Panorama Católico

La Paternidad como Via Crucis

Jesús, amable Salvador nuestro, ve aquí reunidos a tus hijos, dispuestos a seguirte por el camino de la Cruz, ya que Tú nos dijiste que quien no toma su cruz y te sigue, no puede ser tu discípulo. Pero también nos dijiste que si no nos volvíamos como niños, no entraríamos en el Reino de los cielos. Y antes de emprender tu arduo camino al Cielo, no convocaste a los mayores sino a los más pequeños : Dejad que los niños vengan a mí. Son estas palabras tuyas las que nos han animado a responderte, porque nuestra debilidad e impotencia nos hace ver más accesible el volvernos niños pequeños, mientras que la enormidad de tus sufrimientos nos hace dudar grandemente de que podamos llegar nunca a ser discípulos verdaderos. Queremos seguirte, pero tenemos miedo. Por eso, antes de emprender tras de Ti el camino de la Cruz, como eres Maestro bueno, quisiéramos preguntarte : ¿Por qué sólo salvas a los niños, por qué dijiste que sólo de ellos es el Reino de los cielos?

 

I Estación: Jesús es condenado a muerte

 

 

 

Por una parte lo entendemos. ¿Acaso al árbol que creció torcido se lo puede volver a poner derecho? Sólo cuando es retoño vale ponerle una vara para que crezca recto. Por eso es fácil comprender que solamente a los niños pequeños vale ponerles la vara de tu Cruz, para que puedan crecer en dirección al cielo. Sólo los niños pueden ser redimidos. Los adultos ya no tienen remedio. Pero por otra nos parece incomprensible. ¿Cómo puedes pedirle a niños que te sigan en un sendero que ni los más grandes guerreros son capaces de recorrer? Te pedimos, por favor, que en cada uno de sus pasos nos expliques este enorme misterio, no sea que, asustados, te dejemos.

Y tú, Virgen Santísima, hecha Madre nuestra al pie de la Cruz, que fuiste la primera en llevar a los niños por el camino del Calvario, abre nuestro entendimiento y nuestro corazón para que, alentados por las palabras de tu Hijo, lleguemos de tu mano hasta el fin de este camino.

Hijos míos, aprendan del enemigo, observen qué es lo que más odia el demonio, el mundo y la carne. Cuando me hice hombre, no me hice adulto sino niño y mis jueces me condenaron a muerte porque nunca dejé de serlo. Por boca de Caifás habló el demonio y me condenó no tanto por declararme Hijo de Dios, sino por ser manso y humilde de corazón y confundir su orgullo. Por boca de Pilato habló el mundo y me condenó no tanto por temor a los judíos, sino por ser simple e ingenuo y no entrar en sus astucias. Por boca de Herodes habló la carne y me condenó no tanto por guardar silencio, sino porque se sintió ofendido al darse cuenta de mi pureza. Yo les advierto, hijos míos, si vienen a Mí, no faltará un Caifás, un Pilato, un Herodes para condenarlos. Si se vuelven humildes, simples y puros como los niños, sólo les quedará un camino : mi Vía crucis.

Jesús, amable Salvador nuestro, ve aquí reunidos a tus hijos, dispuestos a seguirte por el camino de la Cruz, ya que Tú nos dijiste que quien no toma su cruz y te sigue, no puede ser tu discípulo. Pero también nos dijiste que si no nos volvíamos como niños, no entraríamos en el Reino de los cielos. Y antes de emprender tu arduo camino al Cielo, no convocaste a los mayores sino a los más pequeños : Dejad que los niños vengan a mí. Son estas palabras tuyas las que nos han animado a responderte, porque nuestra debilidad e impotencia nos hace ver más accesible el volvernos niños pequeños, mientras que la enormidad de tus sufrimientos nos hace dudar grandemente de que podamos llegar nunca a ser discípulos verdaderos. Queremos seguirte, pero tenemos miedo. Por eso, antes de emprender tras de Ti el camino de la Cruz, como eres Maestro bueno, quisiéramos preguntarte : ¿Por qué sólo salvas a los niños, por qué dijiste que sólo de ellos es el Reino de los cielos?

 

I Estación: Jesús es condenado a muerte

 

 

 

Por una parte lo entendemos. ¿Acaso al árbol que creció torcido se lo puede volver a poner derecho? Sólo cuando es retoño vale ponerle una vara para que crezca recto. Por eso es fácil comprender que solamente a los niños pequeños vale ponerles la vara de tu Cruz, para que puedan crecer en dirección al cielo. Sólo los niños pueden ser redimidos. Los adultos ya no tienen remedio. Pero por otra nos parece incomprensible. ¿Cómo puedes pedirle a niños que te sigan en un sendero que ni los más grandes guerreros son capaces de recorrer? Te pedimos, por favor, que en cada uno de sus pasos nos expliques este enorme misterio, no sea que, asustados, te dejemos.

Y tú, Virgen Santísima, hecha Madre nuestra al pie de la Cruz, que fuiste la primera en llevar a los niños por el camino del Calvario, abre nuestro entendimiento y nuestro corazón para que, alentados por las palabras de tu Hijo, lleguemos de tu mano hasta el fin de este camino.

Hijos míos, aprendan del enemigo, observen qué es lo que más odia el demonio, el mundo y la carne. Cuando me hice hombre, no me hice adulto sino niño y mis jueces me condenaron a muerte porque nunca dejé de serlo. Por boca de Caifás habló el demonio y me condenó no tanto por declararme Hijo de Dios, sino por ser manso y humilde de corazón y confundir su orgullo. Por boca de Pilato habló el mundo y me condenó no tanto por temor a los judíos, sino por ser simple e ingenuo y no entrar en sus astucias. Por boca de Herodes habló la carne y me condenó no tanto por guardar silencio, sino porque se sintió ofendido al darse cuenta de mi pureza. Yo les advierto, hijos míos, si vienen a Mí, no faltará un Caifás, un Pilato, un Herodes para condenarlos. Si se vuelven humildes, simples y puros como los niños, sólo les quedará un camino : mi Vía crucis.

 

II Estación: Jesús es cargado con su Cruz

 

 

 

He cargado mi Cruz y estoy listo para salir. ¡Ay del que quede en ti, Jerusalén, que expulsas a tu Salvador! Pero si sólo llamo a los niños para que vengan en pos de Mí, es porque sé muy bien que sólo ellos me podrán seguir. Los adultos tienen casas y familias que atender, son responsables, calculan los riesgos, tienen mucho que perder, y no me quieren seguir si no les firmo contrato y les garantizo los riesgos. Pero si les explico a dónde los llevo, se van a morir de miedo. Sólo Yo pude cargar la Cruz a sabiendas. Los niños, en cambio, no calculan, no pretenden ser prudentes. Para seguirme, sólo necesitan saber que los quiero.

He cargado mi Cruz y estoy listo para salir. Hijos míos, vengan a Mí, pero no me pregunten adonde iremos, sólo sigan mis pasos. Soy como el flautista de sus cuentos, que encanto a los niños y me los llevo camino al cielo. Dejemos la ciudad desierta, con sus adultos atentos a tantas cosas que se han vuelto sordos a mis silbidos.

 

III Estación: Jesús cae por vez primera

 

 

No me caí por Mí mismo, sino porque ponían piedras en mi camino. Hijitos míos, Yo sé que a Ustedes les pasará lo mismo, pero si permanecen niños, con sus caídas no sufrirán gran daño. Los adultos crecen según su orgullo, llegando a veces a ser muy altos; se hacen pesados con la impureza; y la avaricia los carga de tantas cosas – de autos, de muebles para guardar la ropa, de aparatos -, que no hay manera de que no tropiecen en cada piedra de escándalo y terminen aplastados. No es tan fácil, en cambio, que se escandalice un verdadero niño, porque su ingenuidad lo vuelve inmune a las malas proposiciones y a los malos espectáculos.

 

IV Estación: Jesús encuentra a su Santísima Madre

 

 

Hijos míos, viéndome junto a mi Madre quisiera que comprendan cómo pueden permanecer niños aunque pasen los años. Una buena madre vive pendiente de su pequeños hijos y se ve obligada a adecuarse a su psicología y a su lenguaje. Y a un buen maestro le pasa lo mismo. Mi Madre se hizo niña para Mí y Yo quise permanecer niño para ser Maestro bueno de todos ustedes. Así deben hacer ustedes. Hoy les reclamo a tantas madres que llevan mi apellido de cristianas y no han querido permanecer infantiles junto a sus hijos, deseando ser adultas : sociales, emprendedoras, intelectuales. Les reclamo a tantos padres que se dicen cristianos, y no quieren pasar por niños : trabajadores, empresarios, políticos, todo salvo ser maestros simples de sus hijos. ¿Por qué no han dejado que sus niños vengan a Mí? Porque estos padres «adultos» engendran hijos de orfanato, que nunca fueron arrancados del poder de mi enemigo.

 

V Estación: Simón de Cirene ayuda a Jesús a llevar la Cruz.

 

 

Hijitos míos, Yo sé muy bien que el camino del matrimonio es también un Vía crucis, donde la cruz son los hijos. Y sé que hoy el demonio lo siembra cada vez más de piedras de tropiezo. Pero si lo caminan conmigo y no calculan tanto los riesgos, ¡cuánto aliviarán mi Cruz con el consuelo de sus niños! Padres de familia, Yo les pido que sean mis cireneos. Los convoco para que sean mis corredentores. Pregúntenle a Simón de Cirene, padre de Alejandro y Rufo, que dulce se vuelve la Cruz de los hijos cuando se la lleva conmigo.

 

VI Estación: La Verónica enjuga el rostro de Jesús.

 

 

Cuánto le agradecí a la Verónica su compasión, y fue justo dejarle la imagen del Rostro que ella enjugó. Mas también ante Ustedes está mi Rostro como en imagen viviente ¿Acaso no saben verme en el limpio rostro de un niño piadoso en su Primera Comunión? Ése soy Yo. ¡Y cómo he sufrido al verme en tantos otros niños con la cara sucia, sin que nadie se preocupe en limpiarme! Necesito nuevas Verónicas que sepan verme en los niños, aún cuando la suciedad los afee. Todavía es fácil limpiar el alma de un niño, y sabré agradecerles mostrándome a Ustedes.

VII Estación: Jesús cae por segunda vez.

 

Es duro caer y es obra de misericordia levantar al caído. Mucho les agradezco a los que ayudan a levantarse de sus caídas a los niños. Pero es mucha mayor misericordia adelantarse al suceso, y quitar del camino las piedras de tropiezo. Padres de familia, Cireneos míos, ¡cuánto pueden hacer ustedes en este sentido! ¡Cuántos obstáculos evitables ponen en el camino de sus hijos la televisión, la computadora, una mala escuela, las malas amistades! Pero, ¿cómo podrían adelantarse a los sucesos si a veces ni saben dónde están sus hijos?

VIII Estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén.

 

 

No lloréis por Mí, llorad por las familias y las ciudades que fueron cristianas y en las que ya casi no se ven niños. Yo he llorado por su causa amarguísimas lágrimas, porque les pedí sus hijos y me los negaron. ¡Ay de estas sociedades, peor que paganas, que sostienen con sus leyes el crimen abominable de matar los niños en los vientres de sus madres, impidiéndoles venir a Mí por el bautismo! Si les advertí que aquel que escandalice un niño más le valdría ser arrojado al mar con una piedra de molino, ¿qué será de ustedes, naciones criminales, devoradoras de la infancia, cuando mi ira se desate?

IX Estación: Jesús cae por tercera vez.

 

Yo previ que el Vía crucis del siglo XXI sería todavía más arduo de recorrer, por la multitud de obstáculos que el enemigo ha acumulado en el camino. Y por eso fui mostrando cada vez más el amor misericordioso de mi Sagrado Corazón. Pero aunque me muestro dispuesto a levantarlos hasta setenta veces siete, ustedes no son capaces de caer tres veces sin perder el ánimo de volver a ponerse en pie. Si se hicieran como niños, no se sentirían tan humillados y descorazonados por volver a caer, porque es propio de los niños andar a tropezones. ¿Acaso a los más pequeños no se los lleva siempre de la mano? Yo no dejaré de hacer lo mismo.


X Estación: Jesús es despojado de sus vestidos.

 

La pureza verdadera no es distinta que la virginidad, porque no es otra cosa que la permanencia de la ingenuidad del niño. Yo fui siempre como un niño, y cuando me desnudaron, no sentí vergüenza por mi propio cuerpo, sino por la malicia que veía en los ojos ajenos. Padres de familia, Cireneos míos, luchen por conservar la pureza de niños que sus hijos tienen, porque luego no podrán devolverles la pureza que se ha perdido. Enseñen a sus hijas a cubrirse, para proteger su ingenuidad de la malicia de los ojos ajenos, porque si no, luego, tendrán que luchar por cubrirlas para proteger los ojos de los demás de la malicia de su sensualidad.


XI Estación: Jesús es clavado en la Cruz.

 

 

Hijos míos, es muy cierto que todos los que mi siguen terminan clavados en una cruz. Mis sacerdotes están clavados en sus altares y confesionarios; mis religiosos están clavados en sus conventos por los tres clavos de sus votos; y también ustedes, mis hijos unidos en matrimonio, van siendo clavados en sus hogares por tantos clavos como hijos tienen. Porque cada amor es un clavo que nos une dolorosamente al objeto amado. Si hoy estoy tan solo y abandonado, es justamente porque los mismos bautizados ya no toleran ser clavados: quieren conservar libres sus pies y sus manos, no quieren compromisos en su corazón. ¿Es que ya no saben que sólo de la Cruz viene la vida? Por eso las parroquias ya no me traen niños, tampoco las escuelas religiosas; por eso en las familias que se dicen católicas ya no forman hijos que venga a Mí.

 

XII Estación: Jesús muere en la Cruz.

 

No quise demorarme en dar mi vida, y a las tres de la tarde morí en la Cruz. Tenía prisa por rescatar a mis niños de las crueles garras del diablo. Y ustedes, ¿cuánto demoran en darme sus hijos por el Bautismo? Ellos no son míos hasta que no los lava el agua bautismal, que brotó con la sangre desde lo más profundo de mi Corazón. No encontré otro modo de significarles cuánto deseo tenerlos en mis brazos. ¿Acaso no oyen que en el rito del Bautismo el sacerdote les reza exorcismos; que junto a la pila bautismal se les pide que renuncien a Satanás? Sus hijos sin bautizar están acunados en las perversas manos del demonio ¿y ustedes duermen tranquilos? Dejen que los niños vengan a Mí. Yo me di prisa en morir por ellos, dense prisa ustedes en bautizarlos.

XIII Estación. Jesús es entregado a su Santa Madre.

 

Nada me fue más dulce en mi vida terrena que descansar de niño en brazos de mi Madre. Por eso, después de dormirme en los crueles brazos de la cruz, quise volver a su regazo, para que todos sepan que nunca dejé de amar ese Refugio. Yo les dejé a mi Madre como herencia. Vean que sólo Ella les podrá enseñar a no perder la infancia y hacerse capaces de seguirme hasta el final en el camino de la Cruz. De mis Apóstoles, sólo San Juan llegó a estar a mi lado, porque siendo el más jovencito, guardó como un reflejo infantil, y en el momento del desconcierto corrió hacia mi Madre. No se suelten de su mano y no teman perderse ni detenerse.


XIV Estación: Jesús es puesto en el sepulcro.

 

José de Arimatea me ofreció un sepulcro nuevo excavado en la piedra para descanso de mi Cuerpo después del Sacrificio. Pero ¡cuánto deseo que mi Cuerpo Eucarístico, después del sacrificio de la Misa, descanse en los corazoncitos nuevos de piedra viva de mis amados niños! ¡Cuánto les agradezco a los sacerdotes, religiosos y padres de familia que se preocupan por prepararme dignamente esos corazones para la Primera Comunión! Porque desde la Eucaristía Yo sabría enseñarles, como buen Maestro, el secreto de la infancia espiritual. ¡Cuántos cristianos se creen adultos y hoy profanan mi Sacramento recibiéndome con sus propias manos sin consagrar! No quieren que Me les de a comer en la boca, como a los más pequeños. Pero los tengo advertidos, si no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los cielos.

P. A. C.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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