Panorama Católico

La Marea Islámica

Lo que últimamente está ocurriendo en Europa, nos hace sospechar que pronto se va a desencadenar una espectacular persecución a la Iglesia.

Alberto G. del Castillo

Lo que últimamente está ocurriendo en Europa, nos hace sospechar que pronto se va a desencadenar una espectacular persecución a la Iglesia.

Alberto G. del Castillo

Lo que últimamente está ocurriendo en Europa, nos hace sospechar que pronto se va a desencadenar una espectacular persecución a la Iglesia.

Y de esta persecución curiosamente, parece haber tenido noticia el Papa Pío X, quién en una audiencia -año 1909- después de despertarse de un breve e inopinado sueño dijo: “Lo que veo es horroroso; ¿seré yo?, ¿será mi sucesor? Lo cierto es que seguramente el Papa abandonará Roma, y para salir del Vaticano, le será necesario pasar por los cadáveres e sus sacerdotes. “Bendiciones y maldiciones, profecías de la Revelación privada”, JEAN VAQUIE, edición francesa, Dominique Morín, pág. 212, año 1987.

“Henos aquí -podrá pensar alguno- ante una fábula clerical más; sencillamente, el Papa medio dormido, después de haberse tomado unos vinillos, se puso a fantasear y eso es todo”.

Pero ahora resulta que, en Junio del 2000, por el relato de la VISIÓN DE FÁTIMA que publicó la Santa Sede nos enteramos que: “El Santo Padre atravesó una gran ciudad medio en ruinas con paso vacilante rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino…”.

No sin asombro, advertirá Ud. lector, que estamos ante una repetida predicción de un mismo suceso, expresada casi en idénticos términos, la razón por la que no le extrañará que a continuación transcribamos el publicitado párrafo de la conferencia de Benedicto XVI dada por él en Septiembre pasado en Ratisbona, en la que cita las palabras del Emperador bizantino Manuel II, a propósito de la “Yihad” o Guerra Santa musulmana: “Muéstrame lo que Mahoma ha traído de nuevo y encontrarás solamente cosas malas e inhumanas, como la de difundir por medio de la espada la fe que predicaba”.

Como es sabido, pocos días después, los seguidores del profeta -que a nuestro Dios odian, porque no es el de ellos- asesinaban a una religiosa, incendiaban Iglesias y de muerte amenazaban al ilustrísimo conferenciante.

¿Y entonces cómo no asociar lo referido por el Papa y los hechos subsiguientes con los vaticinios de San Pío X y Fátima mencionados al comienzo?

Y bien: creemos que estos sucesos no son más que prolegómenos del acontecimiento que se avecina.

– ¿Qué acontecimiento?

– El de la bomba que va a estallar en poco tiempo más.

– ¿Una bomba atómica?

– No, señor.

– ¿La de hidrógeno?

– Tampoco.

– ¿Y entonces?

– La bomba DEMOGRÁFICA mi amigo; la marea islámica en vertiginoso ascenso.

Como es constatable, la Europa apóstata es una Europa senil, en la que se practica mucho el sexo pero en la que es insignificante el número de nacimientos. Hijo, hijo y medio por “pareja” (de los “matrimonios” gay no sabemos nada por ahora).

¡Una Europa en la que quizá, es menor el número de los que nacen que el de los que son asesinados en el seno materno!

En cambio los musulmanes -sólo en Francia son ya 7.000.000 y en toda Europa superan los 26.000.000- no hacen del sexo un divertimento. Cada muslímica tiene 7, 8 o 9 párvulos como nada (tal vez entre nosotros los tenía cualesquiera señora, en tiempos en los que era todavía católico).

Y puesto que son polígamos por añadidura, con calculadora en mano, saque Ud., la cuenta de los nenes que cada mahometano tiene… ¿Escalofriante no?

De modo pues, que el ciudadano democrático, para el que el número es el único valor de cuenta, deberá dentro de poco enfrentarse con este otro poder numérico, que no será precisamente el de las papeletas sacrosantas del comicio.

En cuanto a la Iglesia, invadida por los enemigos con o sin mitra que la demuelen, también va a ser purificada en la catástrofe.

Es lo que cabe inferir en la visión de Fátima aludida: “El Santo Padre que rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino, llegando a la cima del monte, a los pies de la gran Cruz, fue muerto por un grupo de soldados… y del mismo modo murieron unos tras otros, los OBISPOS, sacerdotes, religiosos y religiosas… Bajo los dos brazos de la Cruz, había dos Angeles, cada uno de ellos, con una jarra de cristal en la mano en las cuales recogían la sangre de los mártires, y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios”.

Sea lo que fuere y cualesquiera sean los designios divinos, estimamos que esta gravísima situación que estamos ya viviendo, debe ser un incentivo para incrementar nuestra vida de oración; para por lo menos rezar en familia y diariamente el Santo Rosario, y satisfacer así el pedido que a todos hizo Nuestra Señora de Fátima. Porque lo que importa y urge -hora es que se nos caiga la venda de los ojos- no es dialogar con los judíos, musulmanes, o budistas, sino en Cristo y su Santísima Madre, como siempre enseñó la Iglesia Católica.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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