Panorama Católico

La insuficiencia de nuestros esfuerzos

En polémicas recientes, en Panorama se ha tocado el tema de la “insuficiencia” en la toma de posiciones. Fue motivado por la afirmación de que ciertos hechos constituyen razón suficiente de esperanza en una restauración de la Iglesia por la reacción de su parte sana.

En polémicas recientes, en Panorama se ha tocado el tema de la “insuficiencia” en la toma de posiciones. Fue motivado por la afirmación de que ciertos hechos constituyen razón suficiente de esperanza en una restauración de la Iglesia por la reacción de su parte sana.

Aclaremos: se ha dicho, por ejemplo, que la firme posición del Card. Burke contra los desvaríos del Sínodo de la Familia, no es suficiente. Debería condenar el Novus Ordo, etc.

Que 500 sacerdotes británicos hayan pedido ser confirmados en la doctrina tradicional sobre el matrimonio y la moral sexual es insuficiente, deberían ampliar su reclamo a todo el espectro de la moral católica…

O también que algunos sacerdotes del Novus Ordo recen también o comiencen a rezar el rito tradicional no es suficiente. Deberían condenar el Concilio… Afirmaciones de este tenor, dichas o sugeridas.

Se puede responder analogando los esfuerzos -que sí son considerados “suficientes”- realizados por los tradicionalistas:

  • El apostolado tradicionalista no es suficiente para detener o cambiar el rumbo de las desviaciones en la Iglesia.
  • Los esfuerzos de sus sacerdotes no son suficientes para esclarecer en la doctrina a millones de católicos confundidos.
  • Inclusive, llevando la cosa a una hipótesis de ficción, se podría argumentar con bastante verosimilitud que la resurrección de Mons. Lefebvre sería insuficiente para reconciliar a todos los que dicen seguirlo, pero disienten con la conducción de la FSSPX.

Por creo que la clave de estos interrogantes está en determinar para qué resultan o no insuficientes.

El movimiento tradicionalista, que hace poco más de 40 años era un grupo de personas, hoy encuadra a millones. El crecimiento es notable pero el número y su influencia no es suficiente. Deberían ser muchos más, actuar de un modo mucho más eficaz y virtuoso.

El tradicionalismo se ha convertido en el interlocutor de las más altas autoridades de la Iglesia en materia doctrinal, ante quienes ha llevado sus señalamientos, produciendo gran expectativa en el mundo católico y no católico.  Esto lo hecho para que quienes tienen la autoridad y la función de corregir el rumbo lo hagan. Pero tales señalamientos doctrinales no se han hecho, o apenas, en algunos puntos. Su actuación ha sido insuficiente.

El tradicionalismo se ha convertido en un punto de referencia de la parte sana de la Iglesia, de quienes demuestran voluntad de plantarse frente a pretensiones tan desquiciadas como las del grupo que manejó el Sínodo de obispos último. El tradicionalismo es una referencia para sacerdotes, obispos y cardenales que vienen de una Iglesia profundamente trabajada por errores doctrinales y cabe suponer han sufrido a causa de las consecuencias de estos errores. Pero el rumbo general de la Iglesia sigue apuntando hacia el abismo. El tradicionalismo ¿ha sido insuficiente… según este criterio de “insuficiencia”?

¿Ha llegado la hora de abandonar el tradicionalismo por insuficiente?

Insuficiencia para qué…

Un representante emblemático esta parte sana es el Card. Burke. Sin duda tiene bien en clara toda la moral católica. También la diferencia entre el Novus Ordo y el Rito Tradicional, porque lo ha dicho expresamente, y celebra con mucha frecuencia la misa tridentina. Pero, por otro lado, es un gran admirador del papa Benedicto y según parece asiduo lector de sus obras, y tiene veneración por Juan Pablo II, a quien considera santo y un gran defensor de la moral matrimonial. Sobre el Concilio parece creer, por lo que sé de él, que ha sido usado para introducir doctrinas heterodoxas, pero que tales doctrinas no están en los documentos del Concilio.

Juzgado por el criterio en discusión, lo suyo es “insuficiente”.

Si pensamos en la restauración de la Iglesia como la creación de una masa crítica de resistencia a los errores doctrinales, con una tendencia a crecer y ganar voluntades entre los que van viendo día a día la crisis terminal a la que nos conducen las autoridades romanas, aceleradísima por Francisco quien, frente al abismo ha decidido dar un paso al frente, la manifestación de resistencia del Card. Burke es, sin embargo, más que suficiente para poner dar mucho más peso a esa masa: un freno, un modelo y una confirmación ante muchos de que los tradicionalistas no están tan descaminados.

Mientras Francisco insiste: “adelante”, hacia el abismo, estas reacciones parciales, sobre todo cuando se trata de personalidades destacadas de la jerarquía o de grupos masivos de sacerdotes, son llamados que demoran el paso suicida. En estos días Francisco ha puesto la luz de giro a la derecha (tal vez para doblar a la izquierda, como suele hacer): es signo de que la resistencia se vuelve más difícil de avasallar de lo que creía en octubre pasado el lobby capitaneado por Kasper.  Hasta el Card. Müller, con un pasado no solo mucho más heterodoxo sino con militancia abiertamente antitradicionalista en recientes declaraciones ha puesto en alerta a los católicos sobre las pretensiones del episcopado alemán, de paso señalando los delirios de la colegialidad. ¿Es suficiente? Depende de “para qué”.

Pensar que Dios sacará de entre los sacerdotes de la Iglesia conciliar hijos fieles de la Iglesia Católica de Cristo no es una pretensión absurda. No hay un determinismo histórico que condene a los que han derrapado a seguir siempre fuera de la pista. Dios saca a sus fieles de donde quiere y los llama al laboreo a la hora que juzga más adecuada a sus propósitos.

Alguien objetará que estos sacerdotes nunca serán verdaderos tradicionalistas, 100%, según el modelo ideal al que aspiramos. Es posible. Tampoco lo serán el 100% de los tradicionalistas. Tal vez aquellos solo sean pecadores, confusos en muchos temas, que han mantenido el hábito de la Fe y no están dispuestos a dejarse llevar al disparate total por una jerarquía que prevarica. Tal vez los otros temas que hacen a la restauración de la Iglesia los vayan comprendiendo gradualmente, con el tiempo, hasta cierto punto. El tiempo dirá. Nada podemos afirmar a priori.

Del mismo modo muchos fieles tradicionalistas (y algunos sacerdotes) van comprendiendo con el tiempo, hasta cierto punto, algunos de los temas, y otros no terminan nunca de comprenderlos. “Evitemos los anatemas, las injurias, las pullas, evitemos las polémicas estériles, recemos, santifiquemos las almas que vendrán a nosotros, en la medida en que encuentren en nosotros aquello de lo cual tienen sed: la gracia de un verdadero sacerdote, de un pastor de almas, celoso, fuerte en su Fe, paciente, misericordioso, sediento de la salvación de las almas y de la gloria de Nuestro Señor Jesucristo”. ¿Habrán comprendido suficientemente el espíritu de este párrafo todos los sacerdotes de la FSSPX ?

Tal vez no, pero no por eso se les niega la condición de tradicionalistas. Porque la condición histórica de la Iglesia es la misma desde los tiempos apostólicos y lo será hasta la Parusía: la insuficiencia de muchos de sus miembros para obrar conforme a la voluntad divina y para tener plena claridad doctrinal. Obviamente, hay épocas más virtuosas, otras menos. Hay tiempos de mayor claridad en la feligresía y el clero, otras de menor lucidez.

Los católicos, más allá de su pertenencia a la Iglesia por el bautismo, se han distinguido siempre entre sí en grupos caracterizados por una mayor o menor comprensión de la doctrina, un mayor o menor ejercicio de la piedad, y muchos se han salvado, al final por una confesión oportuna, después de una vida poco y nada católica, en apariencia al menos.

“Pero no cuestionaban la doctrina…”, dirá un objetor

Humm. En el contexto eclesiástico vigente hasta antes del Concilio Vaticano II, cuestionar la doctrina significaba un acto de militancia, una afirmación esclarecida en el error realizada por una minoría que luchaba por la ruptura con la Fe.

En el contexto eclesiástico actual, posterior al Concilio Vaticano II y todas sus derivaciones, en medio de la confusión general, un acto de defensa de la Fe o la moral (inclusive si es “insuficiente”) representa una voluntad militante en la verdad, esclarecida hasta cierto grado, que lucha por mantenerse fiel en la Fe. Esos actos de defensa de la Fe o la moral son buenos, aunque puedan ser defectuosos. Como lo es el arrepentimiento imperfecto de un pecador.

¿Qué hace un buen confesor cuando se le acerca un alma movida por un arrepentimiento insuficiente? Como mínimo, alentarlo a profundizar en su contrición, alegrarse por el paso que ha dado, aunque insuficiente. Señalarle un nuevo paso posible. Promover en él una profundización de sus reflexiones para que Dios le de la luz de conocerse más y mejor. Y también rezar por él.

Qué debemos hacer los tradicionalistas con los que reaccionan de un modo “insuficiente”. Pues lo mismo. Abstenernos de la crítica por lo que falta y alentarlos en el camino que han emprendido, quizás desde hace mucho, porque lo que hoy se manifiesta seguramente ha comenzado a nacer en sus corazones largo tiempo atrás.

Pero además tener una genuina alegría, porque quienes estaban perdidos han reencontrado tal vez no todavía el redil, pero sí el camino que conduce a él.

Todo es insuficiente. Lo único suficiente es Dios.  El está ahí para hacer suficientes los esfuerzos de cada uno…

Me olvidaba de aclarar la cita: Mons. Marcel Lefebvre, “El Golpe Maestro de Satanás”, párrafo final. Documento escrito para a los seminaristas de Ecône.

Nota necesaria: Al hablar de insuficiencia, en todos los casos nos referimos al aspecto subjetivo de la relación entre cada individuo y la verdad que resume la doctrina. Naturalmente que no es lo mismo adherir sin reservas a la verdad que conocer esa verdad completa y perfectamente.

Al fiel se le pide fidelidad, o sea, que adhiera a los postulados de la Fe y que los conozca según su condición y estado. No se le pide lo mismo al feligrés de a pie que a un obispo, cardenal o papa.

En definitiva, el católico debe adherir a la Verdad Revelada sin reservas. Podrá pecar de ignorancia culpable o justificarse por ignorancia invencible. Pero su adhesión debe ser completa en la voluntad para ser suficiente. Y en esa voluntad de adhesión no hay insuficiencia consciente sin apostasía.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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