Panorama Católico

La Misa del Padre Pérez: la historia viva de la reforma litúrgica

El padre Pérez era tan viejito que ni nombre de pila tenía. Se llamaba padre Pérez.

Decían los relatos  que el padre Pérez fue rechazado en más de una oportunidad en el seminario de los salesianos. Pero para alguien llamado a llamarse solamente "padre Pérez", el rechazo le avivaba la vocación. Finalmente lo admitieron y llegó a ser el padre Pérez.

El padre Pérez fue el fundador del Batallón de Exploradores de Don Bosco del Colegio Sagrado Corazón de Jesús de La Plata. Eso decían los memoriosos.

El padre Pérez recorría el patio de la primaria en los recreos, con una caña en la mano. De la caña pendía un piolín y atado en el extremo, colgaba un caramelo masticable.  Rodeado de niños, el padre Pérez subía y bajaba la caña, exponiéndose a los empujones de la pequeña indiada que pugnaba por manotear el caramelo. Como es obvio, el que lo lograba se lo comía. Entonces el padre Pérez lo reemplazaba por otro y el juego seguía ad infinitum.

El padre Pérez era tan viejito que ni nombre de pila tenía. Se llamaba padre Pérez.

Decían los relatos  que el padre Pérez fue rechazado en más de una oportunidad en el seminario de los salesianos. Pero para alguien llamado a llamarse solamente "padre Pérez", el rechazo le avivaba la vocación. Finalmente lo admitieron y llegó a ser el padre Pérez.

El padre Pérez fue el fundador del Batallón de Exploradores de Don Bosco del Colegio Sagrado Corazón de Jesús de La Plata. Eso decían los memoriosos.

El padre Pérez recorría el patio de la primaria en los recreos, con una caña en la mano. De la caña pendía un piolín y atado en el extremo, colgaba un caramelo masticable.  Rodeado de niños, el padre Pérez subía y bajaba la caña, exponiéndose a los empujones de la pequeña indiada que pugnaba por manotear el caramelo. Como es obvio, el que lo lograba se lo comía. Entonces el padre Pérez lo reemplazaba por otro y el juego seguía ad infinitum.

A la derecha del Altar Mayor de la Basílica platense, está el altar de San José. Cercano a éste, al lado de la puerta de acceso a la Capilla de los Mártires, se ubicaba el confesionario del padre Pérez. Fácil de reconocer, porque era el que tenía la cola más larga de pequeños (y no tanto) penitenentes.  Los comentarios malidicentes del alumnado atribuían este éxito a dos razones: la primera, que el padre Pérez era medio sordo, y la segunda, es que lo único que le importaba al padre Pérez era la asistencia a la Santa Misa. La humorada circulante por ese entonces era que si uno se iba a confesar con el padre Pérez podía decirle: "Padre, asalté un banco y le pegué a mi madre". Y el padre Pérez preguntaba: "¿Fuiste a misa el domingo?" Cualquiera fuera el pecado, el centro de la confesión con el padre Pérez era la misa. "Hay que confesarse con el padre Pérez, que de lo único que te habla es de la misa", decíamos los herejotes. No sabíamos que, en definitiva, el padre Pérez "la tenía clara".

A la izquierda del Altar Mayor sobre la otra nave lateral, está el de María Auxiliadora, con una bellísima imagen que fue bendecida personalmente por San Juan Bosco. Mientras se celebraba la misa central, aparecía discretamente desde la sacristía el padre Pérez con uno o dos acólitos, y rezaba su misa a la Santísima Virgen.

Cuando se prohibieron las misas simultáneas, sólo se veía al padre Pérez en el patio, con su celebérrima caña, o en el confesionario.

Luego se modificó el rito, y el padre Pérez ya estaba medio ciego. No podía leer el nuevo misal. Y la otra misa la sabía de memoria. Por eso fue autorizado por sus superiores a seguir rezando según el Misal de San Pío V, por razones de salud, en el caritativo horario (acorde a su edad y achaques) de las 5 o 6 de la mañana no me acuerdo bien.

El asunto fue que el padre Pérez siempre rezó la misma misa. Antes, mientras se celebraba la misa principal, después, casi a escondidas. Pero siempre la misma.

El padre Pérez nació un 25 de diciembre.

El padre Pérez murió un 15 de agosto.

Por sus frutos los conoceréis.

Un ex alumno

 

 

 

 

 

 

 

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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