Panorama Católico

La teología de la Misa Tradicional: el Canon, el latín y la misa

Abramos los
ojos sobre el vasto mundo a través del cual se halla difundida
la Iglesia de Jesucristo. ¿Acaso estimaríais a los obispos y a los
sacerdotes de tantas diversas naciones tan seguros y reflexivos, tan
piadosos y santos y tan doctos como para escapar durante mucho tiempo
a las formulaciones heréticas, cuando se vean privados de ese instrumento

Abramos los
ojos sobre el vasto mundo a través del cual se halla difundida
la Iglesia de Jesucristo. ¿Acaso estimaríais a los obispos y a los
sacerdotes de tantas diversas naciones tan seguros y reflexivos, tan
piadosos y santos y tan doctos como para escapar durante mucho tiempo
a las formulaciones heréticas, cuando se vean privados de ese instrumento
de expresión universal e inmutable que consiste la lengua latina y
se vean reducidos a revisar, modificar y readaptar sin cesar las versiones
en lengua nacional?

Pero en fin
con el nuevo canon “se puede comprender”: he aquí el gran argumento
que se estima irrefutable. Su debilidad consiste en pasar al lado de
la cuestión. En efecto, la cuestión no es, aquí, comprender
un sermón o una exposición de doctrina sino unirnos de la manera más
conveniente a la acción litúrgica, al Santo Sacrificio, a ese rito
misterioso que realiza a la vez, en virtud de la doble consagración,
la transustanciación del pan y del vino y la oblación, bajo tal signo,
del Sacrificio de la cruz. Ya no estamos, aquí, en la “liturgia
de palabra,” como vosotros decís, sino en la “liturgia del sacrificio”.
Aquí la cuestión es unirnos en la Fe al sacrificio del Señor presente
en el altar, no captar una explicación sobre un punto de dogma o de
moral. -Además, ¿hace falta comprender para unirse?- sin duda, pero
eso quiere decir: aquí, en esta parte esencial de la Misa, hay que
reconocer por la Fe que el Santo Sacrificio se realiza ante nuestros
ojos y unirnos a él de corazón, pero aquí no tenemos que ponernos,
con nuestra razón, a desarrollar explicaciones, incluso ortodoxas,
sobre lo que está pasando. Silencio y adoración. De una manera general,
tenemos que acercarnos y participar en ellos en actitud de oración
y de compunción –in spiritu humilitatis et in animo contrito
no en una actitud curiosa que argumenta y multiplica los discursos.
Ahora bien, recitar el canon en latín y en voz baja ayuda a unirse
en la fe y en la oración al Santo Sacrificio incomparablemente mejor
que recitarlo en voz alta. En efecto, en esos instantes de la Misa la
recitación en voz alta tiene algo de indiscreto y de distractivo. Por
poco que el sacerdote esté embargado por lo que el Señor realiza a
través de su indigno servidor no tendrá el mínimo deseo de gritar.
Por otra parte, la recitación en francés, incluso en voz baja, de
esta parte de la Misa, expone a peligros prácticamente insuperables:
peligros de traducciones tendenciosas en la pendiente de la herejía;
peligro de romper la unidad católica al rechazar, para la liturgia
del sacrificio, una lengua inmutable y universal.

A los sacerdotes
que me invocan las pretendidas ventajas de recitar piadosamente un canon
francés, que estuviera traducido con exactitud, les respondo en sustancia.
Para vosotros tal vez. Pero no estamos completamente solos. Abramos
los ojos sobre el vasto mundo a través del cual se halla difundida
la Iglesia de Jesucristo. ¿Acaso estimaríais a los obispos y a los
sacerdotes de tantas diversas naciones tan seguros y reflexivos, tan
piadosos y santos y tan doctos como para escapar durante mucho tiempo
a las formulaciones heréticas, cuando se vean privados de ese instrumento
de expresión universal e inmutable que consiste la lengua latina y
se vean reducidos a revisar, modificar y readaptar sin cesar las versiones
en lengua nacional?

Extractado de “El Canon Romano”
de Roger-Thomas Calmel, O.P.

Ver comentario del libro

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

YouTube