Panorama Católico

José Canovai, Diplomático y Santo

La figura de Mons. José Canovai emerge con un perfil destacado entre las personalidades del mundo de la diplomacia pontificia. Como Merry del Val, luego Secretario de Estado de San Pío X, ejerció la función diplomática como un apostolado, sumando, además, un profuso y riquísimo apostolado intelectual, en particular entre los jóvenes, que suscitó numerosas vocaciones. Reproducimos como comentario de esta interesantísima obra del P. Alfredo Sáenz, el prólogo que escribiera para la edición Mons. Adriano Bernardini, Nuncio Apostólico en la Argentina, quien auspició y prensentó personalmente el libro que hoy comentamos.

R.P. Alfredo Sáenz S.J.
José Canovai
La sorprendente figura de un diplomática
de la Santa Sede en la Argentina

Ediciones Gladius, Colección “Héroes y Santos”
Prólogo de S.E.R. Mons. Adriano Bernardini,
Nuncio Apostólico ante la República Argentina
Buenos Aires, 2004 – 286 págs.

Por S.E.R. Mons. Adriano Bernardini

El testimonio de las virtudes humanas, cristianas Y sacerdotales del Siervo de Dios Mons. José Canovai (1904-1942) es iluminador especialmente para aquellos que entienden responder, en su totalidad, a la llamada de Cristo. El itinerario de santidad por él recorrido resulta muy actual, vibrante y capaz de interrogar y sacudir las conciencias para inducirlas a reflexionar y a confrontarse con las enseñanzas del Evangelio. Mons. Canovai ha vivido y experimentado en sí mismo lo que escribía y, precisamente, su austera y auténtica coherencia de vida, es la que compromete y la que, con certeza, hace que sus palabras se transformen en profundos mensajes de meditación que acercan a Dios.

En ocasión del centenario del nacimiento de Mons. Canovai, -27 de diciembre de 2004-, el Padre Alfredo Sáenz, SJ, quien por muchos años se ha dedicado a la formación espiritual y doctrinal de los seminaristas y es autor de interesantes estudios sobre la fisonomía espiritual del sacerdote de Cristo, ha pensado oportunamente escribir este libro con la doble finalidad de profundizar los escritos del Siervo de Dios y de contribuir a la difusión de su ideal de santidad, que se basa principalmente en la Cruz (misterio del sufrimiento redentor) y en la Eucaristía (misterio de amor por la humanidad).

En 1919, cuando apenas tenia 15 años, Mons. Canovai comenzó a escribir un Diario que revela la profundidad de su alma y en el que anotaba los compromisos, los proyectos de vida y sobre todo sus diálogos con Dios. Siempre fue constante, prácticamente hasta la muerte acontecida el 11 de noviembre de 1942. Una buena parte del Diario ha sido publicado por Mons. Giacomo Loreti en el libro Don José Canovai en sus escritos (Roma, 1962) y por el Padre Domenico Mondrone S.J., en el trabajo Suscipe Domine (Roma 1949).

El estudio del Padre Sáenz se refiere ampliamente al Diario, a las cartas y a una serie de máximas y aforismos dejados por el Siervo de Dios. Se compone de tres partes: una síntesis biográfica, una amplia sección sobre el perfil sacerdotal y sobre la espiritualidad de Mons. Canovai, y un epílogo sobre los úItimos meses de su vida.

Mons. Canovai siempre supo mantener unidos el apostolado y el trabajo de oficina. Siendo joven quiso entrar al noviciado de los Jesuitas, pero su condición de hijo único y de madre viuda y muy enferma, se lo impidieron. Su director espiritual, el jesuita Padre Enrique Rosa, lo hizo entrar en el “Almo Collegio Capranica” y apenas ordenado sacerdote (3 de mayo de 1931), es nombrado secretario de la Congregación de los Seminarios. Se dedicó mucho al apostolado intelectual para el que estaba particularmente dotado. En 1936 encontró la obra ‘Familia Christi”, fundada por la Srta. Tommasina Alfieri, y llega a ser Asesor espiritual y un convencido defensor de la misma. En 1937 fue nombrado Asistente Diocesano de la F.U.C.I.

Amó mucho a Roma, sede del Sucesor de Pedro y signo visible de la unidad de la Iglesia Católica: “Es maravillosa esta Roma de cuyas ruinas se desprende aquel encanto, que me animaría a llamar divino, y al que la admiración reverente de los pueblos dio el simple epíteto de eterna”. Cuando es nombrado Auditor de la Nunciatura Apostólica en Argentina (1939), aun sintiendo el humano desprendimiento de su querida Ciudad, recibe con fervor y renovado entusiasmo interior el nuevo destino: “EI mejor modo de representar a la Santa Sede y de «anunciar» al Papa y su voz sobre la tierra, es el de la irradiación de una santidad iluminada e iluminadora”.

El Padre Sáenz dedica muchas páginas a la misión de Mons. Canovai en la Nunciatura de Buenos Aires. Cumplía con gran seriedad el trabajo de oficina, bien consciente de la “extrema responsabilidad de representar a la Santa Sede. Esto exige una santidad superior a la ordinaria”. Sin jamás descuidar la intensa actividad pastoral entre los jóvenes universitarios, algunos de los cuales entraron al Seminario, dedicaba mucho tiempo a la lectura y en su Diario anotó: “Un sacerdote que ha dejado de leer está cerca del fin de sus propias fuerzas, se repite, abunda en la propia opinión, se vuelve estúpido, se apergamina”; y agregaba muchas horas de adoración ante la Eucaristía. Ofrecía con fervor los propios sufrimientos corporales con el fin de que triunfase el amor a la ley divina. Así en 1942, durante los meses que transcurre en la Nunciatura de Chile, como Encargado de Negocios, ad interim, mientras en el Parlamento se estaba discutiendo la ley sobre el divorcio, no dudó en repetir: “Mi sacerdocio debe ser la exaltación de la Cruz en una vida de tribulación y sufrimiento”.

Mons. Canovai “fue, ante todo y sobre todo, sacerdote”. EI P. Sáenz encuentra en el amor el sacerdocio vivido en la plenitud de la dignidad y de la misión, la raíz profunda de su santidad. “Don Canovai siempre tuvo horror por todo lo que fuese mediocre. EI sacerdote era para él un auténtico “alter Christus”, un hombre elegido de lo Alto para ser continuador de la misión redentora del Señor” y “el sacerdocio fue para él su gloria y su corona”. En los consejos a los jóvenes aspirantes al sacerdocio, Mons. Canovai repetía con insistencia: “EI sacerdote vive un breve y rápido instante «in persona Christi», pero no es digno de vivirlo si no se esfuerza, con todas las energías del alma, en vivir «in persona Christi» todos los instantes de su jornada y si no logra al fin obtenerlo”. La Eucaristía era el centro de su vida. “EI sacerdote está constituido en primer lugar para posibilitar la presencia eucarística”. La Santa Misa la vivía como fuente de luz para toda la actividad de la jornada y continuamente se sentía unido al sacrificio eucarístico. “Qué nostalgia, qué pena cuando se desciende del Altar; dejar a Dios para ir entre los hombres; pero en realidad no se lo deja. El está siempre conmigo”.

EI autor evidencia en Mons. Canovai un nexo imprescindible entre la Eucaristía y la Mística de la Cruz. La identificación del sacerdote con Cristo pasa a través de la cruz. En el último año de su vida, los dolores que le provocaba la úlcera duodenal se hacían siempre más fuertes, tanto que los advertía también cuando escribía a máquina, y comentaba: “Que vengan todas las cruces que has decidido enviarme, pero lo que te pido, Señor, es sufrir por la tuya, tener un corazón permanentemente llagado por tu llaga, estar siempre dolorido por tu dolor, estar interiormente siempre crucificado por tu crucifixión”. Viviendo una íntima unión con Cristo, estaba convencido de que sus dolores no podían ser extraños a los del Crucificado. “Una sola cosa te pido: que guste tu Cruz, que beba gota a gota tu sufrimiento”.

EI P. Sáenz se afirma en la personalidad jovial y magnánima de Mons. Canovai, que no dejaba transparentar sus sufrimientos. Tenía siempre la sonrisa impresa en su rostro y solamente su director espiritual, el Padre Jesuita Andrea Doglia, tenía conocimiento de sus mortificaciones y numerosas penitencias. “No debemos salir de la tristeza interior, pero debemos manifestar a nuestros hermanos un rostro alegre, una alegría placentera”. En silencio ofrecía a Dios sus agudísimos dolores físicos y las renuncias, convencido de que la unión íntima con los sufrimientos de Cristo aportan mayor beneficio a la humanidad cuanto más son ofrecidos con alegría y en silencio: “Hablar de nosotros y buscar comprensión al lamentarnos del sufrimiento, es miserable”.

EI epilogo del trabajo del P. Sáenz habla, con una notable riqueza de particulares, de los últimos días de vida de Mons. Canovai y del ofrecimiento de su muerte. AI comienzo de noviembre de 1942 predicó los ejercicios espirituales a los participantes de los “Cursos de Cultura Católica”, a los que concurrían numerosos jóvenes universitarios. Se detuvo especialmente en la parábola del Buen Pastor y en el primer milagro de Jesús en las Bodas de Caná; comentó las palabras: “No tienen más vino” y concluyó con una conmovedora reflexión sobre la alegría que procede de la vida espiritual en contraste con las baladíes distracciones terrenas. Entretanto, su salud empeoraba y fue llevado a la clínica Lavalle. EI Nuncio, Mons. Giuseppe Fietta, comentó “Particularmente conmovedora fue la administración de los Santos Sacramentos que él pidió ni bien supo que tenía que ser operado; me pidió que rezara en voz alta el Credo, la Salve Regina y el Magnificat, quiso también que se cantasen las dos últimas estrofas del «Vexilla Regis»”. Los médicos que lo operaron quedaron maravillados “al encontrar en su cuerpo los signos evidentes y numerosos de recientes penitencias corporales”.

Pocos días antes de morir, el 3 de noviembre de 1942, anotó en su Diario: “EI P. Doglia [su director espiritual] me permite hacer mi ofrenda al Señor. La escribió con sangre”. La operación quirúrgica no dio el buen resultado esperado porque la peritonitis se había extendido mucho. Recobrado el conocimiento y pocos momentos antes de entrar en agonía, pide que se entone el “Vexilla Regis”, y dejó la vida terrena con las palabras “Todo Por ti, Señor”, al alba del 11 de noviembre de 1942, fiesta de San Martín de Tours. Su cuerpo fue llevado a la Nunciatura y los solemnes funerales se celebraron en la Basílica de Nuestra Señora del Pilar. EI Card. Santiago Luis Copello, Arzobispo de Buenos Aires, concede un nicho en la Capilla del Clero del Cementerio de la Recoleta y por el pedido de muchos de sus hijos

espirituales y devotos, desde el 13 de septiembre de 1949 su

cuerpo descansa en la iglesia de los Jesuitas ‘Regina Martyrum”.

EI trabajo del Padre Sáenz tiene el valor de recorrer todo el itinerario espiritual de Mons. Canovai. Devoto y gran admirador del eximio sacerdote, ofrece una perfecta simbiosis entre su profunda vida interior y su generoso impulso apostólico. Une, por lo tanto, el estudio científico y sistemático a la profunda meditación de sus escritos y hace captar el núcleo central de su mística.

El lector es frecuentemente invitado a admirar en Mons. Canovai la gran figura del joven universitario, del sacerdote, del diplomático de la Santa Sede y del apóstol de los jóvenes intelectuales, pero sobre todo a seguir su ejemplo y a considerarlo como un modelo de vida espiritual.

La Causa de Canonización se abrió oficialmente el 21 de octubre de 1992. El auspicio espiritual de la celebración del centenario de su nacimiento es que este libro y todas las otras iniciativas que serán promovidas por el importante acontecimiento, puedan acrecentar el fervor y la devoción a Mons. José Canovai, “sacerdos cum paucis comparande” (“sacerdote que solo con pocos puede ser parangonado”) -como está escrito sobre su tumba-, y verlo cuanto antes sobre los altares.

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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