Panorama Católico

La Caída de Marcó, Vocero Primado

Escribe Escipión el Porteño

Escribe Escipión el Porteño

El lenguaraz oficial del señor arzobispo porteño acaba de perder su puesto y, según afirman algunos, también un par de uñas; quizá sea un bien para él, pues ahora podrá dedicarse a pastorear almas como sacerdote que es, en lugar de decir estupideces por mandato ajeno. Es que su jefe lo ha desautorizado, haciendo saber al público que las declaraciones que motivaron su alejamiento habían sido formuladas a título personal y no como voceador oficialista, así que el hombre ha debido tomar las de Villadiego; aunque suponemos que por "sugerencias impropias" cercanas a su jefe, antes que por propia voluntad ¿Qué: Habrá incurrido tal vez en alguna falta de respeto contra el Sumo Pontífice o el ordinario del lugar … ? o acaso: ¿habrá efectuado declaraciones contrarias a la doctrina sacrosanta del Divino Maestro y Fundador de la Iglesia, o siquiera habrá echado sombras de duda sobre algún bien eterno que sólo a la Iglesia toca administrar … ? Frío, frío, nada de todo eso dijo el ex vocero archiepiscopal; que ¡vamos! por esas razones, nadie pierde hoy día una canonjía.

No; dijo solamente que el Gobierno "alentaba odios y desencuentros", granjéandose en el acto el odio del demócrata jefe, que lo vituperó, lo insultó, se burló de su condición sacerdotal y lo escarneció en lo que estaba a su alcance; y … el desencuentro con su jefe, que lo obligó a renunciar. Parece, pues, que en la antañona polémica sobre si los obispos son o no funcionarios públicos, Monseñor Franceschi llevó las de perder, en definitiva, por que con ésta, son dos las veces que el déspota de turno quiere interferir en la vida de la Iglesia sin que nadie diga ni m

En realidad, no tuvo peor idea que esta de enfrentarse con el gobierno local acusándolo de varias cosas verdaderas. Tal parece, pues, que ha perdido su puesto por decir la verdad.

¡Bienvenido, padre Marcó!

Las Bienaventuranzas son para gente que pierde su trabajo y sus … canonjías, por decir la verdad. Venga y sirva Ud., ahora que está libre, a un Jefe que no lo soltará a la primera de cambio, por que tiene sus manos como si dijéramos "clavadas" a sus fieles, para utilizar una alegoría de difícil comprensión pero fácil de ver.

Y comprenda en qué situación está quedando la Esposa de Cristo en la Argentina, a merced de tiranuelos de opereta anacrónica, encima con música aburrida, y vigilantes (¿"epíscopo" no quiere decir vigilante?) que siguen medio dormidos mientras les roban la honra, el trabajo y les matan las ovejas, mientras emiten declaraciones relativas la "reforma agraria" que no fue.

Y por cierto, como las comparancias son siempre odiosas, y que para muestra basta un botón, y que no hay mal que por bien no venga, y que si las barbas de tu vecino ves rasurar, pondrás las tuyas a remojar; unas horas antes un líder religioso hacía estas siguientes escandalosas declaraciones, tan terribles como verdaderas, en una comida en la Asociación de Criadores Pur Sang, sin que nadie osara (aún) echarlo de su puesto. Leámoslas.

«Hay en el país una inédita concentración de poder "que antes sólo estábamos a acostumbrados a ver en un régimen totalitario, y que se maneja por el poder de la sociedad posmoderna, que es el dinero". Cuestionó "el manejo monopólico del superávit de caja" para comprarlo todo, "las voluntades políticas de quienes se escinden del mandato de sus representados" y una calma social "que es ilusoria y ficticia", porque no se resuelven los problemas de fondo: "Hay una inflación reprimida –dijo– con precios congelados por intimidación". (¡Ah, varón!)

Definió el expositor a la Argentina como un "mosaico multicolor", en el cual nadie pierde su singularidad, antes que como un crisol de razas, que requiere fuego en lo cual todo se funda y se amalgame en un promedio, en un molde. (¡Chúpate esa mandarina, Alberdi!)

"Los argentinos somos desmemoriados". Lamentó que se olvide el esfuerzo de los mayores. "De los próceres hemos hecho un fin de semana largo, y a los ídolos del deporte les damos veneración".

Animó a la participación cívica y política. "Es mejor jugar en la cancha que ser espectadores", dijo, y alertó sobre el cambio de las reglas del juego.

Dijo que Dios nos dio libertad y tenemos responsabilidades, de las cuales dar cuenta. Y los gobernantes, también. Agregó que la Nación se perfecciona "por la verdad y la justicia, no por la revancha y la recordación de parte" de la verdad.

Cuestionó una recordación adolescente, nostálgica y tardía de lo que no se hizo cuando se debió hacer, y reclamó buscar la verdad, para hacer la justicia y la paz (¡Qué bien, ha leído a San Agustín!). Juzgó como un drama el colapso de las minorías por la compra de sus voluntades por el poder de la mayoría.

"La política partidaria está colapsadase lamentó–; antes era militante y utópica; hoy es un bien de uso y de consumo".

Afirmó que la manera más fácil de hablar de los derechos humanos es hablar de hace 30 años, no de ahora. Dijo que todo terrorismo tiene que ser condenado, no uno sólo, y todos los responsables juzgados, no algunos.

"Ningún argentino puede tener hambre. Eso son derechos humanos", afirmó también.

Haciendo una revisión desde 1983, dijo que hubo una apuesta "a una clase política que nos defraudó" porque "ni la casa está en orden" ni era cierto el "síganme, no los voy a defraudar".

Instó a no quedarse en la queja, sino a participar, dentro de la Constitución.

Cuestionó el "quedar enganchado de Fidel Castro en su ocaso y salir de paseo por el mundo con Chávez, alineado por intereses con Irán", como parte de una política incoherente y errática, "un revival adolescente del antiyanquismo que se sintió en la juventud"» (fin final de la cita, con comillas francesas incluidas).

No es un obispo católico, por desgracia; es el rabino Sergio Bergman quien así habla, y si hemos dado alguna extensión a la transcripción de sus palabras, es como un elogio y reconocimiento a la veracidad y coraje con que las ha pronunciado, que nos recuerda las imprecaciones de los profetas antiguos; pero tenga cuidado el rabino Bergman, por que Nuestro Señor ya nos avisó que a Sus profetas los matan, justamente, por que dicen la verdad. Si para muestra le basta este botón, mire lo que le pasó al P. Marcó.

Solamente agregaríamos a la clara e inteligente exposición del rabino, la consigna que Vittorio Messori ha impartido para nuestro tiempo y con relación a este mundo "posmoderno" o "postcristiano", en que nos ha tocado vivir: Hay tres cosas que se detestan por igual: el catolicismo, el tabaco y los cazadores.

Nosotros, que hacemos honor a las tres cosas, sólo podemos seguir publicando nuestro desengaño.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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