Panorama Católico

La Iglesia argentina tiene dos nuevos obispos “moderados”, dice vocero del Club de San Isidro

Los nombró el Vaticano y responden al perfil del Episcopado que conduce Bergoglio. Sergio Fenoy, en San Miguel, y Juan Santiago, en Corrientes (Santo Tomé).

Los nombró el Vaticano y responden al perfil del Episcopado que conduce Bergoglio. Sergio Fenoy, en San Miguel, y Juan Santiago, en Corrientes (Santo Tomé).

Sergio Rubin
srubin@clarin.com

El presidente del Episcopado, cardenal Jorge Bergoglio, se anotó un resonante triunfo al anunciarse ayer que el Papa Benedicto XVI designó al secretario general de ese organismo eclesiástico, monseñor Sergio Fenoy, como obispo de San Miguel. La cobertura de la conducción de esa diócesis había suscitado una dura puja entre el sector moderado de la Iglesia argentina, hoy mayoritario, con Bergoglio a la cabeza, que impulsaban a Fenoy, y los más conservadores de aquí y del Vaticano.

Fenoy reemplaza a monseñor José Luis Mollaghan, cuyo nombramiento hace un año como arzobispo de Rosario había provocado un roce entre la conducción del Episcopado y el Vaticano porque su nombre no figuraba al tope de la terna que había elevado oportunamente la Conferencia Episcopal a la Santa Sede. Aquel chispazo provocó que cada designación de un obispo sea seguida con lupa en los medios eclesiásticos por el impacto en el perfil del Episcopado.

Desde entonces, los nuevos nombramientos fueron diversos. Pero, en general, primaron las designaciones de obispos moderados. En esa línea, ayer se conoció también la designación del sacerdote Juan Santiago, de la diócesis santafesina de Rafaela, como obispo de Santo Tomé, Corrientes. En cambio, había suscitado cierta inquietud en los sectores moderados el nombramiento de monseñor Marcelo Martorell como sucesor del obispo Joaquín Piña, en Puerto Iguazú.

Fenoy es un joven obispo, de 47 años, que venía siendo el auxiliar de la arquidiócesis de Rosario. Como secretario general del Episcopado —cargo que conservara y desde donde debe coordinar la labor conjunta de los cien obispos del país— es el encargado de la relación institucional con el Gobierno. Fenoy tiene un fluido diálogo con el secretario de Culto, Guillermo Oliveri, con quien analiza permanentemente los temas de común interés entre la Iglesia y el Estado.

Entre otros asuntos delicados, el ahora designado obispo de San Miguel debió seguir de cerca la remoción unilateral del obispo castrense, monseñor Antonio Baseotto, por parte del presidente Néstor Kirchner. Sin más nombramientos inminentes, acaso su designación cierra un ciclo de tensiones internas.

Fuente: Diario Clarín

Comentario Druídico: Se ve que la designación de obispos no es el fuerte de este pontificado, ni del anterior… ni del anterior… Inclusive cuando se habló del “malestar” por el caso Mollaghan (de San Miguel a Rosario), bloqueando la anhelada arquidiócesis a algunos de los miembros del Club de San Isidro, apenas si pasamos de lo peor a lo menos malo. San Miguel para Fenoy significa que el grupito que maneja la Conferencia Episcopal le ha torcido el brazo al Vaticano. Y que el “efecto Piña” (que se va de su diócesis sin recibir a su sucesor como acto de desprecio) pesa en la política interna de la Iglesia. Era sabido que el candidato para San Miguel era Mons. Martino, Auxiliar de La Plata, hombre mucho más tradicional. Y se sabe que lo vetó el Cardenal Primado, fortalecido por Piña.

Como nos decía recientemente un sacerdote veterano, “si Roma no designa buenos obispos, lo que diga en sus documentos es letra muerta”. Tiene razón. En cada episcopado harán lo que se les antoje. Nos esperanza fuertemente la decisión del Papa de actuar en el campo litúrgico, pero, ¿como se harán efectivas sus decisiones sin el compromiso de los obispos de apoyarlas efectivamente? Lo mismo vale en materia doctrinal y disciplinaria. El propio estilo de los nombramientos en la Curia Romana es desconcertante. Hummes, nuevo Prefecto del Clero, pareció dar sustento al rumor de que se estudiaba abolir el celibato… Aunque luego lo desmintió. Así es difícil gobernar, cuando no funciona la cadena de mandos.

Oremus pro Pontifice Nostro…

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