Panorama Católico

La misa en latín: el triunfo del silencio

La música gregoriana, la solemnidad y la belleza de su liturgia cautivan a los asistentes

Isis Barajas

La música gregoriana, la solemnidad y la belleza de su liturgia cautivan a los asistentes

Isis Barajas

Madrid- Decenas de fieles esperan en un silencio inusual, casi sepulcral,
el comienzo de la misa. Entre ellos, mujeres con mantilla negra y
sacerdotes con sotana se recogen en oración durante algunos minutos,
mientras que los dos monaguillos, ataviados con roquete y sotanilla roja,
se preparan, junto al sacerdote, para comenzar con la liturgia. No es una
película de los 50. Estamos en pleno centro de Madrid, en la iglesia de
San Luis de los Franceses, donde, desde hace años, se celebra, con la
oportuna autorización del cardenal arzobispo de Madrid, la misa en latín,
es decir, según el rito romano tradicional de San Pío V

.
Pero en esta ocasión, la eucaristía tiene un tinte diferente, de acción
de gracias, porque el pasado viernes entró en vigor el «Motu proprio» de
Benedicto XVI, «Summorum pontificum», por el que no harán falta ya
permisos especiales para celebrar una misa tridentina en cualquier iglesia
si un número considerable de fieles lo solicita. Ciertamente, la liturgia
es lenta y larga (más de una hora). Tanto es así que a Marian y Conrad les
resulta complicado mantener quietos a sus tres hijos durante toda la misa.
Sin embargo, a la salida de la iglesia, todos coinciden: la belleza de los
signos, la música gregoriana, la solemnidad y los silencios cautivan hasta
tal punto a los fieles que asisten por primera vez a una misa de este
tipo, que la mayoría, sino todos, desean repetir la experiencia.


El uso del castellano, siempre con el sacerdote de cara a los fieles,
se reduce a las lecturas -que también se proclaman en latín- y a la
homilía. El resto del tiempo, es la lengua universal de la Iglesia la que
domina la liturgia y los cantos gregorianos. No por ello los fieles están
ajenos a la misa, ya que, ayudados por un librito que detalla toda la
liturgia tanto en castellano como en latín, pueden contestar y cantar los
salmos sin errar. Los momentos de mayor despiste vienen, sin embargo, a la
hora de arrodillarse, sentarse y levantarse, que a veces se suceden con
tanta rapidez y sin motivo aparente que al asistente novel le coge por
sorpresa y sin tiempo suficiente para reaccionar. Aunque, según nos
cuentan los más experimentados, es sólo cuestión de tiempo acostumbrarse a
estos pormenores.


Pero si el latín es la lengua dominante, el
silencio solemne y reverencial le gana con mucho la partida. En algunos
momentos de la misa, como en la consagración, el sacerdote reza en voz
baja, casi en un susurro que sólo perciben aquellos que ocupan los
primeros bancos. Mientras tanto, el resto de la iglesia se sumerge en un
absoluto silencio que los asistentes aprovechan para permanecer en
oración. Así, y al tiempo que el sacerdote alza el cáliz o la Hostia, y
mientras un acólito le sostiene la casulla simbolizando que la cruz no la
puede cargar uno solo; un silencio estremecedor, sólo roto por la
campanilla que en el momento justo toca un monaguillo, recorre la iglesia
de un lado a otro. Después viene la comunión, de rodillas sobre un
reclinatorio y en la boca. Todo se cuida al detalle, de modo que un
acólito sujeta una patena para evitar que por error el Cuerpo de Cristo
caiga al suelo.


Participar con el alma


La
mayoría del tiempo, aunque no todo, el sacerdote está de espaldas a los
fieles o, como prefieren decir los asistentes a estas misas, «de cara a
Dios». Los laicos no leen ninguna lectura ni las peticiciones, ni siquiera
rezan en voz alta el «Pater Noster», sin embargo, es una liturgia
participativa, a su manera. Como asegura el padre Raúl Olazabal, un
sacerdote del Instituto Cristo Rey que lleva nueve años celebrando con el
rito trientino, «nadie asiste a un concierto y se sube al escenario para
tocar un instrumento, ya que sería un desastre. Lo mismo ocurre en esta
misa. Los fieles participan de forma diferente. Cuando por ejemplo
escuchas y vives los cantos gregorianos estás participando con el alma,
que en definitiva, es una participación mucho mayor que la del cuerpo».

Fuente: La Razón Digital, España

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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