Panorama Católico

La Misa Atropellada

Enseña San Alfonso María de Ligorio que este es el más importante de todos los discursos en la predicación de Ejercicios al clero, y a la vez el más útil, dando la razón: «porque si se consigue que uno de los sacerdotes se resuelva, como hay que esperarlo de la gracia de Dios, a darse de lleno a la salvación del prójimo, se habrá conseguido no tan sólo la salvación de un alma, sino la de ciento y la de mil que se salvarán por medio de este sacerdote».

Enseña San Alfonso María de Ligorio que este es el más importante de todos los discursos en la predicación de Ejercicios al clero, y a la vez el más útil, dando la razón: «porque si se consigue que uno de los sacerdotes se resuelva, como hay que esperarlo de la gracia de Dios, a darse de lleno a la salvación del prójimo, se habrá conseguido no tan sólo la salvación de un alma, sino la de ciento y la de mil que se salvarán por medio de este sacerdote».

Fragmentos

Sección I

Nunca podrá el sacerdote celebrar la Misa con la devoción requerida por tan augusto sacrificio.

El hombre no puede llevar a acabo acción más sublime ni más santa.

Afirma el Concilio de Trento: ‘No dudamos confesar que los fieles siervos de Cristo es imposible que puedan ejecutar obra tan santa y divina como este tremendo misterio’.

Cuantos honores han tributado y tributarán a Dios todos los ángeles con sus homenajes y todos los hombres con sus obras, penitencias y martirios, nunca pudieron ni podrán jamás tributar a Dios tanta gloria como la que le tributa una sola Misa.

La Santa Misa tributa a Dios le más grande honor que puede tributársele.

Es la obra que más abate las fuerzas del infierno.

Procura el más poderoso sufragio a las almas del purgatorio. La que más apacigua la encendida cólera de Dios en contra del os pecadores y la que proporciona a los hombres en la tierra mayor cúmulo de bienes”.

(…)

4- La Misa es la mayor gracia que da Dios a los hombres

La Misa es el más bello y precioso tesoro que posee la Iglesia, como dijo el profeta: ‘¡Qué felicidad, qué hermosura: el trigo hará florecer a los jóvenes y el vino nuevo a las muchachas!’ (Zac. 9, 17).

En la Misa el Verbo Encarnado se sacrifica al Eterno Padre y se nos entrega en el sacramento de la Eucaristía, que es el fin y objeto de todos lo demás sacramentos, como señala Sto. Tomás: ‘Los sacramentos tienen su coronamiento en la Eucaristía’. (…)

Por eso procuró siempre el demonio abolir en el mundo la Misa por medio de los herejes, constituyéndolos precursores del anticristo, el cual, ante todo, procurará abolir (y abolirá de hecho) el Santo Sacrificio del saltar en castigo de los pecados de los hombres, según predijo el profeta Daniel: ‘Y un ejército fue colocado sobre el sacrificio cotidiano’. (Dan 11, 12)”.

Sección II.

2- Antes, durante y después de la Misa

Para que el sacerdote no se haga reo de tan grave irreverencia y a la vez de la divina maldición que la acompaña, consideremos lo que ha de hacer antes de celebrar, durante la celebración y después de haber celebrado.

I- Antes de acercarse al altar tiene que prepararse.

II- Durante la celebración ha de proceder con toda la reverencia requerida

III- Después de haber celebrado tiene que dedicarse a la acción de gracias. (…)

“… dice San Juan Crisóstomo, ‘todos los sacerdotes tendrían que separarse del altar transformados por los ardores del amor divino, y a modo de leones que causaran espanto al propio infierno’.

Sin embargo no es esto lo que suele acontecer, sino que la mayor parte de los sacerdotes se retiran del altar siempre más tibios, más impacientes, soberbios, ávidos y pegados al interés, a la estima propia y a los placeres terrenos.

El defecto no está en el alimento, dice el cardenal Bona, sino en quien lo toma; y la razón la daba Santa María Magdalena de Pazzi.

Afirma que bastaría una Comunión para obrar la santificación.

Todo el mal proviene, por tanto, de la falta de preparación a la celebración de la Misa. (…)

Segunda Parte de la II Sección.

1- Meditación de la mañana

El beato P. Juan de Ávila decía que el sacerdote antes de celebrar ha de tener por lo menos hora y media de meditación. Yo me contentaría con se meditara por espacio de media hora y con que algunos tibios lo hicieran por lo menos un cuarto de hora. Si bien no puedo menos de confesar que un cuarto de hora es demasiado poco.

¡Hay tan buenos libros de meditación para prepararse a la Santa Misa!

Pero, me pregunto: ¿dónde están los sacerdotes que se preparan de esta manera? Por esto se ven celebrar tantas veces la Misa de modo tan irreverente y con maneras tan deplorables. (…)

‘Recójanse antes de celebrar y rueguen para penetrarse bien del sublime ministerio que van a desempeñar’ (Primer Concilio de Milán).

San Bernardo: ‘Negocios y solicitudes terrenas, esperadme aquí hasta que vuelva a vosotras después de haber celebrado la Misa, que requiere toda mi atención’.

San Francisco de Sales: ‘Cuando me acerco al altar para celebrar la Misa, pierdo de vista todas las cosas de la tierra’.

III Parte. De la celebración misma.

El sacerdote ha te conducirse en la celebración de la Misa con la reverencia debida a tan grande sacrificio.

Veamos, pues, en qué consiste esta reverencia.

Consiste en primer lugar en prestar toda la atención a las apalabras de la Misa y luego, en observar exactamente las ceremonias prescriptas por las rúbricas.

2- Observancia de las rúbricas y cómo hay que observarlas a todas

Por lo que hace al cumplimiento de las ceremonias prescritas por las rúbricas en al celebración de la Misa, San Pío V, en la bula colocada al principio del misal, ordena ‘formalmente y en virtud de santa obediencia que se celebre la Misa según el rito del misal, observando las ceremonias, el rito y cada una de las reglas allí formalmente trazadas’.

Razón tiene, por tanto, el P. Suárez en decir que no se puede excusar de pecado venial la omisión de cualquier ceremonia prescrita por las rúbricas, como una bendición, una genuflexión, una inclinación y otras ceremonias semejantes.

Benedicto XIII lo declaró expresamente en el Concilio Romano. Leemos con motivo de la celebración de la Misa: ‘Los sacerdotes no pueden, sin pecado, omitir o cambiar aún la más pequeñita de la rúbricas’.

Es igualmente pecado despachar las ceremonias precipitadamente, como sostiene La Croix, de acuerdo con Paqualigi, o hacerlas a medias, como dice el P. Concilia hablando de aquellos sacerdotes que al arrodillarse no fijan la rodilla en la tierra, o que en vez de besar al altar hacen sólo ademán de besarlo, o que hacen imperfectamente la cruz, contraviniendo la rúbricas que preceptúan estas delicadezas.

Desempeñar mal las ceremonias prescritas equivale a omitirlas, según aquel axioma del derecho: ‘Hacer mal las ceremonias equivale a omitirlas’.

4- Peligro de pecar

Además, dicen comúnmente los doctores (como Wigand, Roncaglia, Concina y La Croix), que quien omite las ceremonias de la Misa en cantidad notable, aún cuando fuesen de las menos importantes, no se excusaría de falta grave, porque tales omisiones repetidas en el mismo sacrificios e unen y constituyen materia grave, ya que tal acumulamiento forma grave irreverencia contra el Santo Sacrificio.

Recordemos que hasta en la ley antigua castigaba el Señor a los sacerdotes que descuidaban las ceremonias prescritas en aquellos sacrificios, que no eran sino simples figuras del nuestro: ‘Si no escuchas la voy de Yahvé, tu Dios, cuidando de practicar todos sus Preceptos y leyes que hoy te intimo, te sobrevendrán todas estas maldiciones y te alcanzarán: Maldito serás en al ciudad y maldito en el campo. Maldita tu cesta y tu artesa. Malditos el fruto de tu vientre y el fruto de tu sueño, el parto de tu vacada y las crías de tu rebaño. Maldito en tu entrar y maldito en tu salir’. (Deut. 28..)

5- De la inobservancia de las rúbricas

Al ver cómo celebran tantos sacerdotes, con tal precipitación y atropello de las ceremonias, sería preciso llorar, y llorar lágrimas de sangre.

Se les podría aplicar muy bien lo que Clemente de Alejandrino decía de los sacerdotes paganos cuando le reprochaba que convertían el cielo en una comedia y a Dios en objeto de comedia: ‘¡Oh impiedad, hicisteis del cielo una escena de teatro, y dios no es para vosotros sino un histrión más!’.

(…)

Y ¿cuál es la atención que ponen en la celebración de la Misa? Palabras mutiladas, genuflexiones a medio hacer, que más bien parecen actos de desprecio que de reverencia: bendiciones cuyas cruces no se sabe qué quieren significar, modos de gesticular en el altar que excitan la hilaridad…. En resumen: que toda su celebración no es, desde su principio hasta el fin, más que un cúmulo confuso de desórdenes e irreverencias.

6- Grave insulto al Santísimo Sacramento

¿De dónde procede todo esto? De la ignorancia de las rúbricas, que se ignoran y no se intenta aprender. Y también, del afán de terminar la Misa lo más pronto posible. (…)

Y acontecerá que más de uno habrá gastado más de dos horas en asuntos mundanales, charlando en una tienda o en la sacristía y luego atropellarán la celebración, sin más cuidado que acabarla lo antes posible. (…)

Dios ordenó a los sacerdotes del Antiguo Testamento que se acercaran al santuario temblorosos de reverencia. Y el sacerdote del Nuevo, ¿se atreverá a conducirse con tamaña irreverencia cuando, al hallarse en el altar ante la Presencia Real de Jesucristo, lo toma en sus manos, lo sacrifica y se alimenta de Él? (…)

¡Dios mío! Al ver tantos sacerdotes como hoy celebrar con tales irreverencias… ¿Qué habrá que decir? ¿Que representan a Jesucristo o a tantos saltimbanquis que se ganan la vida embobando a la aldeana con sus juegos de manos?

(…)

7- Cómo edifica la exacta observancia de las rúbricas

Nótese ahora que los sacerdotes que celebran de modo tan indigno pecan no sólo porque cometen grave irreverencia contra el Santo Sacrificio, sino a la vez, porque escandalizan gravemente a las personas que asisten a la Misa.

Así como el Santo Sacrificio celebrado devotamente infunde gran devoción y veneración, de igual manera celebrado irreveremente hace perder el concepto y veneración que le son debidos. (…)

8- Cómo escandaliza la inobservancia de las rúbricas

Estas ceremonias, desempeñadas negligentemente y con precipitación, lejos de inspirar en los fieles veneración hacia tan santo misterio, hacen que la pierdan totalmente.

Las Misas celebradas con poca reverencia dan pie para que el pueblo haga poco caso del Santísimo Sacramento. Y, como dice Pedro Blesense de Blois: ‘De la desordenada e indisciplinada muchedumbre de sacerdotes proviene hoy día que se llegue a menospreciar el venerable Sacramento de nuestra redención’. (…)

¿Cómo pretenderán, pues, los sacerdotes con tan indevotas celebraciones alcanzar perdón de su pecados y gracias de Dios, si al tiempo de ofrecerlas le ofenden, causándole más deshonra que honor? …

Ofendería a Dios el sacerdote que no creyese en el sacramento de la Eucaristía. Pero le ofende aún más el que, creyendo en é, no le tributa el debido respeto. Es responsable de que aquellos que le ven celebrar con tan poca reverencia, pierdan el respeto que conservarían si él obrara de otro modo. (…)

9- La inobservancia de las rúbricas quita la fe a los asistentes

Como antes dijimos, la Misa celebrada devotamente inspira devoción a cuantos la oyen. En cambio, cuando se la celebra atropelladamente consigue que se pierda la devoción y casi la fe. (…)

He de añadir a este propósito que esta misma mañana un fiel cristiano, mientras me hallaba yo escribiendo la presente obrita, luego de oír una Misa celebrada de esta forma, no pudo menos de decir a un compañero de nuestra Congregación, que me lo ha contado: ‘A la verdad que estos sacerdotes con tales Misas nos hacen perder la fe’.

Escuchemos las quejas que este lamentable escándalo arranca al Cardenal Belarmino, citado por Benedicto XIV en su Bulario: ‘Otra cosa muy digna de lágrimas irrestañables es la negligencia o perversidad de ciertos sacerdotes cuando celebran con tanta irreverencia. Se diría que no creen en la presencia real de la Divina Majestad en la hostia consagrada. En efecto, hay sacerdotes que celebran sin atención, sin fervor, sin respeto y con increíble apresuramiento, como si no creyesen que Jesucristo está realmente presente en sus manos o pensasen que no es ve’. ¡Pobres sacerdotes! (…)

11- Grave responsabilidad que incumbe a los superiores eclesiásticos.

No acierto a comprender cómo los párrocos y a quien esto incumbe se forman la conciencia para permitir la celebración en sus iglesias a los sacerdotes que lo hacen con tamaña irreverencia.

El P. Pasqualigi no les excusa de pecado grave. He aquí sus palabras: ‘Los superiores eclesiásticos, tanto regulares como seculares, pecan mortalmente, cuando permiten que sus súbditos celebren con tanta precipitación, porque en virtud de su cargo están obligados a velar porque la Misa se celebre de modo conveniente’.

Y está fuera de duda que los Obispos están obligados a prohibir la celebración, sin acepción de personas, a semejantes sacerdotes. Lo determina el concilio de Trento al hablar de la Misa: ‘Decreta el Santo Sínodo que los Ordinarios de los lugares han de cuidar diligentemente y están obligados a impedir todos estos abusos, resultado de una irreverencia tan rayana de la impiedad que apenas si se puede distinguir de ella’.

(…)

Los fieles asisten a ellas (a las Misas) con poca devoción y menos fe, a imitación de los sacerdotes que las celebran (apresuradamente. Se refiere a la duración de la Misa). (…)

La causa de todo este mal son los sacerdotes. ‘A vosotros, sacerdotes, menospreciadores de mi nombre. Pero diréis: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre? Ofreciendo sobre mi altar comida mancillada’. (Malaca. 1, 6-7).

Esto equivale a decir que el poco caso que hacen los fieles de la Misa, nace del poco caso que los sacerdotes hacen de la reverencia que se le debe.

Obras ascéticas, t. II, (Madrid 1954) 141ss.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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