Panorama Católico

La doble deposición de Hebe de Bonafini

Hebe ha depuesto en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires. Por cuarta vez la ha tomado por asalto, y, que sepamos, por primera realiza sus urgencias ideológicas en el templo primado de la Argentina.

Escribe el Editor y Responsable

Hebe ha depuesto.

Siguiendo los cánones de la ciencia filológica, intentemos desentrañar el sentido de este gesto. Para ello, nada mejor que la Real Academia de la Lengua.

Hebe ha depuesto en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires. Por cuarta vez la ha tomado por asalto, y, que sepamos, por primera realiza sus urgencias ideológicas en el templo primado de la Argentina.

Escribe el Editor y Responsable

Hebe ha depuesto.

Siguiendo los cánones de la ciencia filológica, intentemos desentrañar el sentido de este gesto. Para ello, nada mejor que la Real Academia de la Lengua.

En el sentido de la acepción 1.1 queda todo claro. Hebe ha expuesto sus motivos. Varios millones de pesos para sus “obras”, (las obras de Hebe) adeudados supuestamente por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires han motivado la ocupación por la fuerza del templo matriz de la Argentina por parte de ella y sus hordas, bajo la dirección técnica de un parricida convicto.

La relación causa efecto no es del todo clara. Supongamos que la ONG “equis”, a la cual se le adeuda un subsidio, toma por asalto la Gran Sinagoga de Buenos Aires, o el templo de la Gran Logia de Libres y Aceptados Masones… ¿Cuáles serían las justas reacciones de los agraviados? Imaginemos inclusive las injustas…

Estos serían actos de terrorismo. Aquella ha sido una protesta pacífica reprimida (nunca mejor usado el término) por el cierre de los baños y confesionarios. De donde los asaltantes no estaban en posibilidad de evacuar sus conciencias con la bendición lustral del confesor, ni lo demás.

Ahora bien, Hebe ha depuesto también en el sentido 2.2 amparándose en la susodicha clausura de los toiletes, clausura a santo de qué no logramos entender. Y lo han hecho, pudorosamente, detrás del altar, a mayor detalle.

Esta sería un deposición, más que fisiológica, ideológica. Porque nunca ha habido modo más eficaz de despreciar e injuriar, al menos para personas de mente primitiva, que deponer en los lugares o sobre las personas que se pretende agraviar. Siendo un lugar consagrado, el agravio es inconmensurablemente blasfemo.

Pero la filología (ya que no la fisiología) nos depara también una sorpresa con la acepción 1.2 que se potencia enormemente si consideramos el sentido eclesiástico del término. En el antiguo código canónico, la deposición era un acto jurídico por el cual un miembro del clero quedaba exonerado de su oficio y beneficio para siempre, menos grave que la degradación y más severo que la suspensión.

Según este sentido intuimos que el eclesiástico responsable de la diócesis, a menos que excomulgue a los autores de la profanación, correría el riesgo de quedar depuesto, puesto que han depuesto en sus barbas y no ha dicho ni mú.

Adelantando objeciones, digamos que solo puede deponer la autoridad eclesiástica superior. Humm… muchas veces, las autoridades civiles han depuesto de facto a los eclesiásticos, inclusive a papas. Ni hablar de las revueltas populares que encarnan el odium plebis…

Pero claro, esta no ha sido una revuelta popular, sino un asalto de un grupo ideológico, que encarna, ojo, el odium Fidei. Por ello el silencio de las autoridades eclesiásticas directamente implicadas no es indiferente. Y el “pueblo de Dios” está harto de ver su Iglesia Catedral injuriada y profanada ante la cerril apatía de la Cátedra Primada.

De donde venimos enfrentar a un verdadero galimatías jurídico. Porque Hebe ha depuesto, por carácter transitivo, al Cardenal Bergoglio, quien no solo ha canonizado a sus “mártires” privados (los de Hebe) sino que ha guardado silencio ante toda clase de deposiciones de la Bonafini, fisiológicas e ideológicas, otorgando así los efectos jurídicos previstos por el código canónico. Hebe, finalmente, depone con sus gestos y defeca con sus palabras, y un pastor eclesiástico no puede ni tolerar unos ni ignorar otras sin hacerse cómplice, bajo serio peligro de sufrir una deposición.

¿Se entiende?

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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