Panorama Católico

La Razón en vacío de realidad ¿puede bastar?

Clásicamente se ha distinguido entre la “ratio” y el “intellectus”. En un caso es la capacidad de concatenar causas y efectos mediante el pensamiento discursivo. En el segundo, la de comprender las realidades en todos sus matices, poner las cosas en su sitio, ver con amplitud, y profundidad, sin estrecheces: pensar con sentido común.

Hoy mismo leíamos un pensamiento de San Agustín: “Así como la verdad se produce por la medida, así la medida se produce por la verdad”.

Y también: La sabiduría no es otra cosa que la medida del espíritu, es decir, la que nivela al espíritu para que no se extralimite ni se estreche».

Creemos que las frases del Doctor de Hipona describen el intellectus.

Clásicamente se ha distinguido entre la “ratio” y el “intellectus”. En un caso es la capacidad de concatenar causas y efectos mediante el pensamiento discursivo. En el segundo, la de comprender las realidades en todos sus matices, poner las cosas en su sitio, ver con amplitud, y profundidad, sin estrecheces: pensar con sentido común.

Hoy mismo leíamos un pensamiento de San Agustín: “Así como la verdad se produce por la medida, así la medida se produce por la verdad”.

Y también: La sabiduría no es otra cosa que la medida del espíritu, es decir, la que nivela al espíritu para que no se extralimite ni se estreche».

Creemos que las frases del Doctor de Hipona describen el intellectus.

El artículo que sigue ha sido esgrimido como prueba de la connivencia con el modernismo de la “neofraternidad” San Pío X por un ex sacerdote de la misma. Es que dicho artículo fue publicado en una agenda parroquial en Francia en conjunto con otros artículos, muchos  de mala doctrina, y otros de asociaciones tradicionales que no son la FSSPX.

El Ars celebrandi, ¿puede bastar?

José Ratzinger se interesó mucho por la cuestión litúrgica. Procuró, en particular, destacar que el rito más bello, si “no está habitado espiritualmente”, si no se vive en la fe y el entusiasmo, corre el riesgo de parecer sin sabor sobrenatural.

El papa señala como una de las causas principales de la crisis actual la desaparición de lo que Dom Guéranger llamaba “la unción”, este espíritu de la oración litúrgica, que él mismo llama el ars celebrandi. Para reencontrarlo, Benedicto XVI expresó el deseo de un nuevo Movimiento litúrgico, que difundiría “el espíritu de la liturgia”.

Los católicos vinculados a la tradición comparten esta preocupación del papa. Está claro que la liturgia no es una colección de rúbricas prescritas por la autoridad y que bastaría con aplicarse a ellas como un funcionario del culto. Ella es un rezo en primer lugar, a continuación un arte de celebrar, por fin “la fuente primera e indispensable del verdadero espíritu cristiano”. El más bello oficio, si se celebra sin fe y sin interioridad, pierde su sabor espiritual y puede reducirse a una caricatura a veces sacrílega.

Para reencontrar plenamente el amor de la liturgia, nuestro tiempo necesitaría efectivamente un Movimiento litúrgico inspirado en el de Dom Guéranger.

Pero parece difícil sostener que la crisis actual procedería exclusivamente de una falta del espíritu litúrgico. Esto sería pasar por alto la realidad principal: la transformación radical de los propios ritos.

Los libros litúrgicos resultantes de la reforma post conciliar implican algunas deficiencias graves que, si no los vuelven en sí inválidos, hacen pesar sobre ellos una pesada hipoteca.

Que baste con citar, en la misa, la casi desaparición de la dimensión propiciatoria, en particular, por la supresión voluntaria del ofertorio tradicional. A este respecto, los católicos de tradición constantemente afirmaron que, en su forma actual, la nueva liturgia es inaceptable.

En cambio, la plena libertad de la liturgia tradicional, por fin reconocida en 2007, constituye un paso capital hacia ritos plenamente satisfactorios y un verdadero ars celebrandi.

Nota: como sospechará el lector avisado, el artículo lleno de tan «racionales» consideraciones en el que se incluye esta nota  para denostarla, fue publicado por los muchachos de R.C.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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