Panorama Católico

La Familia Atacada

La Nación y la provincia de Buenos Aires, al compás de la batuta que dirigen los organismos internacionales que preparan el advenimiento de un mundo nuevo (desconectado de toda tradición inmemorial y, en rigor, de toda normatividad criteriosa) y a punto para ser dirigido por un único gobierno mundial, han salido a legislar sobre las condiciones de crecimiento, evolución y desarrollo de niñ

La Nación y la provincia de Buenos Aires, al compás de la batuta que dirigen los organismos internacionales que preparan el advenimiento de un mundo nuevo (desconectado de toda tradición inmemorial y, en rigor, de toda normatividad criteriosa) y a punto para ser dirigido por un único gobierno mundial, han salido a legislar sobre las condiciones de crecimiento, evolución y desarrollo de niñas/os y adolescentes avanzando más allá de cualquier restricción contenida en el (para ellos caduco) instituto de la patria potestad… por ahora salvaguardado por el Código civil (arts. 264 ss. y cc.).

Escribe Ricardo Fraga

También han dado pasos agigantados sobre asuntos de salud reproductiva (eufemismo para disimular una clara política contracepcionista a contrapelo de las necesidades demográficas del país), despenalización del aborto (sobre el cual acometen las provincias no obstante la evidente competencia federal de la materia), desprotección de la persona por nacer (reducida a la condición de excrecencia materna sin derecho alguno y esto a contramarcha de los conocimientos científicos y antropológicos de los que ahora se dispone), promoción de las políticas de género (modo solapado e hipócrita de camuflar una realidad inocultable como es, v.g., la diversidad sexual), etc.

La penetración constructivista del gramscismo cultural que, hace una década atrás, comenzó gradual y casi en silencio, ha avanzado ahora aceleradamente y quitándose la máscara "del interés superior del niño" (muletilla que disfraza cualquier atentado a la familia natural) ha venido a mostrar, sin tapujos, su siniestra finalidad: la destrucción del orden objetivo del ser y su transmutación en una sociedad mecanicista y automática, sin vínculos ni relaciones necesarias, sin jerarquía preexistente, sin tradición aquilatada por el tiempo y, en fin, sin padres ni Dios… y todo ello sustituido por un estado totalizador y omnicomprensivo que se erige en juez, fiscal y niñero del negro futuro que aguarda a nuestros hijos, esto es, quizás "el colosal imperio demagógico regido por un plebeyo de satánica grandeza, que será el hombre de pecado", que profetizó, en el siglo XIX, el genial Juan Donoso Cortés, en consonancia con los vaticinios bíblicos.

En tales extremos coloco, sin hesitación, a la ley nacional 26.061 (sustitutiva del antiguo patronato del estado que contenía la ley 10.903) y que, en nombre de difusas teorías constitucionales de prelación normativa (en mala hora filtradas en el pacto de Olivos que habilitó la reforma de 1994) ha permitido que se colaran en nuestro derecho interno principios teóricos de dudosa doctrina filosófica cuyo debate (ya que no son dogmas) nunca fue permitido toda vez que la sola mención, ya no siquiera de un mínimo disenso, sino tan sólo de una amplia discusión técnica por parte de expertos y especialistas (verdaderamente tales y de todos los matices intelectuales) genera ataques de generalizada histeria colectiva que prueban a las claras, y para quienes quieren oír y ver, los propósitos disolventes de un mundo mejor brotado de sus calenturientos magines ideológicos.

Este es, precisamente, el problema: no se trata de propugnar a la familia (a la que de antemano se detesta), socorrer a la infancia desvalida (ideal proteccionista que los altera) o encauzar a los adolescentes en conflicto (extremo éste que indicaría la existencia de un orden de heteronomía que naturalmente se desprecia). No. Todo lo contrario: el objetivo es más simple y menos comprometedor (mejor sería al menos con un apasionado y evangélico servicio del prójimo), ya que se persigue la instrumentación de una sociedad utópica gobernada por la sombría dialéctica del egoísmo y la atomización. En síntesis: un feroz individualismo racionalista que logre aniquilar los últimos focos de resistencia (que aún perduran) y que se odian tan mortalmente, como tan luciferinos son sus orígenes y su desarrollo (así lo sostiene san Pablo, II Tes. 2, 7) al compás de la historia: la familia, la vida, el amor, la justicia, la religión.

En el orden provincial la impedida (por ahora) ley 13.298 reconoce al menos en su art. 2 (conforme la manda constitucional del art. 12.1 C.B.A.) que "quedan comprendidas en esta ley las personas desde su concepción…", núcleo central a punto de ser de hecho derogado por las normas del CEDAW en análisis en el Senado de la Nación, como también se observa en las reglamentaciones legislativas de otros estados provinciales.

En la esfera nacional el Decreto 415/06 (reglamentario de la antedicha ley 26.061) contiene en su artículo 7 una definición tan abusiva de "familia", "núcleo familiar" o "grupo familiar" que, en la práctica, implica (como ya lo noté) una acabada destrucción del vigente régimen de patria potestad a la cual, va sin decir, se ataca solapadamente (desde un inocente decreto interpretativo) para concluir, en cuanto los tiempos políticos lo permitan, con su llana transformación en un sistema permisivista que desaloje para siempre la autoridad natural de los padres respecto de las personas y bienes de sus hijos, a quienes se les confieren derechos en franca contradicción con los espontáneos deberes y obligaciones de los primeros.

La familia es pensada, de antemano, como conflicto, no como núcleo ordinario y común de crecimiento, formación y felicidad que puede, en ocasiones dolorosas, verse perturbada por alguna dificultad. El principio de subsidiariedad ha sido radicalmente subvertido: ya no es el estado quien suple sino la familia como elemento residual, consentido ante la falta de un recurso mejor.

A todo este acoso infernal ha de sumarse, en este preciso instante, el debate generado por el secretario de Política Criminal de la Nación Alejandro Slokar en orden a una sustantiva modificación del Código Penal que conduzca, entre otros estrafalarios propósitos, a la desincriminación del aborto. Certero ataque éste prohijado por el mismo gobierno central y dibujado por algunos individuos sin conciencia moral que se escudan en debatibles corrientes dogmáticas del derecho penal para esconder objetivos que resultan, a la postre, disolventes del orden natural.

En el mismo sentido de enloquecimiento generalizado se inscribe el proyecto para una nueva ley nacional de educación que prevé la incorporación de bebés al sistema a fin, naturalmente, de garantizar, ya no (por cierto) un eficaz lavado de cerebro, sino un sometimiento ideológico de tal envergadura que aniquile para siempre los resabios (que aún pudieran sobrevivir) de una (satánicamente odiada) formación en los valores de la tradición. (De que esta es la finalidad es prueba –para muestra basta un botón- la presencia en el acto de lanzamiento, de sus más conspicuos enemigos).

Los controles culturales del estado argentino están en manos del invasor. Parecen de izquierda pero los alienta, sostiene y financia David Rockefeller IV. ¡Preparémonos para lo peor! Pero aún así: ¡resistamos!

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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