Panorama Católico

La Sangre de Benedicto

La Gloria del Olivo (Gloria olivae) es el lema que San Malaquías asignó en sus famosas profecías al pontífice felizmente reinante. Y de las diversas interpretaciones que de este apodo se hicieron, hoy parece resplandecer “heraldo de la paz”. Un papa que al costo de su sus lágrimas y tal vez de su sangre trabaja por la pacificación de la Iglesia.

Escribe Marcelo González

La Gloria del Olivo (Gloria olivae) es el lema que San Malaquías asignó en sus famosas profecías al pontífice felizmente reinante. Y de las diversas interpretaciones que de este apodo se hicieron, hoy parece resplandecer “heraldo de la paz”. Un papa que al costo de su sus lágrimas y tal vez de su sangre trabaja por la pacificación de la Iglesia.

Escribe Marcelo González

La sangrienta tarea de volver sobre sus pasos

El primer ejemplo de esta efusión de sangre ha sido el lento y permanente camino del Card. Ratzinger a posiciones doctrinales tradicionales, habiendo partido de una postura que lo enrolaba en la Nouvelle Theologie. Lo hemos dicho muchas veces, fue una de las cabezas modernas del Concilio. Es inútil negar este pasado, que tiene aún consecuencias muy notorias en el presente. Ninguna veneración, agradecimiento o lealtad nos obliga a negar la verdad. En todo caso a callarla si fuese afrentosa. Pero no puede afrentarse un papa por quemar lo que adoró en su juventud y madurez de teólogo huérfano de Santo Tomás de Aquino.

No ha vuelto del todo. Dudosamente lo hará. Pero va pagando con efusión de sangre su amor por la verdad, su rectitud, su extraordinaria bondad. Como en toda peregrinación a pie enjuto.

Una bondad conmovedora

Una bondad que ha conmovido los curtidos corazones lefebvristas. El perro apaleado es difícil para la caricia. El gesto de Su Santidad al adelantar la publicación del decreto de levantamiento de las excomuniones a fin de poder sostenerlo como hecho consumado, puesto que la presión interna y externa se volvía intolerable, ha puesto la piel de gallina a los más aguerridos. No están acostumbrados a que desde Roma se los trate con paternal solicitud. Y Benedicto los ha tratado con paternal solicitud, al costo de palos sobre sus espaldas, palos durísimos, tanto más cuando es un hombre que tiene esperanzas en la bondad del mundo.

El caso Williamson ha sido una doble lección: para el tradicionalismo, al poder apreciar en los hechos la caridad de un Papa, algo de lo que han estado huérfanos desde hace más de 40 años. Paulo VI detestaba el tradicionalismo, Juan Pablo I murió antes de tomar postura sobre el tema. Juan Pablo II tuvo una actitud bondadosa en lo personal, pero demasiado permisiva para con su Curia. Reinó, pero no gobernó. Su mejor elección fue la de Ratzinger como Prefecto de la Fe. Y cuando Ratzinger pudo poner un puente a la situación se obstinó con testarudez alemana. De eso siempre se ha arrepentido, y sus acciones son evidencia de la reparación que desea hacer.

Pero la otra lección es para el Papa mismo: hombre de pensamiento moderno, ha puesto sus esperanzas en el hombre y su “inmanente bondad”… Nadie es bueno sino Dios, y si el hombre lo es, lo es por la gracia de Dios. Un mundo sin gracia, sociedades sin Dios, paganas, heréticas… no se puede esperar de ellos más bondad que lo que en buen castellano se decía “un buen natural”. En sociedades perversas poco dura el buen natural.

Maldito el hombre que confía en el hombre, dice la Sagrada Escritura. El Papa ha vivido y sigue viviendo este proceso de desilusión, el cual está atado a exigencias del statu quo en el que recibió la Iglesia, por lo cual su transición hacia una realpolitica será gradual y casi seguramente incompleta. La furia del rabinato y la elección de Obama dan riguroso mentís a la buena fe de unos y a la perfección del sistema político de otros.

Renglones torcidos, designios rectos

Tal vez sin buscarlo, la decisión del Papa ha arrancado las caretas. Cada uno viene mostrando cuanto ama a la Iglesia, cuanto la usa, o cuanto la detesta. Hasta donde confía en la indefectibilidad de la Esposa de Cristo y la asistencia del Espíritu Santo a su Vicario.

Muchos ojos se han llenado de lágrimas. No está mal. Hay lágrimas de sensiblería, pero hay lágrimas de piedad y lágrimas de penitencia. Hay lágrimas de dolor y lágrimas de alegría. Nuestro Señor lloró ante la tumba de Lázaro y frente a la ciudad santa que sería destruida. Pedro al arrepentirse de sus negaciones, hasta dejar surcos grabados en su rostro. Magdalena lavó los pies del Señor con su llanto y lo secó con sus cabellos.

Todos son santos. Pero solo uno es Santo, de cuya Santidad afluye la santidad de los otros.

Que Benedicto tenga la gracia de llorar como Pedro sus negaciones, como Magdalena sus infidelidades y como el mismo Cristo, a quien representa en la tierra, por el dolor de ver la Jerusalén amenazada de ruina y a Lázaro muerto. Y tenga la heroica resolución de dar su sangre por su  resurrección.

Pidamos al Santo Padre que consagre Rusia al Corazón Inmaculado de María, conforme el pedido de la Santísima Virgen de Fátima.

benedictxvi@vatican.va

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

Comentarios

Anónimo
06/06/2010 a las 3:04 am

Radio Cristiandad, otrora
Radio Cristiandad, otrora puntal de apoyo de la Tradición, ha devenido en MONTANISTA.
Los católicos fieles a la Tradición Católica y a la FSSPX tenemos aun otra radio.
En http://www.conviccionradio.cl encontraremos lo que dejó de brindarnos la hoy lamentablemente caída Radio Cristiandad.
Cibercoya



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