Panorama Católico

La Nación entrevistó a Mons. Fellay, Superior de la FSSPX

Entrevista con monseñor Fellay
Crítica lefebvrista al entorno del Papa


La hizo el superior general de la orden

Lunes 27 de agosto de 2007 | Publicado en la Edición impresa

Entrevista con monseñor Fellay
Crítica lefebvrista al entorno del Papa


La hizo el superior general de la orden

Lunes 27 de agosto de 2007 | Publicado en la Edición impresa

“Jamás nos alejamos de la Iglesia. Siempre fuimos y somos católicos, y hemos trabajado siempre con la intención de seguir siéndolo. Hay dificultades con la autoridad, pero esto no significa que la neguemos.”

Confiado en un acercamiento al Papa, pero con muy fuertes críticas al Vaticano, se mostró en su reciente visita al país monseñor Bernard Fellay, sucesor del arzobispo francés Marcel Lefebvre, suspendido y excomulgado por Juan Pablo II en 1988 por consagrar obispos a cuatro sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X.

Fellay, de origen suizo, fue uno de ellos y hoy es el superior general de la comunidad, que tiene unos 500 sacerdotes en todo el mundo –40 en América latina; 22 de ellos, en la Argentina–, con presencia en 65 países.

De inspiración ultraconservadora, la Fraternidad Sacerdotal San Pio X se opuso permanentemente al espíritu del Concilio Vaticano II y a las reformas de la Iglesia. Lefebvre y sus sucesores cuestionaron la autoridad de los papas y la doctrina conciliar sobre la libertad religiosa.

En una entrevista con LA NACION, monseñor Fellay advierte que “hay hombres en la curia vaticana que no trabajan al servicio del Papa”.

Pese a que hoy está excomulgado, al igual que los otros obispos que en su momento consagró Lefebvre (fallecido en 1991), monseñor Fellay confía en que el papa Benedicto XVI "quiere arreglar la situación de los lefebvristas y dar a sus obispos una jurisdicción".

El primer gran paso, afirmó el superior de la congregación, fue la liberación de las trabas que impedían a los sacerdotes celebrar la misa en el antiguo rito tridentino, en latín, sin una autorización específica de su obispo.

El segundo, y definitivo, sería la anulación del decreto por el cual Juan Pablo II excomulgó al arzobispo Lefebvre en julio de 1988. Según Fellay, Roma está preparada para hacerlo desde 2005.

"El único problema que se mantiene ahora es político. Hay una parte de la Iglesia que no nos ama, que nos considera dinosaurios, y Roma no sabe cómo manejar esta dialéctica entre conservadores, como somos nosotros, y progresistas que no quieren el mismo camino. Si nos conceden demasiado a nosotros, los otros reaccionarían",
explica el obispo que conduce la Fraternidad San Pío X, que Lefebvre creó en 1970, en Friburgo.

Visita a la Argentina

Días pasados, el obispo lefebvrista visitó el país en el que 22 sacerdotes celebran la misa tradicional -en latín y según el rito romano cuya última modificación es del siglo XI- en 23 ciudades de 10 provincias (Buenos Aires, Córdoba, Tucumán, Santiago del Estero, Mendoza, San Luis, Salta, Jujuy, Santa Fe y Corrientes).

En esos lugares, en capillas o "centros de apostolado" de su propiedad reúnen a comunidades de unos tres centenares de fieles cada una. En la Argentina, los lefebvristas también tienen un seminario -en La Reja, partido de Moreno- y un convento para religiosas.

Su sede para América latina está en Martínez, en una casa situada en Pedro Goyena al 2000. Es una hermosa casona de estilo francés en la que viven tres sacerdotes. Uno de ellos es Cristian Bouchacourt, superior del distrito de América latina.

Allí recibió Fellay a LA NACION, con el atuendo que usan los obispos para ocasiones distinguidas: túnica negra, faja color púrpura y gran cruz al cuello.

Explicó que, "hasta que las cosas mejoren" los vínculos con los obispos y sacerdotes católicos son muy escasos. Con el cardenal Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y presidente del Episcopado argentino, por ejemplo, no tienen diálogo. "El padre Bouchacourt le envió dos cartas al cardenal Bergoglio y no recibió respuesta. Es decir, que el silencio viene más de él que de parte nuestra", dijo Fellay.

Sin embargo, la excomunión y la sanción que pesa sobre la institución creada por Lefebvre son el fundamento de muchas diócesis y arquidiócesis para desalentar la concurrencia de los fieles a los servicios religiosos impartidos por los sucesores del arzobispo francés.

En virtud de ello, la Iglesia no reconoce la catequesis impartida en sus centros de formación y los bautismos que allí se administran son ilícitos, así como inválidas las confesiones, advirtió hace un tiempo en un documento el arzobispo de Salta, Mario Cargnello.

"Jamás nos hemos puesto a edificar una iglesia o una autoridad paralela", dijo el superior Fellay al explicar la situación de la congregación lefebvrista y si actúan dentro o fuera de la Iglesia.

"La Iglesia oficial nos ha apartado. Fuimos marginados. Esto es verdad. Pero no pueden decir ni probar que estamos fuera. Es interesante que en el motu proprio que rehabilitó la antigua misa del rito tridentino, el Papa dice que la razón de su acción es trabajar en la reconciliación interna en la Iglesia. Habla de nosotros. Tenemos entonces aquí la declaración del Papa mismo de que no somos cismáticos"
, afirmó.

Unidad y doctrina

En ese escenario, ¿cómo evalúa el sucesor de Lefebvre la situación actual de la Iglesia?

"Es muy compleja",
responde. Y añade: "Hay varias corrientes que al encontrarse producen remolinos y la autoridad ha perdido el control sobre algunas de esas corrientes. Un ejemplo es la situación de cisma de hecho que se percibe en América del Norte, aunque Roma quiere evitar que se convierta en un cisma formal".

"La Iglesia está en un estado de fragilidad teológica muy grande. Falta la unidad en la doctrina. Hay muchos teólogos que dicen lo que quieren. Y las correcciones de Roma son tan pocas que finalmente son ineficaces",
dijo Fellay.

Citó y lamentó el caso del reconocido "teólogo Hans Kung, que fue condenado por su tesis realmente herética, pero continúa enseñando y es invitado por universidades católicas como si todo estuviera bien. Esto hace un daño terrible a la Iglesia, porque finalmente no se sabe qué creer y qué pensar".

"Si se le pregunta a la gente católica si cree en la resurrección de Nuestro Señor, en el infierno, en la Inmaculada Concepción se ve con espanto enorme que la mitad o más de los que se proclaman practicantes no cree más en esto. Y un 40% de los propios sacerdotes no creen en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía", advirtió el sucesor de Lefebvre.

Por Silvina Premat
De la Redacción de LA NACION


El conflicto

§ Sanción: la Fraternidad Sacerdotal San Pío X no está en comunión con la Iglesia desde 1988, al ordenar obispos sin autorización de la Santa Sede. Juan Pablo II suspendió a monseñor Lefebvre, que no reconoció muchas de las reformas aprobadas en el Concilio Vaticano II, y excomulgó a los obispos consagrados.


§ Sin validez: la catequesis que imparten no es válida para la formación de los fieles. Tampoco lo son los bautismos que administran los sacerdotes lefebvristas y la celebración del sacramento de la reconciliación.

Comentario Druídico: Es curioso. Más arriba dice que los bautismos sí son válidos… como obviamente no pueden dejar de serlo habiendo materia y forma. En cambio las confesiones requieren jurisdicción, aunque al admitir que la asistencia a la misa no es ilícita y sirve para cumplir el precepto, Ecclesia Dei no dice nada sobre el tema, de donde al menos se puede entender que lo que no se prohibe, está permitido. Ver sobre el tema aquí.


§ Misas: la Iglesia aconsejó a los fieles en los últimos años abstenerse de frecuentar los servicios religiosos que se ofician en las sedes lefebvristas.


§ Acercamiento: desde la asunción de Benedicto XVI, ha habido reuniones entre el Vaticano y la Fraternidad Sacerdotal San Pío X para acercar posiciones.


§ En latín: el primer paso fue la rehabilitación del antiguo rito tridentino, que desde 1970 los sacerdotes no podían celebrar sin autorización del obispo de la zona.

"Hay hombres que no están al servicio del Papa"
El superior lefebvrista advierte que en el Vaticano hay intereses oscuros vinculados con las mafias

La expectativa del movimiento lefebvrista por ser readmitidos en la Iglesia se genera en momentos en que el Vaticano también estaría tendiendo redes para incorporar a los teólogos de la liberación, ubicados en el extremo ideológico opuesto a la comunidad creada por Lefebvre.

Ante la pregunta de si prevalece en Roma una apertura real o un estado de confusión, monseñor Bernard Fellay afirma que "pueden ser las dos cosas".

"El Papa -explica- quiere que todo el cuerpo de la Iglesia esté en paz y por eso busca la unión verdadera de todos sus miembros. La Iglesia quiere la unidad con los que están afuera. Pero hacer ese movimiento ecuménico sin buscar la unión interna le restaría credibilidad. Hay un trabajo para reordenar las cosas y esto lleva tiempo. Reintroducir la disciplina es muy duro. Hay miedo de sancionar. El Papa quiere disciplina más orden, pero me pregunto si lo puede realizar".

-¿Por qué no podría si quisiera?

-Porque hay hombres en la curia vaticana que no trabajan al servicio del Papa, sino para otros.

-¿Por ejemplo?
Para grupos. Uno de ellos es la mafia que busca el dinero con negocios de la Iglesia. En este sentido hay escándalos terribles. Otro grupo, más peligroso, son los francomasones; hay tres o cuatro logias específicas para los obispos y sacerdotes del Vaticano que buscan usar la Iglesia para alcanzar la unión de todos los pueblos y religiones. El Papa actual está en contra de esto y trabaja para limpiarlo. Hasta ahora hizo una parte de este trabajo en silencio, encargando a pequeños grupos fieles que estudiaran algún tema, como por ejemplo, el motu proprio sobre la misa en latín.

-¿En qué otro tema?
-La revisión que salió recientemente en el modo de elegir papa. Esto corrige una disposición de Juan Pablo II que fue hecha bajo la dirección de la Secretaría de Estado.

-¿Ustedes pronostican la futura extinción de la misa actual?

-La misa en latín se presenta ahora como un cuerpo extraño porque durante 50 años se dijo que estaba prohibida. Pero una va a tomar el lugar de la otra. Este motu proprio que rehabilita el antiguo rito generará un movimiento que será lento al comienzo. Necesitará tiempo, pero poco a poco crecerá. Estoy seguro.

– Pero si el latín lo entienden muy pocos…
-No es necesario saber latín para participar de la misa tradicional. Lo importante es que las lecturas y la prédica sean entendidas por los fieles.

-¿La misa nueva es válida?

-Puede ser. Pero eso no es importante. Lo importante es que vemos en ella un peligro, porque puede conducir a un pensamiento erróneo. Nosotros decimos que esta misa tiene un sabor protestante. Benedicto XVI dijo que se lamenta por los excesos en la liturgia, pero cuando nosotros la atacamos, él la defiende. La definición que fue dada de la misa tenía tres errores que son herejías. Pero fue tan grave que cambiaron esta definición.

-¿Cuáles eran esas herejías?
-Una es la eliminación del concepto de la misa como sacrificio por la salvación de los hombres. Si ahora se dice otra vez que es un sacrificio es porque muchos habían perdido ese concepto. Otro error es la figura del sacerdote. Se decía solamente que presidía la asamblea, pero en realidad es más que un presidente, es un hombre consagrado que recibe un poder especial: el de consagrar. El tercer error es la presencia real. Si se dice que Nuestro Señor Jesucristo está presente como lo está entre los que rezan, es una presencia espiritual, pero no una presencia física como la que se encuentra en la hostia.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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