Panorama Católico

La Compulsión Moderna

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos acaba de informar a todas las Conferencias Episcopales del Orbe que la palabra latina "multis" de la fórmula de la consagración de la Santísima Sangre de Cristo debe traducirse por "muchos" y no por "todos", como se dice habitualmente en Castellano.

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos acaba de informar a todas las Conferencias Episcopales del Orbe que la palabra latina "multis" de la fórmula de la consagración de la Santísima Sangre de Cristo debe traducirse por "muchos" y no por "todos", como se dice habitualmente en Castellano.

 

Et ait dominus servo exi in vias et sepes et conpelle intrare ut impleatur domus mea.

Dijo el Señor a su siervo: sal a los caminos y cercados y fuérzalos a entrar, hasta que se llene mi casa.

Evangelio según San Lucas, 14: 23

Por Víctor Chéquer
ictis777@yahoo.com.ar

De modo que:

HIC EST ENIM CÁLIX SÁNGUINIS MEI, NOVI ET AETÉRNI TESTAMENTI: MYSTÉRIUM FÍDEI, QUI PRO VOBIS ET PRO MULTIS EFFENDÉTUR IN REMISSIÓNEM PECCATÓRUM

Ha de traducirse:

Este el el Cáliz de mi Sangre, Sangre de la Alianza Nueva y Eterna que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados.

(Dicho sea de paso, es una lástima que no se haya devuelto a su lugar dentro de la fórmula consecratoria el MYSTÉRIUM FÍDEI – Misterio de Fe, que según Santo Tomás es de tradición Divina y ha sido entregado a la Iglesia directamente por los Apóstoles (Summa Theologiae III, q. 78,art. 3) (*), y según el Concilio de Florencia ha sido usado siempre por la Iglesia fundándose en la autoridad y doctrina de los Apóstoles (Denzinger 715)) Hecho el comentario, seguimos adelante.

Es dogma de fe que Jesucristo Nuestro Señor, murió por "todos" los hombres. No obstante, sabemos también que, en virtud del libre albedrío humano que Dios respeta hasta las últimas consecuencias, es posible que no todos aprovechen de la Salvación que nos consiguiera en el madero de la Cruz derramando hasta la última gota de su preciosísima sangre.

Como dice el texto de la carta enviada por la Congregación a los Obispos:

La expresión " por muchos", refleja el hecho de que esta salvación no es algo mecánico, sin el deseo o la participación voluntaria de cada uno; por el contrario, el creyente es invitado a aceptar por la fe el don que le es ofrecido y a recibir la vida sobrenatural que es dada a los que participan del misterio, viviéndolo en sus vidas de modo tal que sean parte del número de los "muchos" a los que se refiere el texto.

No en vano el Redentor, al instituir la Eucaristía en la Última Cena, utilizó la palabra "muchos" (y no todos), según nos relatan los Santos Evangelios (Mt: 26,28 y Mc: 14,24) y se repite hasta el día de hoy en las anáforas de los ritos orientales, como por ejemplo el Maronita que emplea en la liturgia el idioma Arameo hablado por nuestro Señor.

¿Por qué se habrá optado por el "todos" a la hora de traducir la fórmula?

Mi punto de vista es que la "nueva" teología, funcional al falso ecumenismo, a un mal entendido diálogo interreligioso y que ha impregnado la mayoría de los últimos inventos (perdón por el término, no puedo resistir la tentación de usarlo) litúrgicos, pretende obligar a que todos los hombres se salven, quiéranlo estos o no, estén o no bautizados, sean buenos o malos. (Si alguien objetara que no puede haber "nueva" teología, debo decirle que los obispos de la Provincia eclesiástica de Besançon en conjunto con las diócesis concordatarias de Metz y Estrasburgo (Francia), al oponerse en su último documento a la liberación de la Misa Tridentina que Su Santidad Benedicto XVI decretaría en forma inminente, han dicho que la Misa actual responde a una teología diferente a la que había antes del Concilio. Otros prelados franceses han dicho lo mismo en diversas intervenciones, lo mismo que el Cardenal Danneels de Bélgica).(**)

Hay muchos ejemplos en las declaraciones de los últimos 30 años que apoyan esta tesis de lo que he llamado la Compulsión Moderna, por analogía con aquella falsa acusación que suele hacerse a los años de la alta Cristiandad Medieval, cuando el Reinado Social de Jesucristo era Real y no cosa de museo y aún de vergüenza como es ahora, por la cual nos cuentan que se quería compeler a los remisos a entrar en la Iglesia (a los palos como indica el verbo utilizado); y todo basado en el texto de San Lucas (14: 23) en que un hombre importante, luego de que sus invitados rehusaran asistir al banquete al que los había convidado, manda a sus siervos a que vayan por los caminos y obliguen a los transeúntes a entrar a su mesa.

Pero no voy a referirme a esas declaraciones sino a las traducciones litúrgicas, ya que de eso se trata, citando tres casos en los que, en mi opinión, se detecta el mismo objetivo subyacente en la traducción Multis-Todos. Serio los dos primeros, por ser oficial la traducción y sorprendente el último por la forma en que se quiere introducir en las iglesias de Buenos Aires desde hace un tiempo:

El Gloria:

Este himno pertenece a lo que conocemos como el propio de la Santa Misa (junto con el Kyrie, el Credo, el Sanctus, el Paternoster y el Agnus Dei) y que antaño todo el pueblo cristiano cantaba o rezaba puntualmente en latín sin omitir ni cambiar nada.

Pues bien, en muchos casos, la letra del Gloria que se canta en castellano, sin considerar la música impropia y chabacana que generalmente lo acompaña, es completamente diferente a lo que la Iglesia rezó por centurias llegando a tener, no pocas veces, de Gloria sólo el nombre.

Sin embargo, no me referiré a estos abusos sino a la versión “oficial” en Castellano que dice:

“Gloria a Dios en el Cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”.

Así se ha traducido lo que la Vulgata latina trae:

“Gloria in excelsis Deo et in terra pax hominibus bonae voluntatis”.

Se ve claramente que se ha cambiado el “paz a los hombres de buena voluntad” por “paz a los hombres que ama el Señor”.

Y si bien es cierto que Dios desea que todos los hombres gocen de la Paz que les ofrece, no todos desearán estar en paz con Él e inclusive algunos le harán abiertamente la guerra como ya hemos visto de sobra a lo largo de la historia y más frecuente y claramente en los últimos decenios.

Ya el mismo Jesucristo enseño a sus apóstoles al enviarlos de misión:

“Al entrar en la casa, saludadla diciendo: la paz sea en esta casa. Si la casa la merece, vendrá vuestra paz a ella; más si no la merece, vuestra paz se volverá a vosotros… En verdad os digo que Sodoma y Gomorra serán tratadas con menos rigor en el día del juicio que no la tal ciudad”. (Mt: 10 12,15).

¿Por qué, entonces, este voluntarismo de forzar a que la paz llegue donde se la rechaza?

2 El Sanctus:

Este hermoso himno que se canta al finalizar el Prefacio, sufriendo también no pocos veces la inventiva de los catequistas y guitarreros, es el que cantan (en alta voz) los serafines delante del trono de Dios según la sobrecogedora visión que tuvo el profeta Isaías (6: 3). Lo mismo nos dice San Juan en Apocalipsis (4: 8).

Tanto la Misa Tridentina como la del Novus Ordo, traen el siguiente texto:

Sanctus, Sanctus, Sanctus, Dòminus Deus Sàbaoth.

Curiosamente, se ha mantenido la palabra Sàbaoth (hebrea) en un texto en latín que en castellano se debe traducir:

Santo, Santo, Santo, es el Señor Dios de los Ejércitos.

Siempre me ha llamado la atención que la liturgia latina no haya traducido el Sàbaoth, cuando sí tradujo al latín el Nombre de Dios, porque el texto hebreo dice “Yahveh Sabaoth”, como, más curiosamente todavía, pone sin traducir la Biblia de Jerusalem.

¿Es que acaso este atributo de Dios, el ser Señor de los Ejércitos, es más importante que su propio Nombre para que no se hayan atrevido los Apóstoles, que nos legaron el Canon de la Misa, a traducirlo al Latín? ¿O es por saber que aquellos serafines “repiten sin descanso día y noche”, aún mientras estás leyendo estas líneas apreciado lector, Yahveh Sabaoth; y si queremos asociarnos a sus voces (como pretende la Liturgia) debemos repetir lo que ellos dicen y no lo que a nosotros se nos antoja?

Lo que es evidente es que a los traductores al Castellano no les preocupó demasiado este asunto y no solamente se atrevieron con el Sàbaoth sino que lo tradujeron “sui generi” como:

Santo, Santo, Santo, es el Señor Dios del Universo

Y por supuesto que Él es Señor y Dios del Universo: ¡Pero eso no es lo que dice el texto bíblico que cantan los ángeles! ¡Quién se atrevió a traducir de ese modo lo que durante 19 siglos se había mantenido invariablemente en hebreo!

Quizá, como hay quien dice que ya no somos una Iglesia Militante sino solamente Peregrina; en paz con todos, aún con los malvados que no quieren recibir ese don de las alturas, no sea ahora necesaria la milicia y muchos menos que ésta tenga a Dios por su Jefe y Caudillo.

En la Iglesias de Buenos Aires he podido escuchar frecuentemente una alteración en la fórmula:

“El Señor esté con vosotros”,

por la cual el modo subjuntivo del verbo estar, se cambia por el indicativo diciendo el sacerdote:

“El Señor está con vosotros”.

El modo subjuntivo en Castellano expresa deseo, posibilidad o ruego. El Sacerdote, al dirigirse a los fieles, desea y ruega que el Señor esté con ellos; pero podría ser, por ejemplo, que no estuviera efectivamente en el alma de alguien por encontrarse éste en pecado mortal.

La fórmula modernosa nos está diciendo que el Señor está con nosotros de todos modos (sin importar nuestra respuesta), y oída así por un fiel en pecado, lo tranquilizará en lugar de llevarlo al confesionario, que es adonde tendría que ir con urgencia.

Pienso que estas traducciones han perdido de vista que antes de la creación del hombre, uno de los ángeles más excelsos (Lucifer) atronó el Cielo gritando: “non serviam – no serviré” para precipitarse luego, junto a sus seguidores, hacia las tinieblas infernales; inaugurando una guerra que seguirá hasta la Segunda Venida de Jesucristo.

Siempre habrá quien se aliste junto a las huestes satánicas que ponen sitio a la Ciudad de Dios esperando una falla en sus defensas para asaltarla; por más que los traductores quieran compeler a “todos” los hombres a servirse de la Divina Sangre del Cordero y a gozar de la Paz de las alturas; quitándole a las milicias Celestiales y terrenas el Divino Señorío de su Jefe Todopoderoso.

Lo que se consigue traduciendo así la Palabra de Dios (porque no nos olvidemos que estos textos están en la Sagrada Escritura) es anestesiar la conciencia de los soldados que, hoy más que nunca, deben militar junto a su Rey.

Referencias:

(*)Summa Theologiae III, q. 78,art. 3

Las adiciones de eterno y misterio de fe se derivan de la tradición del Señor, llegada a la Iglesia a través de los Apóstoles, de acuerdo con lo que se dice en 1 Cor 11,23: Yo recibí del Señor lo que os he transmitido.

(**) Considerando que la liturgia es la expresión de la teología de la Iglesia, los obispos temen que la generalización del uso del Misal Romano de 1962 relativice las orientaciones del Concilio Vaticano II. Tal decisión correría peligro también de poner en un estado lastimoso la unidad entre los sacerdotes, tanto como entre los fieles.

Monseigneur André LACRAMPE, Archevêque de Besançon
Monseigneur Claude SCHOCKERT, Evêque de Belfort-Montbéliard
Monseigneur Jean-Louis PAPIN, Evêque de Nancy et Toul
Monseigneur Jean LEGREZ, Evêque de Saint-Claude
Monseigneur Jean-Paul MATHIEU, Evêque de Saint-Dié
Monseigneur François MAUPU, Evêque de Verdun
Monseigneur Joseph DORE, Administrateur apostolique de Strasbourg
Monseigneur Christian KRATZ, Evêque auxiliaire de Strasbourg
Monseigneur Jean-Pierre GRALLET, Evêque auxiliaire de Strasbourg
Monseigneur Pierre RAFFIN, Evêque de Metz

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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