Panorama Católico

La Deriva Totalitaria de la Democracia Liberal (II)

La cultura
consumista ofertada acaba por aniquilarse en su propio vacío, pero
mientras tanto esas corrientes culturales subversivas, que mayormente
crean, sostienen y difunden una cultura de masas que soslaya reiteradamente
los aspectos morales y espirituales de la vida humana, utilizan la propia
cultura para desintegrar la cultura de los maiores y como arma
contra la educación y la familia1. En la línea de la penetración

La cultura
consumista ofertada acaba por aniquilarse en su propio vacío, pero
mientras tanto esas corrientes culturales subversivas, que mayormente
crean, sostienen y difunden una cultura de masas que soslaya reiteradamente
los aspectos morales y espirituales de la vida humana, utilizan la propia
cultura para desintegrar la cultura de los maiores y como arma
contra la educación y la familia1. En la línea de la penetración
constructivista del gramscismo cultural su finalidad pasa por la sistemática
destrucción del orden objetivo del ser ocultando la dignidad espiritual
del ser humano y su transmutación en una sociedad mecanicista y maquinal.

Escribe José Martín Brocos Fernández
Prof. Univ. San Pablo-CEU. España

5. La destrucción
programada de las bases de la sociedad. La batalla decisiva.

Los ataques
son a los pilares de la sociedad, de la persona y de la convivencia
social: al matrimonio, a la familia, a la sexualidad, a la cultura,
a la religión y a la patria.

5.1. Ataque
al Matrimonio.

El matrimonio,
unión indisoluble hasta la muerte de un hombre y una mujer, aceptando
como un don los hijos que Dios mande, es la fórmula insustituible para
la familia, célula básica de nuestra sociedad, que hay que proteger
para que se salvaguarde nuestra civilización, y que no puede ser alterada
ni cambiada sin poner en serio peligro todo el entramado social y moral
de la nación.

La buena salud
del matrimonio es determinante para el bien común de los pueblos. A
nivel global, aunque a diferentes velocidades, constatamos una disolución
conceptual, la primigenia se produce con la ley del divorcio,
llevándose a su paroxismo con el divorcio express que conduce a la
banalización de la institución del matrimonio, para proseguir su disolución
a base de definiciones y artificios legales, como el abuso de derecho
y referido al cambio de régimen jurídico, de la institución de derecho
natural que es el matrimonio2. Al recoger en un concepto
varias realidades legales heterogéneas, lo desvirtuamos falsificándolo
legalmente, lo desvalorizamos, lo convertimos en etéreo y subjetivo,
y corrompemos la propia institución del matrimonio.

Coadyuvante
a esta desnaturalización del matrimonio tenemos la implementación
transversal de la ideología de género, sustentada y propagada desde
agencias de la ONU.

5.2. Ataque
a la familia.

La unidad de
la familia es libre, voluntaria y la raíz de toda organización social,
económica, cultural o política, desde el comienzo de la historia.
La recta familia, fundada por hombre y mujer en el ámbito del matrimonio
y con vocación de permanencia y procreación, es igualmente el parapeto
de la persona frente a la violencia social y el lugar natural donde
los hijos pueden alcanzar su plena madurez humana y espiritual.

El ataque a
tumba abierta contra la familia responde a una oscura estrategia externa
programada desde poderosas instancias multilaterales de cuño masónico
en abyecto servilismo al mundialismo, y cuyos objetivos son coincidentes
en la eliminación de la persona y la deconstrucción de la familia,
que en la práctica supone su aniquilación al desvirtuar su misión,
función y fines, y que pasa: a nivel jurídico, por su paulatina desnaturalización
y disgregación mediante la subversiva legislación moral en el campo
de la familia implantando el divorcio, suplantando el favor iuris
por la neutralidad sofística3, igualando en injusta extensión
de derechos la familia a las más variopintas coyundas, subvirtiendo
el principio de subsidiaridad, penando social e impositivamente las
familias numerosas, y legislando permisivamente el asesinato intrauterino4;
a nivel económico, por la comprensión del hombre y de la familia como
instancias esencialmente económicas que hay que conquistar, de ahí
la cosificación capitalista-utilitarista del hombre, homo faber,
hecho para producir, o homo consumiens, para poseer y
consumir bienes materiales, mercantilizando incluso el propio cuerpo
humano, v.gr. con la pura eugenesia prenatal; a nivel ético, la crisis
viene por la prevalencia del materialismo, la obsesión por el dinero,
que hace que se valore más el tener que la persona, y tiene como resultado
el vacío e insatisfacción que produce concebir la felicidad como posesión
y comodidad, el frenesí de la productividad que absorbe la vida y en
realidad convierte los hogares en pensiones, y los consiguientes desequilibrios
afectivos entre los propios esposos y en los hijos, que sufren la incomunicación
y la marginación; a nivel cultural, la hegemonía del relativismo ético
que impregna la cultura actual, que tiene efecto boomerang tanto en
la permisividad educativa de los padres como en la mentalidad hedonista,
la ausencia de espíritu de sacrificio y la incapacidad para adquirir
y mantener compromisos; a nivel educativo, por la deseducación continua
y despersonalizadora transmitida a través de planes de estudio obligatorios
transidos, en clara violación de la patria potestad, de adoctrinamiento
ideológico y aborregamiento colectivo por su anclaje en el absolutismo
laicista y en el naturalismo pedagógico, y por los medios de comunicación,
por medio de los que se insta a los jóvenes a rebelarse contra la institución
familiar, lo que socava el propio hogar familiar.

    • ¿Ustedes
      creen, por ejemplo, que las series de televisión son producto de la
      casualidad? Muy al contrario. Están perfectamente diseñadas para hacer
      del personal almas vacías, sin criterio, eternos adolescentes consentidos.
      Eso si, todo con buen humor. Los mensajes que se transmiten van socavando
      nuestra dignidad, en pro de una manipulación despreciable. La familia
      se tiene como una inquisición. Y como me decía un buen amigo, ¿ustedes
      han visto alguna vez que en dichas series los chavales estudien? Ni
      los verán. Todo queda en francachelas sexuales de todo tipo y condición.5

El fruto de
estas políticas conspiradoras, en definitiva el objetivo conquerido,
no es otro que la crisis antropológica de la naturaleza de la persona
desarraigada de su religación metafísica, la destrucción de la familia
y su instrumentalización dentro una sociedad narcotizada racionalista
tutelada por la velada dialéctica del egoísmo ególatra y la atomización.

5.3. Ataque
a la sexualidad.

Banalización
de la sexualidad con agresivas políticas de “educación sexual”
y “salud reproductiva”, traducido en román paladino como “sexo
sin compromiso”; campañas que degradan y cosifican la persona humana,
desvaloran su dignidad, incrementan en realidad el número de enfermedades
de transmisión sexual, facilitan el acceso a anticonceptivos, la mayoría
abortivos, y encierran el holocausto del aborto, quirúrgico y químico.

El maridaje
de la iniciación sexual precoz y promiscua con la mentalidad anticonceptiva
disfrazada de derecho humano embrutece a la sociedad reduciendo la vida
sexual a un placer egoísta socialmente autodestructivo, e impidiendo
a la persona crecer y madurar en el auténtico amor.

Por la mentada
ideología de género, el sexo desligado de su dimensión personal unitaria
pasa a convertirse en un producto cultural siendo “una realidad biológica
indiferente y género una construcción social”6.

Contribuye
a la degradación de la sexualidad la difusión de un modelo de vida
muy individualista y pragmático en la que el amor prácticamente reducido
a la genitalidad se concibe como un negocio comerciándose con los afectos.
Favorece potencialmente la reducción del sentido de la sexualidad la
epidemia de erotismo inserta en la subcultura dominante que todo lo
invade y difundida por doquier por los grandes conglomerados mediáticos.

La sexualidad
debe integrarse en el cuerpo que tiene una forma esponsal, precisamente
para ser dado, para vivir la vocación primordial de la persona al amor.

5.4. Ataque
a la Cultura.

La cultura,
entendida genéricamente por tal las letras y las ciencias, las artes
y la información, constituye expresión de un modo de acercamiento
a Dios, al universo y a la propia realidad del hombre mismo, y a la
vez el termómetro de la vida de un pueblo, de modo que la degradación
cultural camina concomitante con la decadencia moral7, y
a la inversa, alcanzando la riada subversiva a la metamorfosis del orden
socio-político-económico.

La misma obra
de arte no es en absoluto aséptica, tiene un trasfondo, referencia,
base y asiento en la cultura dominante. Eso significa que “toda realización
artística tiene, en forma implícita o explícita, una concepción
filosófica o antifilosófica, religiosa o antirreligiosa, o combinaciones
de ambos extremos”8.

La dictadura
cultural existente tiene diversas caras, pero hay algunos denominadores
comunes conexos: la masificación de la vulgaridad, la creación de
una nueva cultura intramundana condicionante de la política9,
la decadencia de los lenguajes artísticos que naufragan en la ininteligibilidad
de la subjetividad de lo privado y muchas veces con pretensiones de
gnosis iniciática, y la soberbia pretensión de forjar una cosmogonía.
Esta cultura desligada del cultivo de la interioridad apaga la vida
interior de la persona, de forma que sutilmente limita su libertad por
su desvinculación con la verdad, y siempre masificándola por someter
a la razón a la preeminencia de los instintos inferiores.

Nos encontramos
insertos en una tendencia a la globalización cultural, imponiendo el
imperio de la homogeneización cultural y de la uniformidad identitaria
conducente al mismo estilo de vida y al mismo modo de pensar, diluyendo
las identidades nacionales e insertando a la persona en artificiales
y voluntariosas superestructuras político-económicas globales, siempre
funcional a la estrategia gramsciana y satélite de la aldea global,
con la persona desarraigada y desprovista de un sentido de la vida trascendente
que responda al hombre completo, no unidimensional.

La cultura
consumista ofertada acaba por aniquilarse en su propio vacío, pero
mientras tanto esas corrientes culturales subversivas, que mayormente
crean, sostienen y difunden una cultura de masas que soslaya reiteradamente
los aspectos morales y espirituales de la vida humana, utilizan la propia
cultura para desintegrar la cultura de los maiores y como arma
contra la educación y la familia10. En la línea de la penetración
constructivista del gramscismo cultural su finalidad pasa por la sistemática
destrucción del orden objetivo del ser ocultando la dignidad espiritual
del ser humano y su transmutación en una sociedad mecanicista y maquinal.

Si analizamos
el arte, como paradigma de la cultura, vemos que los modelos pasados
ligados a normas y a referencias sólidas para el horizonte del arte
quedan arrumbados. Para el hombre postmoderno nada hay perenne en el
mundo ni nuclear en el arte. Comprendemos entonces que el arte no es
un compartimiento estanco que pueda analizarse separadamente de la historia,
y que la evolución del arte como modo de interacción del hombre con
lo circundante discurre paralelo a la evolución existencial del individuo.
Así explicamos que “hasta el advenimiento de la edad moderna, el
arte y los artistas siempre estuvieron imbuidos de una misión cuasi
religiosa a la vez que moral y social, y el arte vivía en armonía
con el orden espiritual y social”11. La modernidad trajo
la crisis del hombre y el arte, privado de toda función salvo la estética,
ya “no surge de la virtud moral; no se pretende que salve almas”12.
Ahora el yo, en la soledad de un radical individualismo, es concebido
como principio y como fin, pasando también a transmutarse el arte por
el desmoronamiento de la realidad común como relación individual,
y primero con el yo, de ahí que “la mística del arte moderno ha
consistido siempre en que (…) no es un arte comprensible, salvo para
una pequeña élite”13. Un yo deshumanizado aprisionado
en los límites del humanismo inmanentista se muestra confundido e incapaz
de traspasar la barrera en que se halla sumido el arte moderno olvidándose
“de algo importantísimo dentro de la función artística de todos
los tiempos: salvar al hombre por elevación14.
En el ideologizado arte actual el individuo carente de imperativos morales
objetivos, carece igualmente de esa visión de participación en una
realidad trascendente y de con-creación redentora por los acaecimientos
meramente humanos, el arte por ejemplo. Es el propio individuo en su
finitud arrogante el que busca fervientemente la autodeificación, de
ahí el constante abrazo de las vanguardias artísticas –v.gr. Modrian,
Kandinsky o Malevich, o Julio Cortázar en literatura- a la gnosis,
fundamentalmente teosófica, enclavada en Madame Blavatsky y en la filosofía
ocultista de Ouspenski, en un intento de alcanzar por desvelamiento
perfectivo en el yo la tradición primordial. El arte vanguardista es
reflejo de su propia ruptura interior, de la índole solipsista que
lo caracteriza y de la desazón vital, pareciendo que fuera arrastrado
en una permanente revolución cósmica “cada vez más deprisa, a su
pesar, hacia ese punto de ruptura como hacia una catarata sin fondo”15.

Además de
propugnar las delicuescentes vanguardias, -desde la carencia “de teorías
consistentes sobre el conocimiento, o sobre la semántica, o sobre las
condiciones que hacen viable la comunicación por medio de la palabra”16-,
la “muerte de su pasado, así como la toma de consciencia del papel
decisivo del arte en el advenimiento de una nueva sociedad, de una nueva
civilización”17, pretende dentro del absurdo que la caracteriza
y en su radical individualismo, que juntamente con “el antitradicionalismo
son una misma fuerza psicológica”18, la multiplicidad
para la conciencia19 penetrada de un querer divinizarse inmortalizándose,
dando entrada así tanto al degenerado narcisismo estético representado
por la performance, como
al voluntarismo nihilista de el arte por
el arte
con objetivo revolucionario, transgresor y transido de escepticismo.
Pero el arte es siempre reflejo del amor humano, y el amor se encuentra
relacionado estrechamente con el bien y la Verdad.

5.5. Ataque
a la religión.

Tras la progresiva
exaltación antropocéntrica caracterizada en el ámbito religioso tanto
por la reivindicación de una radical libertad autonomía sin asumir
la existencia de un orden de heteronomía y en connivencia con la soberbia
intelectual del estrecho cientificismo y del feroz individualismo racionalista,
como por el nomadismo y la subjetividad espiritual, y siempre presentando

    • la
      religión de modo aceptable para el hombre moderno, [que] parece equivaler
      en la práctica a prescindir poco a poco de Dios, sustituyéndole por
      el hombre, hasta llegar a afirmar, como de hecho algunos hacen, que
      `la esencia de la religión es el servicio del hombre´”;20

entramos en
una nueva era religiosa donde manteniéndose el primado de la subjetividad
nos retrotraemos a una era paleolítica de divinización del cosmos
entrelazada con el deseo y búsqueda de dominio y posesión del mundo
y de las fuerzas de la naturaleza. Una religión neopagana civil y uniformizada,
tiránica y totalizadora, sin dogma y sin moral, impuesta desde una
tecnocracia global dirigida por los organismos multilaterales de la
ONU. Esta nueva espiritualidad cósmica y arcaica21 con arquetipo
en la filosofía panteísta de la Carta de la Tierra y la filantropía
universal, vinculada directamente con el New Age, es más sinuosa, peligrosa
y siniestra que las tres ideologías triunfantes en nuestra postmodernidad
nihilista, el ateísmo marxista en el campo del pensamiento, el relativismo
ético-cultural y el consumismo capitalista en lo económico, por cuanto
disuelve plenamente el orden natural y destruye el orden objetivo del
ser.

El presente
laicismo integral de impronta y cuño masónico concuerda en fines con
la Nueva Era, además de contribuir a su implantación, por cuanto en
la práctica propugna un hombre autosuficiente y poderoso, olvidándose
de que es criatura radicalmente dependiente de Dios.

5.6. Ataque
a la Patria.

La desintegración
física, moral y espiritual de las Patrias es algo perfectamente planificado,
estudiado al detalle y ejecutado con maestría. Sus fautores no actúan
inocentemente, tienen la perfidia como norma de conducta.

Todos los ataques
anteriores se encuentran entreverados y convergen en el ataque a la
Patria y a la Religión. Tanto la unidad del matrimonio como la familia
sólidamente constituida son expresión, y se encuentran en proporción
directa, de la fortaleza y pujanza estatal. Y sensu contrario,
la degradación personal va pareja a la degradación familiar y ésta
en correlación al aumento de insania social, pues la unidad y armonía
familiar, además de ser la escuela adecuada de desarrollo de virtudes
naturales y sobrenaturales, y de su necesario efecto cauterizador, tiene
resonancias saludables en los planos personal, familiar y social. La
Fe Católica no sólo es expresión y reflejo del ser y sentir nacional,
sino esencialmente configuradora de la esencia, misión y destino de
España y la Hispanidad, que perpetúa la Cristiandad política, con
respecto al mundo y que pasa por la defensa, conservación y propagación
de la Fe Católica.

    • De
      ahí que la defensa de la Fe Católica y la restauración de la Patria
      en Cristo sea la forma más pura y plena de servir a la Patria. La impiedad
      masónica, por el contrario, es causa de indiferencia, desprecio y deslealtad
      a la Patria.22

La destrucción
de la memoria es nuclear en esta guerra abierta contra la esencia de
los pueblos. Blanco de este ataque son los principios genesíacos civilizadores
en exigencia permanente en la verdadera expansión imperial de un orden
de valores superiores, las gestas heroicas, y la desvinculación moral
y espiritual de toda realización política; en definitiva, la tradición
cristiana como la savia nutricia que ha configurado mayormente a lo
largo de los siglos el ser nacional de España, de parte de Europa,
y de Hispanoamérica.

La instauración
del Gobierno Mundial sigue un plan perfectamente elaborado cuyas etapas
son: paulatina desintegración de las naciones sustituidas por una superestructura
jurídico-política netamente administrativa y ajena a ideales trascendentes
configuradores y vertebradores de una misión y un destino capaz de
elevar almas, y levantar personas aunando esfuerzos comunes en pro de
su consecución; lenta pero progresiva desaparición de los ejércitos
nacionales, por castración de las virtudes castrenses, de los valores
patrios, por reducción drástica de capacidad operativa, y por su inserción
en un supraejército mundial al servicio de intereses globalistas; debilitación
extrema, de facto eliminación de la vida social, del cristianismo por
constante inoculación del liberalismo descristianizando las naciones
y orillando o pervirtiendo en todo momento a nivel religioso y educativo
las ideas básicas de Dios, Patria y Justicia; y finalmente cesión
de todos los poderes soberanos de las naciones a los grandes organismos
supranacionales: ONU, FMI, UNESCO, UE … para dar el salto al Gobierno
Único Mundial.

Del olvido
que llevamos sobre nuestros hombros el fideicomiso de los santos, mártires
y héroes que murieron por Dios y por la Patria en causa justa, de la
deliberada omisión de la Tradición, la Fe y la memoria edificante
del combate de los mejores, de la pérdida de los valores cristianos,
surge la hecatombe, la destrucción del matrimonio, de la familia y
de toda la sociedad con el divorcio, el aborto, las leyes contra-natura
y la perversión cultural y educativa que conduce a la anomia social,
la atonía civil, al crecimiento de los factores de insolidaridad en
el orden social23 y al general agostamiento de la caridad.

6. La universalización
de la democracia liberal como preludio del Anticristo.

Lo sostiene
nada menos que Castellani, Doctor Sacro Universal, cun licentia ubique
docendi
, que escribe que la democracia liberal es una herejía que
posiblemente preludie el anticristo.

    • El
      democratismo liberal, en el cual somos nacidos, uno puede considerarlo
      como una herejía, pero también por suerte como un carnaval o payasada:
      con eso uno se libra de llorar demasiado, aunque tampoco le es lícito
      reír mucho. Ahora está entre nosotros en su desarrollo último, y
      una especie de gozo maligno es la tentación del pensador, que ve cumplirse
      todas sus predicciones, y desenvolverse por orden casi automático todos
      los preanuncios de los profetas y sabios antiguos que, empezando por
      Aristóteles, lo vieron venir y lo miraron acabar … como está acabando
      entre nosotros. De suyo debería morir, si la humanidad debe seguir
      viviendo; pero no se excluye la posibilidad que siga existiendo y aun
      se refuerce nefastamente, si es que la humanidad debiera morir pronto,
      conforme el dogma cristiano. Más eso no será sino respaldado por una
      religión, sacado a la luz el fermento religioso que encierra en sí,
      y que lo hace estrictamente una herejía cristiana: la última herejía
      quizás, preñada del Anticristo.24

El férreo
ensamblaje del liberalismo partitocrático con la masonería y su ligazón
con el Anticristo aparece también en textos magisteriales de primer
orden.

    • Todo
      argentino, pero principalmente la juventud, debe saber que Catolicismo
      y Masonería
      son términos que se contradicen y excluyen absolutamente,
      como el Cristo y el Anticristo. Y también debe saber que el liberalismo
      o laicismo, en todas sus formas, constituyen la expresión ideológica
      propia de la masonería.

    • Poco
      importa que muchos liberales no sean masones; hay instrumentos lúcidos
      e instrumentos ciegos
      . Lo importante es que unos y otros colaboran
      objetivamente
      en la destrucción de la Iglesia de Cristo y del orden
      católico de la República.25

El sistema
político actual en que todo se decide por mayoría, sin dejar nada
al amparo de los juicios de esta, por otra parte tan manipulable, nos
lleva, consciente o inconscientemente, a pensar que la razón y el futuro
están del lado de la mayoría. Y puede que en algún caso sea así,
pero no necesariamente: la única vez que Cristo fue presentado a unas
elecciones democráticas las perdió. “¿A quién queréis que os
suelte: a Barrabás o a Jesús al que llaman Cristo?” Y la mayoría
abrumadora pidió el indulto de Barrabás y la condena a muerte de Jesús.
Ni la razón ni el futuro estaban del lado de la mayoría.

Los errores
del liberalismo político tienen su génesis en dos negaciones supremas
conducentes ambas a la negación de la verdad y de la índole propia
de la libertad verdadera: “una relativa a Dios, y otra, relativa al
hombre”26: el deísmo y el naturalismo roussouniano. Bajo
la férula de los subversivos principios liberales globalmente impuestos
caminamos al Estado homogéneo universal destructor de las tradiciones
y los cuerpos orgánicos sociales, consolidando los avances de la revolución.

Uno de los
rasgos de de la presente guerra revolucionaria desencadenada a nivel
mundial contra las patrias para erigir un supragobierno mundial judeo-masónico
es la renuncia, el menosprecio a la ocupación del terreno físico,
procurándose la ocupación mediante la corrupción ideológica y moral
y la propaganda psicológica refinada de los dirigentes enemigos, lográndose
así la inoperancia efectiva por deserción de deberes o corrupción.
Frente a la minoría irreductible, un tanto por cierto minoritario de
mentes que no dejan colonizar, la táctica es directa: terrorismo y
chantaje.

Paso obligado
para el cumplimiento de este sueño judío del gobierno mundial es la
globalización, ergo la unificación a escala mundial de la economía,
las finanzas, la política y la cultura; globalización que responde
a un proceso de colonización ideológico en su vertiente liberal, y
cuyos fautores visibles principales son la ONU y el G7. Los denominados
alter-globalizadores de inspiración troskista y apátridas por esencia,
convergen en la necesidad de la globalización aunque discrepan de su
giro neoliberal. Pero en el fondo el resultado es el mismo y pasa por
la supresión de las patrias, arruinando su concepto y desligándolo
de la religión, la supresión de los ejércitos, y la supresión de
las creencias, en particular el cristianismo, que no quiere decir adscripción
a lo ateo, sino la sustitución de la creencia objetiva configuradora
en lo íntimo y social de la persona por un vago evolucionismo cósmico
y subjetivo, confesional de la tradición primordial. Así este supergobierno
mundial postula continuamente e impone la democracia liberal como modelo
de bien supremo, el relativismo ético inseparable a la democracia liberal
como axioma indiscutible y verdad paradigmática, y el hedonismo como
correlato vital del escepticismo sistemático y esquizoide, en gran
medida derivado del relativismo ético, y de la ausencia de valores
superiores dignos por sí mismos de ser buscados.

La soberanía
parlamentaria, afirmada y sustentada en el imperio democrático de la
ley, instituye y constituye el más grande de los totalitarismos que
jamás haya existido en la historia. La democracia liberal partitocrática
se ha mostrado como el instrumento más eficaz para corromper la sociedad,
paganizar los pueblos, deshumanizar y destruir la persona humana, y
aniquilar la civilización cristiana.

Vivimos un
terrorismo democrático sustentado en el montaje de supuesto pluralismo,
libertad, legalidad y derechos humanos. Este totalitarismo iluminista
fundado en un laicismo radical crea a través de sus instrumentos operativos,
medios de comunicación social, educación y positivismo jurídico en
el derecho, una sosegada tiranía consensuada, y que para más inri,
ignorante de su lacaya servidumbre se mantiene con el aplauso de las
almas sibilinamente persuadidas y convencidas, no soliviantadas. Como
en “La guerra de las galaxias”: Así termina la libertad, con
una sonora ovación
.

La dictadura
mundial liberal auspiciada por los poderes fácticos visibles globalizadores,
y por poderes ocultos, crea a una sociedad desestructurada, laica y
nihilista, conforme sus intereses hegemónicos y de uniformidad social,
mientras el vulgo mayoritario, necio por su propia definición e incapacitado
para percibir su propia situación, se muestra convencido de alcanzar
el paraíso de la plena libertad en la espléndida democracia. Pero
ni el Evangelio, ni la Tradición, ni los Romanos Pontífices ponen
su esperanza en la extensión universal de la democracia liberal a todas
las naciones, sino en la restauración de éstas en Nuestro Señor Jesucristo27.
Y la realidad de la democracia liberal, en definitiva de expulsar a
Dios de la vida pública y del ámbito privado, la muestra Joseph Ratzinger:
“una sociedad en la que Dios está absolutamente ausente se autodestruye”28.
Marchamos así al suicidio lento, silencioso, progresivo e inexorable
de nuestra civilización.

Primera parte de este ensayo,
ver aquí

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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