Panorama Católico

La “renuncia” de Marcó: ¿una movida de la estrategia primada?

Escribe Escipión el Porteño

Escribe Escipión el Porteño

Como todo el mundo sabe, los periodistas, especialmente los que no nacimos en el oficio (a Dios gracias) somos cronólatras, algo así como 'adoradores de la última novedad'. Pocos días atrás, informábamos a nuestros lectores la caída vertiginosa del vocero arquidiocesano, a manos de su propio jefe y a causa del cumplimiento de su triste deber, por imposición gubernativa. Pero a las pocas horas, la especie quedó transformada en una suerte de 'compás de espera', por que Su Eminencia no habría aceptado la renuncia del padre Guillermo Marcó a dicho cargo pero sí, en cambio, habríase contentado que señalar que las afirmaciones del vocero fueron lanzadas a título personal. Parecería que 'el agraviado' habría prestado su consentimiento para este enjuague; sin perjuicio de lo cual, sigue calentando los diarios, la prensa en general y la paciencia de los argentinos –principio del agotamiento de la infinita paciencia divina– con su habituales diatribas anticatólicas y sus procacidades de orillero huarango.

Lo lamentamos sinceramente por el P. Marcó, en primer lugar, por que deberá continuar desempeñando una tarea que lo aleja de Dios y de su sacerdocio, aunque lo acerque (no tanto, no tanto) a su jefe y que, como un Ícaro moderno, le quema las alas sacerdotales con su fuego publicitario.

Y lamentamos también comprobar la escasa voluntad de respuesta a la prepotencia masónica, demostrada por algunos obispos de la Iglesia en la Argentina, que no atinan por eso a encontrar el camino de apostolado (ahora debe decirse 'evangelización') apropiado a nuestros días, conveniente a nuestro pueblo y condigno a su misión de pastores sagrados, no obstante mantener intactos todavía la capacidad y el nervio para la Misión.

Y por último, lamentamos este triunfo, pírrico y pasajero, del tenaz tirano, por que este camino que ha emprendido termina en las puertas del infierno; pero del lado de "allá". Una cosa es lamentarse del estado penoso de la Esposa de Cristo, cosa que hacemos nosotros mismos más por necesidad del oficio que por gusto; y otra bien distinta, es insultarla y mofarse della por que está llagada y postrada en medio de sus dolores, cual virgen imprudente que ha negociado el aceite de su lámpara a cambio de un cachito de humana vanidad.

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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