Panorama Católico

Juan Luis Segundo – La Teología de la Liberación en la estrategia gramsciana

Con asombro, quien esto escribe, escuchó una gravísima sentencia: “Otro de los males es el concepto de pecado”.  Pecado es, por ejemplo, el temor a la libertad” (SIC)  “Otro mal es la desesperanza que atacó a la generación perdida del ochenta, oprimida por la fuerza y la miseria” (SIC) “Humanizar al hombre es el valor que aglutina todo lo demás” Salvación e

Con asombro, quien esto escribe, escuchó una gravísima sentencia: “Otro de los males es el concepto de pecado”.  Pecado es, por ejemplo, el temor a la libertad” (SIC)  “Otro mal es la desesperanza que atacó a la generación perdida del ochenta, oprimida por la fuerza y la miseria” (SIC) “Humanizar al hombre es el valor que aglutina todo lo demás” Salvación es accionar histórico en común  hacia las metas históricas” “Hay que liberar la teología de paradigmas añejos y especulativos” “Salvación es liberación”. Hablaba.

Luis Andregnette Capurro

El gramscismo es una variación de perspectiva introducida en el marxismo. Aquí está pues la clave de lo que algunos observadores superficiales creen entender, como un cambio de la vieja ideología utópica y materialista. Los que esto sostienen están aceptando implícitamente a un Hegel, proclamando que lo único que la historia nos enseña es que nadie aprende nada de la historia. Esta es, sin embargo, y pese a quien pese, un tiempo lineal cargado de sentido. Historia que si estamos atentos nos enseña porque Dios habla a través de ella. Y nos muestra el peligro de la tentación babélica de fundar una civilización cimentada en el hombre del “Non Serviam” luciferino.

Y aquí ya tocamos el propósito prometeico de Antonio Gramsci acentuando el espíritu rupturista que tuvo en el Iluminismo un importante eslabón en su caminar hacia el nihilismo. Para Gramsci la categoría de “modernidad” es la etapa en la que el propio hombre ocupa el puesto de la Divinidad. Posición del pensamiento moderno iniciado con  la filosofía de Espinosa. Inmanentismo como absoluta negación de toda forma de trascendencia adoptada por la Revolución Totalitaria en las nociones de proletariado  o de estatización de los medios de producción.  Hay un sentido gramsciano que busca en la modernización una transformación cultural profunda a través de la reforma educativa y la utilización de los medios de comunicación para bloquear, secar y neutralizar las fuentes mismas del alma de nuestro mundo cristiano. La influencia que el siniestro filósofo itálico tuvo y tiene, ha resultado muy importante en el accionar del marxismo para infiltrar doctrinariamente la Iglesia Católica. Nada de anticlericalismo a la usanza jacobina. Muy lejos la brutalidad  de hacer mártires, asesinando religiosos y cristianos laicos. Su  punto clave está en vaciar la Fe mostrando como ésta puede explicarse en términos estrictamente culturales.

La expansión del pensamiento gramsciano, a partir de 1950 coincide con el avance dentro de la Iglesia de una corriente de heterodoxia eclesiástica conocida como “progresismo” la que buscando tender puentes con el marxismo encontró en el pensamiento del Sardo, y de “moderados” como Roger Garaudy elementos de proximidad que la llevaron al diálogo. El éxito de ese discurrir con su correspondiente trasbordo ideológico estuvo signado  por el contubernio conocido como “Alianza de Cristianos y Marxistas”  Décadas en las que una hábil propaganda casi anula la objeción de conciencia de los católicos a aceptar el marxismo. El mismo ya no era el materialismo “intrínsecamente perverso” y sus cien millones de crímenes fueron discretamente ocultados o justificados. Surgen entonces los “Cristianos por el Socialismo” promoviéndose las “Comunidades de Base“ y hasta la lucha de clases en el seno de la Iglesia. Teólogos, Protestantes y Católicos como Mottman, y Penenberg, reciben sin reaccionar fuertes influencias de la cosmovisión engendrada por el barbado filósofo de Tréveris. El salto dialéctico se produce con la presencia en escena de la “Teología autodenominada de Liberación” en la que teólogos y sacerdotes asumen el papel asignado por Gramsci a los “intelectuales orgánicos”  en el proceso “nihilista del cambio de Valores y del Sentido Común”.

 Uno de los genitores del “cristianismo mundanizado” que nos ocupa lo fue, el jesuita uruguayo Juan Luis Segundo, homenajeado en Montevideo al cumplirse, en el mes de mayo, diez años de su deceso. La laica ceremonia se desarrolló en dos jornadas sucesivas en una Sala de apelativo masónico existente en la Biblioteca Nacional de esta Ciudad otrora de San Felipe y Santiago.  La presentación estuvo a cargo de dos “sesentistas”. Así se auto titularon Assandri y Pérez García quienes llamaron al desaparecido JLS “Padre de la Teología de la Liberación” junto al peruano Gustavo Gutiérrez, el otro genitor no putativo. Fue el  momento en que enfocaron a “la Nueva Teología” con un objetivo: “liberarnos del Tomismo para retornar a los Santos Padres”   El paso del homenajeado por las Universidades de Lovaina y de Paris quedó señalado especialmente dada la importancia que JLS daba a poseer un titulo europeo para trabajar en América Latina ( SIC) (¿Complejo de inferioridad criolla?).

  En ese momento de su exposición Assandri y Pérez valoraron los autores que influenciaron al entonces joven jesuita citando especialmente a Karl Rahner, Jean Paul Sartre y Nicolás Berdiaeff. Grande importancia le otorgaron a la amistad con Gustavo Gutiérrez, la que posibilitó al  teólogo del “Progreso teotrópico” llegar a la síntesis de Fe,  Política  y  Vida. Las conversaciones y clases con el biblista  Landere lo llevaron a “descubrir la inexistencia de dos historias una natural y otra sobrenatural”. Al relatar los años en los que empezaba la agitación terrorista se detuvieron en 1964 cuando JLS asistía como conferenciante al anfiteatro de la Facultad de Arquitectura donde -dijeron- “nos hablaba del cambio social y como hacer la Revolución”. Sus trabajos escritos,  “La Libertad como tarea” y “El Amor” fueron citados “por el significado que tienen para el cristiano en el accionar revolucionario”.

Pero la parte sustancial en la reunión estuvo a cargo del jesuita chileno Fernando Verdugo de Ramírez, actualmente Director de “Integración Universitaria” en su Patria  y diplomado en Teología por la “Universidad Alberto Hurtado” Hombre joven, nacido en 1959, y ordenado en 1989, su intervención fue una exposición del “progresismo” el  que a todas luces importa una actitud de sometimiento de lo cristiano al mundo con sincréticas zonas de marxismo escasamente diluido. Manteniendo un tono suave durante ciento diez minutos y acompañándose de ademanes acordes comenzó diciendo que tal como lo dijera JLS “era necesario un cambio de estructuras y de mentalidad”  tratando de explicar lo que debe entenderse por cultura. “No hay juicio que no esté determinado por sistemas culturales” agregando: “inculturar es vivir la Fe con las coordenadas en las que uno actúa”.

En rápida incursión y colaborando con la Leyenda Negra se refirió a “la destrucción de las culturas indígenas luego de Colón”. Con indignación y sorpresa los pocos católicos allí presentes escuchamos el gastado ataque al sentido misional de la cultura hispánica. A nuestra memoria vino entonces un párrafo del doctor Antonio Caponnetto que leyéramos  en “Hispanidad y Leyendas Negras”: “La historia  ha pasado a ser para ellos una herramienta útil en la pugna social… El historiador no es quien descubre y narra la historia sino quien la fabrica a su antojo. No otra cosa es lo que hacen, puestos a historiadores, los representantes más destacados de la nouvelle théologie” Pasado el momento de estupor continuamos atendiendo al señor Verdugo quien manteniendo el tono pastoral afirmó:

 “Debemos vivir la Fe comprometida con la liberación del Continente” aconsejando la aplicación de un texto de JLS titulado “Libertad y Liberación” Abordó poco después  las mediaciones culturales de la salvación  hablando de los paradigmas del pensamiento. “Paradigma, dijo, es la manera de entender el espacio.  Este es un universo que está en evolución y se enfrenta con lo estático” La historia es evolutiva. Rubricando con un tajante: “En esto somos herederos de Teilhard”. La libertad es la espada para hacer lo que hay que hacer”. “La Modernidad no se entiende sin el valor de la libertad” continuó… Luego de rechazar el tomismo planteó el momificado axioma: “los males son socio económicos” (SIC) “Las causas son males históricos y están generados por las estructuras internas y externas” (SIC) Con asombro, quien esto escribe, escuchó una gravísima sentencia: “Otro de los males es el concepto de pecado”.  Pecado es, por ejemplo, el temor a la libertad” (SIC)  “Otro mal es la desesperanza que atacó a la generación perdida del ochenta, oprimida por la fuerza y la miseria” (SIC) “Humanizar al hombre es el valor que aglutina todo lo demás” Salvación es accionar histórico en común  hacia las metas históricas” “Hay que liberar la teología de paradigmas añejos y especulativos” “Salvación es liberación”.

Salimos de la reunión con un claro mensaje en dos secciones: “Una primera con  la importancia de lo gramsciano en la trasculturación del marxismo y  la que muestra  al “progresismo” sedicente cristiano que pretende timarnos con  un “viejo prometeísmo antiteológico y anticristiano” Su ley, como en Heráclito y Hegel, es el cambio. Buscando al hombre lo pierde en la confusión de las estructuras económicas transformadas en dioses del bien y del mal.

Bibliografía recomendada: Teologías Deicidas, de Horacio Bojorge

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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