Grau que
era tan delgado, tan frágil, seguía de pie… le dispararon el tiro
de gracia y solo entonces se desplomó.

Yo no vi, si
le habían atravesado 6 balas o no… pero sin balas o no era para estar
muerto, estaba muerto y de pie.

Lic. Pino:
Padre usted que vivió los fusilamientos allí, que llovían a granel,
la muerte de esas personas ¿era inmediata?

Dr. Guillermo
Toledo
: Voy a leer un párrafo del libro de Don Javier Arzuaga que
quizás conteste esta pregunta y es de un impacto tremendo:

"No recuerdo
su nombre era un sargento de la policía, de cuerpo robusto de poco
hablar, llegaba al paredón junto con otros 4 compañeros coacusados
de los hechos de Humboldt 7 en donde perdió la vida Juan Carlos Carbo
Servia.

Como lo veía
el más fuerte y el de ánimo mas sereno, le dije que sus 4 compañeros
serían fusilados primeros que él. Así fue que dispuse como otras
noches el orden según los viera, mejor o peor apertrechado para ese
momento. Desde la posición en que estábamos, los otros no podían
ver nada, pero si oían las voces de mando que ordenaban hacer fuego,
era horrible, pero era inevitable.

El Capitán Alfonso
era el jefe del piquete esa noche, como a todos le dije al condenado
que nos tomaríamos los minutos que nos parecieran para charlar, fumar,
rezar lo que él quisiera.

Conversamos unos
minutos y procedimos a hacer los ritos de despedida, el beso a la imagen
de Cristo en su cruz, el abrazo, el “que Dios te acompañe”… Me
hice a un lado.

El Capitán Alfonso
dio la orden, se desplomó el cuerpo, nos acercamos, no estaba muerto,
el moribundo seguía gimiendo y gritando: Padre, Padre…

Visiblemente
asustado el Capitán Alfonso, no procedía a aplicarle el tiro de gracia,
me agité y con señas le apremié que hiciera lo que tenía que hacer.

Sin inclinarse
hacia el moribundo, quien sabe si con los ojos cerrados disparó y no
se sabe adonde fue a parar la bala, el moribundo seguía gritando: Padre,
Padre.

Se agolparon
alrededor del moribundo Duque Estrada y otros Oficiales mientras el
moribundo seguía gritando: Padre, Padre…

Le dije a Duque
Estrada: Ya se cumplió la pena de fusilamiento, ya se cumplió la sentencia…
llévenlo a un hospital.

Duque Estrada
respondió: No, él fue condenado a morir y tiene que morir aquí.

El Capitán Alfonso
disparó otro tiro de gracia, otra bala perdida y seguían los gritos
del moribundo: Padre, Padre.

Agarré a Alfonso
por la muñeca y acerqué lo que mas pude la mano a la cabeza del moribundo…
le grite: ¡dispara ya… dispara ya!

Disparó y el
moribundo estremeció su cuerpo, con la respiración entrecortada, temblando
le di la extremaunción, le dije: Descansa en Paz.

Me retiré sin
despedirme de nadie.

El Padre Estanislao
Sedupe que se quedaba dormido todas las noches, con un libro en las
manos, lo desperté: Quiero confesarme, he matado un hombre.

Me pregunto:
¿Que has dicho?

Le costó mucho
trabajo tranquilizarme, lo logró muy a medias, subí a la azotea del
convento a llorar.

Lic. Pino:
Terrible testimonio.

Dr. Guillermo
Toledo
: Padre yo no sé si usted desea comentar este hecho que a
mi me estremeció.

Don Javier
Arzuaga
: Yo creo que hice lo que debía diciéndole a Duque Estrada
que lo llevaran a un hospital, pero no, no, fue condenado a la pena
de fusilamiento, fue condenado a morir y entonces sabía yo lo que iba
a seguir… más sufrimiento del moribundo.

Dr. Guillermo
Toledo
: Hay un señor del que usted habla en su libro, un norteamericano
Herman Mart.

Don Javier
Arzuaga
: Bueno Herman Mart había estado con Fidel Castro en la
Sierra Maestra, era un matón, uno de esos de armas enfermas, asesino
nato, que había sido condenado en Estados Unidos y que había escapado
de la Justicia. El al parecer ligaba muy bien las palabras revolución
y muerte, revolución y sangre.

En la Cabaña
cayó en su ambiente, porque en realidad por ejemplo al Capitán Alfonso
le era difícil dirigir al Pelotón. Pero llegó este americano y decía:
Encantado como no, a matar gente. El día en que debía morir a Luís
Ricardo Grau me grito contento: ¡Padre, Padre, hoy tenemos 7!

Como si me estuviera
invitando a un banquete. Era horrible, a uno le da vergüenza tener
que haber tratado a gente así.

Lic. Pino:
Esa es la revolución humanista de Fidel Castro.

Ing. Abascal:
Padre, yo le voy a hacer un comentario de una anécdota de un Sacerdote
que se llama Becha Berbe. Mi Padre era uno de los principales lideres
de la resistencia cívica en Santiago de Cuba, en mi casa estuvo escondida
dos veces la perra de Vilma Espin, posiblemente mi Padre le salvo la
vida. El día en que Raúl hace todos aquellos fusilamientos en el Valle
de San Juan en el que manda a matar a más de 70 personas, ese día
al amanecer el Padre Becha Berbe se encontraba en el corredor de mi
casa sentado en un sillón. Mi madre se asustó mucho y fue a verlo
y le dijo: Padre que le ha pasado, ¿que hace aquí? El Padre Becha
Berbe que era de piel morena, era árabe, pero estaba blanco como el
papel, mi madre le decía: ¿Padre que le ha pasa? El Padre Becha Berbe
le contesto: No puedo violar los secretos de confesión, pero están
fusilando inocentes.

Usted sabe Padre
que nadie va a decir una mentira en confesión antes de morir.

Don Javier
Arzuaga
: Yo en realidad no confesé a nadie y no lo hice precisamente
por esa razón, por saber la verdad.

Unas de las biografías
de Ernesto Che Guevara y cuando habla de el Che Guevara dice: El capellán
Javier Arzuaga que confesaba a los prisioneros, dijo esto y dijo lo
otro, diciendo como que yo estaba revelando secretos de confesión y
yo me libré de eso desde el primer momento, no confesé a nadie. Por
lo que no pude revelar secretos de confesión.

Dr. Guillermo
Toledo
: Veamos este caso Padre de este niño, de este muchacho,
que usted escribe en su libro:

"Ariel Lima
fue condenado a muerte, lo mantuvieron como una semana en la galera
de la muerte, apenas hablaba, vivía enajenado, vació de si mismo,
perdida la mirada, como ausente de lo que le estaba pasando, los demás
prisioneros lo veían tan niño, tan solo, tan necesitado, le prometí
que hablaría con Ernesto Che Guevara e intercedería por el. Fui a
hablar con Ernesto Che Guevara y él me dijo que eso lo decidía el
Tribunal de Apelaciones quien decidía eso y me preguntó por qué debía
anular la sentencia.

Le dije: Por
dos razones, una por sentimiento humano por sus solo 16 años, la segunda
por sagacidad política, porque al otro día de la muerte de este niño,
la prensa mundial, en Estados Unidos, América Latina y Europa hablaría
de que la revolución cubana carecía de sentimientos y que juzgaba
por igual a adultos que a menores y que esto muy poco beneficiaria a
la revolución.

Inútil, a más
compasión que se le pedía al Che, con mas crueldad respondía. En
la vista se decidiría.

Fui a la vista
de apelaciones, el Che sabía por qué estaba allí. La vista apenas
duró media hora… ratificada la sentencia, sería fusilado aquella
misma noche.

Cuando terminó
me vio en la puerta saliendo con su comitiva, me dio un saludo y salió.

En su camino
a la Comandancia… una mujer corrió al frente de ellos y se postro
en el suelo delante de todos ellos.

Alguien le dijo:
Es la madre de Ariel Lima…

Le dijo: Le recomiendo
que hable con el Padre Javier Arzuaga, es un maestro consolando.

Me miró y en
tono burlón me dijo: Es suya.

Le ayudé a levantarse
del suelo y le aconsejé que se retirara a su casa le dije: “Señora
trate de superar su tragedia y de seguir viviendo sin su hijo, encomiéndese
a Dios. Nunca más vi a esa mujer… Esa noche odie al Che".

Dr. Guillermo
Toledo
: Padre qué nos puede decir de Ariel Lima.

Don Javier
Arzuaga
: Ariel Lima era un muchacho revolucionario, lleno de sueños,
lucho contra Batista. Los de Batista, lo torturaron para que hablara…
nunca lo hizo, hasta que un día… esto él me lo contó de sus propios
labio, le dijeron: Tú vas a hablar…

Le llevaron a
su madre y delante de el, la comenzaron a desnudar y le dijeron: Tú
sabes lo que vamos a hacer con ella…

Cuando el muchacho
vio efectivamente lo que estaban haciendo, el muchacho habló y naturalmente
dijo lo que querían que dijera.

Naturalmente
nunca salió del cuartel y cuando triunfa la revolución nunca más
salio del cuartel porque había traicionado a sus compañeros y entonces
lo enviaron a la Cabaña.

No era ni de
uno ni de otros, estaba solo, no tenía amigos, era una tristísima
figura y estaba tan enajenado que no se daba cuenta que lo estaban fusilando.

Dr. Guillermo
Toledo
: Nos queda un testimonio del caso del Capitán del ejercito
de Batista José Castaño, un hombre muy culto, que hablaba 5 idiomas,
usted atendió José Castaño, él no tenía las manos embarradas de
sangre, no cometió ningún hecho de sangre, solo que José Castaño,
era un hombre que conocía todos los vericuetos del comunismo en América
Latina, estaba a cargo del Buró de Represión de actividades comunistas,
tenia información y documentos de esa actividad en diferentes partes
del mundo y eso no se lo perdonaron. La mayoría de los testigos del
juicio eran militantes comunistas, acusándolo de cosas que realmente
no cometió, no le probaron ningún hecho de sangre, tengo entendido
que solo una señora lo acusó de haberla violado, era una total mentira,
esa misma señora después testifico en otro juicio contra el artista
famoso en aquella época, Manolo Fernández y también dijo mentira.

Lic. Pino:
Un comentario, este Señor José Castaño, tenía información con relación
a los miembros del partido comunista en Cuba e incluso de organizaciones
izquierdistas, información que logro sacarla de Cuba antes que la tiranía
de Fidel Castro ocupara el poder y eso fue lo que provoco el fusilamiento.

Don Javier
Arzuaga
: José Castaño era un hombre muy culto, muy versátil,
creía en cuestiones esotéricas, creía en la magia negra en la magia
negra, era un hombre muy interesante en su conversación, pero no tenía
fe cristiana. Entonces era muy respetuoso en su conversación y desde
que cayó en la galera de la muerte me dijo:

Se que se reza
aquí y demás, yo no me opongo a nada, pero le voy a pedir un favor,
no se meta conmigo ni mi fe, déjeme tranquilo.

Entonces le lleve
a un amigo mío, Profesor de filosofía y estuvieron toda una tarde
conversando.

Cuando llegó
la hora del juicio desde luego lo condenaron a muerte y en el juicio
de apelación el Che Guevara decidió que le fusilaran aquella misma
noche.

Esa misma noche,
cuando yo le iba a informar a José Castaño de que sería fusilado,
se me acerca Duque Estrada y me dice:

Padre acompáñeme
tenemos que ir a ver Fidel Castro para que pare esta ejecución.

Nunca me dijo
por que quería hacer eso, un abogado me dijo que al parecer habría
un canje de prisioneros con Estados Unidos… cosa que nunca creí.

Fuimos a ver
a Fidel Castro, estaba dando uno de sus interminables discursos y nos
pusimos a un lado y en un intervalo del discurso nos acercamos y le
dijo lo que pedía y Fidel Castro cuando esta en trance de sus discursos
no oye a nadie se oye así mismo y dijo: Esta bien esta bien.

Yo fui a la Cabaña
y le dije a José Castaño: Fidel Castro ha dicho esto, al parecer el
dueño de la vida, te regala un día más de vida.

Cuando terminó
el discurso de Fidel Castro a eso de las 3 de la mañana, vinieron a
buscarme pregunté ¿que decidió el Che?… dijo que lo fusilaran.

El Che Guevara
había ordenado que nadie fuera fusilado sin que yo estuviera presente,
al parecer se había corrido la voz de que yo los hipnotizaba, de que
yo los llevaba hipnotizado y que por eso todo era mas fácil, cosa que
no era verdad y esa noche José Castaño estaba en el Paredón solo
y a un lado los del pelotón fumando y conversando.

Llegué yo y
me dije: Qué le voy yo a decir a este hombre, que le he sembrado esperanzas.

Me acerqué a
él y él me dijo: No se preocupe Padre, yo sé como son, yo los conozco
bien… ¿es allí donde se fusila verdad?

Le dije que sí,
en el poste aquel. Poste a propósito en el que nadie se tuvo que atar
de los 55 fusilamientos que yo asistí.

Me dice: Pues
vamos para allá.

Y cuando estábamos
en la despedida yo me acordé que él me dijo, no me hable de Fe ni
de Cristo ni de Dios.

Me dice: Padre,
quiero pedirle un favor, usted sabe que yo no tengo fe, pero sé que
voy a morir y no sé qué hay del otro lado, Padre por favor… ¿podía
prestarme su fe para morir?

Me quedé seco.
Rezamos un Padre nuestro, besó el Cristo, me separé y con los ojos
muy abiertos, muy abiertos mirando a Cristo, escuchó las voces de mando
y cayó al piso.

Lic. Enrique:
Padre usted que participó en todos estos eventos tan dolorosos, estas
personas que formaban el pelotón era los mismos o se rotaban, ¿cuántos
eran?

Don Javier
Arzuaga
: Eran 6 y se rotaban, eran miembros de la tropa de Ernesto
Che Guevara, guajiros de la Sierra Maestra.

Lic. Enrique:
Yo quisiera preguntarle al Doctor Cotto, Doctor en Psiquiatría, solamente
por tener una breve idea que le pasa por la mente a esas personas que
hicieron eso, que les pasa por la mente, que tienen que llevar dentro,
toda la vida, esa experiencia.

Doctor Cotto:
Bueno lo que sucede es que la dinámica o la psico-dinámica que se
aplican los que aprietan el gatillo, es el simple hecho que están cumpliendo
ordenes, para ellos es una orden que le da un superior, son guajiros
actuando como soldados de la revolución, en realidad ellos no cargan
conciencia de culpa.

Alfredo Melero:
Es verdad lo que dice el Doctor, porque familiares míos que estaban
presos en Boniato me lo decían a mí, especialmente uno que fue Capitán
del Ejercito Rebelde en la Sierra Maestra, el Capitán Fido Avalo, que
estuvo preso por 12 años en Boniato, estuvo enfermo en el Hospital
que estaba afuera de la prisión, pero muy cerca de donde estaba el
pelotón que fusilaba… y él me contó a mí, que cuando no había
fusilamiento parecía que se enfermaban y cuando había fusilamiento
empezaban a tocar música sacra para todo el presidio para atormentar
a todos los presos y que entonces se alegraban.

Una llamada
de la audiencia
: Muy buenas noches, quisiera felicitarlo por este
programa tan interesante, le habla Adelaida Mercado, en esas mismas
circunstancia murió un familiar mío, la madre llegó a la Cabaña
porque le dijeron que fusilarían esa mañana y cuando llegó, ya personalmente
el Che Guevara lo había ejecutado.

Una llamada
de la audiencia
: Les habla, Días Rivera, quisiera preguntarle al
Padre si a él lo obligaban a hacer esa labor, si él no tuvo la oportunidad
de comunicarle al Vaticano el desastre que se estaba haciendo en Cuba.

Don Javier
Arzuaga
: Yo podía hablar de lo que sucedía allá… pero estaba
muy lejos de mi alcance, ni se me ocurrió, no pensé que podía evitar
lo que estaba sucediendo.

Una llamada
de la audiencia: ¿Ha sabido algo de Duque Estrada? Duque Estrada,
mi familia lo conocía muy bien y no sabíamos hasta hace un año de
que el, había sido participe de esos crímenes que se están contando.

Don Javier
Arzuaga
: No supe nunca más de ninguno, incluso me hubiera gustado
mantener relación con los familiares de los fusilados, pero no me dio
tiempo al salir de Cuba.

Una llamada
de la audiencia
: Padre una pregunta, en algún momento usted pidió
que lo sacaran de allí y pusieran a otro sacerdote?

Don Javier
Arzuaga
: Pensé hacerlo bastantes veces, lo hice una vez, me contestaron
que lo estaba haciendo muy bien y que no me preocupara… así que no
tuvo resultado mi pedido.

Una llamada
de la audiencia
: Le habla la Señora Martínez, quisiera darle las
gracias al Padre Javier Arzuaga, por su relato y por haber asistido
a los condenados a muertes, asesinados por ese tirano sinvergüenza.
Le quiero decir a los amigos que están escuchando este programa, que
además del Semanario elveraz.com, existe otro sitio que se llama Secretos
de Cuba.com donde verán la lista inmensa de fusilados por el régimen
de Fidel Castro.

Una llamada
de la audiencia
: Quisiera preguntar sobre el titulo del libro del
Sacerdote y que nos dijera cuantos personas se fusilaron.

Dr. Guillermo
Toledo
: El titulo es: Cuba 1959: La Galera de muerte. El
Padre asistió a 55 personas, el estuvo de enero a mayo de 1959, después
de eso en la Cabaña se siguió fusilando, hay una lista de fusilados
que esta en el libro del Doctor Armando Lago, que esta próximo a salir,
que la tengo aquí frente de mi, tengo una lista aquí de 141 personas,
pero dice aquí en el reporte al final que hay 15 mas fusilado según
el NY Times.

Lic. Pino:
Yo tengo aquí la información que me acaba de confirmar el Doctor Armando
Lago y la señora Cañizares y los oyentes pueden verificarlo en el
sitio Cuba Archive.org, fueron 164 en la Cabaña directamente con la
firma de Ernesto Che Guevara, 6 fueron fusilados después que ya Ernesto
Che Guevara no estuviera en la Cabaña, pero que la ejecución tenia
su firma, 23 adicionales en Santa Clara, 14 en la Sierra Maestra, para
un total de 216 fusilados. Hay 15 adicionales que el NY Times reporto,
pero que no han dado los nombres. Todos estos datos de Cuba archivo.org
http://www.cubaarchive.org/version_espanol/ por lo menos tienen dos
fuentes diferentes e independientes de verificación.

En adición a
esto quisiera agregar, que el actual jefe de estado en Cuba, Raúl Castro,
firmo la ejecución de 551, o sea mandados a fusilar por Raúl Castro.
o sea 216 de Ernesto Che Guevara y 551 de Raúl Castro.

Ing. Abascal:
Quisiera comentarle a los oyentes que nos escuchan, que ese mismo Ernesto
Che Guevara, que se hacia el duro en la Cabaña, se portó como un verdadero
cobarde cuando lo cogieron en Bolivia, gritando para que no lo mataran:
Yo les valgo a ustedes más vivo que muerto.

Dr. Guillermo
Toledo
: Padre Javier Arzuaga antes que termine el programa usted
desea agregar algo.

Don Javier
Arzuaga
: Si, quiero decir dos cositas nada más, me han preguntado
muchas veces, por qué escribí este libro después dé más de cuatro
décadas. Yo lo hubiera escrito antes, pero tenía muchos problemas
íntimos que se me hacía muy difícil ponerlo por escrito, de manera
que el año pasado, cuando me entrevistó Álvaro Vargas Llosa y con
la entrevista mi nombre salió en toda América Latina, un artículo
en el que se me nombraba, no sucedió nada y entonces me decidí a escribir.
En realidad el que escribe el Prologo en mi libro, mi amigo, Andrés
Calendario, hace una lectura del libro distinta al que yo había hecho,
él dice, este libro tiene un valor especial porque ya desde la primavera
de 1959, este hombre viene hablando de esto, que la revolución cubana
se estaba levantado desde unos cimientos de odios y de sangre.

El libro si puede
servir para algo, eso lo tienen que decidir los lectores, puede servir
en primer lugar, como desmitificador de los mitos de la llamada revolución,
dentro y fuera de Cuba y en segundo lugar… La gran lección… ¿Y
qué ganó la revolución? ¿Y qué gana nadie matando? ¿para reparar
qué? ¿Qué se gana con la muerte? ¿Volveremos a lo mismo? ¿Seguiremos
matando?

Dr. Guillermo
Toledo
: Nunca más. Padre, una pregunta más, quisiera preguntarle
su opinión con relación a Ernesto Che Guevara.

Don Javier
Arzuaga
: Bueno, debería contestarte, paz a los muertos, pero como
es una figura pública, tuve con él una relación en la que conmigo,
personalmente, no se portó mal en el sentido que me facilitó atender
a los prisioneros.

Nunca disimuló
su crueldad, se presentó ante mí como lo que era, una persona entregada
a su utopía, la revolución le pedía matar, mataba, le pedía mentir,
mentía. Ese era el Che, un hombre entregado a una idea, para mí disparatada.

verdaderoche.blogspot.com

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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