Panorama Católico

La Degradación de la República

Parecemos
destinados a perecer, ya individual o colectivamente, y ante la disolución
moral que se nos impone sólo atinamos a acelerar el “zapping” de
desconcentración que nos aleje del problema y nos sumerja en un mundo
inconsciente de frivolidades compartidas en cuyo seno no existan más (ni puedan
existir) las responsabilidades personales.

Parecemos
destinados a perecer, ya individual o colectivamente, y ante la disolución
moral que se nos impone sólo atinamos a acelerar el “zapping” de
desconcentración que nos aleje del problema y nos sumerja en un mundo
inconsciente de frivolidades compartidas en cuyo seno no existan más (ni puedan
existir) las responsabilidades personales.

Escribe Ricardo Fraga

 

So
pretexto de cambios y progresos utópicos la sociedad argentina se encuentra en
estos momentos atormentados sometida a las más inverosímiles experiencias que
sólo han logrado hasta el momento (y el mal se irá incrementando) degradar todos
los niveles de participación y acción ciudadanas, conforme los parámetros de
una vida verdaderamente civilizada.

El veneno
letal que se inocula, ante la monstruosa pasividad de los presuntos centinelas,
es tanto más mortífero cuanto que el adormecimiento que éste produce torna
difícil, cuando no imposible (por verdadera ignorancia del ataque) cualquier clase de modesta e hipotética
resistencia.

Parecemos
destinados a perecer, ya individual o colectivamente, y ante la disolución
moral que se nos impone sólo atinamos a acelerar el “zapping” de
desconcentración que nos aleje del problema y nos sumerja en un mundo inconsciente
de frivolidades compartidas en cuyo seno no existan más (ni puedan existir) las
responsabilidades personales.

Sin ánimo
de agotar las emergentes de tales acontecimientos, ya que en esta ínsula
Agatáurica de la estolidez, éstos se acrecientan con la rapidez del rayo, me
limitaré a señalar algunos específicamente severos y que marcan, por así
decirlo, el tono general de la degradación en esta pobre y desgraciada
república del Plata:

1º) el que
me parece más grave y horroroso por concurrir en él las más elevadas
magistraturas de la nación se vincula con el aborto extendido más allá de las
cuestionables causales de la ley que ya de suyo aparecen como notoriamente
inconstitucionales y con la inocultable intención de alcanzar en un futuro no
lejano su despenalización. En el caso concreto (cf. “La Nación” 24/9/07) el aparato
técnico del Estado nacional (ministerio de salud) aparece al servicio de un
aborto practicado en Mar del Plata (por indicación de un alto funcionario) y
que los médicos de otra provincia habían desaconsejado. Hasta dónde yo sé las
excusas absolutorias del art. 86 del código penal alcanzan sólo a los médicos
diplomados y no a partícipes del evento (que aquí, por si fuera poco, fueron
partícipes necesarios).

La
“cultura de la muerte” es, como se ve, impuesta a todo vapor. Al respecto
consúltese el singular Seminario Internacional “Estado, religión y libertades
laicas” habido recientemente en la
Casa de la provincia de Buenos Aires con el auspicio de dos
ministerios de la nación y otras asociaciones en mayor o menor medida
vinculadas a la promoción de unas “libertades de perdición” (beato Pío IX),
entre ellas una autodenominada “Católicas por el derecho a decidir” (a decidir
¿qué?).

2º) en
vísperas inminentes de su eventual verificación es difícil no dejar de anotar
(y ya lo hice explícitamente en un reciente número de “El Cóndor”) la delicada
significación institucional que reviste el ejercicio de una magistratura como
si se tratase de novedosos “bienes gananciales”, vértice que corona una pirámide
ya edificada sobre “cargas alimentarias” asumidas por el Estado en función de
empleados estatales en general.

3º) las
exacerbadas prácticas demagógicas en plena campaña electoral y sin límites de
contención que demuestran que la consigna de que “¡se vayan todos!” sólo fue un
eslogan de circunstancias proferido por una burguesía hedonística y agnóstica
tocada en sus bolsillos.

4º) el
descenso de las exigencias educativas en todos sus niveles, particularmente en
el ámbito universitario y esto en medio de un convencimiento generalizado de
que se asiste a una mayor “excelencia” académica, la cual ni tan siquiera se
encuentra ya en las planificaciones pretendidas por los organismos
ministeriales ni, mucho menos, en la calidad de los “formadores” pedagógicos
encasillados en un reductivismo sociológico sin ninguna dimensión humanista.

5º) en
consecuencia de la caída precedentemente descrita emerge una casi universal
proletarización de la docencia y también de la judicatura quedando la
preparación de ambas en manos de los mediocres operadores del sistema.

6º) los
desbordes libidinosos y groseros de la televisión han invadido ya los carriles
explícitamente pornográficos, tal como lo acredita la programación cotidiana de
los canales y sus continuas repeticiones en cualquier horario del día y de la
noche. La suspensión de las publicidades por parte de las empresas auspiciantes
o la voz alarmada de las comunidades religiosas podrían significar un dique o
no, dado el omnímodo poder financiero y político de los medios de comunicación.

7º) la
presión moral sobre los jueces personales, últimos garantes reales del
estado de derecho (primacía de la justicia) sometidos a una sovietización
corporativa completamente ajena a nuestro sistema constitucional. Al respecto
cotéjense los “mini-juicios al mostrador” que se imponen en algunas provincias
bajo razón (falsa) de “celeridad del proceso” y cuyos únicos perjudicados son
el decoro, la dignidad y la libertad de los menos hábiles, amén de darse de
bruces con la doctrina legal de la
SCJN (in re “Casal”).

8º) en
este contexto luce, como nunca, la decadencia social e intelectual de las
“clases dirigentes”, lamentablemente constatable en todos los órdenes y también
en buena parte del clero y de los obispos comprometidos, en gran medida por
respeto humano, con un sistema de iniquidad que hunde sus raíces en la
“dictadura del relativismo” (Benedicto XVI).

9º) la
desmemoria colectiva de los sucesos históricos antiguos y recientes y la
mitificación ideológica del pasado sangriento, en perjuicio especial de las
nuevas generaciones que quedan, de este modo, desconectadas absolutamente de
sus auténticos orígenes y, por ello mismo, encandilados con figuras
artificiales (tal como lo muestra la reciente elección del “Che Guevara” como
argentino más destacado del siglo XX.

10º) en
fin, los pocos (o muchos) resistentes acosados por su valiente y solitario
(quizás no tan solitario) testimonio de la verdad y que, a pesar de sus propias
miserias y limitaciones, se constituyen en un renovado “resto de Israel” en la
expectación de alguna restauración, cuanto menos la del sentido común.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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