Panorama Católico

Juan Pablo II avisa que no puede hacer nada

Hay un presunto milagro atribuido a la intercesión de Pío XII que podría llevar, en tiempos relativamente breves, a su beatificación. Un milagro que vería implicado, de modo misterioso, también a Juan Pablo II, cuyo decreto sobre la heroicidad de las virtudes fue promulgado por Benedicto XVI el mismo día que el del Papa Pacelli: la curación de una joven madre de un linfoma maligno. En estas circunstancias, el condicional es obligatorio, pero el caso está siendo atentamente analizado por la postulación de la causa y por la diócesis de Sorrento-Castellammare di Stabia, donde ha ocurrido.

Hay un presunto milagro atribuido a la intercesión de Pío XII que podría llevar, en tiempos relativamente breves, a su beatificación. Un milagro que vería implicado, de modo misterioso, también a Juan Pablo II, cuyo decreto sobre la heroicidad de las virtudes fue promulgado por Benedicto XVI el mismo día que el del Papa Pacelli: la curación de una joven madre de un linfoma maligno. En estas circunstancias, el condicional es obligatorio, pero el caso está siendo atentamente analizado por la postulación de la causa y por la diócesis de Sorrento-Castellammare di Stabia, donde ha ocurrido.

Ofrecemos nuestra traducción de un artículo de Andrea Tornielli donde narra, con mayores detalles, el presunto milagro atribuido a la intercesión del Venerable Papa Pío XII, del que informaba ayer Infocatólica. Un dato interesante sobre este milagro es el rol que el Venerable Juan Pablo II tuvo en el asunto, vinculando aún más a estos dos grandes Pontífices, de los cuales Benedicto XVI reconoció en el mismo día sus virtudes heroicas.

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Hay un presunto milagro atribuido a la intercesión de Pío XII que podría llevar, en tiempos relativamente breves, a su beatificación. Un milagro que vería implicado, de modo misterioso, también a Juan Pablo II, cuyo decreto sobre la heroicidad de las virtudes fue promulgado por Benedicto XVI el mismo día que el del Papa Pacelli: la curación de una joven madre de un linfoma maligno. En estas circunstancias, el condicional es obligatorio, pero el caso está siendo atentamente analizado por la postulación de la causa y por la diócesis de Sorrento-Castellammare di Stabia, donde ha ocurrido. La noticia ha sido hecha conocida por el periódico online “Petrus”, sin ningún detalle, pero con la importante confirmación del vicario de la misma diócesis. Il Giornale ha podido ahora reconstruir el asunto, que será estudiado en los próximos meses.

Estamos en el 2005, poco tiempo después de la muerte del Papa Wojtyla. Una joven pareja que ya ha tenido dos niños, espera un tercero. Para la madre de treinta y un años, que es maestra, el embarazo se presenta difícil: tiene fuertes dolores y los médicos no logran inicialmente comprender el origen de sus molestias. Finalmente, después de muchos análisis y una biopsia, se le diagnostica un linfoma de Burkitt, tumor maligno del tejido linfático más bien agresivo, que frecuentemente aparece en los huesos mandibulares y se extiende a las vísceras del abdomen y la pelvis y al sistema nervioso central. La espera de la nueva vida que la mujer lleva en su seno se transforma en un drama. El marido de la mujer comienza a rezar al Papa Wojtyla, fallecido poco tiempo atrás, para pedirle que interceda por su familia. Una noche, el hombre ve en sueños a Juan Pablo II. “Tenía el rostro serio. Me dijo: «Yo no puedo hacer nada, debéis rezar a este otro sacerdote…». Me mostro la imagen de un sacerdote delgado, alto, flaco. Yo no lo reconocí, no sabía quién era”. El hombre permaneció preocupado por el sueño pero no pudo identificar al sacerdote que Wojtyla le indicó. Pocos días después, abriendo casualmente una revista, encontró una foto del joven Eugenio Pacelli que llamó su atención. Era el que había visto retratado en el sueño.

Se pone en marcha una cadena de oración para pedir la intercesión de Pío XII. Y la mujer se sanó, después de los primeros tratamientos. El resultado es considero tan importante que los médicos piensan en un posible error diagnóstico inicial. Pero los exámenes y las carpetas clínicas confirman la exactitud de los resultados de los primeros análisis. El tumor desapareció, la mujer está bien, tuvo su tercer hijo, y volvió a su trabajo y escuela. Luego de dejar pasar un poco de tiempo, es ella quien se dirige al Vaticano para señalar su caso.

Una confirmación del vicario general de la diócesis de Sorrento-Castellammare di Stabia, don Carmine Giudici: “Es todo cierto – ha declarado a Petrus -, la Santa Sede nos ha comunicado un milagro por intercesión de Pío XII. El arzobispo Felice Cece ha decidido, por lo tanto, instituir en días el correspondiente Tribunal diocesano”. Este tribunal será el que examine el caso para formular una primera sentencia. Si es positiva, los documentos pasarán a Roma, a la Congregación para las Causas de los Santos: aquí deberán ser estudiados primero por la Consulta médica, llamada a pronunciarse sobre la imposibilidad de explicar la curación. Si también los médicos que colaboran con la Santa Sede dicen sí, el caso de la madre sanada será discutido primero por los teólogos de la Congregación, luego por los cardenales y obispos. Sólo después de haber superado estos tres grados de juicio, el dossier sobre el presunto milagro llegará al escritorio de Benedicto XVI, que decidirá sobre el reconocimiento final. Entonces, y sólo entonces, el Papa Pacelli podrá ser beatificado.

La institución de un Tribunal diocesano y la eventual llegada de la documentación al dicasterio que estudia los procesos de beatificación y canonización no significan ningún reconocimiento sino sólo que el caso en cuestión es juzgado interesante y digno de atención. Por lo tanto, es totalmente prematuro predecir desarrollos, aún más imaginar fechas. Lo que impresiona, en la historia de la familia de Castellammare di Stabia, es el rol que tuvo en el asunto el Papa Wojtyla, que en sueños habría sugerido al marido de la mujer rezar a aquel “sacerdote delgado”, que luego se revelaría como Pacelli. Casi parecería que Juan Pablo II hubiese querido, de algún modo, ayudar a la causa de su predecesor. La noticia del presunto milagro ha llegado al Vaticano pocos días antes de que Benedicto XVI promulgara el decreto sobre las virtudes heroicas de Wojtyla y, sorpresivamente, desbloquease también el de Pío XII, que estaba en espera por dos años con motivo de ulteriores verificaciones en los archivos vaticanos.

***

Fuente: Il Giornale

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

Comentario Druídico: El caso es raro. Hay que establecer, en primer lugar, su veracidad y solo la Santa Sede puede hacerlo. Pero si fuera cierto,  no deja de ser extraño que el invocado declare «yo no puedo hacer nada». Naturalmente, los milagros los hace Dios, y la intervención de las almas del purgatorio o del cielo es justamente eso, intercesión. Yo no conozco casos así. Tal vez algún lector sepa tenga a mano precedentes.

Bueno, esperemos el dictamen de Roma.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

Comentarios

Anónimo
25/01/2010 a las 14:43

Pregunta
¿La canonización implica la infabilidad papal? ¿O se puede equivocar al canonizar a alguien?¿Se puede proponer a la Iglesia universal un modelo a imitar que no sea digno de imitación?

Pippin
Hobbit ignorante



    Anónimo
    27/01/2010 a las 03:32

    Infabilidad
    Saludos.
    El papa puede fallar en su manejo material de la iglesia.
    No puede fallar cuando produce y define enseñanzas de fe, costumbres, régimen y disciplina de la iglesia, pero sí puede fallar en como se maneje el mismo como gobernante en base a esas leyes, del mismo modo que un conductor de auto puede fallar en como le maneja y puede causar un accidente. No sobra decir que también en esos casos el Espíritu Santo también le ayuda mucho, pero también depende de la santidad personal del pontífice.
    El papa es infalible también en canonizaciones. Una vez que el papa da su veredicto final en esos asuntos tan importantes, ya ningun católico tiene derecho a ir en contra de su desición.
    Gracias.
    Guadalupano.



      Anónimo
      27/01/2010 a las 15:03

      Gracias
      Estimado Guadalupano

      Muchas gracias por su respuesta. Si la cosa es así como Ud. dice entonces hay muchos que tienen a prueba su catolicidad. Puesto que he visto a muchos cuestionar la canonización de Josemaría Escrivá de Balaguer, por ejemplo. Y si algún día canonizan a Juan Pablo II, entonces descubriremos la verdadera catolicidad de muchos así llamados «tradicionales» que dicen aceptar la autoridad del Papa. Veremos. Por ahora es sólo una probabilidad.

      Pippin
      Hobbit ignorante fiel a la Iglesia



        Moderador
        27/01/2010 a las 15:24

        Amigo Pipin,
        Le sugiero lea el libro del P. Alvaro Calderón, «La Lámpara bajo el Celemín», el cual entiendo plantea cuestiones sustanciales para comprender el problema del llamado «magisterio Conciliar» y así también el de las canonizaciones según el nuevo procedimiento establecido por Juan Pablo II.



          Anónimo
          28/01/2010 a las 04:25

          Soy ignorante…
          del tema que he planteado. Por eso pregunto. No tengo acceso al libro que me recomienda. Por lo cual, le pido que me ilustre Ud. Yo simplemente he sacado una conclusión lógica de lo que me respondió Guadalupano. Y vuelvo a preguntar entonces ¿Puede la Iglesia proponer como modelo de santidad a alguien que no ha sido santo? ¿No estaría de ese modo induciendo a los fieles al error si es que no es un modelo imitable? Se lo pregunto sinceramente, desde la más absoluta ignorancia. A mí me parece bastante preocupante. Si las canonizaciones según el nuevo procedimiento de JP II tienen algún problema, entonces son ¿canonizaciones inválidas? ¿Puede ocurrir eso? ¿Podemos haber sido «engañados» los fieles de todo el mundo por canonizaciones de gente no santa? Pregunto porque no sé y me preocupan las conclusiones a las que se puede llegar.

          Pippin
          Hobbit todavía muy ignorante



          Anónimo
          28/01/2010 a las 06:37

          La roca
          Amigo Pippin:
          No puede ser ni jamás podría ser lo que usted menciona, ya que la estructura de la iglesia esta edificada sobre Cristo y Pedro, el Papa , que son ellos dos juntos, fusionados el uno con el otro, una sola roca inamovible.
          Si falta la roca, el edificio se derrumba.
          Jesus dijo que la roca y por consiguiente la iglesia edificada sobre la roca jamás caerían ante los embates del infierno.
          Si el infierno nunca prevalecerá sobre la iglesia, mucho menos prevalecerá sobre la roca sobre la cual esta edificada.
          Eso es lo que los sedevacantistas no entienden.
          ¡Alabado sea Jesus!
          Gracias.
          Guadalupano.



          Anónimo
          28/01/2010 a las 19:06

          Paulo VI a Guadalupano
          «El HUMO DE SATANÁS ha entrado EN LA IGLESIA»

          Paulo VI ¡SEDEVACANTISTA hubo de ser!

          Lujaniano.



          Anónimo
          30/01/2010 a las 04:25

          Amigo Guadalupano, tenga en
          Amigo Guadalupano, tenga en cuenta que hay una lista de antipapas y no por eso de prevalecer la Iglesia.
          Puede haber períodos de confusión.
          La duda que se plantea Pippin es legítima, hay teólogos de renombre que enseñan que la canonización de los santos es parte del magisterio infalible del Papa y es normal pues no se nos va a proponer un modelo de vida a seguir si ese modelo me puede llevar a la perversión o siguiendolo a la perdición eterna. Si él logró con sus actos llegar al cielo como me lo asegura el magisterio de la Iglesia, cualquiera puede llegar siguiendo su ejemplo. De otra manera se pondría en tela de juicio cualquier otra canonización, lo que no se puede admitir sin dejar de ser católico.
          Spectator.



          Anónimo
          30/01/2010 a las 22:20

          Para Spectator
          La duda de Pippin es legítima.
          Puede haber antipapas, pero no puede dejar de haber papas, el período más largo de sedevacante ha sido de tres años, y a partir de eso Dios NS no ha permitido que pase a más años. La iglesia no puede quedarse sin papa, ya que el papa, el papado y Cristo son la roca sobre la cual la iglesia esta fundada.
          Permítame una corrección, una pequeña crítica constructiva.
          No se puede decir que «llegamos al Cielo con nuestros actos», puesto, pues somos salvados por el sacrificio de Cristo en la cruz, por pura Gracia, no por nuestros méritos. Aunque claro, hay que cumplir, hay que hacer las buenas obras. Pero lo qiue hace que lleguemos al Cielo son los méritos de Jesus.
          Agradezco que me haya permitido darle esta pequeña corrección.
          Guadalupano.



          Moderador
          28/01/2010 a las 14:56

          Pippin, mi buen hobbit
          Vea, he expuesto algunos párrafos del libro en esta web.

          No podría, sin un gran esfuerzo y riesgo de exponer mal, sintetizar la argumentación, que es compleja. El autor se fundamenta en la ausencia de intención magisterial. Lo más interesante es que destruye la argumentación en la que se basa la mayor parte de los tradicionalistas para no obedecer el magisterio conciliar, y da los fundamentos teológicos serios que justifican la resistencia a aquello que desde los más altos estrados Magisteriales se dice, pero que no está en la línea de pensamiento del Magisterio Tradicional. Otro tema es el de las canonizaciones, que está vinculado, aunque puede encontrarlo tratado muy brevemente en este comentario del mismo autor

          https://panoramacatolico.info/articulo/las-canonizaciones-en-el-magisterio-de-ayer-y-de-hoy

          Si desea conseguir el libro puede pedirlo a la Librería Card. Mindszenty, de la Capilla de Venezuela 1318/20 Capital Federal. Teléfono 01 4383 0873 o pasar por ahí todos los días entre 18 y 20.30 hs. Y durante los fines de semana hay varias misas, tres los domingos. En ese horario funciona la librería.

          Le recomiendo enfáticamente que lo lea, y luego, si quiere, polemizamos.

          Un cordial abrazo.



          Anónimo
          28/01/2010 a las 19:29

          Gracias, pero…
          Estimado Marcelo

          He leido atentamente el artículo del link que me indicó. Me ha parecido muy bueno y preciso, además de muy esclarecedor para mí que desconocía los procedimientos de canonización.

          Sin embargo, teniendo en cuenta la cita de Santo Tomás «Como el honor que tributamos a los santos es cierta profesión de fe por la que creemos en la gloria de los santos, hay que creer piadosamente que tampoco en esto puede errar el juicio de la Iglesia», me temo que la pregunta sigue en pie. Puesto que el efecto final es el mismo, sea cual fuere el procedimiento, más o menos riguroso, hecho por una congregación romana o por los obispos diocesanos, el efecto final digo es que se propone a los fieles de la Iglesia universal un modelo de santidad a imitar que implica «cierta profesión de fe». No digo que no vea las diferencias y deficiencias que pueda tener un procedimiento respecto del otro. Pero insisto, el efecto final es el mismo: a mí, fiel católico de a pie y bastante ignorante, se me dice que Juan de los Palotes es santo y por lo tanto implica «cierta profesión de fe» de mi parte aceptar que la Iglesia lo dice y por lo tanto es así. Yo qué sé si el procedimiento fue riguroso o no. Lo que sé es que me dicen que Juancito es santo y yo debo pensar si creo en eso o no.

          Perdone si soy muy bruto, pero sigo con el signo de interrogación en este tema

          Muchas gracias,

          Pippin
          Hobbit ignorante en camino a la perplejidad



          Moderador
          28/01/2010 a las 20:38

          Me desconcierta

          Ud. dice que no se siente capaz de discernir determinados temas. Bien, le pasa a casi todo el mundo.

          Los que se meten en estos temas, o bien tienen la debida formación, o aspiran a tenerla. O macanean.

          Si Ud. no se siente capaz, abandone su investigación. Solo servirá para confundirlo.

          Si Ud. aspira a conocer más profundamente los temas teológicos, profundice.

          Si escribe esto con fingida humildad, para decargar luego una acusación sobre los que opinamos por el deseo de conocer estos temas que nos preocupan, (no lo afirmo, lo conjeturo como posibilidad), esto es un diálogo de sordos. 

          La cita de Santo Tomás no trata sobre el procedimiento o la infalibilidad del Papa, sino sobre el juicio universal de la Iglesia, que implica la perfecta coherencia entre las virtudes y la doctrina profesada por el santo con lo que cree y enseña la Iglesia.  ¿Es posible que haya un santo heterodoxo en la doctrina? Ya no habría virtud heroica. Me parece una pregunta bien seria, y el tema magisterial, en el cual se imbrica el de las canonizaciones, el telón de fondo para comprenderlo.

          En definitiva, yo no puedo hacerme cargo de sus limitaciones. Estudie y profundice, y verá que las cosas no son tan claras. O desista y viva en paz, que Dios no le hará un cargo porque sepa más o menos teología, salvo que sea su deber de estado.

          Atte.

          Marcelo González



          Anónimo
          28/01/2010 a las 21:52

          No soy un macaneador
          Estimado Marcelo

          En primer lugar, para su tranquilidad, no estoy macaneando ni tendiéndole una trampa. Eso no es de varones cristianos. Mis preguntas son hechas con absoluta franqueza y seriedad.

          En segundo lugar, yo no he dicho que no me siento capaz de discernir, sólo he dicho que soy ignorante. Por eso pregunto. Ud. me ha indicado un texto (que yo he leido) y un libro que no está a mi alcance (vivo a 1200 km de Bs.As.) pero que procuraré conseguir de algún modo. Como las cosas todavía no están claras, vuelvo a preguntar, pero no lo estoy haciendo cargo a Ud. Justamente no conocía ningún autor que trate el tema, por ello pregunto porque estoy dispuesto a estudiar.

          Tercero, la cita de Santo Tomás la entendí perfectamente y de ahí es que sigo preguntando. Como Ud. bien dice, ¿puede haber un santo heterodoxo? En mi segunda entrada en este tema, justamente planteaba el tema de (San) Escrivá de Balaguer y de JP II porque aquí mismo y en otros sitios he leído que su santidad y la posible santidad del segundo, son puestas en duda. Entonces ¿es un tema opinable o cuando el Papa dice es santo entonces es santo? Creo que la pregunta es sencilla y clara, aunque no sea sencilla su respuesta.

          Disculpe si lo he molestado, yo pienso seguir estudiando y tratando de entender. Por un lado soy ignorante, pero no soy tonto. Y no me gusta creer en cualquier cosa. Yo no soy particularmente devoto de Escrivá de Balaguer, pero si lo fuera y alguien pone en duda su santidad o la de cualquier otro santo, ¿no es lógico que quiera saber por qué, con qué argumentos, con qué bases, para saber si yo hago lo correcto venerando y siguiendo a tal santo o si he sido engañado? Además ese engaño habría provenido de la mismísima autoridad del Papa, aunque sea ordinaria…

          Muchas gracias nuevamente

          Pippin



          Moderador
          29/01/2010 a las 01:28

          Amigo Pipin,
          No me ha molestado, sino que quería aclarar los tantos.

          NO, definitivamente no puede ser un tema discutible cada canonización. Simplemente tenemos un problema que no está resuelto, y mientras dure habrá dudas.

          Fíjese, Maximiliano Kolbe, de cuya santidad no dudo ni un segundo, fue declarado «mártir». Pues Kolbe murió suplantando voluntariamente a un padre de familia en un castigo terrible como era morir de hambre. Pero eso no es martirio. Es caridad en grado heroico, pero no martirio.

          Además, sus obras completas no se publican, es más hay una tácita prohibición de publicarlas, porque son políticamente incorrectas en nuestra relación con los hermanos mayores.

          La cosa es muy rara, no se si me entiende…



          Anónimo
          29/01/2010 a las 22:30

          Y el caso más patético no es …
          el del Padre Kolbe que, después de todo, lo que no se quiere publicar es doctrina bien católica, relacionada a la nueva «religión noáquida», que dice don Marcelo Moderador González.
          Santo Tomás Moro sí es patético; si uno lo lee, cree estar soñando por que el hombre era realmente un sonánmbulo. Amigo de Erasmo, sus títulos a la santidad, bien merecidos, no incluyen un «doctorado de la Iglesia» ni pasan por sus ditirámbicos escritos.
          Santo Tomás de Aquino, a la vista de lo que fueran futuras definiciones del Magisterio infalible, marró en la cuestión de la creación del alma de los recién concebidos. Pero así y todo es un doctorazo de la Iglesia.
          San Agustín tien varios de estos furcios (como el problema del libre albedrío)… y es San Agustín, como alguien dice por ahí, y tiene razón. Si uno se fija, son errores que no comprometen la Revelación, sino opiniones o juicios que, en todo caso, siempre quedaron sometidos al juicio de la Iglesia y que no perjudicaron la santidad.
          Y así, montones de errores y errorcillos en tantos santos que, de todas maneras, la Iglesia nos propone como modelos ¿de qué? De santidad, es decir, de HUMANIDAD perfeccionada, divinizada diría un teólogo, por la fuerza de la Gracia santificante y la férrea voluntad de permanecer en Cristo.
          Eso es lo ejemplar, lo que la Iglesia pone en el Altar y lleva a los Altares. Los errores son humanos y no dejan de ser parte importante de la santidad personal, por que a pesar de ellos, el santo se fue al Cielo. Y estos pequeños detalles, algunos de los cuales son monumentales a nuestros ojos, nos acercan a nosotros a la posibilidad de la santidad concreta, que de lo contrario, sería un mito inalcanzable, imposible, remoto o simplemente una propuesta inaccesible.
          Otra cosa, amigo Pippin, es que el tal vaya a ser «santo de su devoción», como católicamente indica el dicho. Si no le gusta Escrivá, ¡bienvenido al club! pero sigue siendo santo que está en el cielo. Ya habrá quien lo siga y le guste.
          No tienen que caerle bien todos los santos; tiene que caerle bien la santidad.
          Y eso, precisamente, es la respuesta que Ud. buscaba. Creo.
          In Corde Iesu
          Lambertín de Parmentín



          Anónimo
          30/01/2010 a las 03:53

          Pippin el insaciable
          Estimado Lambertín

          Gracias por su aporte. Pero me estoy dando cuenta que soy más inquieto y quisquilloso de lo que yo mismo creía. Porque tengo claro que debo buscar la santidad como medio de llegar a Dios, que es lo importante. Que no necesariamente debo ser devoto de todos los santos, de hecho no tengo devoción particular más que por la Santísima Virgen María y el glorioso San José. Pero el asunto es si la Iglesia puede proponer como modelos de santidad a personas no santas.

          Respecto a lo de Santo Tomás, aclaremos para los desprevenidos que lean esto, que sólo erró en la cuestión biológica, no en la cuestión filosófico teológica, puesto que lo que enseña el Doctor Común es que Dios infunde el alma cuando la materia está dispuesta para recibirla. Lo que él no sabía es que está dispuesta desde el mismo momento de la unión de la célula masculina con la femenina. Por ello el principio es correcto, el error estuvo en la aplicación.

          Gracias nuevamente,

          Pippin



          Anónimo
          12/02/2010 a las 21:21

          PERO AL FINAL LOS SANTOS, SON O NO SON SANTOS???
          Estimados amigos,

          He leído con atención las diferentes opiniones sobre la infalibilidad del Papa en la canonización de los santos y me permito escribir lo siguiente para claridad de los que escriben y leen en este respetable foro, esperando seguir firme a lo enseñado por el Magisterio de la Iglesia y los teólogos católicos anteriores al Concilio (no-católico) Vaticano II.

          El Papa es INFALIBLE en la canonización de los Santos.

          Entiéndase aquí el JUICIO DEFINITIVO de la Iglesia, declarando que un difunto ha logrado la santidad y por consiguiente la gloria eterna, pudiendo ser imitado, invocado y venerado como patrón y modelo por toda la iglesia. Se trata de una sentencia UNIVERSAL (no solo para un grupo o lugar determinado) y PRECEPTIVA (sin dejar al fiel la libertad de aceptarlo o no), que concluye el proceso de sus virtudes heroicas y milagros ciertos.
          Si este juicio definitivo de la Iglesia, universal y preceptivo, no fuese infalible (ausente de error), entonces la Iglesia estaría venerando con culto público (“cierta profesión de fe”, en palabras de Sto. Tomás) y proponiendo imitar a personas malvadas o condenadas, lo cual va evidentemente contra su nota esencial de santidad. También el mismo culto de los Santos perdería su fundamento (como podríamos estar seguros que siguiendo tal o tal santo no nos iríamos al infierno?), y por consiguiente, los fieles perderían toda confianza en la Iglesia de Cristo.
          Esta infalibilidad en las canonizaciones es sentencia “theologica certa” entre los teólogos, e inclusive considerada como “implicite definita” por Salaverri, luego de los pronunciamientos de los papas Pío XI y Pío XII citados en su libro de Eclesiología (Salaverri, Sacrae Theologiae Summa, De Ecclesia Christi, T. III n. 725, Págs. 732-733).

          Nótese ‘en passant’ que dicha infalibilidad no depende ni del modo en que los papas canonizan, ni del número de santos canonizados (opinión falsísima del P. Calderón del todo ‘inaudita’ y sin algún fundamento en la teología católica), como si en eso vendría a menos la asistencia del Espíritu Santo, sino del fin de la canonización, como se dijo antes (para ser venerado e imitado por todos los fieles), comprometiendo así no solo la fe sino también la vida entera de toda la Iglesia.
          Esto me recuerda esas opiniones del todo condenadas de los que sostienen que un Concilio Ecuménico no es infalible, que una Ley Universal de la Iglesia (Misa, Derecho Canónico, Catecismo Universal, etc.) tampoco es infalible, que el papa cuando enseña herejías en su Magisterio Ordinario (libertad religiosa, ecumenismo, colegialidad, etc.) tampoco es infalible, etc., etc., etc. Finalmente me pregunto: Mamma mia, ma come si può, essere cattolico e credere a tutto ciò?!!!
          Saludos in Xto.

          fr.ercoli@gmail.com



          Anónimo
          13/02/2010 a las 18:07

          Tiene Ud. razón.
          La canonización (no la beatificación, que es otra cosa) compromete la infalibilidad de la Iglesia. Luego, los santos son siempre santos y no hay, ni puede haber, no-santos declarados santos.
          Es correcto que la sentencia dictada en el proceso para la canonización, si es regular e incluye la definición papal, es infalible. No importa si el procedimiento ha cambiado o no, pues lo que define el acto magisterial es la materia, la forma y la intención. La forma es la intención, dotada de alguna exteriorización eficaz y, a veces solemne, adecuada al fin.
          Si son numerosísimas las canonizaciones, ciertametne no queda interesada la cualidad del acto. No sé qué diga el padre Calderón, pero no es posible apartarse de estos principios.
          Los Concilios Ecuménicos son infalibles; pero si existe intención de definir, materia propia y son confirmados por el Soberano Pontífice.
          Si Usted quiere hablar del C.V. IIº, es notorio que NO existe intención definitoria ni tampoco materia propia. Así que la pura formalidad, desprovista de contenido, falla en cuanto a la infalibilidad.
          El C. V. IIº no se propone definir nada por que: 1) De hecho, ningun documento propone alguna sentencia para ser tenida universalmente como verdad de fe o moral; luego, falla la forma. Todos los concilios de la Iglesia que quisieron definir, lo hicieron sin equívocos ni lugar a dudas. En el caso analizado, sucedió todo lo contrario; a tal punto, que S. S. felizmente reinante, Benedicto XVI, ha autorizado a algunos teólogos a revisar el contenido de C. V. IIº en conjunto con los padres de la Fraternidad San Pio X; 2) Fue claramente definido como «concilio pastoral» y no dogmático por el convocante, S. S. Juan XXIII; luego, falla la intención. Por más que algunas «constituciones» conlleven el adjetivo de «dogmática», no son tales, toda vez que no contienen definiciones concretas que no hayan sido materia de una definición suficiente anterior. Luego, serían «dogmáticas» por referencia a las verdades REPETIDAS, no definidas. 3) La materia no es propia ni de la fe, ni de la moral; luego, falla la materia. En el caso de la constitución Dei Verbum, puede decirse que la materia tampoco sería específicamente dogmática sino genéricamente dogmática. El Catecismo, si repite verdades confirmadas por la autoridad extraordinaria del Sumo Pontífice, no es por ello «dogmático» sino en cierta forma analógica, esencialmente distinta a la definición propiamente dicha que su texto contendría.
          Las «leyes universales» (supongo que aludirá Ud. a las leyes de la Iglesia Universal) de la Iglesia (llamadas normalmente «disciplina eclesiástica») NO comprometen, en principio, la infalibilidad, dependiendo principalmente de la materia que legislen y la intención del legislador al darlas. En principio, las leyes SON REFORMABLES, contrariando de esta manera una de las características de la doctrina definida infalible: Su universalidad, su irreformabilidad. Así y por ejemplo, las leyes meramente disciplinares, que por esta misma causa, puden ser indultadas o derogadas …. Si no, el indulto o la derogación serían un atentado a la fe. La Comunión en la Mano es un indulto por que la ley universal de la Iglesia es la Sagrada Comunión de rodillas y en la boca, como indica la Instrucción «Memoriale Domini» de 1969 de Paulo VI, actualmente en vigor. Si fuera infalible la ley universal, como propone Ud., fr.ercoli, el indulto sería un sacrilegio o un pecado aún peor. Y ya es bastatne malo.
          El Catecismo no es infalible si pudo ser, o fue reformado (de hecho, el Catecismo de Juan Pablo II FUE REFORMADO; lea § 491 de la 1ª edición, entrada relativa a la Inmaculada Concepción («María fue LIBERADA del pecado original») y la corrección («Maria fue PRESERVADA del pecado original») o contraría alguna verdad anteriormente definida, como la que acabo de mencionar.
          Por eso, la mera formalidad solemne no garantiza la infalibilidad del dictamen, como Ud. pretende, si no coexiste con la intención y la materia. Si el Papa definiese solemnemente que Ud. es un burro, nadie estaría obligado a creerlo bajo ningún concepto, aunque fuese verdad —lo que descarto completamente. Por que no existe MATERIA APTA. El Papa, el Concilio o cualquiera en ese renglón, serían incompetentes en razón de la materia. Pero si el papa o un Concilio declaran que ciertas ideas sostenidas pública o privadamente por Ud. son heréticas, el juicio sobre la herejía quedaría salvaguardado por la infalibilidad; el juicio subjetivo, es decir que fueron proferidas por Ud., no. O que Ud. es el autor de esas herejías.
          Por eso, el Santo Oficio siempre pudo condenar doctrinas sin proceso alguno, pero no puede condenar personas sin proceso alguno. Aunque a veces hizo lo contrario, lo cual está mal hecho, por que es lo mismo que le hicieron a Jesús: condenarlo sin oirlo y sin el debido proceso.
          Cuando Ud. habla de «ecumenismo» o de «libertad religiosa», no puede ser que piense que, en las afirmaciones del C. V. IIº esté involucrada la infalibilidad de la Iglesia, puesto que se contrarían doctrinas expresamente definidas por Papas y Concilios anteriores y la materia, según la manera en que es tratada, no merece llamarse «definición» sino mera «proposición».
          En buena lógica, debe decirse que si UN Concilio falla, todos los demás quedan puestos en capilla … pues participan de la misma naturaleza.
          Por lo tanto, debe sostenerse que los Concilios alguna vez, pueden fallar (Como el de Pistoia, que fue anulado por el Papa) si no se dan en perfecto orden las condiciones para su infalibilidad: Materia, forma, intención. La forma incluye la aprobación del Sumo Pontífice.
          Fíjese Ud., con referencia a la «intención» que vengo diciendo, que ningún Papa moderno (salvo Juan Pablo II en la Encíclica Evangelium Vitae) ha hecho afirmaciones categóricas sobre los temas que Ud. señala (colegilaidad de los obispos, ecumenismo sin apostolado, libertad religiosa, etc.) ni nignún otro, sino que han preferido predicar dentro de un relativismo doctrinal importante y notorio. A tal punto, que han sido raras las condenas aplicadas a ideas adversas a la Religión (como la Teología de la Liberación, las doctrinas sobre la reencarnación, la validez de los Sacramentos por faltarle la fórmula apropiada o el ministro sagrado, etc.) dándose más bien la afirmación de la doctrina verdadera, antes que la condena de la que es falsa.
          Y aún esta afirmación, dentro de un marco de tolerancia más que equívoco.
          Por eso, aunque en principio estoy de acuerdo con Ud., me parece que tampoco es el caso de ir «adelante con los faroles» para cualquier lado y con los ojos cerrados: Dios los creó para llevarlos abiertos y bien abiertos; Dios dió al hombre la inteligencia para usarla, no para obsequiársela a nadie a cambio de tranquiliad de conciencia; Dios dió al hombre la voz, en fin, para proclamar la verdad, no para callar. Eso sí: debe callar si no puede proclamar la Verdad.
          Cordialmente
          Lambertín.



          Anónimo
          14/02/2010 a las 11:51

          Lambertín.
          Muy pocas cosas:
          1 Coincido con que actualmente las canonizaciones no son de fe siguiendo los argumentos del R.P.Calderón.
          2 Los argumentos del R.P.Calderón no se reducen a decir «porque se canonizaron muchísimos supuestos santos no serían tales». Ese no es el argumento de su libro.
          3 Su libro lo expone extensamente el argumento como, así también, por haberlo planteado escolásticamente, las opiniones adversas (como la suya).
          4 Nos es perfectamente lícito discutir sobre estos temas sin caer en herejía ni desobediencia, pues es una cuestión disputada. Jamás la Iglesia definió autoritativamente que las canonizaciones eran de fe. Es doctrina teológica la que está de acuerdo y la que no. No más.
          5 De hecho, son muy buenas estas discusiones, pues, mientras no sea sobre materia definda, como siempre ha sucedido, la Iglesia permite la discusión y crece en su saber teológico aprovechándolo para el día que toque definir.
          6 Por supueso que una vez que la Iglesia lo «defina» todos nos callaremos la boca y «violín en bolsa», como corresponde, aunque … no creo que esto pase o que, al menos, nosotros lo veamos en vida; pues la Iglesia hoy ya no realiza manifestaciones de autoridad en tanto es liberal y en esto sí es perfectamente coherente (tema también tocado en este libro).
          Un saludo cordial.



          Anónimo
          14/02/2010 a las 20:01

          Mi estimado:
          1) Las canonizaciones son infalibles no por su procedimiento, por su cantidad o su popularidad, sino por la asistencia del Espíritu Santo; esto es «sentencia cierta» de los teólogos. Otros dicen ser solamente «sentencia probable». Pero nadie niega que, cuando canoniza, el Papa es infalible: hay materia, forma e intención.
          2) Yo no dije que si eran numerosas no eran infalibles; el P. Calderón tampoco, si mal no recuerdo. En todo caso, afirmé que la cuestión de la cantidad era indiferente al punto.
          4) Nunca dije, ni afirmé, ni creo tampoco, que la discusión de estas cuestiones sea herética. Eso lo dice el señor a quien le contesto…. y le contesto que el asunto no es así como él piensa. Tampoco veo como interesante volverse «doctores de la ley», como pretendían escribas y fariseos. Ya que para eso, tenemos suficiente con los «ordinarios del lugar», los «párracos» y otras linduras que siguen conspirando (inútilmente) contra la santidad de la Iglesia, aunque el oficio doctoral no lo usen sino para darse aires y no para persuadir, convencer, adoctrinar. Si quiere llamar a esto una herejía, dele nomás. Pero moriré creyendo que Dios no quiere siervos ni esclavos, que ésos, lo adoran por interés a su Señor; Él querrá santos libres, bien libres; y discutidores.
          «Los muertos no te alaban; los vivos te alaban»
          5) De acuerdo
          6) la Iglesia NO ES LIBERAL, ni puede serlo; algunos curas son liberales, otros son marxistas y otros son sencillamente incrédulos. La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo y como tal, es pulcra, impecable e indefectible. Su forma jurídica, querida e instituida por Dios mismo, no debería ser esta estructura pesada, anquilosada, inútil y dispendiosa (como «el estado» de los liberales y los zurdos, caparazón hegeliano de cuanta imbecilidad y maldad circula por este mundo) sino el alma de la sociedad; o como decía El Fundador: La sal de la Tierra.
          Y 7) Esta herida presente en el cuerpo Místico es HERIDA DE MUERTE (¡hereje, bestia, animal, incrédulo ,… etc.!); o sea, está matando a la Iglesia y, si Cristo no la salva (que es lo que creemos: que la salvará al final de todo y no que no pueda ser herida de muerte) se hunde del todo. En realidad, hoy por hoy está como hundida del todo. Carcomida por el cáncer de la hipocresía, el error, la crueldad, la dureza, la incredulidad, la pereza …
          Sin duda alguna que «el arrebato», que vendrá con certeza, será obra pura de Dios, «in extremis», no como un mérito de los hombres, ni siquiera si son papas, sino como una disposición del Amor divino de Dios Padre por el Cuerpo Místico del Hijo, fogoneando el Espíritu Santo.
          Tal vez será por esto que del Novus Ordo se han suprimido casi todas las oraciones específicamente Trinitarias.
          Pero a pesar de todo lo que le acontece, sigue siendo la Iglesia, la barca de Pedro. Y resulta que a veces, como decía poéticamente Jean Madiran ¡»reconocemos en Ella la voz de nuestra Madre…»!
          Saludos
          Lambertín



          Anónimo
          16/02/2010 a las 00:34

          Estimado Lambertín,
          Mi

          Estimado Lambertín,

          Mi comentario en este foro era más que nada para aclarar que las canonizaciones de los santos, de acuerdo a la teología católica, son infalibles (algo que el P. Calderón y miembros de este foro niegan), y en esto creo que los dos estamos perfectamente de acuerdo. Et bien mon amie, Salut!

          En cuanto a la infalibilidad de un Concilio Ecuménico, Ley Universal de la Iglesia o Magisterio del Papa (ordinario o extraordinario), aparentemente no estamos de acuerdo. Et bien pour quoi? Por que creo que Ud. confunde la noción de Infalibilidad en primer lugar, y por consiguiente, su aplicación al Concilio Ecuménico, Ley Universal de la Iglesia, Magisterio del Papa, etc. El nudo de la cuestión en este error se reduce a un ‘concepto minimalista’ (y por lo tanto equivocado) de la Infalibilidad, muy en boga por cierto en algunos ambientes ‘católico-tradicionalistas’, algo así como si dijéramos que “la Iglesia es infalible cuando dice la verdad, pero no lo es cuando proclama el error”. Ud. me dirá que esto es un juego de palabras, pero creo es que exactamente lo que enseña la FSSPX (practice loquendo) para justificar sus muchos errores acerca de la obediencia al Papa y a un Concilio Ecuménico, abriendo así las puertas para “hacer y creer” lo que a uno se le antoje. Es por esto necesario volcarse a la teología católica y no ‘fraternizante’ para entender esta cuestión tan importante.
          Aquí le cito lo que enseña al respecto un teólogo católico entre tantos otros, y si a Ud. le interesa, entonces le podría mostrar como esa Infalibilidad se aplica perfectamente (sin peros ni restricciones) a los puntos antes mencionados.

          INFALIBILIDAD: “Es el privilegio divinamente conferido a la Iglesia por el cual, asistida por el Espíritu Santo en materia de fe y moral, ya sea enseñando o creyendo, no puede errar.” (Zubizarreta O. C. D., Theologia Dogmatico-Scholastica, Vol. I. The. Fund., De Ecclesiae Infallibilitate, §2 n? 482, pág. 383, Bilbao 1925).

          Esta Infalibilidad, comentando el mismo autor a Groot, es una prerrogativa que le corresponde a la Iglesia no solo ‘de facto’ (nunca erró) sino también ‘de jure’ (no puede errar).
          Además los teologos la distinguen en ‘positiva’ (afirmando o definiendo una verdad hasta entonces opinable) y ‘negativa’ (certeza infalible que en lo enseñado no existe nada erróneo o nocivo para la fe o la moral).

          Le adelanto que Ud. no debe confundir ‘infalibilidad’ con ‘irreformabilidad’, o con ‘dogma de fe’; aunque todos los dogmas y sentencias irreformables son infalibles, no todo lo que es infalible es necesariamente irreformable o dogma de fe. Le digo también ‘en passant’ que yo nunca “pretendí que la infalibilidad estaba garantizada por la mera formalidad” como Ud. escribe; al contrario, yo creo que la infalibilidad del Magisterio, como se puede leer arriba, está garantizada por la asistencia especial del Espíritu Santo, independientemente del modo en que éste enseñe, ya sea ordinario (papa solo o unido con todos los obispos del mundo) o extraordinario (es decir solemne, ya sea cuando habla ‘ex cathedra’ o en ‘Concilio Ecuménico’). Este modo de ejercer la infalibilidad es puramente ‘accidental’ y por lo tanto no cambia en nada la substancia del Magisterio ni su objeto, la verdad enseñada.

          Mis saludos in Xto.

          fr.ercoli@gmail.com



          Anónimo
          16/02/2010 a las 12:22

          Fr. Ercoli.
          1 Usted extiende indebidamente el Magisterio «infalible» donde no lo hay y cae en este error por olvidar lo establecido en el Concilio Vaticano I, siendo que se trata de un concilio dogmático que entre otras cosas zanjó esta cuestión.

          Ignorar el Concilio Vaticano I en este punto es lo que le hace a usted interpretar el Magisterio del mismo modo que a los sedevacantistas, aunque con una diferencia: los sedevacantistas extienden «de más» la materia «de fe» y siendo que el contenido les disgusta dicen «no hay papa»; en cambio, usted, también extiende «de más» la materia «de fe», pero como ve con agrado el magisterio nuevo dice «sí hay papa».

          2 Le agradecería se extienda sobre esto que escribió:

          «Le adelanto que Ud. no debe confundir ‘infalibilidad’ con ‘irreformabilidad’, o con ‘dogma de fe’; aunque todos los dogmas y sentencias irreformables son infalibles, no todo lo que es infalible es necesariamente irreformable» …

          No logro darme cuenta cómo es posible que algo «infalible», algo que no puede tener error por la especial asistencia del Espíritu Divino, sea «reformable».
          Por ejemplo: cómo es posible que lo condenado en Cuas Primas (laicidad), basado en serias motivaciones teológicas y miles de años de sabiduría que demuestran su acierto, pueda «cambiar reformándose» .

          Un saludo cordial.



          Anónimo
          17/02/2010 a las 05:09

          QUIZAS YO ME EXTIENDO, PERO UD. CIERTAMENTE NO ENTIENDE
          Ad 1) “Usted extiende indebidamente el Magisterio «infalible»… Ignorar el Concilio Vaticano I… también extiende «de más» la materia «de fe»…”

          Estimadísimo, quien parece no entender lo que enseña el Conc. Vat. I es Ud., puesto que se empeña a ‘restringir indebidamente’ el Magisterio Infalible de la Iglesia ahí solemnemente definido (como lo hacían los galicanos, enemigos acérrimos de la infalibilidad y por lo mismo anatematizados por dicho Conc.). Paradojalmente, es Ud. quien extiende “de más” la materia “de fe”, creyendo equivocadamente come le decía antes, que todo lo infalible es necesariamente ‘dogma de fe’ o ‘irreformable’. Le adjunto 3 textos antes de pasar a su 2? pedido. Discúlpeme por lo extenso pero los considero de grandísima claridad y autoridad en la materia.

          El 1? es un canon elaborado por los Esquemas preparatorios que el Conc. Vat. I debió haber definido si no hubiera sido suspendido a causa de la toma de Roma (20 sept. 1870). El Esq. I canon 9 dice así: “Si alguno dijera que la infalibilidad de la Iglesia debe restringirse solamente a las cosas contenidas en la revelación divina…: Anathema sit!” (cf. Salaverri, Sacrae Thel. Summa, Vol. I, De Eccl. n? 513, pág. 658, B.A.C. 1962).

          El 2? es un comentario del famoso teólogo del Conc. Vat. I, Card. Franzelin: “La Santa Sede… puede prescribir para que se sigan, o proscribir para que no se siga, las sentencias teológicas o conexas con las cosas teológicas, no solamente con la intención de decidir infaliblemente la verdad con sentencia definitiva… En tales declaraciones… existe sin embargo una infalible seguridad, en cuanto es seguro que puede ser abrazada por todos y no puede ser rechazada sin la violación de la sumisión debida al magisterio instituido por Dios. Por lo tanto la autoridad del magisterio… puede ser considerada en dos aspectos. Primero, en cuanto que cada uno de sus actos está bajo la asistencia del Espíritu Santo para definir la verdad, es decir, en cuanto es AUTORIDAD DE INFALIBILIDAD. Segundo o extensive, en tanto que el mismo magisterio obra con la autoridad de apacentar las cosas que Dios le confió, pero no con toda su intensidad si así podríamos decir, ni tampoco para definir de una vez por todas una verdad, sino en cuanto se vea necesario u oportuno y suficiente para la seguridad de la doctrina; y esta la llamamos AUTORIDAD DE PROVIDENCIA DOCTRINAL.” En este caso, cuando por ejemplo el Papa obra por medio de las Congregaciones Romanas, “pensamos que tales juicios, aunque inferiores a la definición ex cathedra, pueden ser de tal modo dispuestos que requieran el obsequio de la obediencia que incluye el obsequio de la inteligencia: no para que se crea la doctrina infaliblemente verdadera o falsa, sino para que se juzgue que tal doctrina es segura, y que se debe abrazar y rechazar la contraria, por el motivo de la sagrada autoridad, cuyo encargo es sin duda conservar la certeza de la doctrina, que debe ser abrazada con el obsequio de la inteligencia.” (Franz., De Trad. T. XII, schol. 1, citado por Billot en el De Eccl. T. I, págs. 444-5)

          El 3? es una intervención explicativa de Mons. d’Avanzo durante el Conc. (20 Jun. 1870) en nombre de la Diputación de la fe, preparando justamente la famosa definición (DS 3011). El decía a los padres: “Permitidme de recordar como la infalibilidad se ejercita en la Iglesia… Existe un doble modo de infalibilidad: el 1? es ejercido por el magisterio ordinario: Ite, docete… Por eso, como el Espíritu Santo, espíritu de verdad, demora en la Iglesia todos los días; así todos los días la Iglesia enseña las verdades de fe con la asistencia del Esp. Santo. Enseña todas estas cosas que son ya definidas, sea contenidas explícitamente en el tesoro de la revelación pero no definidas, sea enfin creídas implícitamente: la Iglesia enseña todas estas verdades cotidianamente, sea por medio del papa principalmente, sea mediante cada uno de los obispos que se adhieren al papa. Todos, papa y obispos, son infalibles en este magisterio ordinario con la infalibilidad misma de la Iglesia: difieren solo en esto, que los obispos no son infalibles por si mismos, sino que deben estar en comunión con el papa, por el cual son confirmados; el papa necesita solamente la asistencia del Esp. Santo que le ha sido prometida.” (D’Avanzo, relator de la Dip. de la fe al Conc. Vat. I, Mansi, 52, 1193). Luego Mons. Martin, también en nombre de la Diputación de la fe, aclara la fuente que inspira Mons. d’Avanzo: “La Diputación de la fe extrajo su idea de la Carta Apostólica de Pío IX al arzobispo de Munich del1863 donde se lee: “Porque aunque se trata de la sumisión que se debe dar con un acto de fe divina, NO SE DEBERA POR LO TANTO LIMITARLA a las verdades definidas por los decretos de los concilios ecuménicos o de los pontífices romanos… sino que se deberá también extenderla a lo trasmitido como divinamente revelado por el magisterio ordinario de toda la Iglesia dispersa sobre la tierra.”” (cf. DS 2875-80).

          Ad 2?) Basten solo unos ejemplos entre los muchos que se podrían citar. Esta infalibilidad (que puede ser reformable) es la que corresponde a los decretos disciplinarios (Leyes Universales), como el Derecho canónico y la Liturgia. Aquí la infalibilidad no significa que sean los únicos decretos posibles, o los más perfectos, o los más prudentes, etc. Por lo tanto, pueden ser reformados por la Autoridad (Ejs. Reforma del breviario (Pío X), Der. Canónico (Pío X y Bened. XV), abrogando muchas leyes anteriores al 1917, supresión de la Misa de la BVM Mediadora Universal de todas las gracias (Pío XII), etc. Le recuerdo que todas esas Leyes disciplinarias y liturgicas, las nuevas promulgadas y las viejas abrogadas, fueron infalibles, en cuanto no podían contener nada nocivo o erróneo contra la fe y la moral (ver Pío VI Auctorem fidei que condena la prop. 78 del Sínodo de Pistoia, la cual afirmaba que «en la disciplina de la Iglesia se puede encontrar algo inútil, o más aun peligroso o nocivo para la fe o la moral…»).
          Otro ejemplo de «infalibilidad reformable» es La Aprobación Solemne de una Orden Religiosa; en este caso, aunque La Iglesia empeñe su infalibilidad, no por eso tal orden debe ser irreformable o irrevocable.
          El ejemplo de ‘Quas Primas’ es bien diferente, ya que estamos hablando de una Encíclica que por su contenido dogmático es irreformable… por favor, no nos censemos de gritar en este mundo tan liberal y ateo: Viva Cristo Rey!

          Santa Cuaresma a todos!



          Anónimo
          17/02/2010 a las 14:22

          Fr. Ercoli.
          Sobre la posibilidad de «reformar» lo «infalible», adhiero a lo dicho por Lambertín por ser aquella la doctrina católica.

          En relación a sus argumentos, por favor, no lo haga con citas de teólogos, por distinguidos que sean; sino con textos del Concilio Vaticano I, que dicen lo que yo, y no lo que usted.

          Un cordial saludo.



          Anónimo
          18/02/2010 a las 04:27

          Estimadísimo,
          Estimadísimo,
          Si Ud. quiere adherir con Lambertín: Pace e bene! Pero entonces le pregunto: adhiere también con él que un Concilio Ecuménico de la Iglesia NO ES INFALIBLE? En este caso no entiendo porque me pide que le cite un Concilio en vez de los teólogos.
          Es evidente que muchos Aquinos no hacen a un Pedro, pero mi amigo, Ud. también cree que los Pedros y sus ovejitas nunca se sirven de los Aquinos? Le recomiendo que lea si tiene a mano el Denzinger nos. 1680 y 1683 para que vea el criterio de verdad que Pío IX pone en el común sentir de los teólogos católicos.
          Además esos teólogos citados son los más autorizados para esclarecer sobre la cuestión de la Infalibilidad (Franzelin, x ej. además de ser Consultor en varias Congregaciones Romanas, haber preparado los esquemas del Concilio Vaticano I, era nada menos que el teólogo del Papa de la Infalibilidad (Pío IX), quien lo terminó haciendo Cardenal a pesar todas las oposiciones). Así que mi amigo, si Ud. no adhiere con mis teólogos, al menos le pido que me los maltrate.
          Nuevamente, pace e bene!

          fr.ercoli@gmail.com



          Anónimo
          18/02/2010 a las 15:18

          Fr. Ercoli
          Usted pregunta:

          «Si Ud. quiere adherir con Lambertín: Pace e bene! Pero entonces le pregunto: adhiere también con él que un Concilio Ecuménico de la Iglesia NO ES INFALIBLE? En este caso no entiendo porque me pide que le cite un Concilio en vez de los teólogos».

          Muy sencillo de responder, querido Fr. Ercoli:

          Porque yo le pido que vea el «texto literal» del C V 1º que no dice lo que usted siendo que es DOGMÁTICO y afirmo que el C V 2º NO ES DOGMÁTICO, junto con Lambertín, pues así lo dispuso el MISMÍSIMO texto de tan triste asamblea.
          Así es que usted tiene un concilio ecuménico dogmático y otro que no.

          Cordialmente.



          Anónimo
          19/02/2010 a las 03:54

          anonimisimo: le repito mi pregunta
          No sé adónde me quiera llevar con eso de Dogmático o no Dogmático, aunque lo sospecho… Pregunto nuevamente: Un Concilio Ecuménico de la Iglesia Católica (es decir, de esos poquísimos que cuenta la historia en que se reúnen el papa con todos los obispos del mundo, no solo para discutir política, fútbol y economía, sino sobre todo la fe y la moral para guiar a toda la Iglesia de Cristo en cuanto es el más alto y solemne Magisterio Docente, etc… no sigo para no aburrir con cosas que todos saben): ES O NO ES INFALIBLE? Está o no asistido por el Esp. Santo?
          En cuanto a mí, no sólo me leí los textos a los cuales me manda sino que en esto nunca tuve la menor duda, puesto que me lo acuerdo del catecismo. Dios me libre si llegara a pensar el contrario… me volvería como Lutero…

          fr.ercoli



          Moderador
          19/02/2010 a las 12:08

          Estimado Fr. Ercoli,

          Cuando el Papa Paulo VI dice que el Concilio es «pastoral», ¿se está volviendo como Lutero? ¿No es acaso la expresa renuncia a la voluntad de ejercer un magisterio dogmático suficiente? ¿No debe haber una «intención» en el acto de la definición para que esta valga como tal, no mera formulación asertiva? Porque lo que Ud. sostiene parece acorde a la Tradición de la Iglesia, pero la situación del CVII ¿no es excepcional en dicho sentido? Y esto por voluntad del Sumo Pontífice, expresada claramente.

          Preguntas simplemente.



          Anónimo
          19/02/2010 a las 13:15

          Fr. Ercoli.
          Si el Concilio es meramente pastoral y eso no le alcanza a usted para verlo «diferente» a los anteriores, allá usted.
          Lo apuntado por don Marcelo es exacto y surge de la letra del mismo concilio.
          Usted, como ya le dije, al igual que los sedevacantistas, extiende la materia «de fe» indebidamente.
          En esto los extremos se tocan: MODERNISMO y SEDEVACANTISMO. Sí señor, se tocan en ésto y en varias cosas más.
          Cordialmente.



          Anónimo
          20/02/2010 a las 02:32

          Anonimísimo, le pido un favor
          Veo que Ud. responde sin responderme. Transeat!
          Ahora bien, visto que Ud. se remite mucho a los Concilios y poco a los teólogos, le pido de favor citarme al menos un Concilio en la tradición de la Iglesia que haga esa distinción, i.e. Concilio Ecuménico Pastoral (que Ud. llamara luego falible?). Si no encuentra ningún Concilio, ni siquiera algún Acto del Magisterio tradicional (y lo entendería puesto que a mí me fue imposible), le seré más indulgente y me contentaré con una cita de algún teólogo católico, aunque no sea de mi agrado. Ahora bien, si tampoco en la teología católica se encuentra alguna huella, no será una distinción inventada por los modernistas?
          Espero sus referencias.

          fr.ercoli



          Anónimo
          20/02/2010 a las 11:56

          Madurez teologal y teológica
          Estimados todos:

          Dicen que la madurez consiste en dar a las cosas la importancia que realmente tienen. Bueno, sugiero tengamos un poco de madurez teologal, y teológica, al tratar el sobre la validez y obligatoriedad de los contenidos del Vaticano II:

          1) Ninguna de las novedades del CVII puede ser considerada magisterio infalible. Hay textos de Juan XXIII y Pablo VI en los que se declara positivamente la exclusión de la intención de definir infaliblemente. Además, están las comunicaciones de Mons. Felici, en el mismo sentido. Y no conozco teólogo mínimamente serio que sostenga que el CVII ha realizado definiciones magisteriales de carácter infalible. Otra cosa es que los progresistas lo idolatren, de facto, como si fuera un super-dogma.
          2) Algunos textos del CVII, pocos en cantidad, pertenecen a la categoría de magisterio (doctrinal) auténtico, no infalible. Al no ser infalibles, pueden contener errores. Y si pueden contener errores, con mayor razón pueden tener una redacción ambigua.
          3) Existe una “cuarta clase” de Magisterio, denominado unas veces “prudencial” y otras “pastoral”. Es de inferior categoría al mencionado en 2), y es también falible, porque a la luz de unos principios doctrinales de validez permanente trata sobre cuestiones contingentes, condicionadas por concretas circunstancias de tiempo y lugar. Una importante cantidad de textos del CVII pertenecen a esta cuarta clase.
          4) Hay textos que no son propiamente magisteriales pues ni su contenido, ni su intención, es docente. Aluden a cuestiones de hecho, circunstancias históricas contingentes, etc. El CVII contiene muchos textos de este carácter no magisterial.

          Conclusión: los que “infalibilizan” o “magisterializan” la totalidad del Vaticano II, pueden terminar ahogándose en un vaso de agua….

          En Xto.,

          P.



          Anónimo
          20/02/2010 a las 14:41

          P. y fr. Ercoli
          Padre P.: IMPECABLE.

          fr. Ercoli: si usted no quiere ver la diferencia o «anormalidad» en este punto del C Vat. II con los anteriores no la vea. Yo me rindo. Interprételo como quiera. Chau.



          Anónimo
          23/02/2010 a las 02:43

          No se rinda ni se esconda
          detrás de la “opinión personal de un tal P.”, que de impecable no tiene nada. Responda amigo, que fr.ercoli le prometió que lo espera… Animo pues!



          Anónimo
          20/02/2010 a las 02:25

          Don’t jump to the conclusion!
          Respetable Marcelo,
          Sus ‘preguntas simplemente’ no son tan simples que digamos, puesto que las respuestas comportan una extrema gravedad (Paulo VI ‘se volvió luterano’ x ej.) y requieren algunos conceptos preliminares no aun aclarados. Sería como pasar a la conclusión sin haber antes aclarado las premisas, lo cual sería una imprudencia. Por eso creo importante que se aclare antes la cuestión de la Infalibilidad, puesto que si aquí no nos ponemos de acuerdo, entonces para que continuar.
          Por ejemplo, si yo le respondiera siguiendo a Mons. Lefebvre, de feliz memoria, afirmando que “Paulo VI era el Anticristo,” entonces no me queda otra que hacerme sedevacantista (se imagina estar en comunión con el Anticristo?) Ahora bien, esta es una conclusión gravísima que requiere una larga explicación preliminar, y es por eso que sería prematuro pasar a tales temas sin antes haber resuelto otros. Dicho esto, sostengo aun en pie mi pregunta: un Conc. Ecum. es infalible, SI o NO?
          In Xto Dno.

          fr.ercoli



          Moderador
          23/02/2010 a las 15:31

          Un concilio ecuménico

          refrendado por el Papa que lo convocó o que lo terminó (según las circunstancias) es infalible bajo la condición de que los temas tratados sean materia de Fe o moral, y los textos aprobados no contengan ambigüedades o contradicciones permanentes con otros textos del Magisterio, lo que en el caso del CVII es muy frecuente.

          Es de sentido común que los textos que caen dentro de esta categoría, o inclusive en lo que Amerio llama con el neologismo de «circiterismos» (formulaciones vagas sin precisión conceptual) escapan a las formalidades del Magisterio, que por definición debe ser claro e indudable.

          No niego que en algún Concilio haya podido haber necesidad de aclaraciones posteriores sobre ciertos puntos que tal vez no se hayan redactado con suficiente claridad. También las hay de los documentos pontificios con cierta frecuencia. Pero de ahí a que el tono de los textos sea la vaguedad conceptual…(¿voluntaria?)… media un abismo. 

          Esto vuelve al CVII excepcional, con más dudas que certezas. A lo que se suman puntos claramente contrarios al Magisterio, no solo sujetos a aclaraciones posteriores que no se han hecho todavía, sino en ciertos casos correcciones.

          No es común que un Concilio Ecuménico dé por resultado una gran movimiento heterodoxo, sino lo contrario. Podrá haber quienes se aparten de la Iglesia en disidencia (como los Viejocatólicos  después del CVI) pero que la mayoría de clero y fieles sigan caminos heterodoxos invocando un concilio ecuménico… Bueno, como regla Ud. tiene razón. El caso es que este Concilio fue contra todas las reglas. 



          Anónimo
          24/02/2010 a las 03:29

          TO BE OR NOT TO BE: THAT IS THE QUESTION
          Respetable Marcelo,
          Si lee bien su 1er párrafo, verá que se contradice. En efecto, admite que “es infalible” pero a condición de que no haya “contradicciones”. Eso equivale a decir que “es infalible” (cuando no se contradice, i.e. enseñando la verdad) pero al mismo tiempo “no es infalible” (cuando se contradice, i.e. enseñando el error). Ahora bien, si así fuera la cosa, entonces también Lutero era ‘infalible’, puesto que de hecho enseñó algunas verdades. Esa opinión de la infalibilidad (infalible ‘pero’ falible), como es evidente, no tiene nada que ver con “la infalibilidad de la Iglesia” tal como la definió el CVI (disculpas de antemano si no entendí lo escrito).
          Por el resto le recuerdo 4 cosas: 1) que un Conc. Ecum.: es el cuerpo jerárquico de todos los obispos reunidos extraordinariamente bajo la autoridad del papa, para tratar cuestiones de la Iglesia Universal, sobre todo concernientes a la fe y a la moral (ver x ej. Salverri o.c. # 576), y por lo tanto, dicho Conc. “goza de la Autoridad Suprema en toda la Iglesia.” (cf. Canon 228 §1). 2) que un Conc. Ecum. jamás puede causar “un gran movimiento heterodoxo;” Absit!, sería como si la Iglesia Docente (papa y obispos juntos) llevara a todos los hombres al infierno. 3) que la Infalibilidad prometida a Pedro y a la Iglesia (ausencia de error), no se debe a que la Iglesia enseñe siempre la verdad (sobreentendido en materia de fe y moral), sino a que Ella está asistida por el Esp. Santo, y sólo por consiguiente enseña siempre la verdad. En otras palabras, la infalibilidad (asistencia Esp. Sto.) es causa de la verdad que enseña la Iglesia y no viceversa. 4) que la interpretación de un Conc. Ecum. (auténtica o privada) no puede ni cambiar ni corregir (en materia de fe o moral) el texto mismo de un Conc., sino sólo «explicarlo»; si esto no fuera así, caeríamos en un relativismo y evolucionismo-modernista desenfrenado, y los papas y Conc. se la pasarían cambiando y corrigiendo los Concilios y papas precedentes.
          Así pues, estoy de acuerdo con Ud. de la gran crisis y confusión actual, y es por eso que vuelvo a lo mismo sobre el Conc. Ecum.: ES O NO ES infalible? That is the question! Tertium non datur!
          In Xto.

          fr.ercoli@gmail.com



          Moderador
          25/02/2010 a las 09:52

          Un concilio ecuménico

          Un concilio ecuménico convocado y aprobado por el Papa es infalible en tanto define (tiene la intención) sobre materia propia de la infalibilidad (fe y moral).

          En cuanto NO tiene intención de definir (como expresó Paulo VI) ni versan sus aseveraciones sobre dicha materia, no es infalible.

          Que yo sepa, el único concilio ecuménico que se limitó en su autoridad ha sido el Vaticano II. Y luego ha formulado un corpus de textos frecuentemente imprecisos, contradictorios y en algunos casos ostensiblemente contrarios al Magisterio.

          No parece que el Vaticano II sea infalible más que yo, es decir, allí donde repite la enseñanza infalible del Magisterio. Si yo repito con precisión lo que dice el Magisterio puedo ser «infalible» solo que no por mi autoridad, sino por la de la Iglesia. En cambio si afirmo vaguedades e imprecisiones tengo solo mi propia autoridad, que demás está decir, no es infalible. 

          Los concilios ecuménicos precedentes sí son infalibles en sus definiciones, lo cual no significa que todas sus enseñanzas tengan carácter dogmático. En cambio no son infalibles en sus disposiciones, que sin embargo gozan de la suprema autoridad de la Iglesia.

          El problema lo trae el CVII, no el Magisterio tradicional. Nadie relativiza nada. No pretendemos revisar el Magisterio. Solo pretendemos que el CVII no lo haga.

          O para decirlo de un modo gracioso pero muy esclarecedor: del CVII, lo que entendemos, ya lo sabíamos. El resto no lo entendemos.



          Anónimo
          25/02/2010 a las 17:43

          Quien puede lo más
          Estimado Marcelo:

          Los juristas utilizan una frase que puede aplicarse análogamente al CVII: quien puede lo más, puede lo menos. Si un Concilio Ecuménico puede definir infaliblemente, también puede hacerlo de manera falible. Si usted puede correr, puede caminar…

          En Xto.,

          P.



          Anónimo
          26/02/2010 a las 20:37

          Citando a Paulo VI a favor del tradicionalismo? Cuidado!
          Respetable Marcelo,
          Temo que esta vez su respuesta nuevamente le juegue en contra. En efecto, esa aclaración de Paulo VI sobre el valor del CVII (12 enero 1964), frecuentemente “mutilada” y “malinterpretada” por ciertos tradicionalistas, dice bien el contrario de lo que Ud. pretende. La resumo: 1) sobre los documentos conciliares dice que: “todos juntos forman un cuerpo de doctrinas y leyes”. 2) sobre la “doctrina católica”, revindica “el aspecto doctrinal del Concilio…” que de su voz se experimenta “que oficio providencial haya sido confiado por Cristo al magisterio viviente de la Iglesia para custodiar e interpretar el ‘depósito de la fe’ (cf. Humani generis, AAS, 1960, p. 567). No debemos separar las enseñanzas del Concilio del patrimonio doctrinal de la Iglesia”. 3) “Éste (CVII) es un gran acto del magisterio eclesiástico; y quien adhiere al Concilio reconoce y honora así al magisterio de la Iglesia.” 4) sobre el valor teológico del Conc. que “ha evitado dar definiciones dogmáticas solemnes que comportan la infalibilidad…”, Paulo VI repite que: “en vista del carácter pastoral del Concilio, éste ha evitado pronunciar en modo extraordinario dogmas dotados de la nota de infalibilidad; pero éste ha sin embargo dotado sus enseñanzas con la autoridad del supremo magisterio ordinario, magisterio ordinario y tan obviamente auténtico que debe ser recibido dócilmente y sinceramente por todos los fieles…” (cf. texto completo http://www.vatican.va/holy_father/paul_vi/audiences/1966/documents/hf_p-vi_aud_19660112_it.html)
          Ahora bien, su respuesta evasiva no responde, puesto que el “ha evitado dar definiciones dogmáticas solemnes” se refiere a no haber promulgado nuevos dogmas de fe (ver contexto), de lo cual todos concordamos. De aquí no se sigue que Paulo VI haya dicho que el Conc. no era infalible, o que no trataba de cuestiones de fe y moral, o que no obligaba a los católicos, etc., sino bien el contrario, reafirma no sólo que trata materias doctrinales sino que además debe ser aceptado por todos los fieles (por lo menos) como Supremo Magisterio Ordinario (que como Ud. bien sabe, también es infalible), les guste o no a nuestros amigos lefebvristas “parcialmente d-excomulgados”.
          Dicho esto, mi pregunta va más allá de esta aclaración montiniana, y por lo tanto queda aun en pie: …Es o No infalible?
          NB: le ruego no confundir ‘infalibilidad’ con ‘irreformabilidad’ o ‘dogmas de fe’. De esto ya hablamos con el amigo Lambertín.
          In Xto. fr.ercoli



          Moderador
          26/02/2010 a las 22:23

          Estimado Fr. Ercoli,

          Evidentemente, la cosa tiene muchos bemoles.

          Aprovecho su oportuna cita: “en vista del carácter pastoral del Concilio, éste ha evitado pronunciar en modo extraordinario dogmas dotados de la nota de infalibilidad; pero éste ha sin embargo dotado sus enseñanzas con la autoridad del supremo magisterio ordinario, magisterio ordinario y tan obviamente auténtico que debe ser recibido dócilmente y sinceramente por todos los fieles…»

          Bien, ya sabemos que el magisterio auténtico es infalible, aunque no sea extraordinario. Veamos ahora los aspectos llamativos de la cita: 1) Este concilio es pastoral (?) ¿Significa esto simplemente que no ha definido ninguna doctrina dogmática? ¿A eso llama el Papa Paulo VI «pastoral»?

          2) Mas luego aclara, inmediatamente que aún siendo pastoral es magisterio ordinario (¿quien pondría en duda que un concilio ecuménico fuese al menos magisterio ordinario? y recalca que «auténtico», por lo cual ha de ser recibido dócilmente, como pide la Iglesia a todo fiel.

          Mi duda es ¿por qué el Papa abre el paraguas?

          Mi sospecha es que

          1) Los textos ya habían sido y serían resistidos, no solo en las aulas conciliares, donde muchas veces se impusieron por maniobras de comité radical, sino que aún serían resistidos por muchos padres conciliares después de la sanatio del Papa que legalizó todas las ilegalidades de las sesiones.

          2) Pero como no argumentamos sobre legalidad sino sobre autenticidad del magisterio, creo que el Papa anticipa las confusiones que causarán los textos, aún más, ciertos puntos que ya he mencionado reiteradas veces, que se dan patadas con el Magisterio tradicional y por lo tanto no pueden ser Magisterio auténtico, salvo que, como Ud. proponía antes nos diésemos a reformar el Magisterio tradicional, cosa que sí hizo, al menos en estilo, claridad y en pocos pero definitivos puntos doctrinales el VII.

          Mi punto es: Paulo VI quiso dar a este concilio un carácter único. Como quien tiene un hijo bobo y destaca algunos aspectos de su personalidad para tratar de que nadie se de cuenta. Algo bien propio de la personalidad del Papa Montini, hombre que conocía lo bueno, pero promovía lo malo, aunque muchas veces el temor a las consecuencias de su propia obra lo moviera a ponerle límites.

          De todos modos, estimado, su pregunta de fondo no la podría responder ni tendría sentido que fuera más allá porque la única respuesta la tiene la Iglesia. Deberá enmendar la plana al CVII, aclarar sus confusiones o hacer algo para que las contradicciones se resuelvan… No meramente decir que es un problema de hermenéutica, porque hay textos que no resisten la más bondadosa y bienintencionada hermenéutica que no ignore el principio de no contradicción.



          Anónimo
          27/02/2010 a las 04:57

          No son solo bemoles, es la salvación eterna!
          Respetable Marcelo,

          Veo que, después de todo, concordamos más de lo que pensaba: et bien mon amie, Salut!
          Así pues, estando de acuerdo en los principios, entonces basta sólo aplicar la lógica y le aseguro que llegaremos a las mismas conclusiones, gratia Dei adiuvante!

          En efecto, Ud. tiene perfectamente razón: a) que el Mag. Auténtico de Vat. II es Infalible, al menos en cuanto Mag. Ord. Univ.; b) y que por lo tanto, no es facultativo sino obligatorio para toda la Iglesia; c) que Vat. II, al menos en algunos puntos doctrinales, reformó el Magisterio Tradicional; d) que Paulo VI promovía lo malo (yo agrego, lo promulgaba también en cuanto Papa); e) que hay textos que presentan a la conciencia del católico, no meramente un problema de hermenéutica (i.e. de interpretación) sino propia y verdaderamente un problema de contradicción con el Magisterio precedente.

          Ahora bien, si así está realmente la gravedad de las cosas, ésto lleva inevitablemente a preguntarse y responder lo siguiente, en absoluto rigor de lógica y honestidad: ¿Puede un Conc. Ecum. infalible, al menos en cuanto M.O.U., enseñar y promulgar el error o la herejía? ¿O ser promulgado por un Papa? ¿Puede éste, asistido por el Esp. Sto. en su magisterio (ordinario o extraordinario), enseñar algo contra la fe o la moral a toda la Iglesia? ¿O promulgar Leyes Disciplinarias Universales (Misa, Derecho Canónico, Catecismo, etc.) que sean nocivas para la fe o la moral? ¿Puede un Conc. Ecum. promulgado por la legítima autoridad ser facultativo, dejando al fiel la opción de aceptar o rechazar sus documentos según su criterio personal? ¿Puede un católico en conciencia desobedecer al Vicario de Cristo, a sus leyes y magisterio?

          Ahora bien mi amigo, no me haga esperar un eventual Concilio para resolver estas cosas puesto que mi conciencia me exige ‘hic et nunc’ (aquí y ahora) resolver todo esto, puesto que la fe me es necesaria, adhiriendo a lo que Dios reveló y me es propuesto por su Iglesia, así como también “es absolutamente necesario para la salvación de todo ser humano estar sujeto al Romano Pontífice.” (Bonifacio VIII, Unam Sanctam, 1312). Esto sería, si me permite la analogía, peor que decirle a dos jóvenes de dudan seriamente de estar validamente casados: usen tranquilamente del matrimonio hasta que algún día Roma decida. Digo peor no sólo por la materia (fe), sino también porque en todo ésto Roma ya se pronunció durante 2000 años.
          Mis saludos in Xto.

          fr.ercoli



          Anónimo
          17/02/2010 a las 02:19

          Estimado Fr.ercoli:
          1) Para la doctrina tradicional, «infalible» es sinónimo de «irreformable». Lea esto: «Esta infalibilidad compete al Romano Pontífice, Cabeza del Colegio Episcopal, en razón de su oficio, cuando proclama como definitiva la doctrina de fe o de costumbres en su calidad de supremo pastor y maestro de todos los fieles a quienes ha de confirmarlos en la fe (cf. Lc., 22,32). Por lo cual, con razón se dice que sus definiciones por sí y no por el consentimiento de la Iglesia son irreformables, puesto que han sido proclamadas bajo la asistencia del Espíritu Santo prometida a él en San Pedro, y así no necesitan de ninguna aprobación de otros ni admiten tampoco la apelación a ningún otro tribunal. Porque en esos casos el Romano Pontífice no da una sentencia como persona privada, sino que en calidad de maestro supremo de la Iglesia universal, en quien singularmente reside el carisma de la infalibilidad de la Iglesia misma, expone o defiende la doctrina de la fe católica. La infalibilidad prometida a la Iglesia reside también en el cuerpo de los Obispos cuando ejercen el supremo magisterio juntamente con el sucesor de Pedro. A estas definiciones nunca puede faltar el asenso de la Iglesia por la acción del Espíritu Santo en virtud de la cual la grey toda de Cristo se conserva y progresa en la unidad de la fe.»
          ¿Sabe qué es? Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, nº 25. Suponiendo que me perdonará semejante cita, le ruego remarque o subraye donde dice «irreformable». No lo haga donde dice «colegio espiscopal». Usté me comprende.
          2) La canonización compromete la infalibilidad, por que es «una conclusión o consecuencia teológica de una verdad revelada», llamada con toda propiedad «don profético» de la Iglesia. Así lo dice el P. Iraburu en http://www.arbil.org/%2879%29rive.htm
          Sin duda que «el cielo y la tierra pasarán, pero Mis Palabras no pasarán», como enseña nuestro Divino Maestro, y así pues, cuando «el que oye a éstos a Mi oye», se puede afirmar que las sentencias dictadas con asistencia del Espíritu Santo SON IRREFORMABLES.
          Así pues, estimado Fr.ercoli, coincidiendo con Ud. en algunos puntos, disiento en otros y mi criterio es el del Magisterio de la Iglesia, y no tanto la opinión o juicio de los teólogos, buenos o malos, de mi agrado o no.
          In Xto. D. N.
          Lambertín



          Anónimo
          18/02/2010 a las 03:42

          INFALIBILIDAD E IRREFORMABILIDAD: SINÓNIMOS SÍ, IDENTICOS NO!
          Ad 1) La cita alegada del Conc. Vat. II (falible pà Ud. y falluto pà otros) parece reprender ‘casi’ literalmente la famosa definición dogmática del Conc. Vat. I sobre la Infalibilidad del Sumo Pontífice cuando habla ex cathedra (Conc. Vat. I, const. dogm. “Pastor Aeternus”, Dz. 1839, DS. 3074). Insisto que se trate del Papa hablando ex cathedra.

          Ahora bien, es evidente que tales definiciones infalibles son “ex sese irreformabiles” y no ex consensu Ecclesiae, como se lee claramente. En efecto, ese es uno de los modos más solemnes en que se expresa el Mag. Infal., i.e. cuando papa habla ex cathedra. Sin embargo, y aquí está el nudo de la cuestión, NO SOLO esas definiciones son infalibles (como si el Esp. Santo asistiera a la Iglesia solamente 1 ó 2 veces al siglo y no todos los días, sic!), sino también todas las otras verdades contenidas en la revelación o a ella conexas (aquí me tendría que extender), y son enseñadas por el Magisterio Infalible de la Iglesia. Y aquí es donde Ud. parece disentir porque ‘restringe’ la infalibilidad de la Iglesia solamente a esas verdades de fe o irreformables. Como le decía antes (quizás no expresándome bien), aunque todo lo irreformable es infalible, no todo lo infalible es irreformable.

          Para entender esto y eventualmente estar totalmente de acuerdo, se deben entender y aplicar debidamente las nociones de INFALIBILIDAD (=ausencia de error) y de MAGISTERIO INFALIBLE de la Iglesia, que puede ser ejercido por el Papa solo (=MAG. PONTIFICIO, ya sea ordinario, i.e. cotidiano, ya sea extraordinario, i.e. solemne, ex cathedra) o bien por el Cuerpo de los Obispos sometidos al Papa (=MAG. UNIVERSAL, ya sea ordinario, i.e. cotidiano, Papa y obispos dispersos en el mundo, ya sea extraordinario, i.e. solemne, reunidos en Conc. Ecuménico). Como puede ver, la infalibilidad abarca mucho más que la irreformabilidad.

          En cuanto al modo ordinario, Mons. d’Avanzo explicaba así a los padres conciliares: “La Iglesia es infalible en su magisterio ordinario, que es ejercido cotidianamente sobre todo por el papa, y por los obispos que a él se adhieren, y que entonces son infalibles con él, con la misma infalibilidad de la Iglesia que el Espíritu Santo asiste todos los días.” (D’Avanzo, relator de la Dip. de la fe al Conc. Vat. I, Mansi, 52, 1193. Errata corrige: la referencia de la cita anterior de d’Avanzo es inexacta y se debe leer así: …Mansi, 52, 763-4. Sorry!).
          En cuanto al modo solemne o extraordinario de expresarse, “pertenece tanto al Concilio Ecuménico como al Romano Pontífice cuando habla ex cathedra” (cf. canon 1323 §2). Como se dijo antes, esta distinción de modo es puramente accidental, y por ende no afecta ni a la substancia del Magisterio ni a la materia que define.
          A su vez, como le decía antes, también se debe tener en cuenta la distinción clásica en teología entre Infalibilidad Positiva y Negativa (leer texto explicativo de Franzelin ya citado).

          Así las cosas, y poniendo su objeción en su debido lugar (papa hablando ex cath.), paso a responderle:
          El Magisterio Infalible del Papa es irreformable: distingo:
          a) Positivamente = Concedo; b) Negativamente = nego y me explico.
          Ad a): definiendo positivamente lo que hasta ahora era objeto de discusión (ej. León XIII en Apost. Curae, acerca de la invalidez de las ordenaciones anglicanas) o bien definiendo una verdad ex cathedra, i.e. solemnemente (ej. Asunción BMV). Ad b): negativamente, es decir en cuanto a la no existencia de error o nocividad contra la fe o la moral en todo lo que la Iglesia enseña como revelado o conexo con la revelación (ej. Pío XI promulga la Misa y el oficio de Cristo Rey. Ahora bien, todos somos infaliblemente seguros que diciendo tal oficio y misa no podemos incurrir en ningún error o algo nocivo contra la fe o la moral. Estas decisiones, aunque infalibles negativamente, pueden ser cambiadas o inclusive abrogadas por el papa sin dejar de ser infalibles. Son infalibles pero no irreformables.

          Mis saludos in Xto.

          fr.ercoli@gmail.com



          Anónimo
          28/01/2010 a las 06:26

          Libros tradicionales en Mexico
          Hola don Marcelo:
          Tal vez usted sepa como conseguir los libros de la SSPX en Mexico. Lamentablemente no hay ningun sitio web que los promeva y los que hay o son de Chile o de Argentina, como este su bello e importante sitio.
          Los que leo son de Angelus Press, E.E. U. U.
          Por supuesto, tenemos statveritas.org pero no es lo mismo.
          Gracias.
          Guadalupano.



          Moderador
          28/01/2010 a las 14:42

          ¿Ha intentado
          escribir a la sede del Distrito de México?

          Residencia del Distrito

          Priorato Nuestra Señora de Guadalupe
          C. Jaime Torrés Bodet 237
          Col Santa Maria La Ribera
          06400 Mexico, D.F
          MEXIQUE
          [+52] 55/55 47 43 24
          [+52] 55/52 33 93 13



          Anónimo
          29/01/2010 a las 04:42

          Gracias
          Gracias don Marcelo. Quisiera ayudar economicamente su sitio, pero por ahora no se puede, pero cuante con mis oraciones.
          Guadalupano



          Moderador
          29/01/2010 a las 12:01

          Cuento con ellas
          Muchas gracias.



        Anónimo
        28/01/2010 a las 04:01

        Hola Pippin
        Pues tienen a prueba su catolicidad aquellos que llaman a los papas herejes, ya que el papa jamás puede caer en herejía, de acuerdo a la promesa que NS Jesucristo hizo a san Pedro: «Yo he orado por tí para que tu fe no falle, y tu una vez fortalecido confirmes en la fe a tus hermanos».
        Aquellos que simplemente le criticaron desiciones erróneas de manejo de la iglesia, pues en parte puede que tengan razón, nadie es perfecto, ni los papas. Tal vez cometieron errores de ser ambiguos en lo que dicen -algunos en base a eso les dicen «herejes»- pero es muy importante saber en base a que contexto circunstancial y temporal dijeron lo que dijeron (siglo XX y XXI sumamente diferentes a los siglos anteriores).
        Existe mucha desobediencia al papa hoy por hoy, y son esos desobedientes y herejes dentro de la iglesia los que echan a perder todo. Se sabe que hay quienes han distorsionado mandatos y encíclicas papales para que estos luzcan heréticos y les sirvan a los progresistas para sus fines. Si a alguien le interesa saber más sobre esto, recomiendo http://www.editorial-tradicion.biz
        Yo pienso que fue un gran papa, que merece ser canonizado, pero también fue en algunos casos muy suave o demasiado prudente, tal cual el mismo lo declaró en su autobiografía «Levantaos, vamos».
        Gracias.
        Guadalupano



          Anónimo
          28/01/2010 a las 12:58

          Aclaremos
          «y tu una vez CONVERTIDO confirmes en la fe a tus hermanos».

          Porque la asistencia es EN TANTO Y EN CUANTO.

          No acepto mejicaneadas ni en Sagradas Letras.

          Con mis respetos.



          Anónimo
          29/01/2010 a las 18:06

          consulta
          ¿Y quién o qué criterio objetivo establece que YA se HA CONVERTIDO? ¿O no existe ese alguien y/o ese criterio?

          M. Inés



          Anónimo
          30/01/2010 a las 12:58

          JESÚS A PEDRO
          » Pero Yo he rogado por ti, a fin que tu fé no desfallezca. Y tú, una vez CONVERTIDO, confirma a tus hermanos».

          (Lucas,XXII,32)

          Y comenta Mons. Straubinger :

          «Una vez CONVERTIDO»: ENSEÑANZA FUNDAMENTAL para todo apostolado: nadie convertirá a otro SI NO ES ÉL MISMO CONVERTIDO,pues nadie puede dar lo que no tiene; ver Cristo a Nicodemo.Juan III,13cc.

          Biblia Católica TRADICIONAL según el texto original griego traducido y comentado por Mons.Dr.Juan Straubinger.

          NB: no es lo mismo «fortalecido» que CONVERTIDO.

          Las cosas claras.



          Anónimo
          30/01/2010 a las 05:00

          Al anónimo
          Ok, señor anónimo, gracias por la corrección pero no le acepto que insulte a mi y a mi país, a ver si usted es capaz de insultarme en mi cara, miserable.
          Sabrá usted mucha Biblia pero ha faltado a la caridad. Creame que de poco le sirve su sapiencia bíblica. Que Dios le ayude y se apiade de usted.
          Ah y por cierto, la asistencia del Espíritu Santo es que el papa no puede fallar cuando nos enseña lo que debemos creer y como debemos vivirlo, fe y costumbres, que a eso vino Jesús a este mundo. A ver si aprende un poco más de El.
          Guadalupano



          Anónimo
          30/01/2010 a las 13:04

          A Guadalupano
          » Pero Yo he rogado por ti, a fin que tu fé no desfallezca. Y tú, una vez CONVERTIDO, confirma a tus hermanos».

          (Lucas,XXII,32)

          Y comenta Mons. Straubinger :

          «Una vez CONVERTIDO»: ENSEÑANZA FUNDAMENTAL para todo apostolado: nadie convertirá a otro SI NO ES ÉL MISMO CONVERTIDO,pues nadie puede dar lo que no tiene; ver Cristo a Nicodemo.Juan III,13cc.

          Biblia Católica TRADICIONAL según el texto original griego traducido y comentado por Mons.Dr.Juan Straubinger.

          NB: no es lo mismo «fortalecido» que CONVERTIDO = MATANOIA = «cambiar de mente».

          Las cosas claras.

          Lujaniano.



          Anónimo
          30/01/2010 a las 13:15

          A Guadalupano
          «que el papa no puede fallar cuando nos enseña lo que debemos creer y como debemos vivirlo, fe y costumbres»

          Bien, el Papa ha dicho que «con los judíos y los musulmanes adoramos AL MISMO DIOS».

          ¿Faltó la ASISTENCIA o falló la INFALIBILIDAD?

          ¿Que dice la Virgen de Guadalupe?

          Lujaniano.



          Anónimo
          30/01/2010 a las 23:06

          No ha dicho el Santo Padre
          No ha dicho el Santo Padre que con judíos y musulmanes adoramos al mismo Dios sino que somos hijos del mismo Dios lo que es verdad ya que Dios sólo hay uno.
          No confunda que Nuestra señora lo bendiga y le enderece las orejas.



          Anónimo
          31/01/2010 a las 21:12

          Un Concilio y un Papa a Guadalupano
          «…los MUSULMANES, que confesando adherirse a la fe de Abraham, ADORAN CON NOSOTROS a un Dios único…»

          (Documentos del Conc.Vat.II-Constitución «Lumen Gentium» Nº 16).

          «Cristianos y judíos REZAN AL MISMO SEÑOR»
          Benedicto XVI :Visita a la Gran Sinagoga de Roma,domingo 17 de enero de 2010.

          http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2010/january/documents/hf_ben-xvi_spe_20100117_sinagoga_sp.html

          Al menos tengo derechos los ojos,Deo Gratias.

          Lujaniano.



          Anónimo
          01/02/2010 a las 10:42

          DIOS Y LAS RELIGIONES. EL SOL Y LOS PLANETAS
          Imaginen un sistema solar. En el centro, una estrella, en torno a la cual giran distintos planetas. No todos los planetas son iguales: tienen diverso tamaño, distintas atmósferas, mayor o menor cercanía respecto del sol, etc. Hay un planeta apto para la vida humana; otros son inhabitables.

          Cuando se habla de las religiones y de Dios, el lenguaje puede jugarnos una mala pasada. Una cosa es Dios, en sí mismo considerado, tal como es en la realidad, uno, único, y trino en personas (es el “sol”). Y otra cosa es el conocimiento que los hombres tenemos de ese Dios, sea por la razón natural o por la Revelación (los «planetas»).

          El mejor conocimiento posible de Dios –más completo y perfecto, totalmente verdadero- está en la Iglesia católica (el mejor de los “planetas” respecto del “sol”). Pero no se puede negar que otras religiones pueden tener un conocimiento de Dios que no es totalmente verdadero –contiene errores, deformaciones, etc.- pero que, sin embargo contiene elemento parcialmente verdaderos. Así, por ejemplo, los judíos conocen la unicidad de Dios y eso es verdadero. Pero desconocen, y niegan, la Trinidad de Dios, eso es falso.

          Conclusión: cuando se habla de “el Dios de” tenemos que prestar atención al sentido de la expresión, y preguntarnos: ¿se habla de Dios en sí o del conocimiento que de él tenemos los hombres en la Religión o en las religiones? ¿Se habla del “sol” o la visión que de él se tiene desde los distintos “planetas”?

          En Xto.,

          P.



          Moderador
          01/02/2010 a las 15:05

          Querido Padre P.
          ¿Esta forma de hablar de Dios, ¿es propia del Magisterio de todos los tiempos o se ha introducido en las últimas décadas?



          Anónimo
          01/02/2010 a las 15:44

          Es novedoso y en mi humilde opinion inconveniente
          Estimado Marcelo:

          En efecto, parece una novedad del Vaticano II y el Magisterio posterior. Si se distingue entre Dios tal cual es, y el conocimiento que de él tenemos no debería haber problemas.

          En mi humilde opinión no es conveniente el uso lenguaje. ¿Por qué? Porque se vive en un contexto de relativismo general, de irenismo religioso y de relativismo teológico (intra eclesial). Por tanto, puede traer confusiones en la gente sin mucha formación teológica ni discernimiento. Puede dar la impresión de que «todas las religiones son iguales», «todas las religiones son buenas», etc.

          En contra de mi opinión, algunos sostienen que reconocer los aspectos verdaderos y buenos (parciales, fragmentarios, incompletos, deficientes) de las religiones acatólicas es un punto de partida para entablar un diálogo que facilite la conversión. Una suerte de captatio benevolentiae, movida por la caridad, hacia los religiosamente equivocados. Para mí es una opinión que -en el mejor de los casos, que es cuando se tiene en claro la Dominus Iesus, por ejemplo- peca de excesivo optimismo e ingenuidad, porque no compensa los riesgos de confusión doctrinal entre católicos (efecto negativo, malo) con la posibilidad de facilitar la conversión de los acatólicos (posible efecto positivo).

          Ahora, sí pienso que por caridad debemos tratar con prudencia y paciencia a los equivocados, incluso mediante adaptaciones prudentes del lenguaje pastoral. Pero no veo conveniente el exceso de ambigüedad actual. Se «pierde» más de lo que se «gana».

          En Xto.,

          P.



          Moderador
          01/02/2010 a las 19:21

          Estimado Padre,
          gracias por su siempre esclarecedora intervención.



          Anónimo
          01/02/2010 a las 23:28

          Sirva la aclaración respecto del Santo Padre
          Estimado Marcelo:

          Espero que la aclaración sirva para que en medios tradicionalistas -que no es el caso de Panorama- se tenga en cuenta el sentido de las expresiones, antes de criticar con ligereza o desmesura al Santo Padre. Es sabido que la Dominus Iesus se debe a la mente de Joseph Ratzinger, y que, como Papa, la suscribe por completo. Sin embargo, pastoralmente, el Papa sigue siendo optimista respecto de los resultados del ecumenismo y del diálogo interreligioso. Optimismo que no suscribo, aunque puedo estar muy equivocado.

          Ciertamente hay expresiones que pueden ser inconvenientes, y sin embargo no pueden ser tachadas de formalmente heréticas o de heterodoxas. Cuando leo Panorama o Dici, noto en el lenguaje oficial de la FSSPX, una prudente moderación en las críticas al Papa, que no encuentro, por desgracia, en otros medios tradicionalistas muy radicalizados. Y temo que esos medios terminen en una postura cismática, en una mezcla de «veterocatolicismo» y «jansenismo». ¡Dios no lo permita!

          En el modesto nivel en el que nos movemos, nuestro apostolado para acercar a la Fe verdadera a los no católicos, debe ser firme en el fondo, predicando la verdad íntegra, señalando verdades y errores, lo que hay en común y lo que nos diferencia. Los no católicos esperan de nosotros un mínimo de respetuosa honestidad: que no digamos que ellos creen cosas en las que, en verdad no creen, y que no les expliquemos nuestra religión con descuentos en el dogma y rebajas en la moral. Dentro de los límites mi modestísima experiencia, el trato amable hacia los equivocados, les facilita el acercamiento a la Verdad.

          En Xto.,

          P.



          Anónimo
          04/02/2010 a las 05:51

          Eso no lo dijo BenedictoXVI.
          Eso no lo dijo BenedictoXVI. Si visita la Sinagoga de Roma tendrá razones que usted desconoce. El Espíritu sopla donde quiere. ¿Quien es usted para saber los designios del Espíritu Santo??? Menos aun para cuestionarlo. Siempre el Espíritu guió la Iglesia, hoy también y vea cómo no se equivocó nunca que a pesar de los papas y de los hombres, la Santa Iglesia está viva hoy y prevalecerá en los tiempos.
          Deje actuar al Papa porque tiene un guía que jamás se equivoca. Esto con seguridad es lo mejor en el hoy , mañana será tal vez otra cosa y ayer ya pasó.



          Moderador
          04/02/2010 a las 14:01

          El papa ¿jamás se equivoca?

          «Deje actuar al Papa porque tiene un guía que jamás se equivoca».

          Se entiende que es la Guía quien jamás se equivoca, no el Papa. La Guía, sin duda es el Espíritu Santo. Y por cierto no se equivoca porque es Dios, y Dios es infalible.

          El Papa tiene una Guía, pero no necesariamente es dócil a esa Guía. Si así fuera, no habría error alguno en el desempeño de los Papas, (en ningún orden), y Ud. mismo reconoce que sí los hubo, como es evidente por otra parte. La Guía no le dicta al Papa cada paso. La gran mayoría de las decisiones se toman humano more, es decir, según el buen entendimiento del papa de turno, con consejo humano, frecuentemente contradictorio. 

          Mencionemos solamente, para no alargar, la diferencia entre «pecado» y «error», aunque muchos errores nacen del pecado… si bien no necesariamente.

          Más bien, Ud. concluye erróneamente que la asistencia del E.S. a la Iglesia, debe hacernos indiferentes a los errores de los papas… porque en definitiva es el Espíritu Santo quien arreglará el asunto. Ud. deduce que el poder de Dios para sacar bien del mal, nos debe conducir a una cierta apatía ante el mal producido por los errores o pecados de la jerarquía, y de los papas en particular. Como si las consecuencias de esos errores y pecados no fuese la perdición eterna de miles de almas…

          Sobre este tema, permítame señalarle una contradicción más: es frecuente que los defensores de este «papismo» se ensañen con los papas medievales o renacentistas cuyos pecados públicos o errores denuestan sin recato alguno. Como si esos pecados y errores no fuesen «pontificios», tanto como pueden ser los de los papas modernos.

          Naturalmente, no es nuestra función juzgar las intenciones del Papa, ni siquiera habitualmente poner en entredicho los motivos de sus decisiones. Pero hay un límite, (difícil de discernir) que es el punto en el que ciertas acciones dañan la Fe, confunden a los católicos, humillan a la Iglesia y confirman en sus errores a los que yerran … 

          Y a veces ese límite se traspasa con tanta alevosía que no resulta ya tan difícil de ver, aún por un simple fiel.

          Ud. dirá ¿y yo que puedo hacer? Buena pregunta. En principio, además de rezar y no caer en el error, muy poco. Tal vez alertar prudentemente a quienes estén a su alcance sobre estos errores. Si es sacerdote, su compromiso es mayor, y si es obispo no digamos nada. Como mínimo resistir esos errores.

          Lo que NO puede hacer es adoptar esa resignación indiferente: Dios lo va a arreglar. Dios va a dejar que caigamos tan bajo como merecemos por no haber defendido la verdad de su doctrina ni su honor, en la medida de nuestras posibilidades. Ni reparado con oraciones y sacrificios este daño cometido.



          Anónimo
          05/02/2010 a las 09:30

          Papado
          Buen comentario el suyo. Está en la línea de la doctrina católica. La Historia nos enseña mucho. Algunos dan por supuesto que algunas desgracias no pueden suceder. El cisma arriano dejó reducida a la Iglesia católica a su mínima expresión.Algunos hablan de un uno por ciento de los obispos. Y en la parte oriental de la Iglesia sólo un obispo que fue el obispo Basilio. Papas hubo que predicaron la herejía como Juan XXII. Sólo se arrepintió en el lecho de muerte. Y antipapas hubo que gozaron del favor de casi toda la cristiandad y de todos los cardenales.Y además reinaron 8 años, como Anacleto II. Muchos que por los foros claman «Cum Petro et sub Petro..» sin duda estarían por su obediencia. Los papas del cisma de Avignon reinaron casi cuarenta años y tuvieron en su obediencia al mismo San Vicente Ferrer que obedeció, bien que por un tiempo, a su paisano el antipapa Luna.
          Nuestra obediencia es a Cristo Rey universal que rige la Iglesia. Y después a la misma Iglesia. Tb al papa si es legítimo y cierto. Lo será si está con el magisterio ex cathedra de todos los papas y tb con el magisterio ordinario y universal de ellos que tb es infalible. En caso contrario por lo menos será un papa dudoso. En este caso no es obligatorio obedecer al papa. En cualquier caso hay que «resistir» a las desviaciones de la Fe siempre. Muchos tienen dudas y están perplejos. Pero la ley dudosa no obliga (adagio de la moral). La moralinas de los papólatras no tienen ninguna base.
          Yo creo que la TRAGEDIA DE HAITÍ fue un castigo de Dios a medias al pueblo idólatra y satanista en gran parte y tb a la Iglesia de Haití que siguiendo las orientaciones papales, y conciliares dejó de predicar la verdad de Cristo y entró en dialogo con la satanista religión del vudú. (Quizás en esto ayudó la fotografía de JPII saludando efusivamente al brujo supremo de Haiti). Creo que Haití es la escenificación del derrumbe de la iglesia conciliar que defiende la herética doctrina de la Dignitatis humanae y del ecumenismo rampante actual. Por eso murieron el obispo y sus auxiliares además de derrubarse todas las iglesias de Haití.Sólo quedó el crucifijo de la catedral.
          Resumen: Obedecer al verdadero Papa sí. Pero resistirle en el error que predica. La beatería papista será castigada pòr Dios en esta vida y en la otra, si hay errores y herejías a las que se adhiere uno con el alibi del papa.



          Anónimo
          07/02/2010 a las 15:05

          Al señor que escribe esta nota
          Hola la verdad que con sus comentarios sedevacantistas, no le hace nada bien a la causa de la tradicion catolica, es triste ver que hay hermanos que se parecen mas al hereje de Lutero, y dicen ser catolicos… Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificare la Iglesia, este hermano anonimo, no tien los huevvos para firmar la nota con nombre y apellido, desobedece hasta a su propio Obispo Monseñor Gallarreta y a las Autoridades de la FSPX, seguramente ya se a alejado, pobre alma resentida, no solo se hace daño asi mism sino que quiere llevar a su molino inspirado por satanas, a mas gente.
          En fin quien es Usted para criticar a los Sumos Pontifices, aclaro no estoy de acuerdo con el Eucumenismo, menos aun con el dialogo con religiones apganas con el Induismo, Budismo y menos quye menos el VUdu, pero quien es Usted para decir que Dios castigo a Haiti, derrumbando todas las Iglesias y regodeandose en la muerte del Arzobispo, los curas, diciendo que no queda ninguna Iglesia en pie, verdaderamente Usted esta mal de la cabeza y con sus comentarios desvariados le hace mucho mal a la causa de la tradicion y mas aun a la FSPX, le digo los enemigos de la tradicion, el argumento que mas utilizan para negarnos el derecho a tener la Misa de Siempre, es que los fieles que asisten a ella tienen ideas que rayan en la demencia y verdaderamente en su caso… Verdaderamente no se que tiene en el balero, pero hagase atender pues verdaderamente sus palabras son Blasfemas y quien lo inspiro para decir lo del castigo Divino a Haiti, verdaderamente o vio muchos programas de nuestros hermanos herejes pentecostales y se le metio en el marote que usted sabe cuando seran castigados los pueblos. La verdad la gente como Usted es la que arruina todos los esfuerzos que se hacen apra restaurar la Santa Liturgia.
          Piense un poco y luego escriba, pues lo que escribe parece verdaderamernte de un alusinado. Dios lo ayude a recobrar el buen sentido. Lo saluda en Cristo y Maria Jose Luis Ventrice.



          Anónimo
          07/02/2010 a las 17:04

          Parece que vos no entendés que no se puede . . .
          No se puede ser de Cristo y del Anticristo.

          Por tanto, no se puede ser del Papa y del Antipapa.

          ¿comensás a entender algo, de algo?

          Sólo sigue a Cristo quien sigue su doctrina, traiciona como Judas quien traiciona esa doctrina. Así de fácil.

          Recordad los mensajes del más allá sobre la ubicación final del alma de Juan Pablo II, y la forma en que murió Maciel.

          No hay peor sordo que el que se hace.



          Anónimo
          07/02/2010 a las 17:19

          ¡Pobre amigo José Luis que comienza confundiendo a Pedro con
          Benedicto!

          Si sobre esas vamos, a confundirlas todas, habría que darle la razón sobre Haití. Pero resulta muy obvio que si Dios no castiga el mal, ¡tan ausente estuvo de Haití como de Sodoma y Gomorra y del Diluvio Universal!

          Aprenda a diferenciar entre Cristo y Anticristo, papa y antipapa, y que ser católico es dar la razón hasta a los protestantes cuando la tienen, y negársela hasta al Vaticano y a la FSSPX cuando la riegan.

          Vale



          Anónimo
          08/02/2010 a las 03:38

          ¿Es usted quien tiene la
          ¿Es usted quien tiene la verdad? Pobre vanidoso. Juez de jueces y acondicionador de la verdad acorde a su pensar.



          Anónimo
          10/02/2010 a las 03:09

          Su posicion de papa y antipapa Cristo y anticristo.
          Perdon señor usted que profeta es. Por favor usted y los que piensan asi le hacen un gravisimo daño a la Iglesia y a la Santa tradicion, son como cucarachas que se ocultan en una endija para confabular y seguir a un falso profeta de la decadencia. Reconozco que hay decadencia, no me gustan muchas cosas d las que veo y se discernir entre lo bueno y lo malo pero ponerme a juzgar yo como un simple seglar que Papa es legitimo o Anti papa o anticristo. Perdon pero ni si quiera te considero hno en Cristo pues estas en la Herejia plena y quieres arrastar en tu herejia a todos los que puedas. El sedevacantismo y las opiniones tan adversas a la Iglesia por mas equivocada que pensemos que estemos le hacen muchoi daño a la causa de la tradicion, siembran la divison entre los que amamos la tradicion pero antes que la tradicion esta la verdad revelada en la sagrada Escritura y quiene son Ustedes para interpretar la sagrada escritura. El monje heretico Lutero y sus herejes seguidores tambien creian que tenian razon cuando hablaban de la Iglesia como la Ramera de Babilonia y sus explicaciones de alto vuelo teologico no hacen mas que sembrar la discordia, desobedecer a sus obispos que desean entablar un dialogo con la Santa Sede, dar leña a los enemigos de la Santa Tradicion que son muchos, y por sus opiniones francamente y voy a utilizar un termino de campesino vulgar, pues no tengo 10 apellidos, francamente pedorras, con todas las letras, nos perjudican a todos, los que siempran la division estan con el demonio. dios les tenga misericordia. Jose Luis Ventrice.



          Anónimo
          07/02/2010 a las 22:08

          moimunan@gmail.com
          Querido hermano:
          En primer lugar le pido perdón puesto que mi escrito verdaderamente le ha sacado de sí. Razonaré en lo que pueda mi comentario. Su referencia obscena creo que sobra en un cristiano (perdóneme mi franqueza) así como su animosidad y juicios temerarios. No tengo inconveniente en firmar con los dos nombres que me dieron en el bautismo así como con mis ocho apellidos. Bien que ello no añadirá nada a la verdad o falsedad del comentario. Esto es así porque no tengo nada que ocultar ante nadie, sea obispo, o lo que sea, dejando aparte mis pecados antiguos que no dejo de llorar y confesar habitualmente.
          Vivo en un lugar del norte de España donde no hay sedevacantistas ni miembros de la fraternidad(aquí les llaman lefebristas, término que no uso por si le parece ofensivo, aunque creo que no lo es, pues pienso en términos positivos de Monseñor Lefevbre).
          A decir verdad tampoco tengo nada contra los llamados sedevacantistas. Quizás ambos grupos lo son por su gran amor a la Iglesia y al depósito de la Fe, que como sabe San Pablo nos invita a custodiar con celo. Este depósito que en realidad es doctrina celestial y regalo de Dios Padre a la humanidad en la persona de su Hijo Jesucristo, que es la VERDAD. Sin esta doctrina (que en Fátima NªSª llamó el «dogma de la Fe» nadie podrá salvarse y ni siquiera le eximirá de ello la «ignorancia» (que por duro que parezca es la enseñanza de la Iglesia desde siempre y corroborada por los grandes teólogos católicos como Sto Tomás). También es una verdad absoluta que sin la sumisión y obediencia al romano pontífice nadie podrá salvarse. Como lo dicen muchos pontífices definiendo ex-cathedra, v.gr.Bonifacio VIII en Unam Sanctam..»Es absolutamente necesario para salvarse estar enteramente sometido al Romano Pontífice» (Denz.468-469). Esto en absoluto es así. Lo contigente será acertar en la persona de quién ha recaído el Pontificado (hasta tres supuestos papas hubo simultaneamente en el cisma de Avignon) o pensar que no ha recaído en nadie. La historia nos demuestra que muchos cristianos de buena fe se equivocaron en ello. Muchos son hoy santos canonizados (por ejemplo San Vicente Ferrer, como ya indiqué anteriormente). Entre estas personas pueden entrar los sedevacantistas y los lefebristas. En los que yo presumo la buena fe. El antipapa Anacleto II consiguió la obediencia de TODOS los cardenales y de gran parte de la cristiandad durante los ocho años de su reinado. Luego no condene Ud. a nadie porque tb le pueden condenar a Ud. en el caso de que acepte un papa pero no esté sometido a él en todo y absolutamente como dice la bula Unam Sanctam. Yo soy catòlico del Novus Ordo. Diariamente oigo la misa de este rito y además comulgo y hago una hora de adoración ante S.D.M. Claro que en estas tres cosas lo absoluto serà la Fe en la Persona Divina que perpetuamente se ofrece como sacerdote y víctima en el cielo, lo mismo que lo hizo en el Calvario cruentamente e incruentamente en nuestras altares. Esto último condicionalmente si se cumplen los requisitos . Por eso Santa Teresa oyó una misa «sub conditione» puesto que el sacerdote le parecía herético. Lo contigente sera aquello sobre lo que de buena fe se puede hacer un juicio equivocado. Por ejemplo al oir la misa dicha por un farsante que ni siquiera es sacerdote.
          De todas maneras a mí me parece que más importante que asistir a misa y comulgar, podrá ser a veces, el vivir el sacrificio redentor espiritualmente en el rezo del santo Rosario en sus misterios dolorosos o de otra manera, o bien en las meditaciones de la Pasión. Y de la comunión piense en el fruto que se puede sacar de una comunión espiritual. La Iglesia durante muchos años permitía a los sacerdotes el no decir misa pero raramente dispensaba del «Divinum Officium».Todo esto lo digo porque creo que hay que relativizar las discusiones sobre la Santa Misa cuando vivimos un momento histórico en que no hay certezas sobre ello y sí muchas separaciones de católicos que aun obrando de buena fe han caído en el celo amargo y hasta en el mutuo odio. (Ojalá no sea su caso).
          Sobre el caso de Haití me voy a remitir a un buen artículo cuya dirección es ésta.
          http://www.traditioninaction.org/religious/i006rpHaiti.htm
          El autor no es sedevacantista ni el sitio ha adoptado esta solución. Aunque el sitio no rechaza absolutamente el Novus Ordo son partidarios de la misa de San Pío V. Yo tb la oiría si pudiera legítimamente hacerlo. Pero no rechazo la nueva como inválida o ilícita. Y estoy más a gusto obedeciendo y sometiéndome en la situación actual que decidiendo por mí mismo (en un sentido sedevacantista o lefevbrista). Pero esto no quita que con el «dogma católico» en la mano juzgue severamente la situación actual de la Iglesia en su deriva sobre la libertad religiosa y ecumenismo, y tb en cuanto a la liturgia que vemos y a la predicación que oímos, que en el caso de Haití llegó a situaciones esperpénticas con la casi totalidad de los católicos practicando el vudú, que se reduce a magia negra, superstición y hasta satanismo. Y todo ello con el silencio, y connivencia de la jerarquía de la isla y del clero. Yo pienso que de aquellos lodos como se ve en la fotografía que aporto, vinieron estos lodos. Aquí la foto
          http://www.traditioninaction.org/RevolutionPhotos/A171rcJPII_VoodooHighPriest.htm. ¿Que de particular tiene que Dios en este caso haya decidido castigar, quizás para salvar del infierno a muchos? Y a los que hayan contraído mayor responsabilidad, como los religiosos, el castigo será tanto más justo. La Biblia nos enseña sobre ello.
          El juicio sobre los actuales papas yo no soy nadie para hacerlo ni siquiera para adherirme a posiciones intermedias que resisten aunque teóricamente los acepten.
          Antonio Vicente Moíno Munítiz Rodríguez Mendezona Lanteiro Aguirreazcuénaga Rodríguez Anacabe



          Anónimo
          10/02/2010 a las 03:00

          Al Sr. de los muchos apellidos que por tantos firma como anonimo
          En fin, no voy a entrar en polemica pues su actitud es sobervia y cismatica. Usted ira mucho a grupos de oracion y puede orar las 24 hs del dia, cosa que yo no hago francamente, pero no hago juicios temerariso como el suyo, ni siquiera basandome en otras fuentes que quizas son mas temerarias que Usted. Solo me baso en la posicion de un humilde seglar que ve que hay muchos que hablan y hasta se creen heraldos de Dios para decir sueltamente que Dios castiga a tal o cual. Jesus Misericordioso en Ti confio. Jose Luis Ventrice.



          Anónimo
          05/02/2010 a las 20:38

          Quien dice que el Papa no es
          Quien dice que el Papa no es dócil a ese Guía ¿usted? Eso es abrir juicio sobre lo que no sabe ya que no creo que el Santo Padre le haya confiado nada.
          No creo que cometa errores y el Espíritu Santo lo guía, no arregla nada ya que Él sabe porqué se debe hacer lo que se debe hacer, usted no, yo tampoco, el Papa sí.
          No es posible hablar sin señalar los «errores» ya que todo queda en el aire.
          Cómo sabe usted el número de almas perdidas? Los Papas medievales, en cuestión de Fe, no se equivocaron y yo no soy «papista» simplemente creo en las enseñanzas de la Iglesia, una Santa Católica, Apostólica y Romana. No tengo derecho a cambiar ni una letra.
          Los errores de los que usted habla, esos que dañan la Fe los provocan los sacerdotes y también en la fraternidad hay muchos.
          Jamás pensé que «Dios lo va a arreglar» en cuestiones de Fe, al contrario creo que es hora de gritar la Fe desde los tejados y decir en voz alta lo que hemos recibido en secreto.
          Bueno, finalmente me dá la razón, El Señor sabe lo que hace y si en un momento permitió algo es para que sus hijos lo reparen. El Santo Padre obra según sus designios y sólo El sabe que es lo que le dice.
          Con Juan Pablo II se dejó de lado la liturgia, se produjeron vicios. Al mismo tiempo se difundió nuestra fe por lugares impensados. Hoy ha llegado el tiempo de poner las cosas en su lugar, Su Santidad está empezando y obra como debe de acuerdo a su infalibilidad. No hablo de nadie como hombre sino del momento en que ejerce su reinado, el mismo de Pedro que bastantes cosas debe haber hecho y por muchas criticado pero fue martir y santo. Su pelea con San Pablo lo llevó a donde debía ir o usted lo duda? Salvó a muchísimos judíos que se convirtieron. Seguramente en aquella época la fraternidad lo hubiera acusado de judío, marrano, apóstata y demás elogios que suelen brindar pero no era nada de eso como se comprobó.
          Juzguemos, menos, tomemos distancia y averigüemos un poco más. Lógico sin faltar la oración.
          ¿No le pasó nunca que una situación considerada mala o errónea por usted, al pasar el tiempo y ver los frutos resultó en beneficio de su alma? Si no es así, esté atento, le pasará con seguridad.



Anónimo
25/01/2010 a las 15:54

Raro, pero en todo caso el
Raro, pero en todo caso el «yo no puedo hacer nada» debe referirse a que el Papa J. Pablo II no estaría en condiciones de interceder.
Gustavo



    Anónimo
    27/01/2010 a las 23:54

    es lo que me temo
    Dada la JuanPablolatria que se ha dado en los ultimos años, el publicar semejante vision y frase «yo no puedo hacer nada» implicaria que el pobre no puede interceder.
    No se puede juzgar el sueño, pero no se puede tomar a la ligera. Nadie soñaria con Juan Pablo II y con la posibilidad que no «puede hacer milagros». No quiero aventurarme, pero surje la pregunta en cuestion, si estuviera minimo en el purgatorio intercederia, pero creo,que las gracias extraordinarias tales como sanaciones y conversiones, parece ser que solo los que gozan de la vision beatifica las pueden dispensar. Me atrevo a indicar que si se salvo, su agonia fue por varios dias y creo al menos halla tenido la posibilidad de hacer confesion y recibir el viatico, pero parece si fuera cierto el sueño, que no fue directo al cielo. Las causas del porque resultarian muy simples.



      Anónimo
      07/02/2010 a las 17:47

      Sea más congruente amigo
      La validez del sueño, y de la impotencia de JPII está avalada por un milagro a favor de Pío XII.

      Las almas en el Purgatorio si pueden interceder.

      ¿Qué ya ni los milagros le convencen?

      Vale



Anónimo
27/01/2010 a las 13:42

¿Y Benedicto XVI tampoco?
DOPO LA VISITA IN SINAGOGA
Rabbino Di Segni:
Cammino tormentato, speriamo irreversibile.

Rabino:-E’ stata l’ultima aggiunta al discorso, dopo che venerdì mattina 15 gennaio c’è stata una strana apertura ai lefevriani…

Perioodista: Perché strana? Il Papa in quell’occasione ha parlato alla Congregazione per la Dottrina della fede riunita nell’annuale assemblea plenaria. Ed è tale Congregazione che si occupa oggi dei lefevriani… il Papa ha solo espresso l’auspicio che vengano “superati i problemi dottrinali che permangono per il raggiungimento della piena comunione con la Chiesa” da parte dei lefevriani…

Rabino:Se la pace con i lefevriani significa rinunciare alle aperture del Concilio, la Chiesa dovrà decidere:

O LORO O NOI!

http://www.ilconsulentere.it/stampaArticolo.php?id=244



Anónimo
29/01/2010 a las 02:32

Un poco de historia.. para los pequeños hobbits
Estimados:
Estuve leyendo los mensajes anteriores, puedo ayudar ala cuestión. La promesa de N.S. a San Pedro «Yo rogaré al Padre…» enseñó siempre la Iglesia se refiere ala doctrina que fundamenta la infalibilidad ponticificia para los dogmas, que de paso digamos pueden hacerlo también los Concilios en comunion con el Papa, o todos los obispos del mundo anunque no esten reunidos (en un lugar físico) por unanimidad -en comunion con el Papa-; es lo que llamamos Concilios dogmáticos. Luego sí, los Papas lamentablemente pueden ser herejes, tales los casos en la historia hay varios, una aproximación ala herejía arriana es la del Papa Liberio que hasta hoy en día se le ha negado la canonización, otro es del famoso Juan XXII aunque siempre sostuvo la herejía de forma privada, y así es como los papas muchas veces juegan en contra de la Cristiandad no sólo en doctrina sino también por imprudencia -como son los casos de las excomuniones realizadas a Federico II Hohenstaufen que llevó al fracaso de las Cruzadas, su ilíita estadía política en Avignón que casi les hace perder el poder espiritual, etc.- otras veces estas complicidades son concientes como pasó con Urbano VIII miembro de la sociedad cientificista de los Lesserfs que propuso y apoyó la Paz de Westfalia en contra de los Reinos Cristianos, fundándose así la libertad religiosa en los Países Bajos primer gran centro masónico y modernista. También un Pío VII que no se las jugó con un Napoleón y que salió perdiendo al catolicismo como religión pública de Francia hasta nuestros dias, un Juan XXIII cuya Ospolitik llevo al rechazo de la condena del comunismo el el Concilio Vaticano II, un Pablo VI que etableciendo políticas de estado con la Cortina de Hierro -ya en épocas de Pio XII sin que este supiera- abandono ala muerte a muchos católicos en Rusia, y con un pacto judaico antes del mismo Concilio para los documentos; no olvidemos que la Masonería siempre quiso ocupar el solio pontificio, plan establecido por el sacerdote francés Stanilas de Guaita en el siglo XIX, y si no fuera por el emperador Francisco José I que vetó al Card. Rampolla un masón ya nos hubiera gobernado hace tiempo. Así es que la Providencia nos salva, pero no nos deja de amonestar, como fué el castigo del último Concilio y los papas liberales -Juan XXIII admirador de Henri de Lubac (padre de los Neoteólogos), Pablo VI admirador de Yves Congar (otro neoteólogo) amigo de masones aunque él no lo fue, lo usaron muy bien. Que decir de Juan Pablo II basta ver todo su pontificado y sólo decir que la masoneria lo premio por su obra con el Premio Galileo Galilei -que no acepto obviamente- y Benedicto XVI que es muy prudente pero que aún no deja de ser liberal, pues sus obras no se condicen con su pensamiento -esperemos que esto cambie pronto-. Finalmente las canonizaciones sí compromenten la infabilidad cuando no existe ambigüedad doctrinal, pués si somos relativistas en cuestiones de Fe y Moral ya no se debería canonizar al postulante -a menos que yo creyera lo mismo- por ejemplo el caso de Teresa de Calcuta quien para ella no era imprescindible el Bautismo a los bebés que estaban por morir -y el pacado origial y el Limbo?-y qué decir del polémico José Escrivá con la Libertad religiosa y el Ecumenismo, etc. Tampoco esta de más decir que las formas de canonizaciones cambiaron de la antigüedad -que era popular- hasta hoy -que pasa un proceso de la Santa Sede- lo que hizo a Pablo VI «quitar del santoral» a muchos santos venerados antes, por ser considerados legendarios -como Santa Filomena,por ejemplo- o herejes -como Clemente Alejandrino- según él, u otros por molestía al Ecumenismo -como Santo Domingo de Val- etc. Sobra decir que la Iglesia de hoy también nos propone otros «modelos» humanitarios como ser Gandhi, Luther King, Mandela, que se yo… pero quizás en el futuro se regularice la cuestión, ya lo ha comenzado el Papa con el documento «Santorum Mater» a causa de la oleada de beatificaciones durante el penoso pontificado anterior. Bien espero haber hecho un bien la verdad casi no escribo en esta página pero hoy me pasé.
EL VASALLO



    Anónimo
    29/01/2010 a las 14:42

    Conclusiones a las que llego
    Estimado señor
    Ud. dice «las canonizaciones sí compromenten la infabilidad cuando no existe ambigüedad doctrinal» y a continuación pone en duda la santidad de la «Beata» Teresa de Calcuta y de «San» Josemaría Esrivá de Balaguer por «ambigüedades doctrinales». ¿Entendí bien?

    Si es así, entonces llego a dos conclusiones:

    1- Si las canonizaciones sólo comprometen la infabilidad papal cuando no hay ambigüedad doctrinal, ergo cuando hay tal ambigüedad no la comprometen. Por lo tanto, puede equivocarse, y según Ud. deja entrever se ha equivocado efectivamente, al canonizar (o beatificar en el primer caso) a personas que han tenido ambigüedades doctrinales y que por lo tanto no deberían ser consideradas santas. ¿Voy bien hasta aquí?

    2- La pregunta que hice en un post anterior tiene una respuesta escalofriante según Ud., yo dije: «el efecto final es el mismo: a mí, fiel católico de a pie y bastante ignorante, se me dice que Juan de los Palotes es santo y por lo tanto implica «cierta profesión de fe» de mi parte aceptar que la Iglesia lo dice y por lo tanto es así. Yo qué sé si el procedimiento fue riguroso o no. Lo que sé es que me dicen que Juancito es santo y yo debo pensar si creo en eso o no». Según Ud. nunca podré saber si un santo que la Iglesia me propone como tal para mi devoción es realmente santo o no, puesto que difícilmente pueda conocer yo si los así llamados santos han tenido ambigüedades doctrinales o no. ¿Estoy concluyendo bien lo dicho por Ud.?

    Cada vez me pongo más preocupado por este tema.

    Pippin

    PS: Si mal no recuerdo, San Agustín pensaba que el alma era transmitida al nuevo ser humano por el semen paterno. Eso es un error bien grueso y San Agustín es «San»Agustín. ¿Cómo es esto?



      Moderador
      29/01/2010 a las 15:02

      Si está preocupado…

      va a estar más…

      Recuerda Ud. la cantidad de santos que la Iglesia veneraba en su liturgia y después del Concilio se descubrió que eran «míticos», como San Jorge o San Cristobal.

      Explíqueme el procedimiento por el cual la Iglesia rectificó su juicio secular sobre dichos santos, confirmados por el culto litúrgico…

      Ve, la cosa es complicada.



        Anónimo
        29/01/2010 a las 17:11

        ¿Dónde?
        Estimado Marcelo,

        ¿me puede decir en qué documento oficial de la Iglesia se dice que determinados santos son «míticos»?

        Gracias,

        WEK



      Anónimo
      29/01/2010 a las 17:34

      Equívoco
      La Iglesia no canoniza una doctrina sino una persona. El acto de canonización es sólo el reconocimiento (¿falible?, quaestio disputata) de que un persona es santo, i.e. su alma se encuentra en el Cielo. Ahora cómo esa alma llegó al Cielo, sólo Dios lo sabe (pues nadie va al Cielo sino por moción divina). Para hacerlo, la Iglesia sigue un procedimiento que en el tiempo ha cambiado unas cuantas veces (ley positiva de la Iglesia).

      Hasta dónde sé la Iglesia sólo ha propuesto (y en algunos casos como el de Santo Tomás de Aquino mucho más que eso) la doctrina de unos pocos de ellos (Padres y Doctores), *siempre y cuando* (y esto es muy importante) su doctrina específica en un punto particular sea consistente con la tradición (lo que se llama «consenso unánime» en Patrología).

      Hay unos cuantos santos que han errado parcialmente en cuestiones doctrinales, en opiniones (a veces no sólo prudenciales) o que, al menos, han hecho afirmaciones aventuradas o riesgosas. Eso no debería ser un problema para nadie. Hay una fórmula tradicional que dice que los santos lo son a pesar suyo. De nuevo, sólo Dios hace santos y ninguno de nosotros sabe realmente y a ciencia cierta de la sinceridad y perfección de un acto de contrición, una confesión, un acto de misericordia, etc.

      Si el Papa me dice que alguien está en el Cielo, no me obliga a rendirle culto. Y, en todo caso, el culto de dulía es para pedir la intercesión.

      Podría poner unos cuantos ejemplos históricos de todo lo que digo pero no quiero abusar de la benevolencia del moderador y demás comentadores.

      In Dº



        Moderador
        29/01/2010 a las 21:44

        Que los santos yerren…
        en cuestiones no definidas no obsta para su canonización, aunque las cuestiones luego se definan con posterioridad a la muerte del santo. El problema es cuando el «santo» niega una doctrina definida… y más particularmente cuando por obligaciones de estado el «santo» debe saberse muy bien la doctrina. Djstinto es el caso del martirio.



        Anónimo
        29/01/2010 a las 22:23

        Dos aclaraciones
        Estimados

        1- Yo traje a colación lo de la cuestión doctrinal de los santos por la respuesta de El VASALLO que sujetaba la infabilidad de la canonización a la existencia o no de ambigüedades doctrinales. Es claro que no se canonizan doctrinas sino personas y es claro también lo que dice Marcelo respecto de opiniones erradas respecto de cuestiones no definidas. Recuerdo ahora por ejemplo el caso del Milenarismo sostenido por todos los padres de la Iglesia hasta San Agustín y San Jerónimo, que dieron la interpretación alegórica para conjurar la herejía quiliasta, pero el milenarismo de los Santos Padres nunca ha sido condenado, ni definido como doctrina segura tampoco.

        2- Sin embargo, la misma palabra canonización hace referencia a una norma, a una regla, por lo tanto la canonización no implica sólo la posibilidad (obviamente no es una obligación) de dar culto a un santo. Implica que en cierto sentido su vida es propuesta como «regla» o ejemplo de vida santa para los fieles. Muchos santos han escrito y han enseñado doctrinas espirituales y dogmáticas, por lo tanto si la Iglesia me lo pone como modelo a seguir, puedo suponer que lo que dijo, escribió, enseñó, etc. es digno de imitación. Si no es así (he aquí la cuestión) entonces ¿la Iglesia está induciendo a error a sus fieles al declarar santo a alguien que no lo es?

        Marcelo: respecto a los antiguos santos sacados del santoral, no soy yo quien puede responderle, claro está. Quédese tranquilo que no me chupo el dedo y sé perfectamente en qué estado se encuentra nuestra amada Iglesia y sobre todo su jerarquía.

        Porque ignoro muchas cosas, es que estoy preguntando. Y cómo la duda persiste, seguiré preguntando e investigando hasta que la duda quede salvada.

        En Cristo y María Santísima

        Pippin



Anónimo
01/02/2010 a las 04:02

Conclusión
Después de todos los comentarios, que mucho agradezco, llegó a la siguiente conclusión (y basta por ahora para no cansar a nadie):

A la pregunta: ¿Puede la Iglesia proponer como modelo de santidad a imitar a gente no santa? Es decir ¿puede la Iglesia equivocarse al canonizar a alguien? sólo caben dos respuestas:

1- Sí, se puede equivocar. Sea porque los procedimientos son más laxos, los encargados del proceso menos idóneos, más parciales, etc. La cuestión es que sí se puede equivocar. Entonces ningun santo declarado tal es posible de ser tenido por tal, ni los de ahora ni los de antes. Pues si depende del procedimiento y cosas así, puede haber fallado tanto el menos riguroso como el más riguroso. Luego no puedo confiar que ningún santo declarado como tal por la Iglesia sea realmente santo, pues se puede equivocar y de hecho se ha equivocado según algunos en varios casos. Según unos por ser «míticos» los antiguos, según otros por procedimientos no confiables los más recientes. Si esto es así, los fieles de a pie estamos absolutamente indefensos pues no tenemos seguridad de nada, ya que la garantía es falible.

2- No, no se puede equivocar. Entonces sea cual sea el procedimiento, mejor o peor, riguroso o laxo, por expertos o inexpertos, etc., de alguna manera el Espíritu Santo suple y todos los declarados por la Iglesia como santos son santos y por lo tanto no hay lugar a dudas que fueron santos, nos simpaticen o no, nos parezca a nosotros o no. La Iglesia lo dice y es así, no puede fallar.

Como fiel de a pie y hasta tanto alguien demuestre lo contrario, me inclino por la segunda.

Pippin
Pequeño hobbit todavía ignorante
(aclaro que soy pequeño en años de hobbit, pues no tengo aún la mayoría de edad de un hobbit)



Anónimo
04/02/2010 a las 22:46

Fe de Erratas dEL VASALLO
Estimados:
Agradesco que hayan tomado en cuenta mi respuesta esta página la comenta bastante gente, aunque me imagino que la mayoría son clérigos pués son cuestiones que atañen a la Iglesia, y yo sólo soy un seglar, en fi quería corregir algunas cosas:
– El papa que quitó del santoral a Clemente de Alejandría es PÍO XI -no Pablo VI- que a pesar de ser buen papa en lo doctrinal -pues condeno al Nazismo, al Comunismo, al Capitalismo, etc.- en la práctica fue muy imprudente, todos sabemos el mal que causó a Francia con la condena de Charles Mäurras, a la Acción Francesa y el descenso de armas pedido a los Cristeros-que lo desobedecieron gracias a Dios.
-Quería aclarar a los hobitts que es doctrina tomista cierta que el pecado original se trasmite a los descendientes por el semen del varón, como lo vislumbró Aristóteles y San Agustín -al menos así se enseña donde se sigue la doctrina tradicional de la Iglesia-.
-Que el Milenarismo de algunos Santos Padres como San Papías de Hierápolis-aunque algunos no lo llaman ya «San»- es un Milenarismo Espiritual como lo sabe explicar el Padre Castellani y es totalmente compatible con el Catolicismo, y que nos es el Milenarismo Carnal de Joaquín de Fiore condenado por la Iglesia.
Muy bien ya no quiero inquietarlos en «cuestiones» que le atañen aclarar a los obispos enter sí con el Papa y la Jerarquía-eso se logrará-, es mejor centrarse en las cuestiones que atañen a la vida del seglar en la sociedad civil y su restauración, como decía San Pió X «la Ciudad Católica».
Saludos en Cristo Rey



    Anónimo
    05/02/2010 a las 02:17

    Sí es doctrina tomista, pero…
    Es cierto que santo Tomás enseña que el pecado original se transmite por el semen del varón, pero luego de la declaración del dogma de la Inmaculada Concepción de María, resulta imposible sostener dicha tesis…en efecto, si así fuera, María tuvo que haber sido concebida con el pecado original, ya que fue engendrada con semen de varón.



      Anónimo
      06/02/2010 a las 20:55

      ¿Sólo por el dogma?!!
      Además,

      ¿Sólo por el dogma?!!
      Además, aunque fuera así, María no fue tocada por ningún hombre, me parece que se le mezclaron las cartas.
      Míre que dice pavadas,hombre.
      Bueno de todas maneras, sirve para entender que no todo lo que se dijo en la antigüedad es cierto y que la Fe y la ciencia no son enemigas, al contrario.



        Moderador
        06/02/2010 a las 21:51

        El dogma de la Inmaculada Concepción

        Establece que es verdad de Fe que Nuestra Señora fue concebida por sus padres carnales sin Pecado Original. Tal vez Ud. confunda esta verdad con la de la Perpetua Virginidad de la Ssma. Virgen.

        Lo que el comentarista previo señala es que después de la promulgación de un dogma por parte de la Iglesia, esa verdad queda fuera de toda discusión posible, lo que antes «técnicamente» no era así. Digo, los dogmas marianos han sido profesados por los fieles desde siempre, aunque no todos ellos declarados formalmente y eso los mantiene en el campo de la opinión teológica.



      Anónimo
      07/02/2010 a las 17:37

      Santo Tomás tuvo imprecisiones
      María Santísima fue igualmente engendrada de manera extraordinaria. Este es el dogma de la Inmaculada. Lo que significa por obra y gracia del Espíritu Santo.

      Ni semen ni sexo. Esto lo intuye la Patrística cuando va más allá del Nuevo Adán de San Pablo a presentarnos a La Nueva Eva.

      Doctrina antigua y preconciliar. En pocas palabras: sin mancha.

      Dios retomó el plan original de la Creación con un Nuevo Adán. Si esto no implica una Nueva Eva, lo que representaba el problema fundamental, adiós lógica y con ella: hasta nunca teología.

      Vale

      NB Hay que leer a Valtorta para no acabar como la pandilla de Fabián.



        Moderador
        07/02/2010 a las 18:17

        De dónde ha sacado esto?
        Es un disparate. Ya empezará luego con la Inmaculada Concepción de San José…



        Anónimo
        07/02/2010 a las 22:23

        Sr. del «Vale»
        El dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen hace referencia a que «nació sin pecado original», NO A QUE NO NACIÓ DE SEMEN ALGUNO!!!

        Otra confusión con este dogma que ya criticaba Bloy en su época era el de confundirlo con «la virginidad» de María.

        En síntesis, es un dogma que no se relaciona con el sexo. El puritanismo católico desbarranca seguido en esto.



          Anónimo
          08/02/2010 a las 16:39

          INMACULADA CONCEPCION Y CONCEPCION VIRGINAL NO ES LO MISMO
          Estimados:

          Les ruego distingan los dogmas:

          (1) Inmaculada concepción de María.

          (2) Virginidad perpetua de María (antes, durante y después del parto). Lo que incluye la concepción virginal de Nuestro Señor.

          Está definido por la Iglesia que María fue concebida sin pecado original (1). Pero no se definió nada sobre el acto por medio del cual los santos Joaquín y Ana concibieron a María.

          En Xto.,

          P.



          Anónimo
          27/02/2010 a las 01:21

          El acto por el cual los santos Joaquín y Ana concibieron a María
          Fue sexual. Si no, Jesún no hubiera podido tener naturalmente cuerpo masculino. Su cromosoma Y proviene de San Joaquín (genética en mosaico de la santísima Virgen, Maria).



          Anónimo
          27/02/2010 a las 17:02

          Exactísimo: Jesús fue varón por el acto sexual de sus abuelos
          Lo de que su Ssma. Madre, de concepción inmaculada (o sea, ajena al enfado del Creador ante los primigenios frutos perniciosos del mal uso de la libertad humana) fuera engendrada también extraordinariamente, es un descabelladísimo disparate que me recuerda a aquel Luis de Guerrero Osio y Rivas, cuya contumaz pugnacidad aún memoramos por estos lares…



        Anónimo
        02/03/2010 a las 21:46

        Para nada hay que leer a
        Para nada hay que leer a Valtorta para intuir eso



      Anónimo
      02/03/2010 a las 21:44

      no esté tan seguro…. la
      no esté tan seguro…. la Inmaculada Concepción de María es todo un misterio.



        Anónimo
        03/03/2010 a las 18:40

        La Inmaculada Concepción no es ningún misterio
        Es un hecho sencillo y penetrable con el corazón y con el intelecto, un hecho que simplemente expresa la dilección por María de Quien en una de Sus personas habría de ser su hijo.



Anónimo
06/02/2010 a las 21:00

Yo creo que todo es real,
Yo creo que todo es real, Juan Pablo II está marcando el llamado a santidad de Pío XII. No son muchos los que recurren a su memoria e intercesión, sí lo son los que piden a Juan Pablo II, basta ver su tumba. Más que dudar, esto me llama a sentirlo como una gracia.
Estas cosas ocurren y son mucho más comunes de lo que se cree.



Anónimo
27/02/2010 a las 13:45

Estimados Marcelo y fr.ercoli:
Una cuestión de orden: Es muy difícil seguir este hilo por que a medida que se agregan comentarios, se va haciendo finito y angostando el espacio de lectura, como en un blog amarrete.
¿Cómo se puede remediar?
A lo demás:
Un comentario mío, acaso por mi propia torpeza con estos «machinatos letrónicos», quedó en el éter y sin publicar.
No lo reiteré por que había visto que los siguientes comentarios eran muy superiores al mío, y además, que la cuestión de la simetría (llamémosle así) entre INFALIBILIDAD e IRREFORMABILIDAD, quedaban en un cierto limbo, producto de una confusión relativamente poco interesante de diferenciar. No obstante, ahora la situación ha cambiado algo.
De todos modos, quedaba como punto interesante, mi afirmación de que nunca había sido una definición dogmática el que los Concilios Ecuménicos sean SIEMPRE infalibles, sino que se trataba de una mera sentencia probable de los doctores. Y ni siquiera sostenida de forma unánime y pacífica. Como prueban los menudos «doctores» anónimos aquí presentes que, si no me equivoco, encubren auténticos doctores.

Mi contribución de aquel momento era ésta y estaba dirigida a Fr.Ercoli:
Nuevamente, tengo el gusto de coincidir con Ud. en que «infalible» e «irreformable» no son idénticos, sino … sinónimos o algo así. En realidad, en mi entrada anterior (o alguna dellas, que ya no me acuerdo cuál) señalaba que, en mi parecer, la IRREFORMABILIDAD es una característica de la INFALIBILIDAD. Luego, siendo lo primero un predicado de lo segundo, no pueden ser, ni deben ser tomadas, como idénticas. Y tampoco como sinónimos, pero no discutiré sobre esto último porque el efecto práctico es el mismo. La diferenciación sería si es que siempre van juntas o no. Y ahora, se aplicaría esta yuxtaposición (si necesaria o accidental) al Concilio Ecuménico Vaticano II.
Si no cité el CVIº, (Dz: D-1839 Así, pues, Nos, siguiendo la tradición recogida fielmente desde el principio de la fe cristiana, para gloria de Dios Salvador nuestro, para exaltación de la fe católica y salvación de los pueblos cristianos, con aprobación del sagrado Concilio, enseñamos y definimos ser dogma divinamente revelado: Que el Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra -esto es, cuando cumpliendo su cargo de pastor y doctor de todos los cristianos, define por su suprema autoridad apostólica que una doctrina sobre la fe y costumbres debe ser sostenida por la Iglesia universal-, por la asistencia divina que le fué
prometida en la persona del bienaventurado Pedro, goza de aquella infalibilidad de que el Redentor divino quiso que estuviera provista su Iglesia en la definición de la doctrina sobre la fe y las costumbres; y, por tanto, que las definiciones del Romano Pontífice son irreformables por sí mismas no por el consentimiento de la Iglesia) fue justamente para convencer a los más reacios a mi argumento, al propio tiempo que demostraba con un ejemplo práctico de primera mano lo que decía sobre un Concilio que repetía dogmas ya definidos suficiente e irrevocablemente por una acto anterior de la Autoridad Apostólica, y que no por ello debía decirse propiamente «dogmático». ¿Es dogmática la definición de LG, 25, que cité y es transcripción casi textual de CVIº? Evidentemente, no lo es, por que repetir no es definir. Algún inteligente contribuyente dijo por ahí: «No es más dogmático que yo mismo cuando afirmo una verdad definida». Exacto.
Así que, como verá, coincido con Ud. Y hasta podría agregarle que es fácil demostrar, v.g., que «dogmático» no es igual a «infalible» sino que señala más bien a una determinada calidad de las verdades definidas como infalibles, aunque estas dos cosas queden normalmente superpuestas.
Me parece que estamos rondando lo mismo. Ud. admite (y yo lo afirmé implícitamente al ingresar al tema principal de las canonizaciones, que ahora quedó algo diluido) que existen determinadas cuestiones que son definidas infaliblemente y no son dogmáticas; Ud. escribe: «es evidente que tales definiciones infalibles son “ex sese irreformabiles” y no» ex consensu Ecclesiae», como se lee claramente (se refiere a mi cita del CVIIº, LG, 25). En efecto, ese es uno de los modos más solemnes en que se expresa el Mag. Infal., i.e. cuando el papa habla ex cathedra. Sin embargo, y aquí está el nudo de la cuestión, NO SOLO esas definiciones son infalibles». ¡Exacto! Es la sentencia de Dz. 1839 que transcribo arriba.
Fíjese que la cuestión que nos trajo hasta aquí es una désas que Ud. señala: la canonización de los santos. Hoy y aquí, sobre la base de algunos argumentos atendibles pero a mi juicio poco probables, se afirma que en las canonizaciones ya no queda comprometida la infalibilidad de la Iglesia. Por eso, todos los participantes nos remontamos a los principios, a ver si inspeccionando allí, encontrábamos «la posta».
Y ahora, entonces, vamos a la discrepancia.

Se trata de saber si, en todos aquellos casos en que, dándose ciertas formas solemnes que, de ordinario corresponderían a una definición infalibe, esta no obstante, no se daría como tal, infaliblemente. Por ejemplo, en las canonizaciones de los santos, ciertos Concilios Ecuménicos, etc.
¿Coincide en que está bien planteada la cuestión…?

Dejemos momentáneamente de lado qué cuestiones son cuáles, y otras cosas de detalle, porque no acompañan el buen razonar sino que atraen algo de morralla sobre el problema principal.
Y vamos nuevamente a los principios iluminadores: Forma, materia del acto infalible…
En la «materia» puede no haber «res» para una declaración infalibe, según lo define el C.Vaticano Iº: fe y costumbre; en tal caso, no se deberá más obsequio que «un respetuoso acuerdo» a tal definición, siempre que pueda hacerse sin daño para la conciencia, es decir, no perjudicando la salvación del alma.
Pero no es infalible, ni consiguientemente irreformable. Vamos por algunos ejemplos: el Papa dice que tal o cual secta protestante No tiene tradición apostólica. Ya; liquidó el asunto, no la tiene y fin final, por que es cuestión que afecta a la fe y atañe a la salvación. Pero el Papa dice: «fulano no está ordenado obispo» y ahí se puede equivocar, no es infalible, por que no lo sabe, o si lo sabe, no es un juicio que involucre la fe o la moral, sino una cuestión de hecho y prueba, que bien puede ignorar sin menoscabo de la asistencia divina.

En la forma (y en ella incluyo la «intención», por que en los actos jurídicos humanos ordinariamente es así, en tanto la forma involucra la solemnidad requerida para dar por prestado el consentimiento), también puede faltar la intencionalidad específica de definir infaliblemente. Por ejemplo (y supongo que Ud. no lo negará) cuando se hacen afirmaciones «obiter dictum», al pasar, dentro de una cuestión mayor; como por ejemplo, en la cita de LG, 25, donde dice «colegio episcopal», locución que suena bastante luteranoide. No se define que exista, o que históricamente haya podido existir realmente, algún «Colegio Episcopal», ni se hace verdaderamente «teología» sobre la fundación de la Iglesia por parte de LOS APÓSTOLES, en lugar de haberlo hecho Cristo N. S., sino que se hace una afirmación circunstancial, no infalible, a propósito de otra que sí lo podría ser. Y que repito: No es una definición solemne de un Concilio Ecuménico; es la repetición de una definición solemne anterior que, de suyo, sería inaceptable como ejercicio de la infalibilidad por el Concilio declarante, por quello supondría una «reconfirmación ex consensu Ecclesiae» de una verdad definida anteriormente por otro Concilio; sería un acto de la misma naturaleza que una eventual reforma y vendría a sobreponer la jurisdicción del Concilio actual a la del Concilio anterior, dejando al anterior llorando y a los gritos… Aquí, evidentemente, falla la intencionalidad, e inclusive la forma. No se puede tomar SERIAMENTE la cita, la mera repetición, de una verdad definida anteriormente como la prueba de la infalibilidad de un Concilio Ecuménico.
Si a eso agrega que EXPRESAMENTE un Papa ha declarado que las afirmaciones de ESE Concilio no serán dogmáticas sino «pastorales»; y si, por extensión (anda máis), en el Acuerdo firmado con la sociedad San Juan María Vianney de Brasil, se admite expresamente que los documentos de CVIIº son pasibles de una «crítica constructiva» (y esto es una Constitución Apostólica, la que aprueba el Acuerdo, digo); de todo ello, aún siendo «obiter dictum», puede seguirse que NO puede sostenerse SIEMPRE y NECESARIAMENTE que los Concilios Ecuménicos sean infalibles …
Ya sé que no es cuestión definida (la infalibilidad de los Concilios y otras formas extensivas del dogma de la infalibilidad) pero es costumbre que las partes en pugna en torno a este problema, se corran con las respectivas vainas una a la otra: ¡Usté niega la infalibilidá! ¡Usté es un idólotra, usté es…! ¡pssst!

Esto se llama «doctrina de los propios actos» (que pasó raudamente del derecho canónico al derecho civil) o si Usté prefiere, lo que dice San Vicente Lehrins sobre la necesidad de ser «pacífica» y «constante» una doctrina de los Padres, para ser considerada Tradicional y auténtica. Esta doctrina sobre la infaliblidad incondicional de los Concilios Ecuménicos, no es «pacífica» ni «constante».

Mire, amigo: Dios todo lo puede, menos contradecirse. Eso es facultad de hombres nomás. Si un Concilio desmiente a otro, o a un Papa, el edificio se derrumba; todo entero, no solamente el más antiguo o el más moderno, por que la solidez de uno depende de la del otro, del conjunto digamos.
Entonces, o bien la «verdad» sobre la cual se asienta este monumental derrumbe (perdone la figura) está mal interpretada, mal aplicada, o simplemente es falsa.

¿Es falso o verdadero que sean infalibles los Concilios Ecuménicos?
Es falso que SIEMPRE sean infalibles. Y es falso que sean infalibles SOLAMENTE por el hecho de ser Concilios Ecuménicos.

No quiero entrar en el debate, pero debo recordarle que NO TODAS las opiniones del cardenal D’Avanzo ni todas las afirmaciones del cardenal Franzelin fueron acogidas por el Concilio Vaticano Iº, ni tampoco confirmadas por el Papa. Precisamente, algunas de las tesis rechazadas al cardenal jesuita se referían a la «extensión» de la infaliblidad a otras materias ordinarias indiscriminadamente. No digo que el tirolés no fuera un santo que yo creo que sí lo fue; digo más bien que era algo exagerado, nada más. Entre nosotros, el R.P. Domingo Basso, un dominico, ha publicado un librito llamado “Tres lecciones sobre la autoridad” o algo así, donde defiende estas mismas tesis que Usted dice, pero admite finalmente que son solamente tenidas como “sentencias probables” de algunos teólogos, y no necesariamente doctrina cierta de la Iglesia.
Creo que, en esto, no discrepa Ud.
Por fin, la cuestión de la infalibilidad «negativa», no la veo como una tesis que venga a limitar o poner en crisis la «irreformabilidad», porque sería un problema propio de un efecto, de una consecuencia de la infalibilidad (en cuanto medida consecuente de tipo prudencial o discrecional únicamente) y no en cuanto a su contenido. Siguiendo con su ejemplo: La definición sobre Cristo Rey, sobre la realeza social de N. S. Jesucristo de Pio XI es infalible y es irreformable; el oficio litúrgico y la Santa Misa de la fiesta no lo son (son una consecuencia litúrgica de una definición infalible, NO la propia definición) y son por lo tanto reformables; la Santa Misa, con todo lo infinito y eterna que Ella es, es infalible; la Misa de la Fiesta de Cristo Rey no es infalible (su institución en tal o cual fecha, digo), y así sucesivamente.
Se lo puedo poner en difícil, en lenguaje «técnico» filosófico, pero prefiero hacerme entender por todos los lectores, por que es necesario que la cuestión quede esclarecida. Y si mal no recuerdo, éste es uno de los problemas que le objetaron a uno de lo dos grandes cardenales de la infalibilidad que Ud. mencionó. Ahora no tengo mis libros a mano, así que no recuerdo a cuál.
Hoy, no nos queda más remedio que poner en remojo al CVIIº para salvar a la barca de Pedro, e inclusive a su autoridad, que se hunde con Concilio, conciliaristas y toda la comparsa nacida del «espíritu del Concilio» que ha quedado desnudada y desairada por S. S. Benedicto XVI como cultores de la «hermenéutica de la ruptura». Es preciso hacerlo, porque convivir el catolicismo con el «conciliarismo» está visto, no es posible. Se podrá afirmar doctrinalmente lo que se guste; pero no se puede negar el cisma horrendo que dilacera la Iglesia hace 40 años utilizando como excusa al Concilio. Concilio que, por otra parte, si Paulo VI lo declaró como ley de la Iglesia, bueno sería estudiarlo y cumplirlo algo más y más perfectamente en materia litúrgica al menos y para ir empezando a hacer algo.
Fíjese que, en último análisis, si el Concilio fué realmente infalible, el que queda mal es el papa Paulo VI, que en materia litúrgica hizo exactamente lo contrario de lo que dice el Concilio. Es decir, desobedió una formulación infalible de la Iglesia ….
No; no es posible eludir una discusión RAZONABLE sobre este episodio de la Iglesia; y cuando digo razonable, digo guiado por la razón y sin el eterno «magister dixit» al medio, impidiendo todo razonamiento … razonable.
Y tal vez, sea la oportunidad para estudiar bien a fondo la cuestión de la infalibilidad, que aunque acreedora y beneficiaria de innumerables trabajos de estudio, todavía sigue dando que hablar.
Mis cordiales saludos en Xto. N. S.
Lambertín

P.S. Mis discuplas al moderador por la extensión del comentario. Pero concededme que el tema merece un libro y no un comentario. Y le ruego que vea el modo de corregir el ancho del comentario.



    Anónimo
    27/02/2010 a las 20:34

    Suscribo el comentario de Lambertín
    Suscribo el comentario de Lambertín. Creo que ha puesto en claro que la dicotomía infalibilidad/falibilidad de los concilios ecuménicos no es un dogma, por lo que el planteamiento de Fr. Ercoli “pide principio”.

    Un elemento a tener en cuenta: para Cartechini, sj, las notas teológicas son diez, y van desde el suelo de la “opinión” a la cumbre del “dogma de fe”, por lo que requieren diverso grado de asentimiento, y son diversas las “censuras”, en caso de proposiciones opuestas.

    En Xto.,

    P.



      Anónimo
      01/03/2010 a las 19:09

      APPLES AND ORANGES…
      Infalibilidad/falibilidad de los Concilios Ecuménicos no es un dogma: ¿de que está hablando, estimado P. en Xto.?
      A) ¿Que la infalibilidad de un Concilio Ecuménico no es un dogma de fe definido? Bueno, de esto todavía no se habló con Lambertín; en efecto, yo sostengo que sin ser aún un “dogma de fe definido”, sin embargo es “una verdad de fe implícitamente definida sobre todo en el Conc. Vat. I” (DZ. 1792 [3011], vea x ej. Salaverri o.c. #553), y por consiguiente, fuera de discusión entre católicos.
      B) ¿Que todo lo enseñado por un Concilio Ecuménico no es dogma de fe? Bueno, es lo que yo también sostengo, y justamente le señalé a Lambertín su tendencia equivocada de identificar infalibilidad=dogma de fe.
      Su elemento a tener en cuenta sobre las “notas teológicas” (i.e. diferente grado de asentimiento que se debe dar a lo enseñado por el Magisterio con su respectiva censura, de lo que todos lo teólogos hablan [x ej. Salaverri o.c. #905 enumera 14]), también está fuera de lugar, puesto que de eso no sólo todavía no se habló, sino que va se suyo que no se deba hacer una genuflexión cada vez que el papa abre la boca.
      Dicho esto, estimado P. en Xto., le pido de favor que ‘cuando hablamos de manzanas no me salga con naranjas’ (como dicen los yankees), porque entonces no nos vamos a entender. Por el resto, si Ud. no concuerda con lo que escribo, tenga la honestidad intelectual de no negar gratuitamente puesto que yo no afirmo gratuitamente, y muestre mis errores con argumentos que estoy dispuesto a corregirlos. Le digo en passant que yo tampoco estoy de acuerdo con Ud. en algunas cosas que de Ud. leí, como por ejemplo su analogía de “el sol y los planetas” que me parece una apreciación típicamente modernista, o la de “fotos sí, caricaturas no”, aclaración de sabor roncaliniana-modernista, o la de “el que puede lo más puede lo menos” aplicada a la infalibilidad, algo evidentemente ridículo y completamente fuera de lugar, puesto que ‘si es infalible’, por definición ‘no puede ser falible’. Esto equivale a decir que “el que no puede errar, puede errar”…, id est contradictio in terminis!
      fr.ercoli



        Anónimo
        01/03/2010 a las 22:31

        MANZANAS Y PERAS
        Fr. Ercoli:

        Usted ha tomado la metáfora en sentido propio. No es contradicción, sino carencia hermenéutica.

        Seguiré tomándome “licencias literarias”, por razones didácticas, para que mis comentarios sean más accesibles al común de los lectores. Si le disgusta puede dejar de leerlos.

        El Magisterio puede ser infalible –la asistencia del Espíritu Santo llega al máximo- o puede ser falible –la asistencia del Espíritu Santo no garantiza la ausencia de error en el enunciado-, lo que no quiere decir que contenga de hecho error. Y lo que afirmo es que si, y sólo si, se dan determinadas condiciones, podemos decir que estamos en presencia de magisterio infalible. Cuando no se dan esas condiciones, hay que presumir que se está ante magisterio falible. Y no hay en ello contradicción alguna.

        Usted puede citar a Salaverri y a todos los manuales que le venga en gana. Y yo podré hacer lo mismo. Pero siempre será una confrontación de teólogos privados. Usted puede calificar a un teólogo de modernista. Pero seguirá siendo una simple opinión, suya, ya que usted no es el Santo Oficio, ni el Sucesor de Pedro, y yo tampoco.

        En cambio, cuando dos Romanos Pontífices han dicho que un Concilio no empleó el munus docendi de modo infalible, eso es un “lugar teológico” de mayor importancia que sus manuales o los míos. Y eso fue lo que, en efecto, dijeron tanto Juan XXIII como Pablo VI. Y lo que, además, intentó clarificar Pericles Felici durante el CVII.

        Por tanto, hay que afirmar dos cosas, que son distintas, pero que están relacionadas: 1ª. No todo concilio ecuménico es infalible; 2ª. No todo el contenido de un concilio ecuménico es infalible.

        Y luego hay que aplicar esas afirmaciones, entre otras, al CVII.

        En Xto.,

        P.



          Anónimo
          01/03/2010 a las 23:55

          ALGO MÁS SOBRE EL P. SALAVERRI, SJ
          Fr. Ercoli:

          Ya que la obra del P. Salaverri, SI, es de su “paladar teológico”, aprovecho para transcribirle un texto por él firmado en 1969, sobre el distinto valor de los lugares teológicos:

          (…) no es posible poner en un mismo plano a los teólogos o “maestros”, que exponen los frutos de sus investigaciones o enseñan en virtud de una misión recibida del magisterio, y a los “maestros” auténticos que, con autoridad ejercida en nombre de Cristo, son los que han recibido de El el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, escrita o transmitida por la tradición. Son dos planos inconfundibles: el del magisterio teológico que enseña llevando al convencimiento por el valor eventual de las razones que propone, y el del magisterio auténtico que enseña la doctrina y la impone en virtud de su autoridad que le dio el Señor; el magisterio, teológico está esencialmente sometido al magisterio autoritativo de la Iglesia.

          En buena lógica, el P. Salaverri no hubiera aceptado que se diera a su «magisterio» de teólogo privado, el mismo valor teológico que el del «magisterio» del Romano Pontífice. Tema, este último, sobre el que continuó escribiendo hasta su muerte.

          En Xto.,

          P.



          Anónimo
          02/03/2010 a las 15:30

          SALAVERRI Y UN CONCILIO ECUMÉNICO INFRAVALENTE
          1) Sobre los antecedentes y la obra del R.P. Joaquín Salaverri, SI, conviene aclarar:

          Que se menciona su tratado De Ecclesia como si se tratase de una gran autoridad. Por cierto, fue una obra muy difundida en su tiempo. Y elogiada por Karl Rahner, lo que no debería llamar demasiado la atención, puesto que ambos autores tienen antecedentes intelectuales comunes que los sitúan fuera de la tradición tomista. En efecto, los dos son radicalmente suaristas (con la deficiente Metafísica de base, el eclecticismo y el voluntarismo, característicos del “Doctor Eximio”). La diferencia es que Rahner, desde presupuestos suaristas, incorporó a Heidegger en su sistema.

          Otro dato de interés respecto de Salaverri es la evolución de su pensamiento: partió de cierto maximalismo en cuanto a la infalibilidad para luego llegar a una posición más matizada.

          Además, el P. Salaverri fue perito del Episcopado Español en el CVII. Finalizado el Concilio, el autor publicó un trabajo introductorio a los documentos del CVII (Sal Terrae, 1966) y un estudio sobre la “Potestad de Magisterio” en una obra colectiva de comentarios a la constitución “Lumen Gentium” (BAC, 1966). En ambos trabajos, destacó que la enseñanza del Vaticano II es “un magisterio de carácter prevalentemente pastoral”.

          En su ya citada obra De Ecclesia, en el número 558, el P. Salaverri explica cómo se verifica su tesis 13 en los concilios ecuménicos, en cinco pasos:

          http://www.mercaba.org/TEOLOGIA/STE/iglesia/libro_2_cap_2.htm

          2) Pero el Vaticano II no cumplió con esos requisitos, lo que consta por declaraciones expresas de dos Romanos Pontífices, y de los Padres conciliares, de la que ha quedado testimonio en las Actas del Concilio.

          Un concilio ecuménico, por el hecho de ser tal, no es automáticamente infalible. Deben cumplirse ciertas condiciones para que lo sea. Y la infalibilidad es un “carisma”, gracia especial que el Espíritu Santo entrega para el bien de la Iglesia. Gracia a la que se puede renunciar libremente en el ejercicio de la función docente. Renuncia que puede hacer tanto el Romano Pontífice, cuando se abstiene de enseñar infaliblemente, como un Concilio Ecuménico, cuando realiza la misma abstención, y la manifiesta tanto en su apertura y como en su clausura. Que lo último sea novedoso, no quiere decir que sea teológicamente imposible.

          3) En conclusión, estamos, ante un concilio ecuménico infravalente, i.e., uno en el que los Obispos y el Papa NO “enseñan una doctrina definitivamente, y la imponen para ser aceptada absolutamente.” (Cfr. Salaverri, n. 560, b)

          4) Por último, a la luz del Vaticano I, es claro para los teólogos que el objeto de la infalibilidad es más extenso que el de la fe teologal. Pero explicar bien este asunto, demandaría un estudio extenso de “credenda” y “tenenda” en dicho Concilio, cosa que no es conveniente hacer por este medio.

          En Xto.,

          P.



          Anónimo
          02/03/2010 a las 18:29

          CITANDO NUEVAMENTE A PAULO VI? OK. P.!
          Estimado P. en Xto: visto que Ud. insiste en referirse a lo que Juan XXIII y Paulo VI dijeron para defender su interpretación personal del CVII, negando su infalibilidad y por consiguiente su obligatoriedad, le transcribo algunos pasajes del «Promulgador» de dicho Conc. que desmienten claramente su posición. Le digo entre paréntesis que este último, como todos saben, era más conocido por modernista que por estúpido, y en efecto negó en muchos puntos la doctrina tradicional de la Iglesia mas no toda, como se puede ver en los siguientes pasajes:

          1) Audiencia General del 12 de Enero 1966 (cf. Oss. Romano 13/01/66) ya analizada en este foro, en la que Paul VI repite 2 declaraciones conciliares: 6 de Marzo y 16 de Nov. 1964. Ahí se ve claramente: a) que el Conc. SÍ trató de materias de fe y moral; b) que el Conc. SÍ es el Magisterio viviente de la Iglesia para custodiar e interpretar el ‘depósito de la fe’ (y como si esto no alcanzara, confirma sus palabras nada menos que con “Humani generis” de Pío XII!), y por lo tanto, quien adhiere al Conc. reconoce y honora el Magisterio de la Iglesia. c) que, aún si el Conc. evitó pronunciar en modo extraordinario dogmas dotados de la nota de infalibilidad (=dogmas de fe!), sin embargo debe retenerse como Magisterio Ordinario Universal (que como todo católico sabe, ES INFALIBLE!), y por lo tanto debe ser recibido por todos los fieles. Aquí, Paulo VI no es facultativo (vea infra nos. 3, 4 y 5)
          Ahora bien, en ningún momento Paulo VI dijo, como Ud. pretende, que el Conc. no era infalible! No me venga con naranjas nuevamente….

          2) Carta de Paulo VI a Mons. Lefebvre del 25 Junio 1975: “¿Cómo podría alguien hoy compararse a San Atanasio, osando combatir un Concilio como el Concilio Vaticano II, que no tiene menor autoridad, que inclusive en ciertos aspectos es aún más importante, de aquel de Nicea?” (cf. La condamnation sauvage de Mgr Lefebvre, Itinéraires, Dic. 1976, pág. 67). Nótese bien que en la mente de Paulo VI (y en esto los modernistas le hacen coro) el CVII «en ciertos puntos es aún más importante que Nicea» (sic!).

          3) En cada uno de los documentos conciliares firmados por el mismo Paulo VI y los otros padres, se lee claramente: “Todas y cada una de las cosas contenidas en esta Declaración [o Decreto, o Constitución Dogmática] han obtenido el beneplácito de los Padres del Sacrosanto Concilio. Y Nos, en virtud de la potestad apostólica recibida de Cristo, juntamente con los Venerables Padres, las aprobamos, decretamos y establecemos en el Espíritu Santo, y mandamos que lo así decidido conciliarmente sea promulgado para gloria de Dios.” Nótese bien que Paulo VI revindica no sólo su “potestad apostólica recibida de Cristo” sino también la asistencia del “Espíritu Santo”.

          4) Paulo VI en el Consistorio del 24 de Mayo 1976, condenando a Mons. Lefebvre denunciaba: “Se osa afirmar que no se esté obligado al Concilio Vaticano II…” y deducía que por lo tanto se ponía “fuera de la obediencia al Sucesor de Pedro y de la comunión con él, y por consiguiente fuera de la Iglesia.” (cf. Itinéraires, l.c. pág. 108).

          5) Como si esto fuera poco, Paulo VI recordaba nuevamente en la Carta del 11 de Oct. 1976 que el CVII había obrado como los Concilios anteriores, precisando: “tampoco podéis invocar la distinción entre dogmático y pastoral para aceptar ciertos textos de este Concilio y rechazar otros. Es verdad que todo lo dicho en un Concilio no requiere un asentimiento de la misma naturaleza: sólo aquello que es afirmado como objeto de fe o verdad anexa a la fe [es el caso de la libertad religiosa, n.d.a] con ‘actos definitivos’, requiere un asentimiento definitivo. Pero también el resto forma parte del magisterio solemne de la Iglesia, al cual todo fiel debe un acogimiento fedidigno y una sincera aplicación práctica.” Y Paulo VI concluía imponiendo a Mons. Lefebvre una declaración en la que se “deberá por lo tanto afirmar que ustedes adhieren francamente al Concilio Ecuménico Vaticano II y a todos sus textos –‘sensu obvio’- que fueron adoptados por los padres conciliares, aprobados y promulgados por Nuestra autoridad. Porque una tal adhesión ha siempre sido la regla en la Iglesia, desde sus orígenes, en lo que concierne a los Concilios ecuménicos.” (cf. Ibidem, págs. 294-295, 301)

          Dicho esto, le agrego también algunas cosas en passant y sin intención de ofender: a) en su argumentación sobre el Magisterio, Ud. no distingue bien cuando es infalible y cuando no, y por consiguiente termina afirmando que “No todo concilio ecuménico es infalible” (atribuye la posibilidad de que un Conc. Ecum. no sea infalible). Ahora bien, como dije antes, negar la Infalibilidad de un Concilio Ecuménico es “negar una verdad de fe implícitamente definida sobre todo en el Conc. Vat. I” (DZ. 1792). b) agradezco su cita de Salaverri aún si la considero fuera de lugar, puesto que nunca pretendí poner ningún teólogo a la altura del Magisterio del Papa (me faltaría sólo eso!), sino que al contrario, he dicho claramente que “muchos Aquinos no hacen un Pedro…”, mucho menos un Salaverri! c) sin pretender ser el Santo Oficio (que actualmente no sólo no denuncia más la herejía sino que pareciera que la profesa…) puedo darme cuenta cuando se dicen cosas contra la fe y también denunciarlas con todo derecho en este foro, puesto que es ‘un espacio para todo lo que es católico’. d) Ud. puede usar todas las “licencias literarias” que quiera, pero le recuerdo el riesgo de caer en una vieja táctica modernista, cambiando los términos para cambiar la fe, como justamente denunciaba S. Pío X. Vaya a una iglesia modernista, escuche un sermón de cualquier cura (hermenéutica, reconciliación, presidente de la asamblea o ministro de la palabra, sináxis, comunión parcial, hermanos e iglesias separadas, etc), y verá que el Papa Sarto tenía razón. Hay que denunciar no sólo a los modernistas sino también a los “modernizantes”, como lo hacia la gloriosa Sodalitium Pianum!
          Suyo in Xto.

          fr.ercoli



          Anónimo
          02/03/2010 a las 22:27

          FR. ERCOLI: MI CONCLUSIÓN.
          Fr. Ercoli:

          1) En mi anterior mensaje debí precisar una restricción temática, i.e. de objeto material en debate, lo que supuse estaba claro después de los mensajes anteriores: me refiero a lo que el CVII tiene de “novedoso”, a ese “5 %” (Mons. Fellay), a lo que “no entendemos” (Marcelo González). Es decir, a lo que supone una “novedad” respecto del Magisterio precedente. Porque aquello que del CVII es reiteración del Magisterio precedente, para mí no tiene sentido ponerlo en discusión.

          2) NO niego que el Magisterio Ordinario Universal sea infalible. SÍ niego que el CVII, en lo que tiene de novedoso, tenga ese estatuto magisterial. Es una cuestión de hecho, por lo que la cita que usted hace del Denzinger, está fuera de lugar y resulta improcedente.

          3) Y me baso, para negarlo, no sólo en Pablo VI, sino en:
          a) Juan XXIII;
          b) Mons. Pericles Felici;
          c) Las Actas conciliares, con las objeciones de los Padres y las respuestas de las Comisiones redactoras.
          d) Pablo VI.
          e) La totalidad moral de los teólogos que han escrito sobre el valor magisterial del Vaticano II, entre los que destaca Salaverri, citado por usted como dotado de cierta «autoridad».

          La enumeración podría seguir, pero me parece suficiente. La copia de textos, alarga innecesariamente los mensajes.

          4) No habiendo en los textos del Vaticano II ninguna definición magisterial infalible, sus enseñanzas —las propias, las novedosas, no las “reiterativas”— no están revestidas del carisma de la infalibilidad. En lo que tienen de doctrinal, son actos de magisterio auténtico no definitivo (es la denominación que se emplea en la actualidad, tanto en Teología como en Derecho Canónico), y no infalible. Y en lo que tienen de prudencial o pastoral, tampoco son infalibles.

          5) Rechazo la teoría de la “infalibilidad automática”. No es posible que un acto magisterial sea infalible contra la explícita intención y voluntad en sentido contrario del Romano Pontífice en unión con el Episcopado, porque la infalibilidad es un carisma, de asistencia negativa. El Espíritu Santo no mueve al Papa y a los Obispos como a marionetas en el ejercicio de su función de enseñar. Así como la gracia supone la naturaleza, una acto magisterial debe ser un acto humano.

          No estoy seguro de si usted sostiene esa teoría «mecanicista» de la infalibilidad.

          6) Por último, no lo conozco en persona e ignoro si ha realizado estudios eclesiásticos formales. En mi caso, me licencié en Filosofía en la Argentina y me doctoré en Teología en Roma. Gracias a Dios, siempre dentro del tomismo, sin la mediación de manuales escolástico-decadentes de impronta racionalista o suarista, que pululan en ambientes autodenominados «tradicionalistas». Por lo que le ruego trate de disculparme si sus insinuaciones sobre “modernistas” y “modernizantes” me resultan risibles.

          En Xto.,

          P.



    Anónimo
    01/03/2010 a las 19:18

    Estimado Lambertín,
    Gracias por su respuesta y me da gusto que haya regresado al foro, ya lo estaba extrañando. Yo acabo de llegar de viaje y necesito un tiempito para responderle, considerando también que su largo comentario, a simple vista, necesita mucha explicación.
    In Xto. fr.ercoli



    Anónimo
    02/03/2010 a las 21:23

    Estimado Lambertín,
    Como prometido, le respondo muy brevemente, puesto que esta discusión ya a pasado a ‘hilar más fino’ con nuestro P. en Xto., y puesto que él “subscribe” lo que Ud. escribió, respondiendo a él quizás también venga Ud. incluido; digo “quizás” porque imagino y espero que Ud. no subscriba todo lo que él escribe. Sin embargo, nuestro P. tiene el mérito de haber encontrado y puesto a disposición del foro (no sin algunas pinceladas de fango!) el valiosísimo tratado De Ecclesia del Padre Salaverri que le aconsejo vivamente consultar.

    En general, creo que sigue confundiendo infalibilidad con irreformabilidad, y de aquí, lo aplica al Conc. Ecum. erróneamente. En efecto, aún si es posible que un Conc. Ecum. no contenga nuevas definiciones dogmáticas (vea aclaración de Paulo VI), es imposible que contenga errores (se sobreentiende sobre la fe o moral). Este es todo el punto, y no se trata de una “mera sentencia probable de los doctores”, sino de “una doctrina de fe implícitamente definida sobre todo en el Con. Vat I”. Le ruego que lea DZ 1792, y Salaverri nos. 549 y siguientes, donde prueba magistralmente con muchos textos de Concilios, Papas y teólogos precedentes o contemporáneos que confirman el valor de su tesis.

    Ahora bien, a su objeción de que el CVII no pudo ser infalible por defecto de ‘forma’ e ‘intención’ (vea citaciones de Paulo VI), yo respondo el contrario, que tuvo todas las condiciones para ser infalible puesto que trató de fe y moral etc., aún no definiendo definitiva e irreformablemente nuevos dogmas de fe. Si a esto todavía se objeta que “Paulo VI no tuvo la intención de definir nuevos dogmas”, yo respondo que el mismo Paulo VI le dio la “Autoridad de Magisterio Universal”, que reviene a ser lo mismo puesto que éste es también infalible. Una vez más, no se debe confundir infalibilidad con dogmas de fe, puesto que aquella no se limita sólo a estos. Y por esto yo explicaba la distinción en teología (que Ud. parece todavía no aceptar) entre infalibilidad negativa y positiva. Como mínimo, gracias a la Inf. negativa, estamos seguros de no encontrar nada que vaya contra la fe o las costumbres o sea nocivo para las almas, en todo lo aprobado y promulgado infaliblemente por la Iglesia.

    Así pues, estoy de acuerdo con Ud. en que no debamos eludir una discusión “razonable” sobre este episodio de la Iglesia, usando pues la razón iluminada por la fe, recurriendo en primer lugar al Magisterio de la Iglesia porque es la regla próxima de la fe, que nos dice exactamente que debemos creer y sostener de las Sdas.Escrituras y Tradición. Si la doctrina expuesta por Magisterio no es clara, habrá que recurrir a otros documentos donde el Magisterio ya se pronunció sobre tales cuestiones. Ahora bien, para mayor claridad se tendrán que consultar los textos que prepararon las declaraciones del Magisterio, consultando sobre todo los así llamados “teólogos romanos”, o “de la curia”, y si entre ellos no hubiere unanimidad, entonces se seguirán en los puntos donde sean unánimes o las sentencias más provables.
    Mis saludos in Xto.
    fr.ercoli



Moderador
03/03/2010 a las 22:32

Respondiendo al pedido de «cable a tierra»

En un post más adelante, un comentario anónimo pide un cable a tierra para discernir todo lo expuesto hasta aquí en materia de falibilidad o infalibilidad de los textos, o de algunos de ellos, del Concilio Vaticano II.

Sabiamente pone un pie en el freno. Esta discusión, provechosa en tantos aspectos, se ha complicado en exceso, sobre todo porque se abrió demasiado y porque el sistema de respuestas a veces nos enreda demasiado.

Como Moderador, propongo y dispongo un cuarto intermedio. Me comprometo a plantear el tema en un artículo recapitulatorio ad hoc, tratando de retomar fielmente las líneas centrales de argumentación de modo que con la cabeza fresca y los datos resumidos podamos llegar a buen puerto.

En tanto sugiero a los interesados que no tomen pasos drásticos, tales como perder la Fe o cosas por el estilo. Hay un problema que es evidente a todos: los textos del CVII tienen afirmaciones que en apariencia para algunos y con toda certeza para otros contradicen el Magisterio.

Las consecuencias son: 

1) el CVII no es Magisterio auténtico, al menos en aquellos documentos que incurren en esta contradicción. (línea FSSPX)

2) o, el CVII sí es Magisterio auténtico, y lo que falla es la interpretación. (línea hermenéutica de la continuidad)

3) o, el dogma evoluciona, por lo tanto el Magisterio puede cambiar sobre temas ya definidos (línea hermenéutica de la ruptura) que no se ha visto representada aquí por expositores, según creo.

4) o, todo concilio ecuménico es infalible, de modo que donde el CVII yerra demuestra que ni Juan XXIII ni Paulo VI ni sus sucesores fueron verdaderos papas o al menos dejaron de serlo en algún momento, (línea sedevacantista).

Solicito que privadamente se me envíen sugerencias para esta recapitulación. moderador@panodigital.com

Finalmente, en uso de mi autoridad de moderador, anuncio que no publicaré en este artículo nuevos comentarios referidos a este tema, invitando a los lectores a hacerlos en el artículo que anuncio. 

Propongo un vacatio de una semana para enviar sugerencias.

Agradeciendo a todos su tiempo y su interés, continuamos esto en los próximos días por correo privado.

Un cordial saludo a todos.

Marcelo González



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