Panorama Católico

La curia romana despierta y da tres golpes

Benedicto XVI está obteniendo lo que quería gracias a pocos y cautos
cambios en las oficinas vaticanas. Lo prueban tres recientes decisiones
de los responsables del clero, de las causas de los santos y de la
liturgia

 

por Sandro Magister

 


Benedicto XVI está obteniendo lo que quería gracias a pocos y cautos
cambios en las oficinas vaticanas. Lo prueban tres recientes decisiones
de los responsables del clero, de las causas de los santos y de la
liturgia

 

por Sandro Magister

 

ROMA,
28 de enero del 2008 – Esa reforma general de la curia romana que
muchos esperaban como un “tsunami” no se dio ni se dará. Pero
procediendo con pasos pequeños y con nombramientos medidos y cautos,
igualmente Benedicto XVI ha ido directamente al objetivo. Hoy la curia
responde a las expectativas del Papa y pone en práctica las
indicaciones más eficazmente que uno o dos años atrás.

También es nuevo el instrumento con el cual la curia dice y explica
lo que hace. Este instrumento es “L’Osservatore Romano”. Desde hace
tres meses, desde que el diario del Papa tiene como director al
profesor Giovanni Maria Vian ha cambiado radicalmente de cara, casi
cada día se publica en él una entrevista con uno u otro dirigente
vaticano. De estas entrevistas no sólo se conoce lo que una determinada
oficina ha hecho, sino que también a veces se da el anuncio en primicia
de aquello que hará. Y por qué.

En este inicio de año son al menos tres las señales que la curia ha
dado de un eficaz relanzamiento de las indicaciones del Papa. Provienen
una de la congregación para el clero, otra de la congregación para la
causa de los santos y otra de los responsables de la liturgia.

* * *

1. En “L’Osservatore Romano” del 5 de enero el cardenal Cláudio
Hummes, prefecto de la congregación para el clero, ha anunciado que ha
enviado a los obispos, párrocos, superiores religiosos y rectores de
seminarios de todo el mundo una carta para solicitar que en cada
diócesis se creen “cenáculos” de adoración perpetua de la Eucaristía
con el fin de “santificar” a los sacerdotes con la oración.

Al alentar la iniciativa, Hummes ha hecho explícita referencia a
los “pecados” sexuales cometidos por una parte “mínima”, pero siempre
incidente del clero:

“Pedimos a todos que hagan la adoración eucarística para reparar
frente a Dios lo que se ha hecho de grave y para acoger de nuevo la
dignidad de las víctimas. Sí, hemos querido pensar en las víctimas con
la finalidad de que ellas nos sientan cercanos. Nos referimos sobre
todo a ellas, es importante decirlo”.

En esto hay un eco del memorable mea culpa por las “suciedades en
la Iglesia y precisamente entre aquellos que, en el sacerdocio,
deberían pertenecer completamente a Jesús”, del entonces cardenal
Joseph Ratzinger en el Via Crucis papal del Viernes Santo del 2005.

Pero hay también una aplicación práctica del regreso a la adoración
eucarística al que Benedicto XVI ha recomendado en más de una ocasión,
la primera vez con su silenciosa oración de rodillas frente a la Hostia
consagrada en la jornada mundial de la Juventud en Colonia, en agosto
del 2005; otra vez junto a los niños de la Primera Comunión de Roma y
de Lazio reunidos en la plaza San Pedro; y por último en la basílica de
San Pedro el pasado 31 de diciembre, cuando agregó por primera vez al
Te Deum de fin de año la adoración y la bendición eucarística.

La carta del cardenal Hummes ha encontrado una respuesta diligente
en muchos lugares. En Italia, las diócesis que primeramente han
instituido los cenáculos de adoración eucarística “para la
santificación de los sacerdotes” han sido, aparte de Roma, la de
Macerata, Torino, Siracusa, Ragusa y Oristano.

"Avvenire", el diario de la conferencia episcopal italiana, ha
dedicado a la iniciativa de Hummes el editorial de primera página del
día de la Epifanía, escrito por el teólogo PierAngelo Sequeri:

“Finalmente, es la hora de un cristianismo adorante. Es la hora de
un cristianismo que cree en el cuerpo del Señor y confía todo en el
apasionado poder del Hijo, que precisamente en su Cuerpo gobierna las
impotencias de la historia. […] Cuando el ministerio eclesiástico,
esencialmente ordenado al cuerpo del Señor, pierde culpablemente
respeto del cuerpo de los hijos confiados al cuidado de su fe, es justo
que se reconozca el escándalo y que se invoque – aceptando la
responsabilidad de la herida y la debilidad de nuestro límite – la
curación del Señor.

* * *

2. En una entrevista concedida a “L’Osservatore Romano” del 9 de
enero y en una nota no firmada de cuatro días después en el mismo
diario, el cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la congregación
de la causa de los santos, ha anunciado que será presentada pronto al
público, en la segunda mitad de febrero, la instrucción “Sanctorum
Mater” sobre el inicio de las causas de beatificación, instrucción
hasta ahora conocida sólo por quienes trabajan en la materia.

El documento – fechado el 17 de mayo del 2007 y cuyo texto italiano
se imprimió en el n. 6 del 1 de junio del 2007 de las “Acta Apostolicae
Sedis”, pp. 465-510 – traduce en normas precisas las indicaciones dadas
por Benedicto XVI a la congregación de la causa de los santos en un
mensaje del 27 de abril del 2006.

Cautela y esmero: son estos los criterios que el Papa y la congregación quieren que sean más observados.

En particular, la instrucción exige que “sea salvaguardada la
seriedad de las investigaciones” referidas a presuntos milagros, “cuyos
procedimientos de examen han hecho emerger en los últimos veinte años
elementos problemáticos”.

También se establecen mayores garantías respecto a la “fama de
santidad”. Sin ella – es decir, sin una ejemplaridad de vida cristiana
ya reconocida como tal por un gran número de fieles – ya no se iniciará
ningún proceso de beatificación. En otras palabras: no bastan el
orgullo y el empeño de una familia religiosa en relación a un fundador
o a un hermano.

Otras normas de ajuste se refieren al recojo de documentos y de los
testimonios. Las preguntas se dirigirán a los textos en modo simple y
puntual, para “provocar respuestas que evidencien el conocimiento de
hechos concretos y las fuentes de su conocimiento”. Por tanto, se
deberán evitar formulaciones “capciosas, engañosas, sugerentes de
respuestas”.

Dejando sentado que para que la causa proceda “debe existir la
absoluta ausencia de elementos contra la fe y las buenas costumbres”,
es obligatorio darle la importancia justa a “eventuales descubrimientos
contrarios a la fama de santidad”.

El documento recomienda además a los obispos evitar “cualquier acto
que pueda inducir a los fieles a considerar equivocadamente” que la
investigación emprendida comporte necesariamente la beatificación o la
canonización. Más aún, antes del cierre de la causa diocesana, se debe
asegurar y certificar que el siervo de Dios “no sea ya objeto de culto
indebido”.

Es fácil leer en estas normas una corrección respecto a una praxis
con tendencia “inflacionaria” de beatificaciones y canonizaciones
extendida en las últimas décadas.

Una de las primeras decisiones de Joseph Ratzinger, después de su
elección como Papa, fue la de reservarse para sí solamente las
canonizaciones, y delegar a otros las beatificaciones generalmente en
el país de origen del nuevo beato.

* * *

3. "L'Osservatore Romano" del lunes 14 de enero, al informar sobre
la misa y los bautismos celebrados por Benedicto XVI en al Capilla
Sixtina el domingo anterior, fiesta del Bautismo del Señor, ha
subrayado que “por primera vez desde el inicio de su pontificado” el
Papa “ha celebrado la misa en público en el altar tradicional” (ver la
foto arriba).

Y ha explicado:

“Se ha considerado celebrar en el antiguo altar para no alterar la
belleza y la armonía de esta joya arquitectónica, preservando su
estructura desde el punto de vista de la celebración y usando una
posibilidad contemplada por las normas litúrgicas. Así, en algunos
momentos el Papa se encontrado de espaldas a los fieles y con la mirada
en la Cruz, orientando de este modo la actitud de toda la asamblea”.

Pocos días después, en una entrevista del 20 de enero en Radio
Vaticana, el nuevo maestro de las celebraciones litúrgicas pontificias,
Guido Marini, ha dado estas ulteriores explicaciones:

“Creo que es importante, ante todo, considerar la orientación que
la celebración litúrgica está llamada a tener siempre: me refiero a la
centralidad del Señor, el Salvador crucificado y resucitado de la
muerte. Tal orientación debe determinar la disposición interior de toda
la asamblea y, como consecuencia, también la modalidad exterior de la
celebración. La colocación de la cruz sobre el altar al centro de la
asamblea tiene la capacidad de transmitir este fundamental contenido de
teología litúrgica. Se pueden dar particulares circunstancias en las
cuales, por motivo de las condiciones artísticas del lugar sagrado y de
su singular belleza y armonía, sea conveniente celebrar en el altar
antiguo, donde entre otras cosas, se conserva la exacta orientación de
la celebración litúrgica. En la Capilla Sixtina ha ocurrido
precisamente esto. Se trata de una praxis permitida por las normas
litúrgicas, en sintonía con la reforma conciliar”.

En cuanto a “dar la espalda a los fieles”:

“En las circunstancias en las que la celebración ocurre según esta
modalidad, no se trata tanto de dar las espaldas a los fieles, sino más
bien de orientarse junto a los fieles hacia el Señor. De este punto de
vista no se cierra sino se abre la puerta a la asamblea, conduciéndola
al Señor. En la liturgia eucarística no se nos mira, sino que se mira a
Aquel que es nuestro Oriente, el Salvador”.

Y a propósito del motu proprio “Summorum Pontificum” que ha liberalizado el uso del rito antiguo de la misa:

"La liturgia de la Iglesia, como por otra parte toda su vida, está
hecha de continuidad: hablaría de desarrollo en la continuidad. Ello
significa que la Iglesia procede en su camino histórico sin perder de
vista las propias raíces y la propia viva tradición: esto puede exigir,
en algunos casos, también la recuperación de elementos preciosos e
importantes que a lo largo del recorrido han sido perdidos, olvidados y
que el transcurrir del tiempo ha hecho menos luminosos en su
significado auténtico. Me parece que el Motu proprio va precisamente en
esta dirección: reafirmando con mucha claridad que en la vida litúrgica
de la Iglesia hay continuidad, sin ruptura. No se debe hablar, pues, de
un retorno al pasado, sino de un verdadero enriquecimiento para el
presente, en vistas al mañana”.

Se está preparando una instrucción sobre el motu proprio “que fija
bien los criterios de aplicación”: así lo ha anunciado el cardenal
secretario de estado Tarcisio Bertone en una entrevista a “Famiglia
Cristiana” del 6 de enero.

Además, será pronto publicada una nueva formulación de la oración
por los judíos contenida en el rito del Viernes Santo del misal
“tridentino” del 1962 liberalizado por el motu proprio. Desaparecerá la
referencia a la condición de “tinieblas” y de “ceguera” del pueblo
judío, manteniéndose la oración por su conversión. “Porque en la
liturgia rogamos siempre por la conversión, primeramente de nosotros
mismos y luego por la de todos los cristianos y de todos los no
cristianos”, ha explicado en una entrevista a “Avvenire” el arzobispo
Angelo Amato, secretario de la congregación para la doctrina de la fe.

Regresando a la orientación de la celebración, para entender cuanto
las palabras del maestro de las celebraciones pontificias Guido Marini
reflejan el pensamiento de Benedicto XVI, basta notar lo que ha dicho
el Papa en este pasaje de su última audiencia general del miércoles, el
pasado 23 de enero:

“En la liturgia de la Iglesia antigua, después de la homilía, el
obispo o quien preside la celebración, el celebrante principal, decía:
‘Conversi ad Dominum’. Luego él mismo y todos se levantaban y se
dirigían hacia el Oriente. Todos querían mirar hacia Cristo”.
Fuente: Chiessa

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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