Panorama Católico

La Salud del Papa: ¿comienzan las maniobras de desgaste?

Inquietud por una ola de rumores sobre la salud de Benedicto XVI

 

Inquietud por una ola de rumores sobre la salud de Benedicto XVI

 

El diario conservador francés “Le Figaro”, muy cercano a
la Iglesia, publicó la versión de un deterioro físico del Papa y hasta
habla de la posible sucesión. Uno de los candidatos sería el cardenal
argentino Jorge Bergoglio.
Por: 
Julio Algañaraz


Fuente: EL VATICANO. CORRESPONSAL

 

 

EN EL GROUND ZERO, NUEVA YORK. “LE FIGARO” DICE QUE EN SU ULTIMO VIAJE A EE.UU. AL PAPA SE LO VIO “FATIGADO”


Después de tres años y siete días de pontificado y tras haber cumplido
hace diez días 81 años de edad, ayer se abrió la cuestión del estado de
salud del Papa y las hipótesis de los candidatos “papables” a
sucederlo. Era inevitable tratándose de un anciano bien templado pero
frágil, pero el tema se colocó ayer en el centro del escenario
internacional debido al prestigio de la fuente que hizo estallar la
noticia. “La salud del Papa alimenta ya los rumores de sucesión”,
tituló en su edición on line el matutino conservador católico francés Le Figaro.
 

El artículo-bomba se esparció de inmediato por el mundo. Le Figaro tiene generosas fuentes dentro de la Iglesia y el Vaticano. Impensable que las intenciones sean sensacionalistas.
El artículo fue escrito por Hervé Yannou y su contenido desmentido como
“paradojal”, horas después, por el portavoz pontificio, el padre
jesuita Federico Lombardi, en la sala de prensa vaticana.

Le Figaró sostiene que en su viaje a EE.UU., entre el 15 y 20 de
este mes, Benedicto XVI “efectivamente lució fatigado”. Al respecto,
este corresponsal, que fue enviado de Clarín a Washington y Nueva York, puede testimoniar lo contrario. Al menos en las apariciones públicas, el Papa se mostró atento de mente, de reflejos prontos y la andadura propia de un sesentón. El domingo 20, último día de su visita, tuvo una jornada muy dura en Nueva York, que Clarín
siguió personalmente y por los monitores de TV, cuyos primeros planos
son implacables. En ningún momento se lo vio ido o dormitando, como
sucedía en los últimos años con Juan Pablo II y sus achaques en las
ceremonias largas. Ese domingo, el Papa rezó una plegaria en la Zona
Cero donde estaban las Torres Gemelas destruidas en el atentado
terrorista del 11 de setiembre. Presidió también la misa multitudinaria
en el Yankee Stadium ante 60 mil fieles y la ceremonia final con 4.000
feligreses en el aeropuerto Kennedy de Nueva York, antes de embarcar de
vuelta a Roma.
 
La desmentida del padre Lombardi se concentró en estos aspectos.
Dijo que el artículo era “paradojal” justo por el hecho de que “el Papa
acaba de volver de un viaje largo y fatigoso, en el que hizo frente a
todos sus compromisos sin dar señales de incertidumbre ni aligerar para
nada su programa”. El artículo de Le Figaro detalla actividades
en las que el Papa ha ido delegando cada vez más funciones. “El Papa
sube y baja por las escaleras, es aún ágil, pero tiene la edad de sus
arterias y no es un secreto para ninguno que es frágil de corazón”.
Hace unos meses Clarín publicó una versión -no desmentida- del diario La Stampa,
en la que se afirmaba que al pontífice le fue colocado un marcapasos.
Además es sabido que hace quince años el entonces cardenal Joseph
Ratzinger sufrió tres pequeños derrames cerebrales sin consecuencias,
pero que demostraron una debilidad genética.
 

Este problema le viene de familia. Su padre murió de un segundo derrame
cerebral cuando subía una escalera llevando una máquina de escribir. El
Papa tiene un hermano tres años mayor, monseñor Georg, que vive
retirado en Ratisbona y al que también le fue colocado un marcapasos
hace un año y medio, en Roma.

Dos fuentes seguras naturalmente refugiadas en el anonimato, cercanas a
los médicos que hacen la guardia en los aposentos papales, dieron a Clarin
este cuadro de situación: “El Santo Padre tiene el corazón un poco
débil, sufre de una insuficiencia renal bajo control y sus arterias son
frágiles”. Los médicos están en contra de los viajes largos en avión
-ya fue a Brasil y EE.UU. y en julio irá a Australia (ver recuadro)-, y
se ponen contentos si delega en sus colaboradores los esfuerzos físicos
más pesados de su misión pontificia. Le pidieron que evitara la
caminata con la pesada cruz en el Coliseo el Viernes Santo o extenderse
en el suelo en la Basílica de San Pedro.

Por eso el miércoles pasado, como estaba previsto, no hubo audiencia
general para ayudar a descansar a Benedicto XVI que había regresado el
lunes de Nueva York. Surgió un imponderable: la misa de cuerpo presente
del fallecido cardenal colombiano López Trujillo, uno de los
“ministros” del Papa, quién presidió sólo la última parte de las
exequias. La dieta es férrea y por eso al Papa se lo ve delgado y ágil
para la edad que tiene. Ha crecido mucho la figura de su amigo, el
cardenal Tarcisio Bertone, que ha hecho varios viajes un poco
sustituyendo a Joseph Ratzinger. “El Papa escribe, Bertone viaja”,
comentó a Clarín un monseñor vaticano. En Le Figaro
no se relata ningún episodio secreto de los problemas de salud del
Papa. ¿Por qué ese artículo, entonces, que ha causado tanto revuelo?
Tratándose del matutino conservador francés, tan vinculado al
catolicismo oficial, es difícil que haya una intención superficial,
sabiendo la alarma que difunde una fuente tan prestigiosa. Lo cierto es
que el tradicional diario abrió la caja de truenos de las
especulaciones sobre los achaques del Papa y los primeros nombres de
sus eventuales sucesores, entre ellos, el cardenal argentino Jorge
Bergoglio.
 
Comentario Druídico: Humm. Ya empezamos con el “desgaste”. No vaya a ser como Juan Pablo II, que dejó varios “sucesores” fuera de combate, al punto que el ala “progre” se encontró sin candidatos el día del Cónclave…
 

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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