Panorama Católico

La Ilustración a Oscuras

La Ilustración o Iluminismo constituyó un movimiento tenuemente filosófico (aunque sus partidarios se dieron a sí mismos el nombre antonomástico de “los filósofos”; y aún hoy el sentido peyorativo que la palabra “filósofo” tiene en el pueblo de ellos procede) orientado más bien al estudio de ciertos problemas éticos y políticos, y que se extendió por Europa durante todo el siglo XVIII, principalmente en Inglaterra, Alemania, Francia y España. (En España no tuvo ninguna originalidad, limitándose a copiar el movimiento francés: el espíritu “afrancesado”, verdadera decadencia de la España de los siglos de oro; entre nosotros “floreció” retardadamente –ojo: diferidamente- en el siglo XIX, y quiera Dios no quede todavía alguno vivo o “vivo”).

Escribe Ricardo Fraga

La Ilustración o Iluminismo constituyó un movimiento tenuemente filosófico (aunque sus partidarios se dieron a sí mismos el nombre antonomástico de “los filósofos”; y aún hoy el sentido peyorativo que la palabra “filósofo” tiene en el pueblo de ellos procede) orientado más bien al estudio de ciertos problemas éticos y políticos, y que se extendió por Europa durante todo el siglo XVIII, principalmente en Inglaterra, Alemania, Francia y España. (En España no tuvo ninguna originalidad, limitándose a copiar el movimiento francés: el espíritu “afrancesado”, verdadera decadencia de la España de los siglos de oro; entre nosotros “floreció” retardadamente –ojo: diferidamente- en el siglo XIX, y quiera Dios no quede todavía alguno vivo o “vivo”).

Escribe Ricardo Fraga

La Ilustración o Iluminismo constituyó un movimiento tenuemente filosófico (aunque sus partidarios se dieron a sí mismos el nombre antonomástico de “los filósofos”; y aún hoy el sentido peyorativo que la palabra “filósofo” tiene en el pueblo de ellos procede) orientado más bien al estudio de ciertos problemas éticos y políticos, y que se extendió por Europa durante todo el siglo XVIII, principalmente en Inglaterra, Alemania, Francia y España. (En España no tuvo ninguna originalidad, limitándose a copiar el movimiento francés: el espíritu “afrancesado”, verdadera decadencia de la España de los siglos de oro; entre nosotros “floreció” retardadamente –ojo: diferidamente- en el siglo XIX, y quiera Dios no quede todavía alguno vivo o “vivo”).

Escribe Ricardo Fraga

Se los puede caracterizar con una palabra: los “ilustrados” son los SOFISTAS de la decadencia intelectual de Europa, que preparan –al menos en Francia- consciente o inconscientemente (ya que en general vivieron en las nubes) la hecatombe de sangre, odio, destrucción y barbarie que fue la revolución francesa de 1789 (“la francesada” como con pícaro sabor le llamaron los españoles…).

Sus grandes características son:

  1. fe inquebrantable en el progreso y voluntad de “progresarlo” todo: el cambio por el cambio.
  2. idolatría de la “cultura” y de las “ciencias”, entendidas ambas como un saber enciclopédico: la “antorcha del alfabeto” iluminará las inteligencias oscurecidas por la tradición, la escolástica, el clero, la monarquía, etc., etc.
  3. identificación de “ciencia” y “virtud”: sólo los sabios (los enciclopedistas) son virtuosos.
  4. afán, por lo tanto, de “alfabetizarlo” todo: quien ignora el alfabeto es un “bárbaro”; el que alfabetiza (o el alfabetizado) es un “ilustrado”. (el adalid de los “tiempos iluminados “es el maestro que alza en sus trémulas manos el Alfabeto de la Ilustración: poco importa que después con SOLO el alfabeto las cabezas se llenen de doctrinas perversas; lo importante es la alfabetización).  
  5. gravísima confusión, por lo dicho, entre SABIDURÍA (para que exista la cual estrictamente hablando nada tiene que ver el alfabeto; si bien es conveniente que se lo sepa) y LECTURA VELOZ
  6. iusnaturalismo racionalista (de raíz protestante) que le lleva a proclamar unos utópicos, abstractos y grandilocuentes “Derechos del Hombre y del Ciudadano”, de los cuales serán sus expositores las primeras víctimas –en la guillotina- (los que aún vivían en 1789, ya que muchos de ellos tuvieron el buen tino –y el buen gusto- de morirse antes).
  7. espíritu escéptico y antimetafísico, críticamente materialista en algunos (Diderot) o vagamente deísta, en otros (Rousseau).

En FRANCIA los principales exponentes (o figurones) de la Ilustración fueron:

PIERRE BAYLE (1647-1705): el “precursor”, espíritu crítico y escéptico, particularmente frente a la metafísica. Suya es la consigna de la inconciabilidad entre la Fe y la razón (contra él escribió Leibniz su “Teodicea”) cuya introducción precisamente se titula “Discurso sobre la conformidad de la fe con la razón”).

DENIS DIDEROT (+1784, perdón Sr. Diderot, por la cruz, pero es un signo convencional de la muerte): influido por Hume y los psicólogos asociacionistas ingleses; materialista y ateo. Editor con D`ALEMBERT de la Gran Enciclopedia.

VOLTAIRE (1694-1778): “Voltaire es la encarnación cumplida del espíritu nacional francés de la decadencia. Es la desembocadura de la reforma y del renacimiento… Era, sin duda, un hombre extraordinariamente inteligente. Tenía –no siempre- algún “esprit” y carecía totalmente de “espíritu”: poseía, en consecuencia, las mejores aptitudes para triunfar, porque ninguna –el “espíritu”  por ejemplo-, le molestaba. Además le gustaba triunfar: de manera que podía ser, como lo fue, el empresario de sí mismo. Sabía administrar su ingenio y amasar con él una fortuna de su inteligencia.

Y por sobre todo, tenía una sonrisa volteriana que le cruzaba la cara y que le amordazaba el cerebro… En realidad Voltaire podría haber triunfado como autor de “vaudeville”; pero él quiso hacer un “vaudeville” de la verdad, comprendiendo que para ello era necesario ensuciar previamente todo aquello que era naturalmente limpio. No pudiendo ensuciarlo, ensució los ojos de sus contemporáneos, que comenzaron a ver sucio lo que no era sino turbio a causa del estado de sus ojos. Rió de todo lo grande: no como el verdadero humorista que ríe alegremente con lo grande, participando de la alegría fáustica de la grandeza, sino que se rió de la grandeza, con la pequeñez del que ha renunciado antes a alcanzarla. Se mofó de Dios sin comprender que no valía la pena. Porque Dios era y es y seguirá siendo el amo y el amigo del hombre; aún del pobre hombre que intenta contra El su pobre mofa; y porque la realeza había perdido ya su realidad…

Patriarca de esa insignificante campaña de chismes obscenos, mariscal de los señoritos endeudados y de los porteros entrometidos que tuvieron a su cargo las últimas acciones de la moderna Caída, Voltaire se ha incorporado a la historia de Francia como el más destacado ejemplo de lo que puede la aparente inteligencia al servicio de la traición. Porque Voltaire fue el traidor que, después de entregar a su propia patria en manos del verdugo, después de vender a sus reyes naturales, no dudó un instante en ponerse al servicio de aquella emperatriz -Catalina de Rusia- que… llamaba a su corte a los renombrados payasos de Europa, mientras arrollaba mujiks y favoritos…

Todavía sonríe, con su sonrisa podrida, desde su busto colocado en el escritorio del último de los figurones, el fantasma de Ferney. Todavía existen algunos seres humanos que creen en su inteligencia…”

(de Vidas de Payasos Ilustres, Ignacio B. Anzoátegui, Ed. Theoria).

JOSÉ FRANCISCO DE MONTESQUIEU (1698-1755): quizás el único autor de cierto mérito en toda la Ilustración francesa. Escribió una obra que le hizo célebre: “El espíritu de las leyes”, obra tan poco leída como permanentemente invocada; el día que ciertos “demócratas” la lean se llevarán un chasco. Contiene exactísimas observaciones y algunas valiosas consideraciones políticas. Como buen “ilustrado”, sin embargo, “macanea” en no pocos puntos.

JUAN JACOBO ROUSSEAU (1712-1778): (no es preciso que el lector se ponga de pie; puede permanecer sentado). Rousseau, “el llorón de Ginebra”, dicho esto con todo respecto, que constituye su propia autodefinición. (¿Es necesario aclarar que Ginebra es una ciudad actualmente Suiza?). Es el autor de las siguientes obras: “Julia o la nueva Eloísa”, “Emilio o de la educación”; “El Contrato Social o principios de derecho político”; “Las Confesiones”, etc.

J. Hirschberger le llama “heraldo nato de la revolución francesa y predicador de lo derechos del hombre. Ha resumido todo su anhelo en la consigna: “retournons á la nature” (volvamos a la naturaleza). Soñaba con una naturaleza inocente, embelesante, paradisíaca. Para él la naturaleza es doquier perfecta y el hombre debe reconquistarla para ser también él feliz y perfecto…”.

Su ideal es el “bon sauvage” (buen salvaje), habitante inocente (y un poco llorón) de una selva encantada (algo así como los bosques de Versailles… sin tigres ni leones) en la cual transcurre sus días –libre y desnudo- hasta que un buen día (harto de tanta felicidad) se encuentra con otros congéneres (buenos y salvajes como él) y deciden conformar una sociedad, vestirse, limitar sus derechos, contraer obligaciones, etc. (para lo cual recurren al art. 30 del Código Civil o, mejor dicho, del que corresponda del Código Napoleón (bien que éste tampoco existiera al tiempo de su concepción). Bueno, que no existiera un Código es inconveniente de poca monta…); y a partir de ese malhadado día la sociedad lo corrompe, lo esclaviza, etc. etc. (con lo cual se torna insoportablemente lacrimógeno). El objetivo, entonces, será: ¡volver al estado de la naturaleza! (por supuesto en la medida de lo posible; Rousseau no renunció a los encantos “deliciosos” del París dieciochesco), romper los vínculos sociales, destruir las tradiciones políticas, proclamar los derechos del salvaje (perdón, del hombre), mantener una “discreta” anarquía, etc.

Ciertamente que los “discretos” revolucionarios franceses no entendieron del todo bien el “discreto” desorden que Rousseau propugnaba, aunque si extrajeron con horrible lógica las últimas y más espantosas consecuencias de los perversos principios roussonianos.

Todavía hay gente que queriendo salvar lo que resta de la civilización cristiana, invoca la “democracia natural” de Rousseau (la “voluntad general” y bla, bla, bla)… “el número de los necios es infinito”, dice la Sagrada Escritura.

Dígole, padre, y no miento,
de los bobos que hizo Dios,
nacen cada día ciento,
y mueren al año dos”.
(copla popular y sabia –aunque no alfabeta- del Norte argentino).

En el pleno torrente de sangre, fruto único de la “francesada”, escribía Antonio de Rivarol:

Pronto surgió en Europa la cuestión de qué nuevo método era aquél de conducir a los pueblos con teorías y abstracciones, de tener en nada a la práctica y la experiencia, de confundir al hombre absolutamente salvaje con el hombre social, y la independencia natural con la libertad civil. Decir que `todos los hombres nacen y permanecen libres` es en efecto decir que `nacen y permanecen desnudos`. Mas los hombres nacen desnudos y viven vestidos, tal como nacen independientes y viven sometidos a las leyes. Las ropas traban un poco los movimientos del cuerpo; pero lo protegen contra accidentes exteriores; las leyes traban las pasiones pero defienden el honor, la vida y las fortunas…”.
(Escritos Políticos, Antoine de Rivarol, Ed. Dictio).

Para el cardenal Ratzinger (actual Papa Benedicto XVI) el cristianismo ha sido y es la “auténtica ilustración”, esto es, la victoria de la inteligencia en el plano religioso ya que, desde sus orígenes, la Iglesia optó por la razón y la filosofía renunciando al trasfondo mitológico de otras religiones. Esa clave de una verdadera “ilustración” está en la íntima relación entre fe y razón y, por lo mismo, entre la filosofía y la teología sobre la cual tanto ahondara en el siglo XIII Tomás de Aquino.

La “ilustración a oscuras” sobrevive en la necedad y obcecación del agnosticismo relativista contemporáneo (bastante voluntario, por lo demás), hijo (o tataranieto) del descrito en esta nota.

El “iluminismo” del creyente es Jesucristo “Luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo” (Jn. 1, 9).

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

Comentarios

Anónimo
24/06/2009 a las 8:12 pm

la ilustración

Sin los avances tecnológicos que se realizan en ese período, con ilustrados como Leibniz, Quesnay no podrías hacer este sitio dedicado obviamente a oscurecer todo pensamiento que contrarie tus ideas.

 

El artículo es sumamente arbitrario y la información manipulada.

"figurones"…..

 

 



Anónimo
24/06/2009 a las 9:25 pm

RESPUESTA A LA ILUSTRACION

Los avances tecnológicos no son hijos de la ilustración sino sus contemporáneos. El abuso y deshumanización de la tecnología, sí es un fruto de la ilustración.

Pero aún suponiendo que los automóviles se hayan inventado gracias a Rousseau, el comentario precedente es erróneo. Supongamos que gracias a la ilustración existe internet, y gracias a la red existe Panorama, como afirma el anónimo. De ello se sigue que sin ilustración no habría internet ni Panorama.

El problema es que de no haber existido la ilustración, con o sin internet, Panorama no sería necesario.

Saludos bárbaros.

Paisano Alborotador



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